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A 10 años del derrumbe de Asia, la región es la superstar de los negocios

Asia hizo todo mejor que Latinoamérica y lo demuestra su capacidad de atraer inversiones internacionales y de obtener ahorro doméstico bancario para desarrollar un mercado de capitales.

El 2 de julio de 1997, el Banco Nacional de Tailandia, impotente para mantener fija la paridad del bath con el dólar, abandonó la divisa a su suerte. Fue el detonante de una grave crisis financiera, que se extendió como la pólvora por la región asiática, se cobró un minicrash en las bolsas mundiales tres meses después, y  tuvo sus secuelas 1 año más tarde sobre Rusia (suspendió el pago de la deuda) y Brasil (pérdida masiva de reservas). La peor parte se la llevaron las economías asiáticas. Quebraron bancos y empresas, los bancos centrales tuvieron que a adaptarse a la fluctuación de las divisas, y salir del hoyo exigió aplicar unos drásticos ajustes económicos. Los elementos desencadenantes de la crisis fueron diversos y tuvieron un peso distinto en cada uno de los países afectados. Con todo, se pueden identificar elementos comunes, según el estudio Globalización, crisis financieras y dolarización, realizado por Gonzalo Rodríguez Prada, de la Universidad de Alcalá. Por un lado, la inestabilidad intrínseca de los flujos de capitales internacionales. En segundo lugar, la falta de supervisión y de regulación efectiva del sistema financiero facilitó el endeudamiento masivo a corto plazo en dólares de las entidades financieras y también la canalización de estos recursos hacia actividades especulativas relacionadas con la adquisición de activos financieros y bienes inmuebles. Por otra parte, Rodríguez Prada destaca la existencia de mercados financieros globales que facilitan la transmisión de las distorsiones financieras (efectos contagio) más eficazmente que nunca.  Finalmente, la vinculación de las monedas al dólar  contribuyó a la intensificación de los desequilibrios macroeconómicos y limitó la capacidad de la política monetaria para corregirlo. Pero, ¿los riesgos de crisis financieras han quedado definitivamente en el pasado? "Todo es cíclico y las crisis también. Volverá a haberlas, pero posiblemente sin efectos contagiosos", dice Sasha Evers, director general de la sucursal de BNY Mellon Asset Management en España. Los expertos sostienen que la condición humana incluye equivocarse una y otra vez. Por lo tanto, los mercados no se han hecho inmunes a los colapsos, aseguran. Cosa distinta es que, si ocurriera, volviera a focalizarse en Asia. Según Evers, la situación de la región ha cambiado mucho en los últimos diez años. "Hay mucho comercio interregional, ha emergido un clase media con gran capacidad de gasto, y el crecimiento  se basa cada vez más en el consumo. Además, el sector corporativo está muy saneado, las reservas de divisas están muy fuertes, los Gobiernos tiene capacidad  fiscal para reflotar las economías en caso de necesidad, y los niveles de crecimiento son muy vigorosos", explica Evers. Eso sí, este profesional reconoce que también existen riesgos: "Aunque han reducido la dependencia de EEUU, estos países podrían ser bastante vulnerables en el caso de una desaceleración de la primera economía mundial, ya que siguen siendo mercados de exportación. Tampoco hay que obviar los riesgos políticos. Y algunos países, como China, están muy expuestos a la subida de los precios de las materias primas". China es el principal foco de preocupación en estos momentos, según subraya José Luis Cárpatos, director de análisis intradía de Bolsamanía.com/ El panorama económico-financiero chino recuerda en varios puntos a lo que ocurrió hace diez años en algunos de los países asiáticos. "Cuando estalló la crisis en 1997, nadie sabía realmente cuál era el volumen de créditos dudosos en Corea y Tailandia, cuyos sistemas corruptos habían abierto masivamente los préstamos hacia los amigos. Resultó ser del 20%. Esto ha mejorado en algunos países, pero desde luego no en China. Probablemente uno de cada tres créditos sean de dudoso cobro",  comenta Cárpatos. Este experto insiste en que hay una falta de control en lo mercados financieros chinos que, "si algo falla allí, puede hacer mucho daño: saldrían los inversores extranjeros a toda velocidad". Cárpatos advierte que el banco central chino ha permitido que se forme una "superburbuja" en la bolsa china, y ahora "están intentando una voladura controlada". El PER (relación precio/beneficio) de la bolsa china es de 60 veces, pero  podría ser mayor porque ¿cuáles serán realmente los resultados de las empresas, teniendo en cuenta la falta de controles?, se pregunta Cárpatos.  "Se está haciendo oídos sordos con el tema de China, pero el caso es que se trata de la locomotora mundial, dependemos mucho de  sus productos, y tienen  una quinta parte de la deuda en manos extranjeras de USA", añade. Las faltas de control y la corrupción rampante, junto con la bisoñez respecto al manejo de las variables económicas, fueron las grandes causas del colapso asiático de 1997, recuerda Cárpatos. "La esperanza es que el FMI, que entonces reaccionó tarde, haya aprendido y tenga un plan preparado si volviera a ocurrir algo parecido", concluye.