GAN: El acuerdo que nunca fue

En 2004 la Argentina necesita de consensos, que no existen porque los líderes carecen de suficiente espíritu de grandeza. Nunca más oportuno buscar la experiencia histórica al cumplirse los 33 años del Gran Acuerdo Nacional que fracasó porque apuntaba a derrotar en las urnas al peronismo; pero también se cumplieron 31 años de las elecciones de 1973 que también fracasaron porque para derrotar al GAN, Juan Perón promovió las organizaciones armadas y la rebeldía peronista que ya no pudo controlar. El desencuentro le costaría demasiado a la Argentina. Aquí el recuerdo: POR MARÍA GARCÍA DE LA TORRE

En marzo de 1971, el escenario político oscilaba entre dos centros de gravitación, la Casa Rosada, donde atendía los asuntos de Estado el teniente general Alejandro Agustín Lanusse, y la residencia en el barrio Puerta de Hierro, en Madrid, España, morada del entonces ex teniente general Juan Domingo Perón.

Ambos, Perón y Lanusse, Lanusse y Perón, eran los contrincantes decisivos en una partida de ajedrez que cambiaría el curso de la historia argentina.

Luego del ocaso de otro teniente general, Juan Carlos Onganía, en el que tanto gravitó el movimiento de protesta conocido como Cordobazo y el secuestro y asesinato de otro teniente general, pero retirado, Pedro Eugenio Aramburu, devino la designación por la Junta de Comandantes del general Roberto Marcelo Levingston.

Las Fuerzas Armadas lo eligieron para que se encargara de la transición de la entrega del poder a la sociedad civil. Pero el hasta entonces desconocido agregado militar en USA, a los pocos días de haber asumido el poder, decidió que había llegado para quedarse por un largo tiempo. Primero se peleó con los partidos políticos que formaban La Hora del Pueblo, luego con sus propios ministros y más tarde con los comandantes de las FF.AA.

La sorpresiva renuncia del gobernador Bernardo Bas y la designación de un verborrágico interventor, José Camilo Uriburi, en la siempre inquieta Córdoba fue una de sus decisiones menos felices. Uriburu afirmó, en la Fiesta Nacional del Trigo, que en Córdoba había una "víbora roja" y que él restablecería "los valores morales tradicionales" cortando su cabeza "de un solo tajo".

Estas declaraciones provocaron una conmoción sociopolítica en la que fue clave José Páez, sindicalista clasista de Sitrac-Sitram. Desde los sindicatos de fábrica en Fiat Concord y Materfer, se realizó el 15 de marzo de 1971 del Viborazo, no tan grave como el Cordobazo del año anterior pero fue otro gran ensayo insurreccional.

El interventor renunció y Levingston, a su vez, destituyó al ministro de Bienestar Social, Francisco Manrique. Y luego al Comandante en Jefe del Ejército, Lanusse, sin prever las consecuencias que de su accionar.

Las guarniciones militares se mantuvieron fieles al Comandante en Jefe, la Junta destituyó a Levingston y el 23 de marzo de ese año se designó en su reemplazo a Lanusse, quien asumió como nuevo Presidente de facto.

La creciente politización del país y el fracaso de las Fuerzas Armadas en su plan de gobierno requerían una salida honorable a la Revolución Argentina, es decir, que el paso a la normalidad constitucional debía hacerse bajo el necesario control militar.
Las medidas iniciales del Gobierno estaban orientadas a obtener un mayor apoyo político y a asegurar que las Fuerzas Armadas no quedarían excluidas del proceso de democratización.

Lanusse repuso a Francisco Manrique como ministro de Bienestar Social, también destituido anteriormente por Levingston.

Lanusse designó como ministro de Interior al ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Arturo Mor Roig, dirigente de la Unión Cívica Radical del Pueblo, para que dirigiese este "proceso de institucionalización".

