LOS K PERDIERON MÁS QUE UN AMIGO...

La Argentina sin Chávez: El dilema de sobrevivir sin salvador

La relación entre la Venezuela de Hugo Chávez y la Argentina K trascendió ampliamente las cuestiones políticas. Venezuela fue para los Kirchner un gran proveedor de fondos y negocios, un gran salvador en tiempos de urgencias, el hombre del que tomaron más de un ejemplo o más de un invento como el cepo cambiario. ¿Un amigo? No, mucho más que eso. Sin su "ángel de la guarda", deberá ahora Cristina Fernández rezarle a los muertos para que le acerquen otro bolsillo amigo. Y que el último no apague la luz.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) Desde la Universidad Central de Venezuela pronosticaron que, tras el fallecimiento del mandatario, no debería haber grandes cambios en la relación de ese país con la región, tanto si asume otro gobierno oficialista como uno de la oposición.

Incluso, si continúa el proyecto iniciado por Chávez, auguraron que "la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) podría tomar mayor relevancia política, debido a que fue el propio Nicolás Maduro el que impulsó este acuerdo cuando ocupaba el puesto de canciller". 

En la visión de Jorge Castro, la influencia de Venezuela es apenas una sombra de lo que supo ser: "Simplemente basta analizar el ingreso de ese país al Mercosur. Fue una muestra de que Chávez finalmente aceptó subordinarse a la hegemonía de la gran potencia de América del sur, que es Brasil".

Lucio Castro coincidió: "El peso de Venezuela en la región fue decreciendo. Por eso, el ingreso de este país al Mercosur no importa tanto por el hecho de si se suma a la unión aduanera, sino porque antes esa nación encarnaba una opción diferente, una alternativa. Pero ahora que está dentro del bloque, ya dejó de serlo".

Pero, más allá de las diferencias a nivel regional, ¿qué se modificará en relación con la Argentina, que tenía una aún más estrecha alianza con ese país?

Desde el 2003, Chávez es más que un aliado para el matrimonio santacruceño. Fue el modelo a seguir. Un amigo (aunque nunca les hizo precio de amigos).

En política internacional, la Argentina abandonó abiertamente su alineamiento con USA y compartió discursos anti-imperialistas con el presidente Chávez.

Pero la relación fue estratégica no sólo en cuestiones políticas. Venezuela fue un gran proveedor de fondos y negocios en la última década. Las exportaciones argentinas se multiplicaron exponencialmente. Según el INDEC en 2012 alcanzaron los US$2.264 millones.

Chávez, al frente de un país petrolero, vivió obsesionado por construir un liderazgo regional. Por ello auxilió a la Argentina en 2004, ante los primeros signos de una crisis energética que siguió profundizándose. El ministro de Planificación, Julio de Vido, tomó las riendas de lo que se conoce como “la embajada paralela” con Caracas, y dio forma a un acuerdo por el que Venezuela proveyó fuel oil a precios altos a un mercado necesitado. Hay negocios y acuerdos que sólo maneja Planificación.

Es una realidad que la afinidad entre ambos gobiernos nunca se plasmó en los valores que la Argentina pagó por el combustible. Por el contrario, Chávez nunca le hizo "precio de amigo", algo similar a lo que ocurrió con los megapréstamos que éste otorgara allá por 2008, con tasas muy por encima de las del mercado internacional.

En 2008, Chávez rescató financieramente a la Argentina, que necesitaba dinero fresco con urgencia. 

Venezuela se convirtió muchos veces para Néstor y también para Cristina en el gran salvador.

Hubo algunos escándalos de por medio, como el de 2007 cuando Guido Antonini Wilson, uno de los empresarios que voló en agosto de ese año en un avión pagado por la empresa estatal Enarsa, junto a otros funcionarios argentinos, intentó ingresar US$790.000 sin declarar. El empresario venezolano diría luego que eran fondos para la campaña presidencial de Cristina. Pero el incidente quedó en el olvido. Tanto así como un pequeño cortocircuito en 2008 cuando el venezolano expropió la siderúrgica Sidor, propiedad del grupo Techint.

De Chávez también tomaron varios "ejemplos" como la guerra contra los principales grupos mediáticos no afines al oficialismo, las expropiaciones compulsivas, la inflación no admitida, la intervención de los organismos públicos, la lucha contra jueces no alineados con el Gobierno y, desde el año pasado, también el cepo cambiario, un invento que el venezolano implementa desde hace ya varios años en su país. Hasta el polémico acuerdo con Irán por la causa AMIA, aprobado recientemente por el Congreso Nacional, es obra de la mediación de Chávez.

En el diario 'El Cronista' se publicó hoy una nota sobre la incertidumbre que se plantea a futuro en la Argentina sin Chávez: 

"Impulsado por un firme acuerdo político que se selló en 2003 y logró consolidarse de forma sostenida, el vínculo comercial entre la Argentina y Venezuela registró en los últimos nueve años un crecimiento exponencial que posicionó al país bolivariano como uno de los principales siete mercados de las exportaciones locales. Energía por alimentos. Ese ha sido el foco de una relación bilateral que cerró el 2012 con un superávit en favor del mercado local de u$s 2.260,1 millones y que ahora, tras la muerte del mandatario Hugo Chávez –gran promotor de este vínculo– queda enmarcada en un escenario de gran incertidumbre a la espera del devenir político en Venezuela.

