Pocas naciones han cambiado tan rápido (o en forma tan espectacular) como China desde los años setenta del siglo pasado. La nación más poblada del mundo liberalizó radicalmente su economía y dejó atrás las exportaciones simples y de baja calidad para abordar la de refinados artículos de alta tecnología, a la vez que fomenta un activo sector privado y atrae cerca de US$ 500.000 millones de en inversión extranjera directa (IED).
Tema del año: El vuelo del Dragón chino
POR DAVID HALE y LYRIC HUGHES HALE (*) En Davos, Suiza, no se habló de otra cosa: China es el nuevo Dorado de la economía global. China ha logrado un gran progreso económico desde la década de 1970, gracias a una enérgica liberalización, a su dedicación a exportar bienes de alta tecnología y a una masiva inyección de inversión extranjera.
El país se ha convertido en una tremenda máquina exportadora: las exportaciones totales de China crecieron 8 veces —a más de US$ 380.000 millones — entre 1990 y 2003; sus exportaciones en la industria de la electrónica representan hoy 30% del total de Asia en ese sector. En 2003, la participación china de exportaciones globales llegará a 6%, en comparación con el 3.9% de 2000. El año pasado China representó 16% del crecimiento de la economía global, situándose en el segundo lugar, sólo después de USA.
Por esas razones, no cabe duda de que la emergencia de China como gran potencia económica la colocará como uno de los principales temas que enfrentarán los líderes mundiales en las próximas décadas y que sus avances requieren cuidadosos análisis. Para empezar, vale la pena examinar las estrategias ganadoras de China —liberalización económica, su énfasis en la alta tecnología y su determinación por convertirse en un líder regional— así como sus desafíos —la profundización de la brecha entre sus poblaciones urbana y rural, el aumento del desempleo y los mayores retos planteados por el envejecimiento de su población—.
Después, es importante considerar los efectos que su pasmoso éxito ha tenido tanto en lo interno como en el exterior. El progreso de China ha inquietado a muchos de sus vecinos y socios comerciales: los países asiáticos se preocupan por perder su margen de competitividad, sobre todo en los mercados de alta tecnología; en USA hay preocupación por remontar su considerable, y cada vez mayor, déficit comercial con China.
Pekín ha intentado mitigar las inquietudes de sus vecinos promoviendo un proyecto para crear una zona de libre comercio regional y estrechando la cooperación económica en Asia mediante mecanismos locales. Pero sus gestos de buena voluntad no han servido para tranquilizar a nadie, y USA, Japón y Corea del Sur le han solicitado que revalorice su moneda. Aunque no es probable que China consienta en ello en el corto plazo, y es posible que la cuestión de su moneda aún dé mucho de qué hablar, esto no debe distraer la atención del punto esencial: China, USA y el resto del mundo todavía tienen muchos negocios que realizar entre sí.
# La puerta se abre
Gracias a sus espectaculares avances en tecnología, transportes y sistemas de comunicación, China ejercerá un poder mucho mayor la próxima vez que llegue a la cima que el que tuvo en vísperas de la Revolución industrial europea, en 1820, cuando representó casi 32% de la economía mundial.
Hoy, Pekín tiene "poder blando" y cada vez más influencia diplomática para apuntalar su fortaleza económica y política. Su 1ra. misión espacial tripulada, el Shenzhou V, fue lanzada el 15 de octubre pasado. Asimismo, China está mejor preparada para ser un líder mundial ya que su nueva élite no está aislada del mundo occidental, como lo estuvieron sus gobernantes anteriores. Hoy, los medios de comunicación chinos llevan información y entretenimiento del extranjero a casi todos los hogares de China. Hoy, las antes inexistentes oportunidades para alternar con culturas extranjeras son numerosas.
Durante el último cuarto de siglo, China reformó el modelo de mando y control de su economía en favor de un planteamiento impulsado por los mercados. Pero no existen precedentes respecto de su reciente emergencia como una superpotencia económica potencial. Y, como demostró con claridad el caos de Rusia durante los '90, no hay ninguna fórmula simple (o segura) para liberalizar las tareas económicas de esa manera.
Sin embargo, hasta ahora las cosas parecen marchar bien. La decisión de China de abrir su economía mediante la promoción del comercio y la IED parece haberle dado cierto margen y le ha ayudado a integrarse más a la economía mundial de lo que lograron Japón y Corea del Sur tras la 2da. Guerra Mundial. En vísperas de la crisis financiera de 1997-1998, Japón y Corea del Sur contaban sólo con US$ 17.000 millones y US$ 12.000 millones en IED, respectivamente, debido a sus políticas proteccionistas. La crisis derribó algunas de estas barreras, pero hoy la IED en Japón sólo representa 1.1% del PIB, en comparación con más de 40% en China.
A fin de mitigar la tensión causada recientemente por los despidos masivos en las empresas estatales —45 millones de trabajadores en los últimos 5 años—, Pekín ha permitido que extranjeros coloquen US$ 450.000 millones en su economía. Con esta cifra China se convierte en el 5to. destino de IED del mundo, sólo después de USA (US$ 1,3 billón), Reino Unido (US$ 497.000 millones), los países de la Unión Económica del Benelux (US$ 482.000 millones) y Alemania (US$ 480.000 millones).
Con sus tasas de crecimiento actuales, China podría saltar al 2do. lugar en 2004. Hoy, compañías extranjeras tienen gran cantidad de acciones en muchos sectores de la economía china, entre ellos los mercados de automóviles y de telefonía celular. También esas compañías representan la mitad de las exportaciones chinas (en comparación con 45% de Malasia, 38% de Singapur, 31% de México y 15% de Corea del Sur) y, gracias a su participación en la cadena de abastos global del país, representan 60% de las importaciones de China.
