Guerra contra el terrorismo (o de cómo Occidente puede convertirse en su propio enemigo)

La violación de las libertades individuales en nombre de una causa mayor (como por ejemplo la libertad y la democracia en el mundo entero) se ha vuelto una paradoja típica de la lucha contra el terrorismo. Al tiempo que se critica a Saddam Hussein o a Fidel Castro por sus dictaduras totalitarias, se imponen modelos de seguridad en USA y Europa que restringen cada vez más la libertad de acción de la ciudadanía, como el caso de las escuchas telefónicas en USA, la intervención de PC's en Alemania o las cámaras por todo Londres en Inglaterra.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - Desde el atentado a las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001, las fuerzas de ocupación estadounidenses avanzaron sobre territorio afgano en busca de terroristas sin lograr buenos resultados. Luego avanzaron sobre Irak, porque se decía que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva y comenzaron una guerra que sigue hasta el día de hoy. Y finalmente terminaron avanzando contra todo aquello que les pareciera sospechoso y digno de interrogatorio.
Así, se justifica la posibilidad de intervenir PC's en Alemania, en busca de actividades terroristas; la instalación de cámaras en la vía pública de Londres para detectar movimientos extraños (lo que, vía paranoia, puede desatar tragedias como la sucedida en el 2005, con la muerte del brasileño Jean Charles De Menezes, asesinado por creerlo un terrorista en una estación del metro); o el acceso a la intervención de líneas telefónicas que promueve el gobierno de George W. Bush en USA.
Este tipo de medidas genera restricciones cada vez más amplias de las libertades individuales, al punto que el Estado tiene la potestad de controlar a priori las acciones de la ciudadanía, sometiéndola a ser sospechosa con la excusa de protegerla y teniendo la posibilidad, además, de inmiscuirse en otro tipo de acciones que no necesariamente tienen por qué ser delictivas o terroristas.
Y todos los días aparece una sospecha nueva de atentados que nunca se concretan. Y está bien que no se concreten, pero esas sospechas sobre datos difusos que nunca se aclaran: ¿generan la legitimidad que necesita una medida como la de entrometer al Estado en ámbitos privados de las personas, tales como las conversaciones telefónicas o el uso de la propia PC?
Nuevos detenidos en España, en Alemania, en Inglaterra y USA (por no hablar de los que directamente desaparecen en Irak, Afganistan y otros países de Oriente Medio) generan noticias cada día. Todos ellos acusados de formar parte de una u otra red altamente peligrosa que no termina de concretar sus planes, son enviados a cárceles como la de Guantánamo (para más datos, cabe la recomendación de la película "Road to Guantánamo", del 2005) y así se entra en el círculo del "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago"
Entonces las violaciones a los derechos individuales que se viven en Venezuela o Cuba, con el avance del totalitarismo de Hugo Chávez y el establecimiento ya putrfacto de Fidel Castro, no serían muy diferentes a los que ejecutan USA, Alemania o Inglaterra con sus propias poblaciones e incluso con poblaciones de países que ocupan.
Está bien, la gravedad de los atentados a las Torres Gemelas, a la estación Atocha en Madrid y a los subtes en Londres, puede generar (y es lo que los terroristas buscan) una paranoia que lleve a la restricción de las libertades en diferentes países, pero el avance sobre las libertades individuales de todos los ciudadanos no sólo otorga a los estados herramientas de control al terrorismo sino a la totalidad de la población.
De esta manera, Occidente se vuelve Medio Oriente (y el resto de sus enemigos de valores totalitarios) y, defendiendo la libertad y la democracia, toma medidas restrictivas, en pos de una causa que cree justa, a la vez que corre el peligro de convertirse en una imitación de su propio enemigo, si no en el enemigo de sí mismo.