La decisión de Mor Roig es uno de los aspectos más controvertidos de su actuación política. La oferta a dicho cargo fue profundamente meditado por Lanusse y los altos jefes militares. Basándose en la trayectoria política de Mor Roig, los militares decidieron que era la persona indicada para convertirse en una especie de custodio de un proceso de democratización real y definitivo en la Argentina.

Mor Roig había sido uno de los impulsores de La Hora del Pueblo, entre otros acuerdos políticos famosos. El principal obstáculo para la aceptación al cargo resultó su propio partido, la UCRP, y la conducción liderada por su amigo de toda la vida, Ricardo Balbín, con quien ya había mantenido alguna discrepancia cuando Mor Roig intentó organizar un mecanismo de fortalecimiento del gobierno de Arturo Illia, que no contó con el apoyo partidario, o sea de Balbín.

Politizar el gobierno y romper el hielo eran los primeros pasos para desarrollar lo que Lanusse imaginó, y Mor Roig ejecutó: el Gran Acuerdo Nacional.

En 1963, Ricardo Balbín y Arturo Mor Roig realizaron una febril ronda de conversaciones con todos los partidos y sectores políticos del país. Así nació la Asamblea de la Civilidad, concretada en el acto del 12 de marzo de 1963 celebrado en Unione e Benevolenza, de la que participaron ocho agrupaciones políticas (UCRP, UCRI, Justicialistas, Demócratas Cristianos, Demócratas Progresistas, Conservadores Populares, Socialistas Argentinos y Federales). Allí se suscribió el Acta de la Coincidencia Nacional, que contuvo importantes definiciones de contenido político, económico y social. Postuló la creación del Consejo Económico y Social, el establecimiento de la obligatoriedad de la enseñanza secundaria, y el mantenimiento de relaciones diplomáticas con todas las naciones del mundo. En 1971, además de establecer un cronograma rumbo a las elecciones generales en 1973, Mor Roig comprometió la devolución de bienes a los partidos políticos, el levantamiento de sanciones a los sindicalistas y la autorización a los gremios para que ellos pudieron practicar retenciones sobre los salarios de sus afiliados. En este marco se lanzó el GAN (Gran Acuerdo Nacional).

Con el GAN se buscó alcanzar consenso entre las distintas fuerzas políticas y sociales del país para alcanzar la normalidad constitucional, siempre y cuando esta normalidad se realizara bajo el control de la Junta Militar.

De ahí, el nombre Gran Acuerdo Nacional, un intento de "aquiescencia patriótica" que establecía las reglas de juego para las fuerzas políticas, concordancia a la que, en último rigor, debía sumarse la fuerza electoral.

Las Fuerzas Armadas aceptaron incluir al peronismo y reconocer que sin su participación era imposible la normalización política del país.

Pero es mejor revisar un poco lo ocurrido con Mor Roig porque permite comprender el espíritu de la época.

Mor Roig había condicionado su aceptación a que los partidos integrantes de La Hora del Pueblo prestasen su conformidad. Balbín se negó. Existieron muchísimas gestiones para torcer la opinión contraria de Balbín que ya en el caso de Illia había sido acusado por muchos adversarios de envidioso y egoísta. Lanusse envió a hablar con Balbín al coronel Francisco Cornicelli, su delegado personal. También conversaron dirigentes demoprogresistas Horacio Thedy y Muniagurria.

Versiones nunca desmentidas indicaron que hasta Perón llamó a Balbín desde Madrid para convencerlo que la gestión de Mor Roig sería un aporte de la UCR al proceso de normalización institucional.

