Lectura 2: Corrupción y democracia
Abultadas deudas acumula la democracia representativa recuperada en 1983. Enorme es el pasivo, y todo indica que aumenta a diario. Buena oportunidad para intentar aclarar algunas definiciones. Qué quiere decir democracia y qué significa corrupción.
25 de agosto de 2012 - 10:35
por RAÚL ACOSTA
ROSARIO (La Capita l). Democracia y corrupción. Es necesario que se aclare, en Argentina, una cuestión que apunta, básicamente, a las definiciones; a nuestra confusión con las definiciones. Qué quiere decir democracia y que significa corrupción.
El tema es absoluto. Dos personas, un periodista y un entrevistado, dos panelistas debatiendo, el café de amigos en la sobremesa, las cátedras de ciencias políticas cuando los profesores son animosos y no obsecuentes, suelen caer, solemos caer en la trampa de creer que se habla de democracia y la historia muestra que el sujeto en cuestión no es el mismo para la guerrilla y sus herederos, que para los milicos y sus excrecencias, que para radicales, peronistas, socialistas, comunistas y otros costados del arco partidario. Democracia de la esquina, de la asamblea barrial, del piquete en la bocacalle. Para algunos los partidos políticos definen una forma de democracia que es distinta a la que orgullosamente glorifican, democracia de las asambleas populares. Existen países, comunidades, gremios que se ponen la cucarda de la democracia y tienen apenas asambleas trasnochadas donde entre pocos se toman decisiones que afectan a muchos. Distintos modos democráticos. No hay voto secreto, universal, obligatorio en muchísimas organizaciones de la sociedad. Ni alternancia. Estatutos abiertos. Sindicaturas, fiscalías. Nada. Argentina, hola ¿cómo estás? Apenas sobrevive, esquivo, por decisión legal, como palabra mágica el remoquete: democracia. Util para legalizar los cargos de la administración pública.
Claro que la democracia no es el voto, o no solamente el voto; también los pactos consagrados, esto es: las leyes tienen o deberían tener un valor cerrado, sin discusión. En Argentina no hay una democracia, hay varias. Debemos mirarnos, indagarnos. De qué modo aceptamos la democracia. Evadir impuestos es una definición muy profunda de la sociedad y su comportamiento. Evadir impuestos es socavar la sociedad. Se va contra la sociedad si se evaden impuestos pero ¿es eso antidemocrático? Si. Ya aparecerá quien diga que la evasión no es un atentado a la democracia y justificará su delito con una frase clásica. Quien sabe que harán con mis impuestos. En la duda evade. En la duda el pecado.
Con las pasiones populares se puede explicar bastante de este asunto: la democracia. El fútbol es tan ilustrador, tan ejemplar. Si es en nuestra defensa ninguna agresión es penal, en el área de ataque cualquier ofensa es un penal más grande que una casa. Es en los deportes donde, a regañadientes, aceptamos leyes externas a nuestras ganas. La pelota fuera de la cancha o dentro del arc o no pueden discutirse. No pueden discutirse mucho los goles en contra. Fue una injusticia, eso argumentaremos. La realidad no acepta apelaciones. El gol es inapelable. El out ball es visible a distancia y la pelota fuera la entienden todos, mejor: la aceptan todos.
Aquellos que, por su condición de feroces asesinos, están en la cárcel, tienen una visión y un comportamiento distinto para la vida del otro, del vecino, del hermano. Ellos entienden claramente la pelota fuera en un partido de fútbol. Cuando los sacan a pasear sin importar las muertes, los juicios, las condenas, el mensaje es sencillo: no hay pelota fuera, no hay orsay, no hay límites en la cancha. No hay límites para el juego. Si juegan a robar y matar podemos imaginarnos cuál es el mensaje que toman para el próximo juego: nunca les cobrarán penal. Así es fácil para los villanos, nunca ganarán los buenos.
El sistema de una persona un voto y el voto obligatorio define cuestiones; no se encuentra documento alguno que sostenga que el juramento para asumir un cargo da derechos, apenas otorga funciones, mandatos, deberes para con la sociedad. Repetimos: deberes. Se asumen responsabilidades temporarias de un contrato social que sostiene como base la custodia de valores consagrados. Salud pública, educación común, monopolio de la fuerza, cumplimiento de las leyes. Los pronombres absolutamente posesivos, me quedo, te doy, te quito, no respondo, te ignoro; nada de eso es democrático ¿no? Yo te investigo y yo te denuncio públicamente, cuento tus secretos, te condeno. Esto, que hoy sucede, pertenece a una forma muy caprichosa de entender el poder delegado. Con tanto "yoismo" la delegación parece una cáscara vacía. Lo es. Tanto pronombre posesivo define claramente que el poder no es una delegación, sino una propiedad de quien lo recibió. Parece joda: hay una persona inherente al cargo. ¿Se entiende? no hay atribuciones que se corresponden con el cargo. Una persona es el cargo. Imposible negarlo: es otro modo de la palabra democracia.
¿Desde cuando y por qué una Presidente decide los dineros que llegan a las provincias? Desde la posesión del dinero. Entramos en una forma particular del poder si quien transitoriamente lo ejerce cree que los dineros públicos tienen nombre propio y asiento en una chequera personal. Es evidente que es otra la democracia y las leyes. Al menos no es la democracia a la que muchos adherimos. Cuidado. Se entiende lo que hace. Hace lo que quiere y lo que cree. Las leyes que aún están escritas, sin confirmación si rigen o no, definen la alternancia en el poder, fijan límites temporales e impedimentos; algunos definitivos. Quien cree que el poder desciende de Dios y debe ejercerlo en su nombre, cree en el poder infinito y no debe dar explicaciones. Eso nos sucede. Los ilusos reclamamos por la división de poderes pero esto es evidente: no existe. El futuro era EL, que se murió. Ella gobierna en su nombre, que no debe mentarse en vano. Ojito. No hay ministros de una democracia, hay sacerdotes de una religión. Y, por supuesto, tribunales de la Santa Inquisición. Podrán decirle democracia, pero es otra cosa.
Es cosa de la memoria andar queriendo olvidar y es cosa de memoriosos no tener qué recordar. El peronismo desafía a las coplas sobre el tiempo. El peronismo engendró controles estatales en su origen, la época cincuentista. El peronismo fue revancha estatista y pelea por la injusticia social. Aunque moleste: el culto a la personalidad no lo inventaron, pero lo ejercitaron a rajatabla. La Razón de mi Vida es anterior a los pastiches camporistas. En el peronismo todos dependen, dependemos de una persona. Chau. No hay modo de explicar un vicepresidente de quien buena parte del país tiene la íntima convicción de su culpabilidad. No hay modo de explicar ganancias, DNU, leyes a medida. No hay modo. En realidad si. La sociedad, sus observadores parciales (el último imparcial es estatua de sal) niegan reconocerse como los auténticos fastidiados porque el poder esta en otras manos. El peronismo nos representa cabalmente. No encontramos un líder opositor porque lo buscamos con la misma linterna que iluminó a la viuda. La injusticia social fue la manzana. Chau paraíso. Penal para ellos. Gol.
Duele mirar al mañana. Si el reemplazo es por cuerpos similares serán parecidas las sombras. Siempre habrá una Cristina esperándonos. No hablemos más de democracia. Hablemos de corrupción. Mejor, hablemos de una palabra que nos representa: impunidad. Corrupción significa impunidad.






