Lenin tenía razón: "Los capitalistas nos venderán la soga para ahorcarlos" (felíz Día de la Industria argentina)

La Casa Rosada intenta fabricar entusiasmo entre los empresarios, para así llegar hasta las clases medias distanciadas de los Kirchner. Cholulos, genuflexos, definitivamente indignos, algunos grandes empresarios se prestan al circo electoral, tal como se ha comprobado en las últimas horas.

A Jorge Pereyra de Olazábal, quien de apóstol de la Nueva Derecha pasó a personero de los Kirchner.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Muchos ejecutivos y empresarios argentinos creen que con el argumento de que ellos crean fuentes de trabajo, tienen el salvoconducto moral para hacer y decir lo que se les antoje. Ellos creen que, tienen la impunidad para hacer negociados con los militares, a quienes vendían a 100 aquello que costaba 10; luego saltar a las privatizaciones y Convertibilidad de Carlos Menem/Domingo Cavallo; y regresar al Estado prebendario de los Kirchner, que se asemeja mucho en la gestión de la obra pública al de los militares.
Muchos empresarios y ejecutivos argentinos creen que tienen licencia para matar: megadevaluación con pesificación asimétrica, apropiación de los depósitos bancarios de millones de argentinos, destrucción de los salarios de muchos más millones de argentinos, y transferencia del problema al Estado, para que desate el clientelismo indiscriminado que impida el caos, distribuyendo el dinero que se le quita al campo y al consumidor -porque la estructura impositiva argentina sigue basada en el consumidor-.
Por lo tanto, es explicable que un indigno Julio Werthein, más empalagoso que Enrique Pescarmona, explotara en aplausos ante una presentación de Cristina de Kirchner cuyo contenido fue lamentable para cualquier proyección seria de la Argentina en el siglo 21.
Y ahí estaba en primera fila Franco Macri, siempre a la caza de algún nuevo negocio -el más reciente es 'enchufarle' su empresa Macair a la Provincia de Entre Ríos porque Jorge Busti y el nuevo gobernador, quien sugestivamente tiene un hijo en la 1ra. División de Boca Juniors, quieren reflotar el fracasado proyecto Laer-.
Más recoleto, Paolo Rocca recibió ayer a los Kirchner en Ramallo, para exhibir el nuevo horno y pedirles que no cese el subsidio a la industria siderúrgica que consiste en mantener un dólar sobrevaluado en pesos, tarifas atrasadas y salarios deprimidos, lo que ha permitido una rentabilidad que justifica ampliar la inversión.
Y está muy bien que los empresarios y ejecutivos argentinos realicen excelentes negocios, con buenas tasas de rentabilidad que les permitan crecer, ganarse 'bonus' extraordinarios y así levantar castillos en Punta del Este; sin embargo, es curioso que, pese a sus éxitos, ellos siguen dependiendo del abuso del Estado para cerrar sus cuentas, la Argentina es tan capitaldependiente del exterior como en el pasado (el año próximo lo será más) y la competitividad sigue basada en el subsidio vía tipo de cambio, excepto para el campo, que tiene ventajas comparativas pero también se tecnificó mucho durante los odiados años '90.
Algo falla en la estructura del modelo que las grandes empresas representadas en el PreColoquio de Idea y hoy en la celebración de la Unión Industrial Argentina, imponen a la sociedad argentina.
En 1er. lugar, no son ellas las grandes creadoras de empleo, que en verdad siguen siendo las pequeñas y medianas empresas. Y los servicios siguen promoviendo más empleo que la industria manufacturera, por lo que habría que ubicar las cosas en su lugar.
Pero lo más importante es que no existe la licencia para matar: los empresarios y ejecutivos tienen una responsabilidad como líderes, en la construcción de una sociedad; y la elección del modelo no depende de la tasa de utilidad que cada uno, individualmente, obtenga porque eso es rapiña.