Balbín terminó recibiendo a Mor Roig en el estudio jurídico de Rivadavia 882, y en presencia de Carlos Alconada Aramburú y de Armando Balbín, Mor Roig pidió el apoyo.
Balbín explicaría años después: "Me dicen que quizá el hecho de que haya sido radical el ministro que condujo el proceso hacia las elecciones contribuyó a que el Radicalismo tuviera una imagen colaboracionista. Yo he tenido una gran amistad con Mor Roig. Todo el país sabía que yo tenía íntima amistad con él. Nos respetábamos, nos estimábamos, nos valorábamos. Mor Roig -ya lo he dicho públicamente- no pidió opinión al partido cuando le fue ofrecido el Ministerio del Interior. Mor Roig habló exclusivamente conmigo y yo le dije que no debía aceptar; hay testigos. En ese momento libraba él una gran batalla íntima; seguramente estaba convencido de que era necesario ese paso para hacer ese sacrificio que determinara el proceso de recuperación institucional. Tal vez yo lo veía con otros ojos, y me parecía que esa actitud podía perjudicar al Radicalismo (...)".

Thedy y Jorge Daniel Paladino, delegado personal de Perón, hicieron un último esfuerzo por quebrar la negativa de Balbín. Paladino le expresó telefónicamente: "Hemos meditado sobre este asunto de la designación y tal vez sea equivocada la posición que Ud. ha adoptado".

La Hora del Pueblo se reunió en ausencia de Balbín, y autorizó a Mor Roig a aceptar la oferta de la Junta de Comandantes de hacerse cargo del Ministerio del Interior. Paladino reflexionó más adelante: "Esta es una de las grandes contradicciones que yo he advertido en el tiempo. Mor Roig es Ministro porque lo quisimos todos nosotros (La Hora del Pueblo) y el único que no lo quería era el presidente del partido al cual él pertenecía".

Debe recordarse que Raúl Alfonsín llegó a pedir, por entonces, la expulsión de Mor Roig de la UCR. Para evitar problemas a Balbín, su amigo, Mor Roig envió su renuncia como afiliado al Comité de San Nicolás de los Arroyos de la Unión Cívica Radical del Pueblo.

Ese Comité desestimó la renuncia a la afiliación y le concedió una licencia; algo que no trascendió en su momento.

El forjador del GAN, Lanusse, sabía bien que para semejante proyecto necesitaba hablar inmediatamente con Perón, y para esto envió a Madrid a Francisco Cornicelli.
Al tiempo de publicarse las conversaciones entre éste y Perón, el líder justicialista, haciendo alarde del dominio de la situación política por sobre cualquier acto del Presidente de facto, bautizó a Cornicelli, "Vermicelli", ironía que hizo época.
Luego, otras misiones encomendadas al brigadier Jorge Rojas Silveira, embajador en España, y al dirigente del Movimiento Popular Neuquino, Elías Sapag, tampoco alcanzaron el resultado que necesitaba Lanusse.

Desde el otro lado del Atlántico, Perón movía sus piezas para armar un nuevo rompecabezas político. Perón había decidido morir en la Argentina, luego de recuperar su rango de teniente general.

Para lograr ambos objetivos, Perón debía impedir que Lanusse convirtiera al GAN en su propia candidatura presidencial, o en la de quien él designara.

La denuncia del GAN fue el mayor provecho que Perón obtuvo del díscolo Rodolfo Galimberti, por entonces líder de Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional (Jaen).

Galimberti calificó al GAN de Mor Roig como una propuesta oportunista que intentaba proscribir nuevamente al peronismo y dejar a Perón fuera de la contienda.
También Montoneros rechazó el GAN y lanzó una consigna: "Ni golpe, ni elección, Revolución". Perón tendría éxito en destruir el GAN pero no era consciente de que estaba creando un poder que ya no podría controlar y que lo sufriría muchísimo su heredera, María Estela Martínez de Perón, y el resto del peronismo. Ese poder consistía en las organizaciones armadas. Pero, a menudo, los caudillos –egoístas, ególatras hasta la necedad- no proyectan sus decisiones en función del porvenir.

