194 AÑOS DEL EXILIO DE SAN MARTÍN

“Serás lo que debas ser o no serás nada”

Historia de desencuentros, una constante de la Argentina, en especial por la voracidad de Buenos Aires (que incluía a la Ciudad), que quería asegurar su superioridad (tributaria y política) sobre el resto de las Provincias Unidas. No debería pasar desapercibido que el 10/02/1824, San Martín partió con su hija Mercedes desde el puerto de Buenos Aires hacia Francia, en la fragata Le Bayonnais.

En 1822, el general José Francisco de San Martín, Comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo, General en jefe del Ejército del Norte, Gobernador de la Intendencia de Cuyo, General en Jefe del Ejército de los Andes, Comandante en Jefe del Ejército de Chile, Comandante en Jefe del Ejército Libertador del Perú y Protector del Perú, dejó sus cargos, y 1 año y medio después emprendió un exilio voluntario a Europa.

El cansancio, su salud, las diferencias con Simón Bolívar -quien le tendió una trampa en Guayaquil- y la decepción sobre las Provincias Unidas, provocaron semejante decisión de un militar que, aparentemente, había alcanzado sus objetivos.

En el caso de Bolívar, se había negado a luchar junto a San Martín, ni siquiera a tenerlo entre su tropa ya que ambos tenían ideas distintas acerca del futuro de América, más allá de la libertad respecto de España.

En el caso de las Provincias Unidas, el problema era igual de mezquino pero más grave en cuanto a la humillación.

El oriundo de la correntina Yapeyú comenzó a alejarse de América el día en que abandonó para siempre Perú. En el bergantín “Belgrano”, partió rumbo a Chile el 20/09/1822. Y 12 días después arribó a Valparaíso, solo y muy enfermo.

El relato chileno de aquel evento:

"(...) La Constitución fue promulgada con fecha 30/10/1822. El 12 de octubre, en forma sorpresiva, había llegado a Valparaíso el general don José de San Martín, cansado y enfermo había entregado el mando de Perú al Congreso y ahora sólo quería descansar. A las pocas semanas de estar en Santiago contrajo la fiebre tifoidea que lo mantuvo por dos meses en cama y dio ocasión para que O'Higgins y su familia y los vecinos le exteriorizaran el cariño que por él sentían. (...)".

Luego, San Martín pasó a Mendoza, donde pasó más de 3 meses en su chacra de los Barriales, alejándose de su actividad militar y política.

En mayo, llegó a Buenos Aires para encontrarse con su esposa, María de las Remedios Carmen Rafaela Feliciana de Escalada y de la Quintana, que estaba agonizando de tuberculosis, pero Bernardino Rivadavia no quiso que San Martín entrara en la ciudad y lo obligó a regresar a Mendoza.

Más tarde, en una carta escrita desde Bruselas (Bélgica) al general chileno O'Higgins, San Martín le explicó lo sucedido: “Confinado en mi hacienda en Mendoza, y sin más relaciones que con algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar a la desconfiada administración de Buenos Aires: ella me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería, los papeles ministeriales hablaban de un plan para formar un gobierno militar bajo la dirección de un soldado afortunado, etc. etc. etc. En fin, yo vi claramente que era imposible vivir tranquilo en mi Patria hasta que la exaltación de las pasiones no se calmase, y esta incertidumbre fue la que me decidió pasar a Europa”.

La desconfianza o enojo de Bernardino Rivadavia, por entonces ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, llegó a la prensa, y en el periódico “El Centinela” se publicó: “Sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico retiro. Entonces fue que se me manifestó una verdad que no había previsto. Esa verdad es que yo había figurado demasiado en la revolución para que me dejasen vivir con tranquilidad”.

Volvió en diciembre: Remedios había fallecido el 03/08/1823.

Remedios fue llevada a una quinta de la calle Caseros y Monasterio, donde falleció, lejos de San Martín, cuya presencia solicitó hasta el final. San Martín dispuso la construcción de un mausoleo en mármol en el Cementerio del Norte (Recoleta), junto con una lápida: "Aquí descansa Remedios Escalada, esposa y amiga del general San Martín".

