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EL CLIMA, UN TEMA 'GORDO'

La extorsión de Macron a Bolsonaro, o cómo casi se cae el UE/Mercosur

Vie, 19/07/2019 - 8:46pm
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Emmanuel MacroN extorsionó a Jair Bolsonaro en Osaka, y casi se cae el acuerdo de libre comercio que acababan de anunciar en Bruselas, y todo fue por la inclusión o no de la cuestión climatológica en la Declaración final del G20, de acuerdo al politólogo ruso Igor Alabuzhin. Es muy interesante cómo el tema tiene su importancia estratégica en las relaciones entre países, aún cuando en la Argentina el tema resulte de escasa penetración. Alabuzhin escribe con cierta frecuencia en la revista “Expert”, de Moscú, acerca de la Unión Europea, en especial Francia. Hernando Kleimans encontró y tradujo la siguiente columna que le concede una interpretación diferente al acuerdo tan publicitado en la campaña electoral argentina entre la Unión Europea y el Mercosur para un probable futuro Tratado de Libre Comercio. No es un tema fácil y el texto es bien extenso. Pero Urgente24 cree necesario incluirlo completo para que se comprenda qué se está discutiendo de verdad entre los países y dejar de suponer que el G20 es sólo un grupo de mandatarios en una fotografía, tal como lo cuentan la mayoría de los periodistas que viajan a semejantes eventos.

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MOSCÚ (Expert). En la cumbre del G20 en Osaka (Japón), Rusia se comprometió a ratificar el Tratado de París sobre el clima. Sería bastante difícil desentenderse de esto: la histeria de la política climática occidental crece aunque, con el actual nivel de desarrollo de las tecnologías humanas, el Tratado de París es una propuesta de cambiar una catástrofe climática potencial por, encapsuladas en un solo recipiente, reales catástrofes energética, financiera y económica. 

Pero si nos situamos en este teatro del absurdo, hay que hacer todo para colocarnos entre sus directores y no entre sus actores. Y elaborar nuestra propia posición en la cuestión climática.

El fin de las obligaciones tomadas por los países participantes en el Tratado es impedir la elevación de la temperatura media de la atmósfera terrestre en más de 2°C, en comparación con la era preindustrial. Esto no es fácil de hacer. Es más: por ahora es totalmente incomprensible cómo hacerlo sin destruir el sistema financiero y económico de nuestra civilización.

Todos los países participantes depositaron en la ONU  los llamados “aportes determinados en el nivel nacional”, es decir las obligaciones de cada uno para reducir las emisiones de gases. No es asombroso que durante la recuperación de la economía mundial observada en 2017 / 2018, y el lógico aumento del volumen de dichas emisiones, estos compromisos comenzaron a abrumar a ciertos miembros de la comunidad mundial.

En vísperas del G20 se conoció que Arabia Saudita, Turquía y Brasil podían adherir a la posición de USA en cuanto a la cuestión climática. 

La posición de Donald Trump es: "Vamos a bajar la emisión de gases. Y para ello vamos a elaborar diversas tecnologías. Pero sólo si es posible. De ninguna manera será a cuenta del crecimiento económico…".

En 2018, los estadounidenses anunciaron su denuncia del Tratado de París y la Declaración final del anterior G20 sobre el clima se definió por la fórmula 19+1, no por consenso. 

USA formuló en aquel documento su posición especial sobre el tema. 

En Osaka, esta fórmula podía transformarse en 17+3 e incluso en 16+4.

Esta novedad hubiera tornado sin sentido hasta la mención de este problema en la Declaración final de los líderes, documento que por supuesto no está destinada a ser un listado de temas sobre los cuales los países del G20 tienen profundas divergencias.

Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron, el presidente francés líder mundial de la lucha contra la catástrofe climática, aportó el máximo de esfuerzos para no permitir este fracaso. Incluso él amenazó con no participar en la discusión de la Declaración final en el caso de que se excluyera el punto dedicado a la lucha contra el calentamiento global. Y este peligro era real.

Con Turquía y Arabia Saudita esto pudo ser resuelto bastante rápido. Estos países retiraron sus reparos contra la “inexorabilidad” del cumplimiento de las decisiones del Tratado de París, incluida en la Declaración. 

Con el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, aliado de Trump en la mayoría de los temas de la agenda internacional, los problemas fueron mayores. 

Macron tuvo que chantajear al brasileño con el bloqueo del acuerdo sobre zona de libre comercio entre la UE y el Mercosur, cuya aprobación la Comisión Europea había anunciado literalmente en vísperas del encuentro en Osaka. 

