Hoy, Kirchner, Lula y Chávez en Brasil, cuando el peligro es la intrascendencia (EDICIÓN i)

Hoy Néstor Kirchner visita a Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, en el peor momento de la relación bilateral. A la Argentina le preocupa la hiperactividad brasileña que, por ejemplo, logró llevar el tema Ecuador, con el apoyo de Bolivia (¿no es Carlos Mesa un aliado argentino?) y Perú, a la Comunidad Sudamericana, en vez del Grupo de Río, donde la Argentina ejerce la presidencia ‘pro-tempore’. Pero no sabe cómo superarla. Y se enoja con el Mercosur porque no puede imponer salvaguardas contra las importaciones desde Brasil. La revista EDICIÓN i abordó el tema y U24 la reproduce. POR FABIÁN DOMAN

En la Cancillería argentina es probable que decidan borrar de la memoria oficial a los últimos siete días del mes de abril de 2005. Demasiado para una misma semana:

> Condoleeza Rice, secretaria de Estado de USA, viaja a Sudamérica, pero en su gira elude a la Argentina y realiza, en Santiago de Chile, una minicumbre diplomática -sin representantes argentinos- en la que se se decide el futuro de la Organización de Estados Americanos;

> la Argentina despierta, tardíamente, a la realidad de que las islas Malvinas / Falkland son territorios de ultramar de la Unión Europa, según los documentos oficiales de la UE (y, para colmo, la Argentina precisa el voto británico en el G-7 para un acuerdo con el FMI y la aceptación del canje de deuda);

> Alemania manda a advertir que le agrada la idea de una reunión 4+4 entre Europa y el Mercosur para salvar el Pacto Comercial pero que, por ahora, la idea del presidente Néstor Kirchner debe archivarse porque no es fácil elegir a las cuatro naciones europeas para la mesa de negociaciones;

> Benedicto XVI ratificó (y amplió) el poder vaticano de Ángelo Sodano, confirmándolo como secretario de Estado y, después, nombrándolo nuevo jefe del Colegio de Cardenales;

> Luiz Inácio Lula da Silva le respondió a los reclamos de Kirchner: "Brasil no renunciará a su papel en esta integración. Como mayor economía, como país con mayor población, como país con mayor potencial científico y tecnológico, tenemos la obligación de dar condiciones para que el crecimiento no se produzca apenas en Brasil, sino también, especialmente, en los países con los que tenemos fronteras".

En política exterior nada ocurre de repente ni de improviso. En el universo político internacional, las noticias no son el resultado de decisiones tomadas hace dos semanas.

Todo lo que le ocurrió al país, en el escenario internacional en los últimos tiempos, es probable que no sea responsabilidad absoluta del actual Presidente ni de su ministro de Relaciones Exteriores y Culto, cuyo pecado mayor quizá resulte el relacionarse con el mundo con un pensamiento exclusivamente local.

Y hasta resulta probable que sea necesario remontarse a Eduardo Duhalde para comprender la política del ‘aislacionismo internacional’, que tanto parece seducir a los argentinos, de acuerdo a las encuestas de opinión.

O a Fernando De la Rúa, por haber instalado la imagen de un país frágil y timorato, que concluyó el año 2001 con cuatro presidentes en 12 días.

Y -¿por qué no?- responsabilizar a Carlos Menem por la fama –que tanto daño hizo a la Argentina en USA y otros países del G7- de un Estado corrupto y una clase política venal.

En el escenario internacional, el Gobierno se manifiesta leal o fiel o simpatizante de dos principios.

> Uno, el más importante, dice que la Argentina debe estar aislada del mundo. Debemos pasar lo más inadvertidos posible. Duhalde lo verbalizó, en público hace un mes y medio. Rafael Bielsa el canciller lo consagró oficialmente al decir, en más de una oportunidad, que lo mejor que nos podía pasar era no recibir ningún pedido o reclamo de las potencias centrales. De acuerdo a ese punto de vista, el país, en política exterior, debe asemejarse a un submarino sumergido en aguas profundas mientras navega en el concierto de las naciones.