La inversión de las compañías estadounidenses en China equivale a más de US$ 70.000 millones en contratos, lo que genera mayores ingresos para esas corporaciones que sus contratos en cualquier otro país en desarrollo. En 2000, los ingresos corporativos estadounidenses provenientes de China alcanzaron los US$ 7.200 millones, en comparación con los US% 4.600 millones de México, los US$ 3.500 millones de Singapur y los US$ 1.850 millones de Brasil.
Aunque la confianza de China en la IED ha resultado ampliamente fructífera, no por ello es una estrategia sin riesgos. La inversión masiva (extranjera e interna) ha creado una enorme expansión de la capacidad productiva, cosa que puede dificultar que los productores obtengan un rendimiento adecuado sobre su capital. La participación de la inversión del PIB en China alcanzó 42.2% el año 2002, cifra considerablemente mayor que en otros países asiáticos.
Con una gran parte de la economía aún en manos del Estado, China corre el riesgo de desarrollar demasiado la capacidad industrial, cosa que podría provocar la caída de la rentabilidad y, a fin de cuentas, la bancarrota de las empresas. Hoy, China cuenta con una capacidad de producir 2,8 millones de automóviles, por ejemplo, pero en realidad sólo se venden 1,8 millón. Aunque China fue testigo de la crisis financiera asiática de 1997-1998 y del precio que tuvo que pagar Corea del Sur por desarrollar en exceso su capacidad industrial, la asignación equivocada de capital sigue siendo un riesgo real en China, dado el verdadero nivel de formación de capital fijo del país.
La inversión de activos fijos de China creció 31.1% durante la primera mitad de 2003, el triple de la tasa de crecimiento de todo 2000. Pero el consumo sólo creció de 8,8 a 10,1% al año en ese periodo. A los economistas chinos les preocupa que esta disparidad pueda crear una capacidad excesiva, márgenes de utilidad limitados y que, a la larga, originen problemas de solvencia corporativa. Asimismo, la evidente decisión de mantener un tipo de cambio estable por parte de China también eleva el riesgo de una inversión excesiva.
El tipo de cambio fijo ha estimulado el crecimiento de las reservas de divisas, cosa que ha impulsado la tasa de crecimiento del abasto de dinero y del crédito por arriba de 20%, superior al 10 a 12% de hace dos años. A su vez, tal alza puede alentar a las compañías a invertir en exceso en bienes raíces o en capacidad manufacturera.
# Cómo florecen mil consumidores
En 1979, Deng Xiaoping popularizó el término xiaokang, que se utilizó primero en el Shijing, un libro clásico de poesía de los siglos X a VI a.C. De acuerdo con un académico de Beijing, Lu Shuzeng, xiaokang representa el concepto de una sociedad ideal que proporciona el bien a todos sus ciudadanos: es una noción poética que Deng adornó para concederle una dimensión económica. Para él, el concepto se traducía en lograr un PIB per cápita de 800 dólares hacia finales del siglo XX.
Deng logró su objetivo y, a todas luces, mejoró el ingreso real de China y los niveles de vida, gracias, en gran parte, a la liberalización económica. El PIB real del país ha crecido a más de US$ 1,3 billón, a partir de los US$ 106.000 millones en 1970. Aunque el salto es impresionante, aún China sería comparativamente más pobre hoy de lo que lo fueron Japón y Alemania tras los desastres de la 2da. Guerra Mundial. (El PIB de la China actual equivale a 11.5% del de USA, en comparación con 13% de Japón y 19% de Alemania en 1950.)
Pero como Pekín ha logrado contener el crecimiento de la población (inferior a 1% por año, de 3% durante los '60), el crecimiento del producto de China se ha convertido en jugosas ganancias en ingreso per cápita.
En consecuencia, hoy China tiene altas tasas de penetración en una amplia gama de artículos, lo que quiere decir que en la actualidad muchos más consumidores chinos compran más artículos. Hay televisores a color en casi cada hogar urbano, refrigeradores y lavarropas en más de 4 de 5, reproductoras de videodiscos y acondicionadores de ambiente en la mitad de ellos, hornos de microondas en casi 33% y computadoras en 1 de cada 5. Los automóviles son el único artículo de consumo con una baja tasa de penetración (0.9%), pero como las ventas crecen a una tasa anual de 40 a 50%, es probable que alcancen a los demás en los próximos años.
En 2000 las ventas de bienes raíces residenciales en Shanghai fueron iguales a 13,4 millones de pies cuadrados, en comparación con 1,4 millones en 1994. (En Pekín, esas ventas más que se triplicaron durante ese tiempo, llegando a 4,8 millones de pies cuadrados; en Guangdong casi se duplicaron, a 16,2 millones de pies cuadrados.) En muchos centros urbanos, 66% de las viviendas son propias. Cerca de 90% de los chinos urbanos hoy poseen una casa, en comparación con sólo 52% de la población de Hong Kong y 61% de Japón. Entre los países asiáticos, sólo Singapur tiene un índice de propiedad de las viviendas superior (92%).
Así, en vez de garantías gubernamentales para la vivienda y los servicios sociales, hoy China tiene un mercado privado de rápida expansión para vivienda, educación, atención de la salud y otros servicios. Hoy, el sector privado produce cerca de 45% de la producción, en contraste con la participación de las empresas estatales, de 37%. Puesto que el sector privado emplea a cerca de la mitad de todos los trabajadores urbanos y el sector rural está hoy fuera del control gubernamental, podría decirse que el sector privado emplea a más de 80% de toda la fuerza laboral de China.
