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Lo que dejó 2003: Relación letal entre pobreza y sida

La expectativa de vida es cada vez menor en países afectados por el sida, según el informe 2003 sobre el Estado de la Salud Mundial de la Organización Mundial de la Salud.

Aunque la expectativa de vida está aumentando en la mayor parte del mundo, en regiones del sur de Africa, azotadas por la epidemia de sida, la mortalidad entre adultos es mayor que hace 30 años, afirma el documento. Además señala que la tasa de mortalidad infantil es más elevada que en 1990 en 14 países africanos. Más de 300 niños de cada 1.000 que nacen vivos en Sierra Leona mueren antes de cumplir los cinco años. El informe de 194 páginas, que abarca desde esperanza de vida hasta muertes por accidentes de tránsito, poliomielitis y sida, también advierte sobre una creciente brecha en los servicios médicos y la exposición a enfermedades entre las naciones más pobres y los demás países del mundo. De las 57 millones de muertes prematuras ocurridas en 2002, 10,5 millones fueron niños menores de cinco años y el 98 por ciento de ellos en países pobres. En Zimbabwe, por ejemplo, la esperanza promedio de vida para ambos sexos es de 37,9 años, en Zambia es de 39,7 y en Angola es de 39,9. En Suiza, la expectativa de vida promedio es de 80,6 años y en Francia de 79,7. La OMS le atribuye el hecho al sida, la principal causa de muerte entre las edades de 15 a 59 años, restando 20 años a la esperanza de vida en Botswana, Lesotho, Swazilandia y Zimbabwe. Las muertes por sida y las complicaciones que trae casi duplican las que se derivan de cardiopatía y la tuberculosis. En 2002, más de 1,2 millones de personas murieron de cáncer de pulmón, especialmente debido al cigarrillo, lo que representa un aumento del 30 por ciento en contraste con 1990. Tres de cada cuatro de estas muertes ocurrieron entre hombres, según la OMS. Entre los hombres, la esperanza promedio de vida es de 77,9 años en Australia y de 75,9 en Francia. En China es de 69,6 años, en Brasil de 65,7 y en Egipto de 65,3. Pero en otros países del tercer mundo, donde los servicios de salud son mínimos y las condiciones son inferiores, la esperanza de vida es mucho menor. Por ejemplo, en Rusia, el promedio de vida está en 58,4 años. # Desigualdad En los últimos 50 años, la esperanza media de vida al nacer se ha incrementado en términos mundiales en cerca de 20 años, pasando entre 1950--1955 y 2002 de 46,5 a 65,2 años. Esto representa a nivel planetario un aumento medio de la esperanza de vida equivalente a cuatro meses por año durante dicho periodo. Como media, la esperanza de vida aumentó en nueve años en los países desarrollados (por ejemplo, en Australia, los países europeos, el Japón, Nueva Zelandia y América del Norte), en 17 años en los países en desarrollo con elevados niveles de mortalidad de niños y de adultos (la mayoría de los países africanos y los países más pobres de Asia, la Región del Mediterráneo Oriental y América Latina) y en 26 años en los países en desarrollo con baja mortalidad. En 2002 la esperanza de vida al nacer oscilaba entre los 78 años de las mujeres de los países desarrollados y los 46 años de los hombres del África subsahariana; es decir, en términos totales era 1,7 veces superior para las primeras que para los segundos. La esperanza de vida ha mejorado en los últimos 50 años en prácticamente todas las regiones del mundo, con la importante excepción de África y de los países de Europa oriental antes pertenecientes a la Unión Soviética. En este último caso, la esperanza de vida al nacer, tanto de los varones como de las mujeres, disminuyó a lo largo del periodo 1990--2000, respectivamente, en 2,9 años y en 1 año. Los aumentos de la esperanza de vida registrados en la primera mitad del siglo 20 en los países desarrollados fueron el resultado de un rápido descenso de las tasas de mortalidad, en particular de la maternoinfantil y de la atribuible a enfermedades infecciosas en la infancia y en la primera etapa de la edad adulta. El acceso a una vivienda, unos servicios de saneamiento y una educación de mejor calidad, la tendencia a formar familias más reducidas, el incremento de los ingresos y la adopción de medidas de salud pública, como la inmunización contra diversas enfermedades infecciosas, contribuyeron sobremanera a esa transición epidemiológica. En muchos países desarrollados, ese cambio se inició hace aproximadamente 100--150 años. En algunos lugares, por ejemplo en el