> Dos –y es un pensamiento más coyuntural y, si se quiere, más electoral-, se refiere a que la relación del país con el mundo debe teñirse de condimentos y elementos ‘puramente locales’. Hay un ejemplo de esta actitud que lo define todo: la Argentina se viene absteniendo de condenar el régimen de Fidel Castro, en Cuba, en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en razón de la ‘buena imagen’ que Fidel tiene en ciertos segmentos del electorado porteño que importan al Presidente.

Ni el fondo ni las formas.
Pero resultaría un error suponer que el credo oficial, que explica los beneficios del aislamiento, es un desarrollo exclusivamente ‘kirchnerista’. En verdad, si Néstor Kirchner lo hizo suyo es básicamente porque se encuentra avalado por varias encuestas de opinión de diferentes formas:

> entre los tres temas en los que mejor se desempeña el Gobierno, junto al cambio de jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y la estabilidad de la economía, se encuentra el manejo de la política exterior y la negociación con los acreedores y el Fondo Monetario;

> Rafael Bielsa es uno de los ministros de mejor imagen del gabinete, al punto que se discute si encabezará la lista oficial de candidatos a diputados nacionales por la Ciudad de Buenos Aires en octubre, cuando el Presidente desea plebiscitar su gestión.

Sin embargo, puede relucir y no ser oro. Importantes líderes de opinión, vinculados a la economía local y, en especial, a las empresas internacionales con representación en la Argentina, se encuentran seriamente preocupados por el modo en que el Gobierno se relaciona con el resto del planeta Tierra.

A esa lista de protagonistas de la sociedad argentina, deben sumarse a nada menos que los ministerios de Relaciones Exteriores de demasiados países, y a sus sedes diplomáticas en la Ciudad de Buenos Aires.

O, dicho de otro modo: el mundo no mira con buenos ojos ni el fondo ni las formas con las que la Argentina maneja su política exterior.

La estrategia de la ‘intrascendencia internacional’, de asemejar a la Argentina a un submarino que navega recontra sumergido, tiene ventajas (ocurre que nadie pide nada a cambio) pero deja al país prácticamente afuera de temas en los que antes teníamos voz y voto.

Veamos:

Chile y Uruguay bailan ‘samba’.
> la Argentina pasó de ser protagonista en la designación del colombiano César Gaviria en la secretaría general de la Organización de Estados Americanos, a actor de reparto en el ascenso del chileno José Maria Insulza. Peor aún: la negociación final ocurrió en Santiago de Chile, el viernes 29 en una ‘minicumbre’ en el marco del encuentro de la Comunidad de Democracias, que congregó a los cancilleres de USA, Canadá, El Salvador, Paraguay, Colombia y Chile. Ni hablar de que un argentino dirija el organismo continental. Eso sucedió hace 30 años en los tiempos de Alejandro Orfila. Y José Luis Machinea es secretario general de la CEPAL (Comisión Economica para América Latina y el Caribe, que depende de la ONU), a pesar de Kirchner, quien postuló para ese cargo a Carlos Álvarez, alias ‘Chacho’.

> al revés de la Argentina, el Brasil de Lula ha decidido ocupar espacios que otros dejamos. Esto ha provocado alguna molestia a Néstor Kirchner, de acuerdo al diario cercano a la Casa Rosada, ‘Página/12’, que afirmó que el Presidente "desconfía de la actitud bulímica de Brasil ante cada vacante en un organismo internacional. ‘Hay un lugar en la OMC, Brasil lo quiere; hay un lugar en la ONU, Brasil lo quiere; hay un lugar en la FAO, Brasil lo quiere. Si hasta quisieron poner al Papa’, chanceó el Presidente argentino hace diez días ante sus hombres de confianza (...)". Brasil ha comenzado una campaña para convertirse en el líder continental, después de USA. La escala de ‘Condi’ Rice en Brasil no fue para debatir el acuerdo de Lula con el FMI (Brasil acordó con el FMI no renovar su ‘stand-by’), ni la negociación con los acreedores privados ni los juicios ante el tribunal arbitral del Banco Mundial, Ciadi, que son los temas recurrentes de la agenda argentina con USA.

