Pitanguy, el filántropo de los más pobres de Río que desean cirugía estética

POR EMILIO M. LACAVE (*) En Brasil, un país obsesionado por el culto al cuerpo, los más humildes sólo pueden alcanzar el sueño de unas medidas perfectas gracias al especial altruismo de Ivo Pitanguy. El cirujano plástico más exclusivo del mundo acude a una enfermería de Río de Janeiro enclavada en un barrio popular para operar prácticamente gratis a pacientes sin recursos.

"Un médico como éste, que a pesar de su fama no se olvida de los pobres, se merece el cielo". Lourdes, de 20 años, habla agradecida mientras reposa en una de las 14 camas de la Santa Casa de Misericordia, una humilde enfermería famosa para todos los habitantes de Río de Janeiro. La joven se recupera de una operación de cirugía estética.

El día anterior, Lourdes se presentó en la clínica. Después de esperar pacientemente su turno, pasó a una sala donde le aguardaba el doctor Ivo Pitanguy, el cirujano plástico más famoso del mundo. Y el más caro.

Junto a sus ayudantes, un escogido grupo de médicos en prácticas, Pitanguy examinó atentamente los pechos de Lourdes. La joven no presentaba ninguna anomalía ni enfermedad. Simplemente, quería un implante de mama para realzar su talle.

Hoy, Lourdes ha conseguido por fin su sueño, que es compartido por miles de brasileñas humildes. ¿Cómo es posible que haya accedido a un tratamiento médico prohibitivo para su salario casi de miseria?

Durante el año pasado, el servicio de cirugía plástica de la Santa Casa de Misericordia realizó 1.500 intervenciones. El 30% de los clientes acudió para un aumento o reducción de mamas; el 25% se sometió a una liposucción del abdomen; el 20% recibió tratamiento para quemaduras; el resto deseaba una corrección de la nariz, de las orejas, de los maxilares o de las manos.

"No importan los sacrificios", explica Lourdes, feliz tras la intervención. "El hecho de ser tratada aquí me garantiza un trabajo perfecto. Yo nunca podría haber sido operada por una eminencia como el doctor Pitanguy en su clínica particular. No tendría para pagarlo. Sé que mi dinero en esta enfermería será bien empleado, ayudando a los que tienen menos que yo".

Una vez a la semana, Pitanguy se entrega a la misma rutina. Abandona su confortable mansión en el barrio más exclusivo de Río de Janeiro al volante de su reluciente Mercedes Benz hasta dejarlo en el aparcamiento del viejo centro sanitario público. Ya sabe lo que le espera dentro: una destartalada sala atestada por 60 futuros pacientes, mujeres la mayor parte. No hay aire acondicionado, y la espera se hace eterna. La verdad es que nadie en la sala echa de menos las comodidades. Pocos se pueden permitir el lujo de disfrutar en sus casas de electricidad o de agua corriente. Sin embargo, acuden en masa para someterse a una intervención quirúrgica aparentemente innecesaria. A un reducido número, los que presentan en su cuerpo graves malformaciones congénitas o han sufrido aparatosas quemaduras, el tratamiento les saldrá gratis. El resto, pacientes como Lourdes, sólo pagarán los costos de la intervención.

El doctor Pitanguy cobra en la Santa Casa de Misericordia un 10% de la tarifa que aplica en su clínica privada. Éstas son las intervenciones más comunes que su equipo practica en la clínica popular de Río de Janeiro.

** Orejas. La intervención más frecuente es la eliminación de las "orejas de soplillo". Se realiza una incisión en la parte posterior de la oreja, remodelando el cartílago. Se utiliza anestesia local y el posoperatorio no suele ser doloroso. Precio en una clínica estética: 2.000-3.000 euros. Pitanguy cobra en la enfermería de Misericordia 450 euros.

** Nariz. Se pretende crear un contorno natural y eliminar problemas respiratorios. El resultado depende de la anatomía ósea y del grosor de la piel. Se utiliza anestesia general suave y local de corta duración. Precio en una clínica estética: 3.000-4.000 euros. Pitanguy cobra en la enfermería 450 euros.

** Mamas. Es más frecuente el aumento, aunque también se practica la reducción. Se colocan implantes blandos de gel de silicona detrás del músculo pectoral. Es frecuente la asimetría de los pechos mientras dure la inflamación. Precio en una clínica estética: 3.500-5.000 euros. Pitanguy no cobra en la enfermería más de 500 euros.