Japón, la transición comenzó hace menos tiempo, aunque luego avanzó a un ritmo más rápido, y en muchos países en desarrollo se inició incluso más tarde y todavía no ha concluido. En los países desarrollados, las mejoras actuales en los niveles de esperanza de vida se deben principalmente a la reducción de las tasas de mortalidad entre los adultos. De los cerca de 57 millones de personas que fallecieron en 2002, 10,5 millones (esto es, casi un 20%) eran niños menores de cinco años (véase la figura 1.2 ). El 98% de esas muertes se produjeron en países en desarrollo. En los países desarrollados, más del 60% de las defunciones se dan en personas mayores de 70 años, mientras que en los países en desarrollo ese porcentaje ronda el 30%. Un factor clave es el número relativamente elevado de muertes registrado en estos últimos en adultos de edades comprendidas entre los 15 y los 59 años. En los países en desarrollo, más del 30% del total de fallecimientos se produce en esas edades, mientras que en las regiones más ricas ese porcentaje se sitúa en un 20%. Esta elevadísima tasa de mortalidad prematura entre los adultos observada en los países en desarrollo es un importante problema de salud pública. Los países en desarrollo constituyen a su vez un grupo muy heterogéneo en lo que a tasas de mortalidad se refiere. El contraste entre los países en desarrollo con baja mortalidad, como China (donde se concentra más de una sexta parte de la población mundial), y los países africanos con alta mortalidad (donde vive una décima parte de la población mundial) pone de manifiesto las enormes diferencias que existen entre los países en desarrollo en lo concerniente a la situación sanitaria. En China el número de muertes registradas antes de los cinco años no llega al 10%, mientras que en África asciende al 40%. Por otro lado, en China el número de fallecimientos de personas mayores de 70 años es de un 48%, y en África sólo de un 10%.1 Aunque el riesgo de defunción es el indicador más sencillo para contrastar el estado de salud de las poblaciones, existe un interés cada vez mayor por describir, medir y comparar sus respectivas situaciones sanitarias. Las estadísticas sobre mortalidad, en particular, subestiman considerablemente la carga atribuible a las enfermedades no transmisibles en los adultos, ya que excluyen algunos problemas de salud de consecuencias no mortales como la depresión o los trastornos de la visión. Un método de utilidad para expresar sintéticamente la carga de morbilidad consiste en calcular el número de años ajustados en función de la discapacidad (AVAD), indicador que combina los años de vida perdidos por muerte prematura (APP) y los años perdidos por discapacidad (APD). Podría decirse que un AVAD equivale a un año de «vida sana» perdido y que la carga de morbilidad así medida indica la diferencia entre el estado de salud de una población dada y el de una población mundial de referencia normativa con una elevada esperanza de vida en perfecta salud. En términos de AVAD, el 36% del total de años de vida sana perdidos en 2002 en el mundo se debió a enfermedades y traumatismos padecidos por niños menores de 15 años, y cerca del 50% a enfermedades y traumatismos sufridos por adultos con edades comprendidas entre los 15 y los 59 años. Dado que cerca del 90% de las defunciones de menores de 15 años que se producen en el mundo se dan en niños que aún no han cumplido cinco años, en los apartados siguientes nos centraremos en las muertes infantiles sobrevenidas antes de dicha edad. En cambio, los esfuerzos internacionales encaminados a comprender la magnitud de los retos sanitarios que encaran los adultos de los países en desarrollo todavía son incipientes. Incluso en nuestros días, impera la idea de que la salud de los adultos sólo constituye una preocupación importante en los países ricos, donde se ha logrado reducir notablemente la mortalidad prematura entre los niños. Lamentablemente, sólo se dispone de datos exhaustivos de registro de defunciones por causas de fallecimiento para contados países. No obstante, los datos de registro civil disponibles, ya estén completos o incompletos, junto con los sistemas de registro de muestras, recogen ya una tercera parte del total mundial de defunciones y ofrecen información sobre el 74% de la mortalidad mundial; en el presente estudio se ha recurrido a ellos para analizar las pautas y tendencias relacionadas con la mortalidad de adultos. ------------ Nota completa: http://www.who.int/whr/2003/es/