En fechas recientes, los políticos chinos han destacado la necesidad de atender los efectos sociales de la transición económica de su país, antes que promover sólo un crecimiento rápido. El nuevo presidente, Hu Jintao, en múltiples discursos se ha referido a la desigualdad económica, y el nuevo premier, Wen Jiabao, ha subrayado la necesidad de reforzar el consumo interno, no sólo las exportaciones. Elevar los niveles de vida importa tanto a los mandatarios actuales de China como a Deng hace 25 años, pero hoy lograr el xiaokang significa alcanzar un PIB per cápita de 2,000 dólares para 2020.
# Los malestares del Dragón
Aunque a menudo se piensa que China es una sociedad rural, tiene más de 200 ciudades con más de 1 millón de habitantes. En las décadas de 1970 y 1980, la transformación económica fue impulsada por reformas agrícolas que alentaron a los campesinos a elevar considerablemente la producción. Durante los '90, sin embargo, la revolución pasó a los centros urbanos y a la industria. Sus beneficios económicos se han concentrado en estas áreas urbanas y han producido grandes disparidades entre las áreas costeras del este del país, integradas y en su mayor parte urbanas, y las economías rurales y fragmentadas del oeste. Hoy, China produce 57% de su PIB en el este, 26% en la región central y sólo 17% en el oeste. Los inversionistas extranjeros han reforzado esta división al colocar 86.4% de su capital en el este, 9% en la región central y sólo 4.6% en el oeste.
Beijing trata de compensar las desigualdades regionales invirtiendo en las áreas necesitadas. Por ejemplo, el presupuesto del Estado para la construcción asigna 13.9% a la región occidental, en comparación con 8.7% para la región del este. Y 75% de la producción industrial de las compañías estatales cae en la región occidental, en comparación con 39% en la región oriental. Asimismo, el gobierno promueve la inversión privada en la región del oeste.
Sin embargo, no es probable que estas medidas reduzcan la brecha entre las regiones. El crecimiento en ingresos en las áreas rurales está muy a la zaga del de las áreas urbanas. Y el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) puede deprimir aún más los ingresos rurales al abrir el país a un número mayor de importaciones de alimentos, que podrían competir con la producción local. Millones de personas pueden dejar el campo para inundar las ciudades, poniendo en riesgo la estabilidad social de los centros urbanos.
El segundo gran problema de China es el desempleo. Se calcula que el índice de desempleo en las áreas urbanas es de más de 8%; puede haber unos 200 millones de desempleados más en el campo. De acuerdo con Zhai Zhenwu, director del Instituto de Investigación Demográfica de la Universidad Renmin de China, el país necesitará crear 20 millones de empleos nuevos al año para absorber a los 8 millones de personas que han perdido sus trabajos en las empresas estatales.
El remedio más efectivo para el desempleo (aparte de estimular la IED) es utilizar capital interno para crear más empleos en el sector privado de servicios. Aunque el sector de servicios representa sólo un tercio del PIB de China, constituye 85% de los empleos creados durante los últimos cinco años. Pero la falta de créditos para las pequeñas empresas privadas ha sofocado el crecimiento; los grandes bancos siguen prestando sobre todo a las grandes compañías estatales; y también el mercado accionario se ha restringido, en gran parte, a las empresas estatales. Una vez que concluya la actual transición política, el gobierno tendrá que emprender acciones efectivas para promover los préstamos a las pequeñas empresas y crear una bolsa de valores para verdaderas compañías privadas.
Hay indicios de que en estas áreas ya han empezado a darse cambios. Los préstamos de los grandes bancos estatales hoy crecen sólo 8% al año, mientras que los préstamos de otras instituciones, como los 110 nuevos bancos locales comerciales, crecen a una tasa anual de 27%. Hoy, estas instituciones representan un cuarto de todos los préstamos y 45% del crecimiento de créditos reciente. Cientos de compañías privadas planean entrar en las listas de los mercados accionarios. Incluso algunas buscan llegar a mercados extranjeros como Hong Kong y Singapur.
Investigadores de la Universidad Nacional Australiana han propuesto que para aliviar el desempleo rural China debería promover también la creación de instituciones de micropréstamos en las áreas rurales a fin de que los ahorros de los agricultores puedan utilizarse para el desarrollo local. Las poblaciones rurales han sido un mercado enormemente subabastecido, en especial desde 1997, cuando en un intento de resarcir las pérdidas y reformar el sistema bancario, casi todas las sucursales de los bancos estatales se cerraron en las áreas rurales.
Esta medida dejó prácticamente sin fuentes de recursos a las poblaciones locales porque las cooperativas de créditos rurales que quedaron recibieron la carga de préstamos no financiables y no contaron con la capacidad de manejar los préstamos al por menor. Hoy, estas cooperativas realizan 60% de sus negocios fuera del sector agrícola. Como se espera que la población rural de China llegue a los 800 millones de personas para 2020, es esencial para la estabilidad de su desarrollo económico que China ayude a su gente del campo.
El 3er. problema principal de China es encontrar una manera de apoyar a su población que está envejeciendo. En 2030, un 25% de la población china tendrá más de 65 años, cifra comparable a la de USA. Sin embargo, a diferencia de éste, China no tiene fondos de pensiones. Por ello, debe crear los fondos de pensiones y promover mercados eficientes de acciones y de bonos para absorber los ahorros de quienes se preparan para el retiro.