** Muslos. Para una liposucción en la cara externa de los muslos se realizan pequeñas incisiones en la zona y se infiltra un suero frío y una sustancia vasoconstrictora. Después, una cánula absorbe la grasa. En el posoperatorio es frecuente la sensación de "acolchamiento". Precio en una clínica : 2.700-4.000 euros.

** Abdomen. La dermolipectomía consiste en eliminar la piel sobrante en barriga, muslos y nalgas. Se realiza una incisión a la altura del pubis. Es normal que aparezcan moratones o edemas en la cicatriz. Se recomienda seguir una dieta rica en líquidos. Precio en una clínica estética: 3.000-4.500 euros.

# Estética y autoestima

"En muchas ocasiones, la cirugía es muy importante para la autoestima de una persona", afirma Pitanguy. "Creo que en esos casos, las operaciones deben ser asequibles para todo el mundo. Lo que practico es una verdadera democracia trasplantada a mi trabajo".

Considerado el mago de la cirugía estética, un venerado escultor de cuerpos y de rostros, Ivo Helcio Jardim de Campos Pitanguy nació en la ciudad brasileña de Belo Horizonte el 5 de julio de 1926. Dotado de una gran sensibilidad para la pintura, ocupa el sillón número 22 de la Academia Brasileña de las Letras y ha hecho de su casa en el elegante barrio de La Gavea, en Río, un verdadero museo con valiosísimas piezas pictóricas y escultóricas.

Viajero empedernido, amplió sus estudios de cirugía en los centros más prestigiosos de los Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Su clínica privada se ha convertido en la meca donde decenas de personalidades se han rendido a la maestría de sus manos. "Mi profesión es el único vicio que no soy capaz de dejar, después de tantos años de ejercicio", dice. Su currículo deja boquiabierto: ha efectuado más de 60.000 operaciones quirúrgicas, ha pronunciado 1.500 conferencias por todo el mundo, ha publicado 800 trabajos científicos, ha formado a más de 400 médicos…

Sin embargo, quizá lo que más le satisface es su labor en la Santa Casa de Misericordia, un vetusto edificio de más de 400 años. Allí prepara con esmero a su equipo de colaboradores desde 1962, año en que creó el servicio de cirugía plástica y reconstructora que lleva su nombre.

Allí trabaja desde entonces un centenar de médicos sin recibir un céntimo y declarándose recompensados por el hecho de ayudar a mucha gente de escasos recursos y por estar a las órdenes del eminente científico.

"Lo que recaudamos con los servicios de cirugía estética", explica la doctora Wanda Elizabeth Correa, "es destinado por entero a nuestra enfermería y representa nuestra única fuente de ingresos para la compra de material quirúrgico y medicamentos y para el pago de la nómina del personal auxiliar".

Con el paso de los años, Pitanguy ha elaborado una llamativa filosofía para referirse a su trabajo. "No todas las arrugas deben ser eliminadas", ha dicho. "Muchas de ellas pueden tener la virtud de recordarnos momentos de alegría sin eliminar la dignidad de nuestro rostro. A veces, representan un verdadero tesoro conquistado arduamente durante nuestras vidas". Su gran carisma le ha convertido en un personaje muy popular en Brasil.

En los carnavales de 1999, la escuela de samba Caprichosos de Pilares, una de las más famosas de Río, le rindió un sentido homenaje. El siempre circunspecto doctor se encaramó a la cima de una inmensa carroza de ocho metros de altura vistiendo un elegante traje blanco y una impecable camisa azul celeste. El septuagenario cirujano no paró de bailar y de cantar las letras compuestas en su honor.

Cuando el desfile pasó por la céntrica avenida Marqués de Sapucaí, conocida como el Sambódromo, Pitanguy fue vitoreado por los ricos vecinos de la ciudad que frecuentan su clínica privada, situados en las gradas de la izquierda de la calle. A la derecha, en los incómodos graderíos de cemento, los menos favorecidos por la fortuna también le saludaban con fervor.

Algunos habían sufrido graves quemaduras y mutilaciones, y el doctor había puesto un milagroso, y económico, remedio a su sufrimiento. Es parte de la labor más humanista de su trabajo. "Puede entrar en mi consultorio una persona con una nariz enorme, y yo no pronuncio una palabra. Lo que deseo es que me diga por qué ha venido. El ser humano tiene derecho a tolerar y a convivir con sus deformidades, no tiene la obligación de corregirlas. Después de oírle, tomo una posición. Pienso que, hoy en día, el cirujano es un psicólogo con un bisturí en la mano".