Las exportaciones argentinas al país bolivariano se elevaron de u$s 1.423 millones en 2010 a u$s 1.869 millones en 2011 para cerrar el año pasado en los u$s 2.285 millones. Las ventas a ese país se concentran fundamentalmente en alimentos, aunque también tiene particular influencia el envío de vehículos para transportar mercadería. En tanto, las importaciones del país bolivariano, aunque subieron con los años, apenas representaron en 2012 u$s 24,9 millones. No están contabilizadas en ese número las compras de energía a Venezuela debido a que los pagos que realiza la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) por la adquisición de fuel oil y gasoil se depositan en un fondo de fideicomiso administrado por el banco estatal venezolano BANDES. Con ese dinero, Venezuela se compromete a comprar productos provenientes de la Argentina.

La relación política y económica entre ambos países comenzó a afianzarse a mediados del 2003, con la asunción del ex presidente Néstor Kirchner y la reafirmación del gobierno de Chávez tras la victoria en el referéndum revocatorio de 2004. A partir de entonces, la cooperación política se acentuó y con ella, los vínculos económicos.

En este sentido, uno de los primeros gestos que Venezuela tuvo con la Argentina fue la importante ayuda financiera que le concedió a partir de 2005, con la compra de diferentes títulos por un monto que superó los u$s 5.000 millones. Eran años de gran dificultad para acceder a los mercados internacionales en los que el país tuvo que pagar al gobierno de Venezuela tasas del orden del 17% por los bonos colocados.

El aumento exponencial de los precios del crudo le generó al país bolivariano una gran disponibilidad de divisas que posibilitó una gran expansión del gasto público y la ayuda a países de la región, como la Argentina. 

La fraternal relación se mantuvo intacta aún cuando empresas argentinas se vieron afectadas por el plan de expropiación de compañías puesto en marcha por el gobierno de Chávez. Concretamente, en 2008 el fallecido mandatario estatizó la Sidor, la mayor siderúrgica del país que era controlada por el grupo Techint. El gobierno de Cristina Fernández evitó el enfrentamiento y, en cambio, logró que Venezuela pague la indemnización correspondiente al holding liderado por Paolo Rocca.

Las relaciones comerciales bilaterales también estuvieron influenciadas por el Tratado de Libre Comercio (TLC) que firmó, en 2003, el Mercosur con los países de la Comunidad Andina de las Naciones (CAN). Dicho instrumento entró en vigencia en enero del 2005 y estableció un cronograma de liberalización del comercio bilateral a 15 años que incluye la reducción de más de 1.200 partidas arancelarias que explican el 73% de las ventas argentinas en Venezuela.

El ingreso de Venezuela al Mercosur, formalizado en agosto del año pasado, también supone un fortalecimiento de la relación no sólo con la Argentina sino con todos los países del bloque."

También sostuvo Carlos Pagni en el diario 'La Nación':

"(...) La relación con la Venezuela de Chávez es el único vínculo externo que Néstor y Cristina Kirchner mantuvieron sin altibajo alguno a lo largo de una década. Ellos, que no pudieron perseverar en la afinidad con España, en la familiaridad con Uruguay, en la buena vecindad con Chile ni en la asociación comercial con Brasil, entablaron con el presidente fallecido un romance frente al cual el carnalismo de Menem con Bush se reduce a mera cortesía.

Las simpatías personales o ideológicas son pistas engañosas para explicar esa solidez. Chávez estuvo vinculado, desde el comienzo, a la solución de dos problemas que el kirchnerismo no consiguió resolver en una década: financiamiento y energía.

Aislado de las redes internacionales de inversión, Néstor Kirchner encontró en el venezolano a un prestamista permisivo.

Entre 2006 y 2008, Chávez financió a Kirchner en más de 5000 millones de dólares, a través de los Bonos del Sur. Tras el disfraz de la generosidad bolivariana se escondió una pésima decisión financiera del kirchnerismo, el "desendeudamiento", que se amparó en la coartada de independizar la política económica. El Gobierno saldó por adelantado una deuda de 9500 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, por la que se pagaban intereses del 4,5% anual, para adquirir otra con Venezuela a más del 10% anual. Cuando esa tasa se volvió usuraria -15,6% en septiembre de 2008- los Kirchner buscaron una fuente de ingresos menos exigente estatizando el sistema previsional.

El protectorado material de Chávez fue más amplio en el área energética. En 2004, el desabastecimiento obligó a Kirchner a suspender las exportaciones de gas a Chile. El auxilio llegó a través del antiguo "Comandante Fausto", Alí Rodríguez, actual secretario general de la Unasur y por entonces presidente de Pdvsa. Fue él quien ideó el fideicomiso binacional para el trueque de alimentos por combustibles, que ha sido el eslabón más firme y controvertido del amorío entre kirchneristas y chavistas.

