Alberto Fernández nunca se fue (y de su permanencia depende el futuro entre los Kirchner y Clarín)

El ex jefe de Gabinete continúa siendo funcionario del Gobierno nacional ya que se desempeña como director de Papel Prensa Sociedad Anónima. Y, además, es considerado como el negociador permanente entre los Kirchner y el Grupo Clarín.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El miércoles 16 de abril de 2008 se celebró una Asamblea General Ordinaria de Accionistas de la empresa Papel Prensa Sociedad Anónima, cuyo directorio quedó presidido por Jorge Carlos Rendo (Grupo Clarín) y Julio César Saguier. En representación del Estado Nacional quedaron los directores
> Alberto Ángel Fernández y
> Carlos Mauricio Mazzón.
(Son los cargos por el Estado que en días del menemismo, por ejemplo, llegaron a ocupar Alejandro Mac Farlane, yerno de Hugo Anzorreguy y hoy día CEO de Edenor, y Luis Juez, ex intendente de la ciudad de Cordoba).
Esto quiere decir que Alberto Fernández sigue siendo funcionario del Gobierno Nacional. Y es considerado como el negociador permanente entre los Kirchner y el Grupo Clarín.
Por eso resulta insólito que se afirme que no hay diálogo entre Grupo Clarín y los Kirchner, en el marco del debate sobre una probable sustitución de la Ley de Radiodifusión.
En verdad, hay una negociación permanente entre Grupo Clarín y los Kirchner, a través de Alberto Fernández, quien fue el hacedor, además, de la operación que le permitió a Grupo Clarín acceder al control de CableVisión. Ocurre que Fernández fue quien garantizó, ante el mexicano David Martínez, de Fintech Advisory, que el Estado argentino no entorpecería la fusión con Multicanal, condición indispensalbe para que Fintech financiara toda la operación que derivó en el negocio presente más rentable y líquido de Grupo Clarín.
Desde la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación, Alberto Fernández, contrató los servicios del Centro de Estudios de Opinión Pública, empresa de Grupo Clarín que realiza investigaciones de mercado. Esa relación contractual entre el Estado Nacional y CEOP no ha cesado sino que continúa en días de Sergio Massa sentado en lugar de Alberto Fernández. Esa relación no hubiese continuado de querer interrumpirla Néstor Kirchner, quien así accede en forma permanente a las mediciones de imagen que realiza Grupo Clarín para el Ejecutivo Nacional.
Fernández ya era director de Papel Prensa desde el lunes 16 de julio de 2007, cuando entró en vigencia el contenido del decreto 898/2007, firmado por Néstor Kirchner y Felisa Miceli.
En ese momento, el directorio de la empresa era conducido por Julio C. Saguier, presidente; y Héctor H. Magnetto, vicepresidente.
Una semana antes, Fernández, quien era jefe del Gabinete de Ministros de la Nación, había definido a Papel Prensa como una empresa "casi monopólica" y anticipó que llegaría a su Directorio porque "queremos entender bien cómo opera", ya que el Presidente "me ha ordenado prestar atención puntualmente".
Papel Prensa es controlada por
> Arte Gráfico Editorial Argentino (AGEA), 37%;
> S.A. La Nación, 22,48%; y
> Compañía Inversora en Medios de Comunicación (Cimeco), 12%.
Esos paquetes accionarios suman 71,48% (considerando que AGEA y Cimeco son de Clarín, el multimedios acumula 49%).
Pero la mayor parte del paquete accionario restante es del Estado Nacional.
En la información pública habitual que difunde la empresa (por ejemplo, en la Bolsa) no se identifica la participación accionaria del Estado Nacional, probablemente de carácter vergonzante básicamente para La Nación, pero que resulta imprescindible para asegurar el carácter prebendario que, a menudo, tiene el funcionamiento de la principal planta de producción del casi obsoleto papel de diario (desplazado en forma creciente por el soporte digital).
Fernández sigue siendo presidente del Consejo del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, y periódico interlocutor de Néstor Kirchner.