Este acuerdo puede aumentar con bastante rapidez la exportación de artículos brasileños a Europa. Bolsonaro se rindió.

Macron
Emmanuel Macron, símbolo de la etapa actual en la lucha contra el cambio climático, durante la presentación del nuevo submarino nuclear francés "Suffren", de la clase "Barracuda".

La encerrona de París

Pero el problema no está agotado. 

La contradicción entre los objetivos abiertamente declarados por el Tratado de París y las vías para lograrlos no se ha resuelto de ninguna manera. Del mismo modo fantástico se propone una selección entre distintos tipos de catástrofes. 

Los partidarios del Tratado de París en este sentido vinculan sus especiales temores con 2020, cuando se concreten los encuentros más importantes en el más alto nivel en las cuevas de sus abiertos u ocultos adversarios: el G7 se reunirá en USA y el G20 en Arabia Saudita. No hay ninguna duda de que la determinación de los opuestos a las limitaciones, que ellos mismos se impusieron en el curso del proceso de París, no mermará.

Con esto no hay que pensar que los fervorosos partidarios del Tratado en sus acciones reales se van a diferenciar, aunque sea en algo, de sus contrincantes. No se diferencian en nada: es, en general, el principal resumen de una lucha de tres décadas contra el calentamiento global. 

Muchos documentos, muchas reuniones, muchas palabras. En realidad nadie ha hecho nada. Por la misma causa: las acciones reales para reducir las emisiones de los gases implican la recesión económica con todas las consecuencias que de ella devienen.

Con todo, no son rarezas los episodios de reducción práctica de las emisiones. Pero ellos ocurren en dos casos. Esto puede ser

** por una seria crisis o

** por el paso masivo en la energética a otras tecnologías. 

Sin embargo, este paso se cumple siempre por motivos económicos y en la práctica nunca por motivos propiamente ecológicos.

Por ejemplo nuestro país, Rusia, junto con otros estados postsoviéticos y europeos orientales hicieron un enorme aporte en el combate contra el calentamiento global cuando en los '90 exterminamos una significativa parte de nuestras economías. 

Gran Bretaña, en los últimos años, reemplaza activamente el carbón en su matriz energética por el gas y las fuentes renovables de energía y el efecto se sintió de inmediato. 

No es posible sobrevalorar los esfuerzos de Francia, que en los '70 y los '90 construyó casi seis decenas de reactores atómicos. Los construyó sin siquiera pensar en los problemas climáticos. Los franceses, simplemente, no disponen de grandes reservas de hidrocarburos y de tal manera decidieron fortalecer su independencia energética.

Por ese motivo, el principal luchador contra las emisiones de gases resultó... USA. 

Y el “principal enemigo del clima terráqueo”, Donald Trump, insistió en registrar en la declaración final del G20 todo un párrafo que comienza con las palabras “los EE.UU. son los líderes mundiales en la causa de la reducción de emisiones”.

Esto es realmente así. En el período con el que se relacionan estas palabras de Trump, 2005 a 2017, nadie redujo su emisión de gases más que los estadounidenses. 

Pero esto se explica no por el especial amor del liderazgo estadounidense hacia el clima terrestre. Entre 2005 y 2007, en USA comenzó la reducción del consumo energético. Esto, posiblemente, haya sido lo que provocó la crisis del 2008. Al menos es significativo que haya coincidido con ello. 

El nivel pre-crisis de consumo de energía en USA fue alcanzado sólo en 2018. Desde 2010 se agregó a este proceso la masiva transferencia de carbón a gas de esquisto en la generación de electricidad. También provocado no por el afán de salvar a nuestro planeta sino por la conveniencia económica de usar gas para la producción de electricidad.

Macri Trump
¿Será posible que Donald Trump le estuviera hablando a Mauricio Macri de lo que pasaba entre Emmanuel Macro y Jair Bolsonaro?

Nuevas tendencias

La principal tendencia de los últimos dos años ha sido el reemplazo de los programas de reducción de la emisión de gases. 

Todavía no se llegó a la revisión de las obligaciones tomadas en el marco del Tratado de París. La mayoría de los “aportes nacionales” está calculada para un período hasta 2030. Pero varios países formularon programas nacionales. 

El gobierno alemán, por ejemplo, reconoció que no podría cumplir con su programa hasta 2020 y lo reemplazó. 

Un proceso análogo ocurre en Francia: el gobierno comprendió que el “programa a largo plazo” adoptado en 2015 es incumplible y lo cambió por uno nuevo. Además, lo comprendió ya en 2016, tan grande era la diferencia entre planes y realidad.