En el nexo energético están presentes los rasgos de un estilo inconfundible, común a los Kirchner y a Chávez: la predilección por las relaciones comerciales interestatales. La receta inaugurada con Venezuela se ensaya ahora con Angola, con Azerbaiján y, es muy probable, con Irán.

La ineficiencia es el otro rasgo de familia que aparece en estos intercambios. El fuel oil y el petróleo no venían, en general, de Venezuela, sino de otros mercados. La estatal Enarsa gastó fortunas en explorar la faja del Orinoco sin obtener reserva alguna. También iba a instalar 600 estaciones de servicio con Pdvsa, de las que se construyeron sólo dos. La planta regasificadora de Bahía Blanca quedó en veremos. Y Pdvsa no exploró uno solo de los bloques off shore asignados a Enarsa, como había prometido. Esta inoperancia militante adquirió rasgos de realismo mágico en aquella imagen de Kirchner y Chávez trazando con el dedo en un mapa de América del Sur el gasoducto de 4000 kilómetros que uniría el Caribe con el Plata.

El fideicomiso de la energía manchó la unión con Chávez con la sombra de la corrupción. La valija con 800.000 dólares de Guido Antonini Wilson y la embajada paralela denunciada por el diplomático Eduardo Sadous son estampas imborrables de la poco edificante peripecia moral del kirchnerismo.

Es posible que el rédito más alentador de la conjunción bolivariana sea el incremento del comercio, que saltó de 100 a 1500 millones de dólares anuales, gracias al trabajo poco resonante de Eduardo Sigal, el ex secretario de Comercio Alfredo Chiaradia y la ex embajadora en Caracas Alicia Castro.

Más allá de su dimensión utilitaria, ¿el chavismo ha sido para el kirchnerismo un espejo que adelanta, un modelo de llegada? El lugar común dice que sí. Pero el nexo entre ambas experiencias es intrincado.

La política exterior de los Kirchner se sirvió del idilio con Chávez como una variable dependiente de su progresivo alejamiento de Estados Unidos. Esa camaradería fue explicada primero como una forma de evitar que Chávez se sumara al "eje del mal". Casi un servicio a Washington. Pero cuando el FMI postergó, en agosto de 2004, la aprobación del programa argentino, Kirchner se entregó, despechado, a los brazos del emir caribeño. En noviembre de 2005 vapuleó a George W. Bush en Mar del Plata, mientras organizaba con su socio una contracumbre de las Américas. En diciembre de 2007, cuando desde los tribunales de Miami trascendió que los dólares de Antonini estaban destinados a la campaña de su esposa, el ex presidente se sumó a la desopilante patrulla de rescate de rehenes de la FARC en la selva colombiana. Dos meses después Cristina Kirchner invitó a Chávez a insultar desde Buenos Aires al presidente de Estados Unidos, que visitaba Montevideo. Este juego triangular prefiguró la relación con Irán, cuya vuelta de campana no se explica si se excluye a Estados Unidos como referencia permanente de la política exterior.

Las adhesiones y rechazos con Caracas y Washington estuvieron dirigidos, sobre todo, a una audiencia doméstica: haciéndole la segunda voz a la melodía antiimperialista del chavismo, los Kirchner halagaban a su clientela de izquierda, que ve en el "socialismo del siglo XXI" un relanzamiento de la revolución cubana y que encontró a menudo en Pdvsa una caja amiga. También sembraron una contradicción entre sus adversarios: Chávez tiene innumerables feligreses en el FAP, la UCR y la CGT de Moyano, lo que revela la extensión del consenso que subyace hoy a la política argentina.

Sin embargo, el kirchnerismo ha mantenido con Caracas un alineamiento político mucho menos automático que el que lo ata a las administraciones brasileñas del PT, con las que las disonancias son sólo comerciales. En la intimidad, la Presidenta se ha mostrado escéptica sobre el conflicto de Chávez con los gobiernos norteamericanos, sobre todo por el compromiso comercial de Venezuela con Estados Unidos. Y a menudo ha criticado, en voz baja, el militarismo armamentista de su amigo fallecido. Estas reservas se expresaron en la negativa a incorporarse a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Otras similitudes harían pensar que los Kirchner, sobre todo Cristina, encontraron en Chávez a un inspirador: la demonización de la prensa independiente, el avasallamiento de la Justicia, el reeleccionismo indefinido, las intervenciones sobre la economía, el culto a la personalidad del que manda. Pero es más probable que ese parecido sea hijo de una concepción populista que no necesita recurrir a la imitación porque se basta a sí misma. Las inclinaciones que se habrían contagiado del chavismo ya estaban presentes en los Kirchner cuando gobernaban Santa Cruz. Además, a ellos no les hace falta alargar la vista hasta Venezuela para aprender esa lección. Les alcanza con el magisterio del general Perón, de quien el coronel Chávez se consideró siempre un discípulo.

Ahora que el gobierno venezolano fue heredado por Nicolás Maduro, este parentesco estará sometido a un ajuste (...)".