No es una exageración decir que China está abrazando el capitalismo, pues sus cifras demográficas empiezan a parecerse a las del mundo occidental. En las décadas de 1950 y 1960, la esperanza de vida en China era corta, y la población anciana, muy reducida. Pero conforme baja su índice de natalidad y su población envejece, China tendrá que generar rendimientos sobre los ahorros a fin de ofrecer ingresos para la amplia población de jubilados. Las sociedades con grandes sectores de población anciana necesitan formas de competencia económica muy eficientes, si no despiadadas, para generar el rendimiento sobre el capital necesario para financiar un cómodo estilo de vida para los jubilados.
Sin las reformas económicas de las 2 últimas décadas, China no podría haber esperado poder ofrecer niveles de vida razonables para los 400 millones de ancianos chinos que se estima habrá para 2030. El problema es más agudo en las áreas rurales, donde los ancianos, que en lo esencial no cuentan con beneficios de pensiones, dependen de familias cada vez más pequeñas para vivir.
Por fortuna, muchas de las principales organizaciones de inversión del mundo están abriendo oficinas en China y establecen empresas colectivas para desarrollar el sector de fondos de pensiones del país. En 2001 y 2002, los inversionistas colocaron miles de millones de yuanes en nuevos fondos mutualistas orientados a acciones de interés variable. Hacia finales de 2001, los gestores de activos más grandes de China administraban más de 7.000 millones de yuanes. Pero Pekíng debe hacer más que eso para estimular el crecimiento de fondos de este tipo.
# Conectados para el cambio
Además de su notable crecimiento, en especial en IED, los avances chinos se distinguen por su énfasis en el desarrollo de industrias de alta tecnología. Aunque esta tecnología debilitará inevitablemente el control gubernamental sobre las redes de comunicaciones y la distribución de la información en todo el país, China ha abrazado rápidamente la nueva economía de la información.
El número total de líneas telefónicas fijas (hoy, 397 millones) se ha multiplicado por un factor de 90 desde 1989. Hoy, 69 millones de personas tienen acceso a internet mediante computadoras personales (más de 8,9 millones en 2000) e incluso más usuarios se registran con teléfonos celulares. Hoy, más de 200 millones de hogares chinos tienen televisión por cable —con lo que China se convierte en el mercado más grande del mundo por cable—, cifra que puede duplicarse hacia 2005. China es también el mayor mercado de teléfonos celulares, pues están en uso 200 millones de aparatos y tienen un promedio mensual de ventas de 2 millones.
Hoy, China quiere ser también un participante importante en las industrias de hardware y software. En los últimos años, su consumo interno en ambos sectores creció rápidamente: las ventas de software saltaron de US$ 819 millones en 1995 a US$ 3.500 millones en 2001, y las ventas de hardware se elevaron de US$ 759 millones a US$ 9.680 millones. La aspiración internacional de China es equiparar el éxito de India como exportador de software, y el de Taiwán en el caso del hardware. Y está haciendo progresos: en 1999, las exportaciones indias de software tuvieron un valor de US$ 5.660 millones, y las de China totalizaron US$ 2.120 millones.
Para contribuir a lograr esta meta, Pekín espera capturar 60% del mercado interno de software para las firmas locales y multiplicar por 10 las exportaciones para 2010. India ha gozado de un crecimiento significativo en este sector porque invirtió en universidades técnicas tras su independencia y porque muchos de sus ciudadanos hablan inglés. Aunque China no tiene la ventaja lingüística de India, no le hacen falta ingenieros: unos 325,000 nuevos ingenieros chinos se gradúan cada año, tres veces más que en India.
China posee también un gran potencial para competir en el sector del hardware. Las compañías chinas ya han logrado aventajar a IBM, Dell y otras firmas extranjeras en cuanto a su participación en el mercado: en 2000, la compañía china Legend tenía una participación en el mercado de 26%, en comparación con 6% de IBM y 3.8% de Hewlett-Packard.
Gracias a la inversión extranjera, China ya va a la cabeza del mundo en la producción de ciertos tipos de aparatos electrónicos. De hecho, es probable que este año China, considerada en conjunto con Hong Kong, sea el fabricante principal de ocho de 12 productos electrónicos más solicitados. Se espera que produzca más de la mitad de los reproductores de DVD y de cámaras digitales; más de un tercio de las unidades para DVD y de computadoras personales de escritorio y de notebooks, y cerca de un cuarto de sus teléfonos móviles, televisores a color, asistentes digitales personales y estéreos para automóvil.
El éxito de China radica en la transformación del mercado de la industria electrónica en Asia. Hoy, China cubre 30% de las exportaciones de aparatos electrónicos de la región, en comparación con sólo 14,3% en 1997. El que ha pagado más por los avances chinos ha sido Singapur, cuya participación en el mercado, en el mismo periodo, cayó de 19,3 a 9,8%. También están presionados otros países como Malasia, Taiwán y Tailandia. Sólo Corea del Sur ha logrado mantenerse ante la competencia china: su participación en el mercado en 2002 (17,1%) fue mayor que la de 1997 (16.5%), pero menor que su punto más alto de 18,7% en 2000.
Es probable que las exportaciones tecnológicas de China sigan en rápido crecimiento, ya que la producción del país recibe el impulso de las compañías taiwanesas que están trasladando sus operaciones al continente. El gobierno de Taiwán autorizó inversiones en China por un valor de US$ 11.000 millones en 1997, de US$ 19.000 millones en 2001 y de US$ 32.000 millones en 2002. En el momento actual, 56% de las grandes compañías electrónicas de Taiwán, 63% de sus compañías medianas y 73% de las pequeñas realizan operaciones de manufactura en China continental.