El problema mayor que tuvo Perón fue que Lanusse no era un militar convencional. Lanusse no era Onganía ni Levingston. Lanusse era más astuto, más líder de las FF.AA., más audaz y por ejemplo, Lanusse flexibilizó la política exterior de la Revolución Argentina, quitándole la intransigencia ideológica de quienes lo precedieron, y el 23 de julio de 1971 se entrevistó con el presidente de Chile, el socialista marxista Salvador Allende.

A la vez, Lanusse, a través de Manrique, realizó avances en las políticas sociales (creó el Instituto Nacional de Jubilados y Pensionados, cuyo primer programa asistencial fue el Plan de Asistencia Médica Integral, Pami), y en la infraestructura social (la Secretaría de la Vivienda y el Banco Hipotecario Nacional trabajaron a destajo).

En tanto, Lanusse seguía trabajando sobre el delegado personal de Perón, Daniel Paladino; probablemente en exceso porque esto le quitó la confianza de Perón, quien terminaría designando a Héctor J. Cámpora.

Lanusse le dio herramientas a Paladino para sostener la necesidad de mantener activo el GAN; por ejemplo la devolución del cadáver de Eva Duarte de Perón, la prescripción del proceso a Juan Domingo Perón por traición a la Patria, y la inclusión de su busto en la galería de presidentes de la Casa de Gobierno fueron prueba de ello.
Estas decisiones de Lanusse molestaron a algunos jefes militares gorilas, antiperonistas fundamentalistas, y en octubre de ese año, se rebelaron las unidades blindadas de Azul y de Olavarría.

Luego, el levantamiento fue dominado y esto le permitió a Lanusse retirar del Ejercito a los jefes militares contrarios a su posición.

Fue un mes prolífico porque también se controló a los sectores gremiales más combativos, se canceló la personería jurídica al Sindicato de Trabajadores de Materfer (Sitram) y a los de Concorde (Sitrac), ambos pertenecientes a obreros metalúrgicos de la fábrica Fiat, en la provincia de Córdoba, actores del Cordobazo y del Viborazo.
Pero nada fue suficiente para Perón porque él tenía su propio objetivo y un año después, desde el exilio, hacía trizas el GAN y la propuesta política de Lanusse.
Todo indica que era un fracaso la política de Lanusse y Mor Roig de acercamiento a Perón, y la prueba fue el encumbramiento de Héctor J Cámpora, el Tío.

Lo que Perón debió rescatar del GAN era la búsqueda de un consenso amplio porque creía que se entendería con la UCR y sería suficiente. En parte, Perón subestimó el problema, o no conocía como él creía a la sociedad argentina de entonces.

La situación interna del país era complicada. En San Juan, Mendoza, Chaco y Formosa se produjeron disturbios populares por aumento de las tarifas de servicios públicos, se intensificaron actividades guerrilleras tanto del ERP como de Montoneros, además del continuo aumento del costo de vida.

Lanusse sabía que no era posible que el futuro fuese suyo y jugó a Manrique, hasta que éste lo traicionó y el general debió apostar al inexistente brigadier joven, Ezequiel Martínez.

En julio de 1972, Lanusse anunció los puntos básicos del programa de institucionalización. Los candidatos no podían desempeñar cargos en el Ejecutivo nacional o provincial y debían acreditar residencia en el país desde el 25 de agosto de 1972, imposibilitando así la candidatura de Perón y la suya.

"No le da el cuero", desafió sabiendo que Perón no cedería a radicarse en el país según una imposición militar porque el desafío era parte de la táctica electoral.

Luego, el 22 de agosto, el fusilamiento por marinos de guerrilleros que fracasaron en un plan masivo de fuga que llevó a varios jefes rumbo a Chile, y luego a Cuba, comprometió más al Gobierno. Lanusse nada tuvo que ver con la masacre de Trelew pero ¿cómo explicarlo en jornadas de espíritus enardecidos? Los irracionales habían logrado tomar vuelo.

Recapitulemos: el 15 de agosto de 1972, un grupo de guerrilleros presos (detenidos con el Código Procesal en la mano, nada de represión ilegal) de FAR, ERP y Montoneros coparon el penal de Rawson y emprendieron una fuga que falló parcialmente porque sólo sus jefes pudieron viajar rumbo a Chile.