Lo que incita a precaverse es que los programas incumplidos se suplantan por otros todavía más ambiciosos. Cuando alguien, sin analizar las causas de sus fracasos, reemplaza obligaciones elevadas por otras más elevadas, esto deja espacio para las presunciones más diversas. 

Hay tres que parecen ser las más verídicas. 

** Este “alguien” no es del todo adecuado. 
** Este “alguien” tampoco se apresta a cumplir sus nuevas obligaciones. 
** Este “alguien” apuesta a un milagro. 

Las tres respuestas son ciertas.

El movimiento actual en la lucha contra las emisiones de gases es una mezcla salvaje de oscurantistas totalmente atrasados que no quieren reconocer la prioridad de las leyes de la física sobre las leyes humanas, de ingenuos soñadores que esperan constantemente la aparición de nuevas tecnologías y de cínicos políticos, que procuran en este proceso un capital político. Todo esto conduce a que las especulaciones en torno al Tratado de París se asemejan más que nada a un teatro del absurdo.

Tomemos en calidad de ejemplo ese mismo acuerdo sobre zona de libre comercio entre la UE y el Mercosur, que condujo a la discusión entre los presidentes francés y brasileño. 

Que este tipo de acuerdos sea uno de los factores básicos del incremento de las emisiones está reconocido hace tiempo por todos. Incluyendo el Grupo o Panel Intergubernamental de expertos para el cambio climático de la ONU (IPCC según sus siglas en inglés, HK), que en su 5to. Informe de Evaluación publicó una investigación especial sobre esto. 

En este trabajo se deduce una conclusión lógica: en condiciones iguales la temperatura en la Tierra crecerá más si la economía será “globalizada” y menos si ella sea “regionalizada”. 

100.000 toneladas de carne vacuna que los latinoamericanos suministren al mercado europeo suplantarán la misma cantidad de producción local europea. Pero para proveer de carne europea al negocio hay que transportarla por algunas decenas de kilómetros. 

En cambio, la carne sudamericana deberá superar un camino de varios miles de kilómetros. 

La UE en su tiempo hizo lobby para no mencionar en el Tratado de Paris los acuerdos de zonas de libre comercio como un evidente enemigo del clima terrestre. En los últimos tiempos literalmente estampa tales acuerdos haciendo con ellos un claro aporte al aumento de las emisiones de gases.

Como resultado de ello, Macron, quien debería protestar contra nuevos acuerdos sobre zonas de libre comercio, obliga al Presidente brasileño a confirmar de palabra su adhesión al Tratado de París para evitar abrir el camino a una emisión complementaria de gases.

La afición por las declaraciones en algunos países sobre “la situación de emergencia climática” se ha convertido en una nueva ficha para elevar el tono propagandístico. Por ahora todo esto tiene un carácter declarativo, sin un real contenido jurídico. Pero la tendencia es notable.

Otra peculiar característica de la actual etapa en la lucha contra el calentamiento global es la masiva atracción por los planes para reconstruir la economía mundial. 

Además, ahora a estos planes se les agregan los presupuestos. Durante largo tiempo nadie se animaba a calcular cuánto saldría la victoria sobre los 'gases de invernadero'. Nadie lo relacionó seriamente con la suma de “100.000 millones de dólares en ayuda a los países emergentes” del Acuerdo de Copenhague. Había sido tomada “del techo” y todos lo comprendían. Pero ahora los planes aparecen como hongos después de la lluvia. Y todos bien madurados.

Las sumas ahora se cuentan por billones de dólares. La Unión Europea quiere 10 billones. Los candidatos del Partido Demócrata de USA tienen cifras que trepan a los 9 billones. En el pico más alto se encuentra el pronóstico del FMI para todo el mundo, de 90 billones. Incluso los cálculos hechos sobre la base de los datos del Informe Especial del IPCC arrojan más o menos esas mismas cifras.

La mayor atención en estos planes es asignada al sector de generación eléctrica. La dirección fundamental apunta al reemplazo de la generación fósil por la “limpia”, especialmente por la energía renovable. A veces, pero no siempre, en el futuro mix energético también se les reserva un lugar a las usinas nucleares. Con frecuencia se considera la electrificación del transporte automotor.

Casi nunca se analiza qué hacer con otras importantes fuentes de gases de invernadero: la metalurgia, la producción de cemento, la petroquímica, la agricultura. La impresión es que la tarea principal de estos planes es modelar el funcionamiento de la economía en condiciones de reducción del suministro de hidrocarburos, antes que nada petróleo. Lo que, a su modo, por supuesto tiene sentido.