Las firmas taiwanesas son también importantes proveedores de componentes para las principales compañías de computadoras en China, las que, cada vez más, planean utilizarla como su base de exportación de artículos al resto del mundo. El mayor exportador de China en 2002 fue Honhai Electronics, fabricante taiwanés de partes de computadora, que exportó artículos con un valor de US$ 4.380 millones.
La emigración de las compañías electrónicas de Taiwán a China continental podría tener hondas consecuencias para la economía mundial. En 1999, los fabricantes más importantes del mundo de varios productos electrónicos, entre ellos teclados (62%), tarjetas madre (motherboards) (61%), monitores (54%), computadoras laptop (53%) y computadoras personales de escritorio (25%), eran compañías taiwanesas.
Las compañías de Taiwán ya producen en China 25% de sus PC de escritorio. Casi 10% de la población económicamente activa de Taiwán puede ser empleada ya en el continente. En efecto, Taiwán tiene 23 millones de habitantes en total y una fuerza de trabajo de unos 10 millones, y, según analistas, hay hoy más de 40.000 empresas taiwanesas que operan en China continental: formalmente dan empleo a, al menos, 500.000 taiwaneses, e informalmente quizás a otros 400.000. (Además, unos 4.000 taiwaneses estudian en la actualidad en universidades chinas.)
Aunque Taiwán ha representado por mucho tiempo un desafío de política exterior para China, la presente integración económica con el continente alienta a ambas partes a evitar fricciones políticas. Hoy, Pekín y Taipei analizan la restauración de enlaces aéreos y marítimos por primera vez desde las pláticas de 1992 en Singapur. Si el partido de oposición Kuomintang vuelve al poder en Taiwán el próximo año, es probable que se restablezcan los lazos de transporte con el continente, ya que este partido abraza la idea de una sola China (mientras el partido que actualmente gobierna ha estado coqueteando con la independencia de Taiwán).
Las dificultades económicas de Japón en los noventa también dieron impulso a la posición de China respecto de las otras economías de la región. Hace 10 años, Japón consumía 20% de las exportaciones de Asia del Este, y la región recibía un tercio de sus créditos bancarios. Pero desde entonces Japón ha reducido drásticamente sus préstamos, y ahora sólo compra 10% de las exportaciones de Asia del Este, mientras vende 45% de sus propias exportaciones a la región.
En contraste, las importaciones que China hace de la región han crecido de 6,8% del total en 1990 a 15% hoy; y, si contamos a Hong Kong, a 31%. En términos absolutos, las importaciones de China se han disparado de US$ 4.100 millones en 1970 a US$ 370.000 millones, y sus exportaciones de US$ 4.600 millones a US$ 380.000 millones.
Si China mantiene sus actuales tasas de crecimiento durante algunos años, sus exportaciones podrían dar alcance a las de Japón para 2005 y ser 2 veces mayores hacia 2010.
El reciente crecimiento de China ha sido extraordinario tanto en exportaciones como en importaciones. Según los expertos, esto es un indicio de que China se ha convertido en un eslabón esencial en la cadena de producción global de muchos productos que requieren trabajo intensivo.
La ubicación central de China también contribuye a explicar por qué en 1999 el país absorbió 85% de la IED total en la región, habiendo partido de 24% a principios de los ochenta. Hace 15 años, los flujos comerciales intraasiáticos eran simples. Los bienes de capital y los componentes partían de Japón hacia los países asiáticos que estaban en vías de industrialización para ser procesados y luego se exportaban a los países industrializados.
La apertura comercial de China añadió un eslabón a esta cadena. Los bienes de capital parten hoy hacia Taiwán y Corea del Sur; los componentes intensivos en capital se envían luego a China y otras partes en Asia para su procesamiento y ensamblaje intensivos en trabajo, antes de ser reexportados a los mercados desarrollados. Este flujo, según Glen Hodgson y Mark Worrall, economistas de Export Development Canada, es prueba de que China ha emergido como un "eje dual":
"China se ha convertido en un eje de fabricación para el resto del mundo en artículos con mano de obra intensiva y de escaso acabado, y el reto que el mundo enfrenta se está convirtiendo en un eje de fabricación para China de artículos con capital intensivo y de alta calidad [ . . . ] China puede ser una amenaza para ciertas partes de la cadena de abastos global que dependen del trabajo barato, pero representa una oportunidad aún mayor vía ganancias de eficiencia en la producción, ganancias en bienestar económico y potencial dinámico de largo plazo. El auge en sus exportaciones se ve más que equiparado por sus importaciones industriales y las oportunidades de inversión extranjera". Se ha convertido en el nuevo motor de crecimiento global.
Es cuando se comparan las importaciones chinas destinadas a satisfacer la demanda interna con las importaciones de bienes asignadas a su procesamiento y reexportación que se hace claro cómo ha cambiado el papel de China en la cadena de abastecimiento global.
Las exportaciones totales del resto de Asia a China crecieron de US$ 72.100 millones en 1995 a US$ 160.600 millones en 2002. Pero mientras las importaciones chinas para la demanda interna casi se duplicaron durante ese periodo (al crecer de US$ 42.200 millones a US$ 78.700 millones), sus importaciones para el reprocesamiento casi se triplicaron (al pasar de US$ 29.800 millones a US$ 81,900 millones). Como resultado, hoy las importaciones para el reprocesamiento representan 51% de las importaciones chinas de Asia, en comparación con 41% en 1995.