Rice fue a Brasilia a visitar a Lula para aclararle que en América latina, Washington DC no necesita intermediarios (aunque le pidió una gestión ante Venezuela) ni rivales. Y que reconoce el ascenso de Brasil.

En cuanto a Lula, buscó interesar a Rice en algo que resulta su aspiración mayor en política exterior: el apoyo de USA a la reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que le permita a Brasil hacerse con una silla permanente.

No es un proyecto de Lula; en verdad es un anhelo que Brasil explicitó en días de Fernando Henrique Cardoso en el Planalto, pero en inclusive se remonta a cuando José Sarney fue Presidente porque Tancredo Neves murió en forma prematura. Pero Brasil tiene políticas de Estado, por ejemplo en su estrategia internacional. La aspiración de los sucesivos presidentes es convertirse en quien obtiene el objetivo trazado.

Si Lula, para alcanzar su objetivo, debe abandonar a Hugo Chávez, lo hará a su manera, pero lo hará.

En cambio, ¿de qué puede hablar la Argentina con la ONU o con la OEA? Antes que nada, de regularizar el pago de sus cuotas a esos organismos multilaterales, lo que es, digamos, un poco más domésticos.

> No solamente Chile, con el logro de la OEA, es ahora un firme aliado de Brasil; también puede ocurrir con Uruguay porque Brasil ha descubierto que no prosperaba su mal candidato a presidente de la Organización Mundial de Comercio (Luis Felipe de Seixas Correa), y decidió apoyar abiertamente al diplomático uruguayo Carlos Pérez del Castillo, quien ha llegado a la ‘recta final, cabeza a cabeza’ con Pascual Lamy, el comisionado de la UE, un ‘europeísta’ a ultranza.

> La historia del Banco Interamericano de Desarrollo es más compleja. Roberto Lavagna fue interesado, a finales del año pasado, para competir por la sucesión de Enrique Iglesias al frente del BID. Lavagna es el funcionario argentino con mayor prestigio en el exterior (sobre todo en Washington DC), pero durante la reunión del BID en Japón, fue invitado a retirar su candidatura porque es el ministro de un país que no ha logrado abandonar el ‘default’ de su deuda pública con privados, que tiene una mala relación con el Fondo Monetario Internacional y que no goza de la confianza del G-7. Pero, además, Lavagna no logró un respaldo concreto de su Presidente para ese cargo. En cambio Lula le brindó su aval a su compatriota João Sayad, vicepresidente 2do. del BID para que compita por la presidencia, según se informó durante los días de Okinawa.

‘Malvinas fiasco’.
> ¿Puede culparse al Gobierno argentino que los ingleses, hábilmente, haciendo honor a su historia, lograsen ‘colar’ en la nueva Constitución Europea a nuestras islas Malvinas que habitan ciudadanos británicos? Sí y no. Un editorial del diario ‘Clarín’ del sábado 30 de abril ubicó la situación en un escenario más equilibrado: "La inclusión de las islas Malvinas en el proyecto de Constitución de la Unión Europea como territorios de ultramar muestra la persistencia del viejo colonialismo europeo (...) es llamativo que esta disposición no haya sido advertida por el cuerpo diplomático argentino, que tiene embajadores en todos los países de la Unión y en el propio organismo, cuando se está negociando el tema con Gran Bretaña y se está discutiendo un acuerdo de integración y cooperación con la Unión Europea. Se trata de una falla que obliga a preguntarse sobre la calidad del funcionamiento de la Cancillería y, eventualmente, a formular programas de mejora".