Los grandes empresarios y ejecutivos argentinos hace muchos años no cumplen con su responsabilidad ante la sociedad, a la que le deben mucho porque ha financiado sus expansiones, ha tolerado sus excesos; ha aceptado sus fracasos.
La falta de compromiso de los grandes empresarios y ejecutivos argentinos con la sociedad es un capítulo importante del fracaso dirigencial que sigue padeciendo la Nación Argentina, y que no fue superado porque las causas político-institucionales de la crisis del año 2001 siguen intactas, y pueden regresar en el futuro mediato.
Pero, lo más grave de los grandes empresarios y ejecutivos argentinos genuflexos, que se arrastraron en Idea ante Cristina como antes lo hicieron ante Carlos Menem y antes con Raúl Alfonsín, con Leopoldo Galtieri, con Jorge Rafael Videla, con Juan Carlos Onganía, etc. etc. etc., es que carecen de una solidaridad de clase, que es lo mínimo que debería exigírseles.
Si no existe una solidaridad entre ellos, el resto no puede esperar algo de ellos. El exacerbado individualismo conque se comportan obliga a pensar si ellos son los más idóneos para desempeñar ese rol en la sociedad, o habrá que cambiarlos como a los políticos y otros.
No fueron solidarios con Alfredo Coto cuando fue extorsionado por Néstor Kirchner y luego por el impresentable Hugo Moyano. No fueron solidarios entre ellos cuando comenzó la ofensiva contra Shell porque a Kirchner se le había ocurrido que había que venderle sus estaciones de servicio a Hugo Chávez y así pagar el financiamiento de Pdvsa a la crisis energética provocada por la incompetencia, falta de visión y ausencia de planificación de Kirchner y su lacayo Julio De Vido. No fueron solidarios cuando Guillermo Moreno comenzó con la prepotencia del 'dibujo' de los índices de precios que requería de una complicidad de parte de los formadores de precios.
La expresión más acabada de la falta de solidaridad es cuando un empresario argentino se presta a ser parte de la extorsión gubernamental a otra empresa para forzar su venta a precio vil. Ocurrió con Marcelo Mindlin, con Electroingeniería y ahora con Enrique Eskenazi, por ejemplo. Y nadie levantó la voz para, con autoridad, hacerles notar que no todo vale en el mundo de los negocios. Porque si todo vale, que luego no se quejen de Hugo Moyano, ni de Foetra, ni del regreso de los 'piqueteros' a golpear sus puertas. Porque si todo vale, vale todo para todos.
La cobardía de los grandes empresarios y ejecutivos argentinos, exhibida en su falta de compromiso aún entre ellos, explica en parte el desierto de oportunidades que, periódicamente, acecha a la sociedad criolla. La sospecha que los países importantes mantienen hacia la Argentina, la ausencia de credibilidad que la Argentina provoca en los grandes mercados financieros y en los organismos multilaterales, también es consecuencia de las conductas de los grandes empresarios argentinos, no solamente de los políticos.
¿O acaso no fueron ellos quienes promovieron la modificación de la Ley de Quiebras, inventaron el atentado contra los inversionistas que es el acuerdo preventivo extrajudicial en los incumplimientos de Obligaciones Negociables, legitimaron los mal llamados 'acuerdos de precios', y otras iniquidades?
No hay sociedad sin empresarios y ejecutivos, pero tampoco hay sociedad sin solidaridad y sin valentía, pero básicamente no hay sociedad sin sentido comun. Y el sentido comun se pierde cuando se descubre a un conjunto de ejecutivos que aplauden con entusiasmo conceptos irresponsables, en el extremo opuesto a otros conceptos irresponsables lanzados en el pasado y que ellos también aplaudieron.
Lanzados a la búsqueda de la mayor tasa de utilidad posible en el indómito 3er. Mundo argentino, terminarán por justificar aquella frase de Vladimir Lenin: "Los capitalistas nos venderán la soga para ahorcarlos". Felíz Día de la Industria.