Los cambios en la composición del comercio de China han tenido efectos espectaculares en algunos países asiáticos. La participación de la reexportación de las exportaciones de Singapur, por ejemplo, creció de 25% en 1995 a 53% en 2002, y la participación de las de Indonesia creció sólo de 11 a 24%.
En el mismo periodo, las exportaciones totales de USA a China se elevaron de US$ 16.100 millones a US$ 27.300 millones, con lo que la participación en las exportaciones para el reprocesamiento creció de 37% a 44%. Y las exportaciones de Europa a China se elevaron de US$ 21.300 millones a US$ 38.500 millones, con lo que la participación de las exportaciones para el reprocesamiento se elevó de 40% a 47%.
Como resultado de su nuevo papel en la cadena de abasto global, China hoy experimenta déficit comerciales con Asia del Este y superávit comerciales con América del Norte y Europa. Según datos chinos, hoy China tiene déficit comerciales de US$ 31.500 millones con Taiwán, de US$ 13.100 millones con Corea del Sur, de US$ 7.600 millones con la Asociación de Naciones Asiáticas del Sureste (ASEAN, por sus siglas en inglés), de US$ 5.000 millones con Japón y de US$ 1.300 millones con Australia. Asimismo, China ha desplazado a USA en cuanto a ser el mayor socio comercial de Corea del Sur.
Por 1ra. vez en su historia, China aparece como un actor en el desarrollo de la política económica regional. Está tratando de promover la cooperación y de apaciguar las preocupaciones de sus vecinos de que está posesionándose de una porción muy grande de la IED de la región. Para ello, China ha sostenido muchas conversaciones con los países de la ASEAN en torno a establecer una zona de libre comercio regional que crearía un mercado de 1.700 millones de personas con un PIB nominal de más de US$ 2.000 billones.
También se unió al nuevo grupo llamado "ASEAN + 3", que incluye a los 10 miembros de la ASEAN más China, Japón y Corea del Sur, y cuyo propósito es estimular la cooperación regional en asuntos como la estabilidad financiera. Japón propuso la creación de un fondo monetario regional en 1997, pero el proyecto fracasó porque USA se opuso a él y porque no se consultó a otros países importantes, como China.
Se espera que los futuros foros de la ASEAN + 3 institucionalicen la cooperación regional sobre tales temas, desde dentro del propio grupo. Pekín espera que ello reduzca la percepción de que es una peligrosa superpotencia. Pero se trata de una tarea muy complicada porque sería difícil exagerar el notable progreso de China y subestimar sus consecuencias probables. El éxito sin precedentes de China tendrá repercusiones mucho más allá de la región y de las industrias que acaparan la atención inmediata del país.
Por ejemplo, México ya ha sufrido por los avances chinos. A pesar del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y del gran incremento de la inversión estadounidense en México, hace poco China dio alcance a éste como el segundo socio comercial más grande de USA. En junio, la participación de China en las importaciones estadounidenses de los 12 meses previos se elevó a 11,4% (a partir de 6,1% de 1995), mientras que la de México sólo creció a 11,2%, a partir de 8,2%. México ya no es suficientemente competitivo. Su mano de obra es cuatro veces más costosa que la de China, y su electricidad cuesta el doble debido a las políticas gubernamentales que limitan la inversión privada en el sector energético.
El surgimiento de China como una nación importante en el comercio también está transformando los mercados mundiales de productos básicos. Ya en 2001, representaba 30% del consumo de mineral de hierro en el mundo, 21% del consumo de platino y 15% del consumo de aluminio.
Aunque en términos absolutos estas cifras son grandes, China es un modesto consumidor per cápita: por ejemplo, en 1998 sólo consumió 3.083 toneladas de aluminio por millón de personas, en comparación con 26.201 toneladas de USA. La continua industrialización de China incrementará aún más su consumo de una amplia variedad de materias primas, lo que impulsará una espectacular expansión de su comercio con productores de mercancías primarias como África, Australia, América latina y Canadá.
La cada vez mayor necesidad china de importaciones energéticas también contribuirá a reforzar su integración a la economía global al impulsarla a incrementar sus exportaciones para generar ingresos y crear nuevas alianzas con los proveedores. La Agencia Internacional de Energía señala que las importaciones netas de petróleo de China crecerán de 1,7 millón de barriles diarios en 2001 a 9,8 millones para 2030.
China sólo podrá satisfacer esta enorme demanda de petróleo si incrementa sus exportaciones de productos manufacturados. Sus crecientes necesidades podrían hacer que se convierta en uno de los principales clientes petroleros de Rusia. En la actualidad no hay oleoductos que conecten a ambos países, pero ya hay planes de enlazar los yacimientos petroleros del este de Rusia con China y con Japón.
# Reacciones en el exterior
Como podía preverse, la nueva prominencia de China ha inquietado a muchos de sus socios comerciales, entre ellos a USA. En especial, el alza abrupta de China en materia de exportaciones, y el enorme déficit comercial que ha causado en USA (US$ 105.000 millones en 2002), han hecho que las firmas manufactureras estadounidenses se preocupen por más pérdidas comerciales.
Sin embargo, sus percepciones sobre China hoy son mucho más matizadas que las que tuvieron sobre Japón hace 10 años. Cuando surgieron tensiones comerciales con Japón durante las décadas de 1970 y 1980, Tokio tenía pocos aliados entre las corporaciones estadounidenses porque, en efecto, se les había prohibido invertir en Japón. En contraste, China se ganó la amistad de muchas empresas de USA al invitarlas a colocar grandes inversiones en su mercado y a tener acciones en él.