Los que se rindieron fueron llevados a un penal militar. El 22 de agosto mientras fueron fusilados simulando un intento de fuga. Sólo quedaron tres sobrevivientes: María Antonia Berger, Juan Carlos Camps y Reneé Haidar, y ninguno de ellos sobrevivió luego a la guerra sucia de 1976.

En medio de la conmoción, el 25 de agosto, Cámpora anunció el retorno de Perón para el 17 de noviembre, luego de 17 años de exilio.

Sí bien la permanencia de Perón en aquella oportunidad fue breve, apenas un mes, fue un período suficiente como para coordinar toda la acción política necesaria para terminar de aislar a Lanusse y formar una coalición que garantizaría el gobierno al justicialismo.

Es un dato interesante en estos días cuando se habla tanto de transversalidad: el peronismo siempre articuló coaliciones, alianzas, acuerdos, aunque prefirió definirlos como frentes.

Perón armó su propio GAN que bautizó Frente Justicialista para la Liberación, Frejuli, formado por el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), el Partido Conservador Popular, el Frente de Izquierda Popular, y otras fuerzas menores.

Las elecciones se realizaron el 11 de marzo de 1973, los candidatos por el Frejuli fueron: Héctor J. Cámpora (del Partido Justicialista) y Vicente Solano Lima (del Partido Conservador Popular).

Por la Unión Cívica Radical (UCR), los candidatos fueron Ricardo Balbín y Eduardo Gamond.

Por la Alianza Popular y Revolucionaria, Oscar Allende (Partido Intransigente) y Horacio Sueldo (demócratacristiano).

Por la Alianza Popular Federalista, Francisco Manrique y Rafael Martínez Raymonda. Por la Nueva Fuerza, Julio Chamizo y Raúl Ondarts. Por la Alianza Poular, Ezequiel Martínez y Leopoldo Bravo.

Por el Partido Socialista Democrático, Américo Ghioldi y René Balestra.

Por el Partido Socialista de los Trabajadores, Juan Carlos Coral y Nora Sciappone.
Por el Frente de Izquierda Popular, Jorge Abelardo Ramos y José Silvetti.

Este rompecabezas político daba cuenta de la fragmentación en la que se encontraba la sociedad argentina, y habría que haber leído con más atención el dato.

De todos modos, el Frejuli obtuvo el 49,56% de los votos y la UCR el 21, 29%. Entre ambos sumaban el 70,85% de los votos. Entonces, un acuerdo con Balbín debería garantizar cierta estabilidad, pensando en la pacto social que firmarían José Ber Gelbard, por los empresarios; y José Ignacio Rucci, por los trabajadores.
Balbín desistió de participar en la 2da. vuelta y había que comenzar a gobernar. Sin embargo, la tragedia estaba por comenzar.

El desacuerdo prevalecía en la sociedad, y ese desacuerdo comenzaba por el propio justicialismo. Es la parte más increíble de la historia: Perón había perdido el control del peronismo.

Obsesionado por destruir el GAN y a la Revolución Argentina, no había previsto que sus propias fuerzas se encontraban divididas, dispuestas a bañarse en sangre, y que esto ocurriría cuando él no estuviese. ¿Le importaba realmente a Perón la herencia que le dejaría a su 3ra. mujer o a Balbín? (Hay distintas versiones acerca de cómo Perón planificó su sucesión).

Lo interesante es que el GAN fue un intento de acuerdo más amplio que el Frejuli, la oportunidad de avanzar en una transición que España transitaría años después, en el posfranquismo, utilizando el Pacto de La Moncloa. Pero ni Perón se encontraba preparado para comprender algo semejante, en base a construir hacia adelante y olvidar el pasado. En eso sí Néstor Kirchner se asemeja a Perón, lamentablemente.