Putin con petroleros
El reclamo de Vladímir Putin: pareciera que sólo el petróleo provoca problemas ambientales y contaminación. ¿O el debate se ha ensañado con una actividad específica?

Récords

El IPCC aportó una confusión complementaria en tanto es el proveedor principal de argumentos para los luchadores contra el calentamiento global. Ya en 2015, durante la firma del Tratado de París el objetivo principal era detener el calentamiento global en la señal de los +2 grados. 

La observación “llegado el caso también en +1,5°C”, inscripta también en el Tratado, era considerada como inactual por la comunidad científica. La mayoría de los investigadores coincidían en que la cantidad de los gases de invernadero lanzados a la atmósfera es tal que sin incluso instantáneamente suspendemos toda emisión, la atmósfera hasta esta marca de todas formas se calentará. 

En 2018 aparece el Informe Especial del IPCC, totalmente dedicado al tema “1,5°C es de todas formas mejor que 2°C”. Si antes el plan oficial era reducir las emisiones en tres veces para 2050 y lograr la “neutralidad hidrocarburífera” para finales de siglo, ahora resulta que es preciso reducir el volumen de emisión dos veces ya para 2030 y plazo extremo para lograr la “neutralidad” es 2050.

Nadie en la práctica ha emprendido algo para que el recalentamiento del planeta se detenga en el nivel de dos grados pero ya algunos se lanzaron a nuevos records. No todos. Es interesante que este Informe Especial se convirtiera en una complementaria marca ideológica. El afán por lograr la “neutralidad hidrocarburífera” para 2050 fue declarado por la mayoría de los países europeos. 

Gran Bretaña, Irlanda y Francia llegaron incluso a adoptar las correspondientes leyes. Canadá y los estados de Nueva York y California incluso se pronunciaron a dos manos por 2050.

Todo esto ocurre en el mismo planeta y en la misma atmósfera en el sentido más literal de esta palabra. Unos países afirman que se aprestan a todo trapo a reducir el volumen de gases de invernadero. Otros modestamente callan porque no pueden reducir aunque sea algo simbólico. Los países emergentes en estas circunstancias incrementan sus emisiones y en la primera posibilidad. 

En el Tratado de París se ha fijado el “principio de igualdad”. Los países emergentes lo comprenden así: como resultado de la lucha contra el calentamiento global no sólo debemos vencerlo. Como resultado de ello cada ser humano del planeta debe recibir una cuota igual de gases de invernadero. 

Y, por cuanto las emisiones se vinculan con bastante crudeza con el PIB, este PIB per cápita debe resultar también equivalente. Si Occidente no quiere reducir su PIB ellos van a incrementar el suyo. Por eso sus obligaciones para reducir las emisiones son obligaciones en comparación con la variante “business as usual” y no reducciones “en su totalidad”. China misma promete comenzar a reducir sus emisiones sólo después de 2030, y la India promete comenzar a reducirlo alguna vez, sin mencionar un plazo definido.

Los “avanzados” en la lucha contra el calentamiento son “avanzados” sólo de palabra. La UE adopta una gran cantidad de esfuerzos para que se arroje a la atmósfera más gases en el transporte de mercancías de un continente a otro. Canadá al día siguiente de la declaración de la “emergencia climática” aprueba la construcción de un nuevo oleoducto que habrá de suministrar al mercado mundial varios centenares de miles de barriles de petróleo por día.

Mapa del calentamiento global.
Un mapa del calentamiento global.

El mapa “climático” del mundo

El presidente Vladímir Putin en Osaka anunció que Rusia ratifica el Tratado de París. Ya era tiempo. Somos uno de los últimos países que hacen esto. Hubiera sido la mejor decisión, por supuesto, sentarse tranquilamente y observar la representación en el teatro del absurdo desde la platea. El Tratado de París no se cumplirá incluso si los cálculos y datos del IPCC sobre las tendencias y causas del cambio de temperatura en la atmósfera son correctos.

Los países desarrollados, si pueden reducir sus emisiones de gases, será poco. Y estrictamente en el marco de la tendencia conformada en los últimos tiempos a deslocalizar la producción “invernadero” y de la creciente carencia física de portadores energéticos de hidrocarburos en Europa.