General Motors, Motorola y Procter & Gamble están obteniendo considerables utilidades en China. El sector corporativo estadounidense tiene ventas en China por un valor de US$ 26.000 millones, en comparación con los US$ 20.000 millones de exportaciones. Las compañías estadounidenses que exigen el proteccionismo comercial contra China o una revalorización de su moneda son empresas de pequeño y mediano tamaño que no han podido tener acceso a su mercado. Si Pekín encuentra formas de estimularlas a comerciar con China y a invertir en ella, es probable que también ellas sean menos proteccionistas.
No obstante, el éxito exportador chino ha impulsado a Japón, Corea del Sur y al Departamento del Tesoro de USA a solicitar a China que revalorice su moneda, la cual conserva un tipo de cambio fijo, una paridad fija, con el dólar (8,3 yuanes) desde 1994.
China resistió la feroz presión para devaluar durante la crisis financiera asiática de 1997-1998, argumentando que quería limitar el riesgo de que la crisis se diseminara. Desde entonces ha sido reacia a introducir tipos de cambio flexibles por temor de que pudieran afectar su índice de desempleo y trastornar su estabilidad financiera. Como el gobierno chino considera que el crecimiento de las exportaciones es una medida para reducir el desempleo, se muestra renuente a jugar con las ventajas competitivas del país.
China también tiene un sistema financiero no desarrollado, en el que hay muchos préstamos incumplidos y una limitada convertibilidad de cuentas de capital, lo que podría complicar la transición a tipos de cambio fluctuantes. El gobierno teme, por ejemplo, que las compañías locales no entiendan la cobertura monetaria compensatoria, y que la volatilidad del tipo de cambio haga que algunos cuestionen la estabilidad bancaria.
Como las reservas chinas de divisas están incrementándose e impulsando el crecimiento monetario, el país debería considerar sustituir su tipo de cambio fijo con una banda, o límite, de cambio. Es probable que esa banda meta permita que la moneda fluctúe de 3% a 5%, mucho menos que la revalorización de 30% a 40% que reclaman a voces las compañías estadounidenses.
Aunque el gobierno de Bush insiste en que quiere que China revalorice su moneda, no puede estar del todo disgustado con los efectos colaterales de la paridad fija. Gracias a ésta, hoy China pertenece a un grupo de países de Asia del Este que tiene US$ 1.7 billón en divisas, o sea 70% del total mundial (a partir del 30% de hace 10 años).
China, Japón y otros países de la región han estado tratando de estabilizar sus monedas comprando dólares estadounidenses. En los últimos 18 meses, por ejemplo, China compró uS$ 100,000 millones en títulos del gobierno de USA, y Japón, US$ 150.000 millones. Al hacerlo, estos países se han convertido de hecho en las fuentes principales de financiamiento de los crecientes déficit fiscal y de cuenta corriente de USA. Eso ya lo hacía Japón durante los últimos años de los '80, pero China está financiando los déficit estadounidenses por 1ra. vez.
Si China y Japón retiraran su apoyo al dólar, es probable que los rendimientos de los bonos estadounidenses se elevarían drásticamente, lo que provocaría un alza en las tasas hipotecarias y pondría en riesgo el auge en materia de viviendas que ha mantenido el consumo interno estadounidense desde 2001.
Pero China y Japón se han vuelto tan dependientes del mercado estadounidense que no querrán arriesgar la prosperidad de USA cambiando sus reservas del dólar estadounidense al oro o al euro. A pesar de los desacuerdos potenciales en cuanto a política exterior u otros temas, no pondrán en riesgo al dólar, ya que necesitan que USA siga siendo un mercado de exportaciones sano para ellos. En este sentido, las divisas de los bancos centrales de Asia del Este se han convertido en la columna vertebral financiera para el bienestar económico de USA.
# (In) seguridad en la Patria
La transformación económica de China aún no ha amenazado la supremacía del Partido Comunista Chino.
Sin embargo, no debe suponerse que la situación política en China es estática. Puede ser que el descontento en China no se manifieste debido a la naturaleza autoritaria del régimen, pero ello no quiere decir que no exista.
De hecho, puesto que las reformas económicas en China afectan la vida de millones de personas, resultan a menudo impopulares. Si China fuera una democracia, probablemente tendría que resistir un movimiento populista de oposición a las reformas. Pero está gobernada por un régimen autoritario, cosa que le permite poner en marcha rápidamente cambios radicales.
Los cambios en la alta jerarquía china sólo deberían acelerar la causa de las reformas. Jiang Zemin, ex presidente del país y jefe del Partido Comunista, y Zhu Rongji, ex premier, fueron sustituidos hace poco por políticos más jóvenes con experiencias más variadas y puntos de vista potencialmente más liberales.
Por ejemplo, Wen Jiabao, el nuevo premier, es un respetado administrador que, no obstante, fue muy cercano a Zhao Ziyang, el premier liberal que fue despedido por simpatizar con los estudiantes de Tiananmen. Por añadidura, 5 de los 7 miembros del Politburó y más de la mitad de los 200 miembros del Comité Central se retiraron el año pasado, y todos fueron sustituidos por líderes con títulos universitarios.
Éste es un cambio drástico desde hace 25 años, cuando casi ninguno de los líderes del partido tenía educación superior. La decisión del partido, por institucionalizar el cambio político mediante la rotación de su personal, hizo que Henry Kissinger señalara que pronto podría parecerse más al Partido Revolucionario Institucional de México que al partido totalitario que antes fue.