> ¿La Argentina tiene aliados internacionales? ¿Quiénes son? ¿La Argentina cree en la necesidad de contar con aliados en la política internacional? Aliados lo que dice aliados, Néstor Kirchner tiene muy pocos. Cuando inició su mandato el gobierno español del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, fue un aliado, aunque la relación ha menguado progresivamente. Durante las últimas semanas, el Palacio La Moncloa hizo trascender, por diferentes canales periodísticos y diplomáticos, un cierto fastidio por la falta de cumplimiento de ciertos compromisos tarifarios con empresas de la península ibérica. Podría considerarse a Carlos Mesa, el frágil Presidente de Bolivia, como otro aliado de Kirchner. También a su par de Uruguay, Tabaré Vázquez, aunque ya comienzan a manifestarse diferencias en cuestiones ‘sensibles’ como las relaciones con el FMI. ¿Y Hugo Chávez y Fidel Castro son aliados de Kirchner? Al revés de lo que opinan en la derecha y la izquierda –los extremos tienden a coincidir-, me encuentro convencido que la buena predisposición que exhibe Kirchner respecto de ambos, tiene más que ver más con retratos fotográficos, de neto contenido electoral e imagen pública, que con la realidad.

Ni Chávez ni Castro cuentan con la Argentina para ninguna de sus aventuras internacionales. Es verdad que Petróleos de Venezuela (Pdvsa) abrió una oficina en la Ciudad de Buenos Aires antes que en La Habana, pero los motivos fueron exclusivamente comerciales: la Argentina compra combustibles a Venezuela, y paga un precio bastante más caro que Cuba, que goza de un subsidio.
Castro y Chávez tienen un notable servicio de inteligencia regional, y ellos son precisos ‘lectores’ de qué ocurre en la región. Desde ya conocen los límites de Kirchner (G-7, FMI, acreedores) y cómo él logró que Washington DC ‘tolere’ (a cambio de ‘ningunearnos’) mantener una buena relación con Castro y Chávez. Punto. Hace tiempo ya que ambos advirtieron que Kirchner no es Ernesto Guevara y nadie lo llamará ‘el Ché’.

> ¿La Argentina tiene enemigos en el escenario internacional? Algunos. Pocos. En realidad lo que provoca la Argentina es ofuscación. Dos ejemplos: Italia, por la deuda impaga, y Chile, por la energía desabastecida. Por algún motivo, si bien el primer viaje internacional de Néstor Kirchner fue al Reino Unido, nunca profundizó nada con Tony Blair.

Luego se encuentra el particular caso de Brasil. La Argentina atraviesa el peor momento de la relación bilateral desde aquellos días del general Golbery do Couto e Silva –guardián de la Revolución de 1964, autor de ‘Geopolítica Brasileira’ y promotor de reforzar las guarniciones militares en Río Grande do Sul- por diferentes motivos y no solamente por los conflictos permanentes de aranceles de importación. En todos lados se cuecen habas: allá en Brasilia le echan la culpa de la ‘mala onda’ a Lula, aunque hay un trabajo de los industriales paulistas (Fiesp) muy crítico a los resultados de la integración bilateral.

> Para el final, United States of America. Mantenemos con Washington DC una curiosa relación: los hemos convencido, antes que a nadie, de nuestra vocación de ‘intrascendencia’, justo cuando es gobernada por un grupo de personas que, mal o bien, sólo desean la ‘trascendencia’ de su nación. Kirchner no hizo una sola declaración pública contra el presidente George W. Bush en su casi dos años de gestión. Cometió un error que, luego, enmendó en parte, al autorizar o promover el viaje de Cristina de Kirchner, su esposa, a la Convención Demócrata, en plena campaña proselisita. Los estadounidenses piden y reclaman como corresponde (ejercicios militares bilaterales sin Corte Penal Internacional de por medio, voto en contra de Castro en la ONU, etc.) más como un mecanismo de educación y buenas costumbres diplomáticas que otra cosa. Con Kirchner, Bush parece más que conforme ya que se trata de un gobierno que ha logrado consolidar la estabilidad política y económica de un país que, desde que comenzó el siglo, les dio muchos dolores de cabeza. A veces, la casualidad ‘mete su cola’ en la historia y, entonces, resulta que el discurso anti-Fondo Monetario de Kirchner y Lavagna es el mismo –aunque por diferentes razones y causas- que el de George Bush y su Departamento del Tesoro, que desean cambiarlo de cuajo. Pero esto no supone para USA una relación más interesante con la Argentina que la que mantienen con México, Brasil, Colombia y Chile, en ese orden.

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