El historiador Pablo Sapei afirma: "Rivadavia no le perdonó el hecho de no haber socorrido al unitarismo a través del sostenimiento del directorio y de la Constitución de 1819 y se veía amenazado por ello. (...) Rivadavia era algo así como el gran operador político y hombre clave en este período. Era un hombre de peso y no toleraba que San Martín no hubiese defendido los intereses porteños. Tenía como objetivo una revolución mucho más moderada y lo que le importaba era el predominio de Buenos Aires. Por ello, mandó a llamar al ejército de San Martín para pelear contra Estanislao López y Ramírez, cosa que San Martín desobedeció. Eso terminó de romper una relación que estaba agarrada de los pelos”.

Sapei agrega algo que hay que considerar: San Martín "(...) tenía un enemigo interno, Carrera (José Miguel de la Carrera y Verdugo), que era un chileno que había formado parte de la independencia chilena con O’Higgins y cuando (San Martín) hizo la alianza con él (O'Higgins), lo despidió a Carreras que era un delincuente, quien se transformó en mercenario y vino a pelear en Argentina. (...)".

En febrero de 1817, cuando el Ejército de los Andes había iniciado la campaña a Chile, Carrera se negó a poner su flotilla al mando de San Martín, aduciendo que hacer tal cosa equivalía a decidir por adelantado el futuro gobierno de Chile. Según Diego José Benavente, Carrera dijo: “Entonces San Martín no va a liberar el país sino a conquistarlo, no va a dejar a los pueblos que elijan a su mandatario sino a imponerlo”.​ En consecuencia, el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, aliado de San Martín, le impidió el paso a Carrera y su flota, la que después de un intento de José Miguel de zarpar sin permiso fue requisada y éste encarcelado a bordo del bergantín "Belén", aunque luego logró escapar.

Desde entonces, San Martín y Carrera iban por lados opuestos.

Sapei: "(...) Carreras tenía una banda de pistoleros que estaban en la provincia de Buenos Aires que también se la tenía jurada. Es decir que San Martín sabía que no tenía muchos amigos en Buenos Aires y que corría peligro su vida, por eso decide exiliarse (...)".

El 10/02/1824, San Martín partió con su hija Mercedes desde el puerto de Buenos Aires hacia Francia, en la fragata "Le Bayonnais". Mercedes tenía 8 años.

Acerca de aquellos días tan difíciles, San Martín le escribió a O'Higgins en 1827:

"(...) Yo había calculado que el desarrollo de las pasiones se experimentaría al concluirse la guerra de la emancipación: eso iba a suceder vistos los elementos que componen la masa de nuestra población en atraso, huérfanos de leyes fundamentales, a los que hay que agregar los enconos individuales y locales (...)".

También: "Estos males se hubieran remediado, si los hombres que han podido influir se hubieran convencido de que para defender la causa de la independencia no se necesita otra cosa que un orgullo nacional, que lo tienen hasta los más estúpidos salvajes. Pero para defender la libertad y sus derechos se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción, de elevación de alma y por consiguiente, capaces de sentir el valor de los bienes que proporciona un gobierno representativo. Porque el mejor gobierno no es el más liberal en sus declaraciones sino aquel que hace la felicidad de los que le obedecen (...)".

En 1824, Rivadavia organizaba, utilizando a Martín Rodríguez, un Congreso General para redactar una Constitución de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que garantizara la supremacía de Buenos Aires.

Eran los días previos a la guerra contra Brasil, y antes de la fracasada Constitución de 1826, lo que coincidió con la caída de Rivadavia.

Con 45 años -San Martín era un hombre joven, en 12 años había realizado toda su campaña sudamericana- el general arribó al puerto de El Havre (Francia), sin considerar que mandaban los Borbones de la Restauración, y él era un rebelde. Por eso le negaron el desembarco, y tuvo que marcharse al puerto de Southampton y luego a Londres, donde le recibió el parlamentario James Duff, conde de Fife, fue declarado Ciudadano Ilustre y ubicó a su hija, por la escolaridad, en un convento de monjas.

Tiempo más tarde, San Martín y Mercedes siguieron hacia Bélgica, junto a su hermano Justo. Días de estrecheces económicas y caminatas extensas. Fue allí donde él escribió sus “máximas”, expresión de sus ideales:

• Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican.
• Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
• Inspirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.
• Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.
• Respeto sobre la propiedad ajena.
• Acostumbrarla a guardar un secreto.
• Inspirarla sentimientos de Indulgencia hacia todas las religiones.
• Dulzura con los criados, pobres y viejos.
• Que hable poco y lo preciso.
• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
• Amor al aseo y desprecio al lujo.
• Inspirarla amor por la patria y por la libertad.

En noviembre de 1828, San Martín planificó intentar regresar al Río de la Plata. Pero es otra historia.

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