Todavía se esperan más cambios, conforme nuevas generaciones de líderes con muy variadas experiencias y sensibilidades tomen las riendas. Mao y los supervivientes de la Gran Marcha constituyeron la primera generación de mandatarios tras la revolución; los hombres que emprendieron el proceso de reforma de los mercados durante los setenta son la segunda.
La 3ra. generación llegó a la mayoría de edad durante el caos de la Revolución Cultural y luego dirigió 2 décadas de reforma económica. Los líderes de la 4ta. generación, que acaban de llegar al poder, pasarán mucho de su tiempo en observar una liberalización económica. Sus sucesores, que gobernarán de 2010 a 2015, serán aún más expertos en economía de mercados y estarán más abiertos al resto del mundo. Es probable que el regreso a China de políticos educados en las universidades de USA fomente la reforma económica, con lo que se abrirán las puertas a una mayor liberalización política.
Ya los dirigentes de China han empezado a conducir su país de otro modo, con más transparencia. Su reacción ante la reciente epidemia del SARS fue reveladora. Después de un encubrimiento inicial, el gobierno reconoció públicamente la magnitud del problema y despidió a un ministro y al alcalde de Pekín por su incapacidad de acción para contener la enfermedad. Los nuevos dirigentes han empezado también a revelar públicamente las fechas, agendas y decisiones de las reuniones de alto nivel del partido, lo que antes se mantenía en estricto secreto.
Lo que sería aún más radical, el gobierno de la ciudad de Shenzhen anunció hace poco un experimento en materia de liberalización política, que podría establecer a fin de cuentas el escenario para reformas de largo alcance en el nivel nacional. Shenzhen quiere retirar al Partido Comunista de su gobierno para hacerlo más independiente y, aseguran las autoridades, contribuir con ello a satisfacer su obligación, por su adscripción a la OMC, de introducir el estado de derecho en su país.
Aunque el gobierno local aún tiene que hacer planes para sostener elecciones directas, las expectativas de que puedan operar instituciones administrativas y legales independientemente del Partido Comunista es un enorme frontón, y un indicio prometedor de que el gobierno puede ofrecer un mayor grado de rendición de cuentas al pueblo.
Hoy, existe un interés mucho más generalizado por China en Asia y otros lugares, donde se albergan diversas formas de intercambio internacional. Hoy, las universidades de China tienen 85.000 estudiantes extranjeros, casi todos ellos de sus competidores regionales, Japón y Corea del Sur. China será sede de los Juegos Olímpicos en 2008, y ciudades como Shanghai planean programas deportivos regionales.
Una amplia red de expatriados chinos en Asia del Este, América del Norte, Europa y Australia ha dado asistencia a sus parientes en el lejano terruño por muchas generaciones; durante las décadas de 1980 y 1990, también ayudó a promover la primera oleada de IED hacia China. Esta red en el exterior ha servido, y lo sigue haciendo, como conducto para nuevas relaciones empresariales, culturales y políticas.
En vez de abandonar China para encontrar mejores oportunidades en otras partes, como antes hicieron, millones de chinos que viajan al extranjero como turistas o estudiantes hoy regresan a la patria, llevando con ellos nuevas ideas sobre otras tierras. En 2002 había unos 16,5 millones de turistas chinos; en 2010 podría haber hasta 50 millones. Aunque es muy pronto para evaluar los efectos precisos de esta creciente interacción, sólo podría aceptarse que acarreará un mayor entendimiento entre China y el resto del mundo.
Los cambios que han llevado a China a un papel protagónico en la economía global no tienen antecedentes directos. A veces, China se ha comparado con la Alemania de antes de la 1ra. Guerra Mundial, pero entre los dos países hay más diferencias que similitudes. Una de las enseñanzas más desalentadoras de esa guerra fue que incluso los países con las economías más integradas a mercados regionales o internacionales (como la Alemania de entonces y la China de hoy) entablaron guerras.
En la Europa anterior a 1914, los crecientes nacionalismos y las rivalidades imperiales socavaron las oportunidades de que la mera integración económica pudiera contener la escalada de beligerancia. Pero ello ya no es así en la Asia del Este hoy. La 2da. Guerra Mundial desacreditó el nacionalismo en Japón, y cualquier tipo de nacionalismo que haya surgido en los países asiáticos durante los primeros años de su independencia ha sido sustituido por una obsesión por el crecimiento económico. Los propios instintos nacionalistas de China se han compensado con las aspiraciones económicas del Partido Comunista.
Sin duda, China se considerará cada vez más a sí misma como una gran potencia y esperará más deferencias de otros países. Pero, aunque es comprensible que su espectacular crecimiento despertará inquietud en Washington, no por ello China tendrá que convertirse en enemigo de USA.
En un discurso del año 2000, el presidente George W. Bush señaló que apoyaba firmemente a los estados que creían en el poder del compromiso económico para resolver otros problemas, de los derechos humanos a la seguridad. China sigue señalando su deseo de integrarse a la economía global buscando la liberalización en su país y estimulando el comercio, así como uniéndose a instituciones internacionales, como la OMC, que promueven la competencia y la integración económicas, y no las rivalidades nacionalistas sobre territorios y colonias.
Suponiendo que China pueda sostener la inercia que la ha llevado a su auge económico en los últimos años, poca duda cabe de que una investigación mutua en cuanto a oportunidades económicas será la característica definitoria de la relación de China con USA, en los muchos años que han de venir.
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(*) David Hale es economista y presidente de Hale Advisers. Lyric Hughes Hale es director editor de www.chinaonline.com.
Foreign Affairs, Washington DC, USA, 2003.