No todo en la enfermería es estético. En 196i, un incendio devoró la carpa de un circo en la ciudad de Niteroi, cerca de Río. Cientos de espectadores fueron tratados en el centro. Más recientemente, los clientes fueron los internos de un reformatorio de menores que también fue pasto de las llamas.

# La leyenda

En un país obsesionado con el culto al cuerpo, el doctor se ha convertido en una leyenda. "Hay una frase que todo el mundo repite", dice Michelle Bezerra, de 22 años, que acaba de ser operada. "Si alguien es muy feo, o si quieres insultarle, le espetas: ni tan siquiera Pitanguy puede arreglarte". Michelle acudió a la Santa Casa para aumentar sus pechos.

Cuando hablamos con ella, todavía no había visto los resultados. El doctor Saulo Souza, de 33 años, le retira con cuidado sus vendajes, pero el rostro de la joven se crispa cuando ve su cuerpo. "¡Son mucho más grandes de lo que quería!", grita alarmada. Souza trata de tranquilizarla.

"Sí, los he hecho más abundantes de lo que acordamos, pero te sientan mejor. Los vas a querer mucho así". Muy cerca, Pitanguy asiste a la escena y cabecea con gestos de aprobación. Michelle se dispone a abandonar el centro acompañada de su hermana y de su madre. "No puedo esperar. Estoy deseando ir a la playa y enseñarlos en mi biquini".

"Michelle es una de nuestras pacientes más típicas", afirma Pitanguy. "No tiene nada malo, no está enferma, pero después de la intervención se siente mucho mejor". Una amiga de la veinteañera ha pasado ocho veces por el quirófano. "Todo el mundo que conozco o se ha operado o piensa hacerlo", asegura. "Es normal".

Río de Janeiro, una enorme ciudad habitada por seis millones de personas, tiene el récord mundial de intervenciones de cirugía plástica per cápita. Juliana Borges, que ganó en 2001 el concurso de Miss Brasil, se ha operado 19 veces.

Uno de los secretos mejor guardados por el cirujano es la lista de sus clientes (privados). Se sabe que la perfilada nariz de Gina Lollobrigida nació de su habilidad con el bisturí. También que echó una mano a la belleza natural de Sofia Loren o de la princesa Farah Diba, esposa del sah de Persia. Y se rumorea que el presidente libio, Muamar Gadafi, también se desplazó hasta la clínica de Río. Amenazado por la llegada de una incipiente calva, acudió hasta allí para probar una técnica que aseguraba el aspecto más natural al implante de cabello.

Pero entre sus muchos milagros destacan dos. El piloto austriaco Niki Lauda se presentó en su centro de la calle Doña Mariana desesperado. Lo único que quería era recuperar las ganas de vivir. Las secuelas del gravísimo accidente sufrido en una prueba automovilística en 1976 eran bien visibles en todo su cuerpo. Después del exitoso trabajo, el doctor comentó: "Nadie merece ser condenado a ir por la vida exhibiendo unas deformaciones en el rostro que le perturben física y psíquicamente para el resto de sus días".

En 1981, Italia se conmovió ante la tragedia de Ivan Locci, un niño de cuatro años desfigurado por la explosión de una botella de alcohol. Sus padres pidieron socorro al cirujano y éste fue claro: tan sólo unas dolorosas operaciones podrían restituir su rostro al estado original. El niño pasó más de 20 veces por el quirófano e Ivan no tardó en volver a sonreír. "La cirugía no es ninguna magia", explicó en esta ocasión. "Lo que yo ofrezco son técnicas de una ciencia cuyo fin es el bienestar del ser humano, que esté satisfecho con su imagen, el aumento de su autoestima".

A sus 76 años, con cuatro hijos y cinco nietos, Pitanguy no ha dejado de admirar la belleza. En su mansión tiene colgados los cuadros que le han regalado algunos de sus pacientes. También una colección de alfombras del rey Husein de Jordania. Desde los ventanales, observa a su pies la ciudad. Muy cerca, se desparraman por las colinas lujosas mansiones. A lo lejos, las infraviviendas no dejan de crecer por los arrabales hasta que se pierde la vista. En las favelas malviven muchas de sus anónimas pacientes, jóvenes como Lourdes o Michelle, seducidas por el imparable culto al cuerpo. "Siento que tengo una deuda", explica el doctor. "Los brasileños quieren siempre aparentar una buena imagen, sea cual sea su clase social. La cirugía plástica no debe ser un lujo al alcance tan sólo de presidentes, reyes o reinas".

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(*) Información facilitada por Manuel Sánchez, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE). www.secpre.org/