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Por primera vez, Natascha Kampusch dio una entrevista televisiva: "Me siento bien, dadas las circunstancias"

La joven austriaca que estuvo secuestrada durante más de 8 años se mostró por primera vez en televisión, y contó su estremecedora experiencia. "Lo que más hago es intentar relajarme", confesó Natascha.

La joven austriaca Natascha Kampusch, quien estuvo secuestrada durante más de ocho años, fue entrevistada en un programa de televisión, mostrándose así por primera vez al público tras escapar de su secuestrador. "Me siento bien, dadas las circunstancias. Lo que más hago es intentar relajarme", fueron sus primeras palabras ante las cámaras, y con ello también la primera vez que la población austríaca pudo oír la voz de la joven secuestrada. La entrevista fue realizada por el periodista Christoph Feurstein, que siguió el caso de Natascha desde el inicio, y que durante los ocho años de su desaparición ha logrado crear lazos de confianza con la familia de la joven. El periodista elaboró en los últimos días una lista con medio centenar de preguntas, y Natascha pudo elegir cuáles incluir en la entrevista. Ninguna de las preguntas estuvo vinculada realmente a la intimidad de la joven con el secuestrador, Wolfgang Priklopil. Además de esta entrevista televisiva, Natascha también dio su testimonio a una revista austriaca 'News', que publicó una parte de la nota hoy y la otra será publicada mañana. Allí, la joven confesó que "Sólo pensaba en huir" y que soñaba con "decapitar" a su captor. "Una y otra vez me preguntaba por qué precisamente entre los muchos millones de seres humanos (que hay) justo a mí tenía que pasarme esto", explicó en la entrevista de 'News' la joven. Cabe recordar que Natascha fue recluida en un zulo subterráneo, debajo del garaje de la casa de su secuestrador, Wolfgang Priklopil, un técnico en electrónica que se suicidó, con 44 años, pocas horas después de la huida de su rehén. "Yo pensaba: seguro que no he venido al mundo para dejarme encerrar y arruinar completamente mi vida. Estoy desesperada por esta injusticia", añadió Kampusch. "Me sentía como una pobre gallina en una batería ponedora (expresión utilizada en Austria que es similar a sardina enlatada). Seguro que han visto en la televisión y la prensa mi calabozo. Así es que saben cómo era de pequeño. Era para desesperarse". "Siempre pensaba en cómo llegar hasta el punto de poder huir. Pero no podía arriesgarme", aseguró. Según Kampusch, su secuestrador "sufría una fuerte paranoia y mantenía una desconfianza permanente". "Un intento fallido hubiese significado correr el peligro de no salir nunca más del sótano. Tenía que ganarme su confianza de forma sucesiva". # La huida Natascha contó cómo fue el momento en el que escapó: "Estaba allí, detrás de la puerta del jardín y sentí vértigo. Me dí cuenta por primera vez de lo débil que estaba". "A mí me pareció una eternidad, pero en realidad fueron entre diez y doce minutos", comentó la joven, y agregó: "Simplemente me fui y salté varias vallas. En medio del pánico di vueltas en redondo para ver si veía alguna persona. Primero toqué el timbre en esa casa, pero algo no funcionaba, luego oí que había alguien en la cocina". Esa persona, una mujer, "estaba tan sorprendida que no reaccionó enseguida", por lo que Kampusch tuvo que insistirle en que se trataba de "un caso urgente". "No me dejó entrar (en su casa), lo que me sorprendió. Pero dejar entrar a casa a alguien completamente extraño... también hay que comprenderla", señaló la joven. "Ni siquiera podía esconderme detrás de un arbusto. Tenía miedo de que el delincuente matara a esa mujer, o nos matara a las dos", recordó. Por eso, Kampusch le advirtió a la vecina de que su secuestrador podía acabar con la vida de ambas. "No quería que viniera cualquier policía de la comisaría más cercana. Quería hablar inmediatamente con alguien responsable del 'caso Natascha'", explicó la muchacha. Sin embargo, ese deseo no pudo cumplirse ya que la mujer no le prestó su teléfono, y fue ella misma la que alertó a la policía. "Les conté (a dos agentes) que había huido y que había estado secuestrada ocho años... Me preguntaron cómo me llamo, donde nací, mi dirección, etc. Les contesté a todo. Naturalmente que no me sentía muy bien... Ellos estaban desconcertados y repetían mi nombre, sacudían la cabeza, pensaban y decían: a mí no me dice nada el nombre", recuerda. Según contó, lo primero que hizo al entrar en el coche de policía tras escapar de su secuestrador fue "pedir una manta para taparme la cara porque no quería que se viera mi cara, para que nadie pudiera fotografiarme. Quizás un vecino irritado podía sacar una foto por encima de la valla del jardín y venderla después". "Es así. Pensé en todo... Y sabía que no podía darme el lujo de cometer errores", afirmó.