Se entiende que esto no atañe a la situación con la posible crisis económica, sobre la cual ahora hablan 'no sólo los bolcheviques' (hace alusión a una famosa y crucial advertencia de Vladímir Lenin en vísperas de la revolución soviética de 1917 y sobre la cual sólo hablaban los bolcheviques, HK). En este caso, la caída de los volúmenes del EI (efecto invernadero) puede ser notoria. Pero hasta la “neutralidad hidrocarburífera” seguro que Europa no llegará.

Los países en desarrollo en cualquier caso van a incrementar su EI. Se les plantea la tarea de un acelerado desarrollo económico y la erradicación de la pobreza. Por eso, si es necesario construir usinas eléctricas a carbón, lo van a hacer. Van a construir nuevas fábricas, producir nuevos automóviles, exterminar los bosques para limpiar el lugar para nuevos sembradíos y prados de pastoreo.

A nosotros (Rusia, HK) nos intentarán arrastrar por la fuerza al grupo del teatro del absurdo. El chantaje de Macron a Bolsonaro y las amenazas de comprar nuestros productos es el primer campanilleo. La histeria de la política climatológica occidental crece y por ahora no está claro hasta donde les alcanzará la insolencia. 

La epopeya con el Tratado de la Carta de la Energía demostró que en el mundo hay fuerzas que querrán imponer su agenda en la  cuestión energética. Y se encontrarán medios de difusión masiva y lobistas que van a promover esa agenda dentro de los países.

La lucha contra el calentamiento global es además un problema más universal. La energética es sólo una parte del mismo. Las decisiones que nos pueden proponer serán las mismas de la Carta Energética. Habrá que distanciarse de estas decisiones ajenas no sólo con argumentos, sino que se torna totalmente necesario crear un propio plan de lucha contra el calentamiento global. Para el caso que pese a todo se necesite.

La civilización humana no ha crecido tanto como para, en aras a la felicidad de las futuras generaciones, continuar viviendo en estrechos departamentos con racionamiento para todo lo imprescindible: desde el agua y la comida hasta los electrodomésticos. Pero pasar de golpe del régimen de la lasitud pasiva a un régimen de pánico irreflexivo no es algo propio de la humanidad.

La indefinición en la cuestión climática es tan grande, sabemos tan poco de ello, que no podemos con alguna exactitud evaluar su transcurso y sus consecuencias. Varios años de cosechas magras, la agudización de los problemas con el agua potable, la inundación de alguna gran ciudad y eso será todo. El pánico estará garantizado.

Por eso mismo Rusia debe de antemano tener su propio “proyecto climático” y es absolutamente necesario promoverlo y organizar la cooperación internacional en su torno.

No hace falta repetir los errores de los numerosos proyectos que ahora aparecen como hongos después de la lluvia. De la elaboración del plan debe ser resueltamente excluido todo posible lobista. Y no lo deben manejar los financistas. Eso no tiene sentido. A los primeros sonidos de la trompeta que llame a la humanidad a la lucha real contra el calentamiento global, el actual sistema financiero mundial se desplomará y dejará sólo recuerdos tras él. No se sabe qué sistema lo reemplazará. Pero es absolutamente exacto que no todas las divisas sobrevivirán en esta guerra y la correlación entre las que queden será totalmente diferente.

Este debe ser un plan en kilovatios, joules y gramos de proteínas, grasas e hidratos per cápita. Deben ocuparse de él sólo los especialistas. Ellos precisamente y no los financistas, deberán pensar cómo se puede asegurar a los seres humanos energía eléctrica, calor o frío y alimentos. 

Sólo ellos podrán definir cuál deberá ser la proporción de tal o cual tipo de fuentes de energía limpias. Basarse no en su “precio” sino en su eficiencia energética, en la capacidad energética y de recursos. Sólo ellos podrán responder a las muchas cuestiones de las que habrá de depender la vida en estas condiciones.

** ¿Cuánto será preciso aumentar la población rural?

** ¿Nos podemos permitir mantener enormes megapolis o será preciso desparramar la gente por pequeñas ciudades? 

** ¿Qué tecnologías hay que elaborar y aplicar en la producción? 

Los financistas sobre la base de estos cálculos pueden encargarse de preparar el proyecto de un nuevo sistema financiero. Y si le determinan correctamente el sistema del KPI (key performance indicator, HK ), seguramente ellos resolverán esta tarea.

No es posible ahora diseñar los contornos de una nueva sociedad (y esto será una nueva sociedad). Hay muchas fantasías en este sentido. Sólo algo es comprensible: será una sociedad con un severo racionamiento de recursos y un duro sistema de planificación centralizada.