Hay especulaciones de que en la próxima Asamblea General Ordinaria 2009, Kirchner insistiría con la permanencia de Alberto Fernández como director de Papel Prensa por el Estado Nacional.
Será importante conocer ese dato para saber qué ocurrirá en el futuro entre los Kirchner y Grupo Clarín.
En este contexto debe interpretarse la siguiente columna de opinión pública en el diario Crítica de la Argentina, con la firma de Martín Caparrós:
"Si yo tuviera muuuuucho tiempo me sentaría a mirarlos: va a ser uno de esos combates que Fioravanti llamaba "para alquilar balcones" –porque no hay mejores enemigos que los viejos aliados. El señor ex presidente en ejercicio le reprocha sus derrotas al señor gran diario en maniobras y le tira con una ley a la cabeza; Clarín le contesta con una de sus tapas antológicas: "Creen que anticipan la elección para evitar fugas del PJ", escribieron ayer, extremando esa genialidad que inventaron, el uso del impersonal y de la conjetura, el apogeo del "ahora dicen": creen, los fantasmas suponen. ¿Quién cree, se preguntará el lector angustiado?
La gente, por supuesto, ese ente al que se le puede atribuir lo que a uno se le cante. La gente en este caso son 1.350 personas en una encuesta que encargó Clarín para ver qué pensaban esas 1.350 personas –o sea lagente– sobre el adelantamiento de las elecciones, y parece que "el 35,1% de los consultados respondió que el Gobierno impulsa el adelantamiento de la elección nacional para evitar fuga de dirigentes del oficialismo a otras fuerzas políticas". Era, aparentemente, una de las pocas opciones de interpretación que la gente tenía –porque las encuestas son un modo simple de manejar opiniones; en una encuesta, la gente sólo puede "pensar" cuatro o cinco cosas: las que les preguntan. Así –bien lo sabe el compañero Artemio– es cómo se influye en una encuesta y se inventa la "opinión pública": decidiendo las preguntas, dando a elegir entre a, b, c y d, dejando afuera el resto del abecedario.
Así que la gente, en esta encuesta, no podía pensar por ejemplo que el Gobierno adelantó las elecciones para sacarle ventajitas a la oposición –que es lo que piensa casi toda la gente e incluso muchas personas: que lo hicieron "para hacer política", y que hacer política es hacer esas cosas. Y menos podía pensar que lo hace para tratar de engañarnos a todos en general, sin exclusiones.
Adelantar las elecciones no tiene nada que ver, como decía ayer aquí Miguel Bonasso, con traer más democracia sino, otra vez, con tomarnos por tontos. El adelantamiento es una medida pensada para los millones que, por desgracia y desgraciadas circunstancias, votan sin poder sopesar demasiado lo que votan. En ellos se basa este sistema "democrático y representativo": en todos esos votos descuidados que permiten pergeñar maniobras como ésta, que permiten que el Gobierno se ilusione con la idea de que si votamos cien días antes va a haber millones de argentinas y argentinos que no van a terminar de notar que la crisis es en serio y nos jode la vida y nos la va a seguir jodiendo. Se basa en aquella vieja idea de que somos tontos o por lo menos ignorantes –y en la razón que muchas veces tiene.
En síntesis: el Gobierno piensa que si se apura puede evitar el conocimiento que sería la base indispensable para elegir quién nos gobierna. Alguien dijo que gobernar era poblar; ahora, gobernar es mantenernos en Babia –aunque no suelan hacerlo con tanta claridad, con esta impunidad.
Este gobierno lo hizo, y por eso mantuvo su larga alianza ciclotímica con el gran multimedios, pieza central del sistema informativo que ha sabido desinformar al gran pueblo argentino salud durante todos estos años. Sobre esa base les puede servir adelantar las elecciones: para que voten confundidos todos los que el sistema mediático argentino ha conseguido alejar de la información. Y, sobre todo, todos los que el sistema económico-social argentino ha conseguido alejar de cualquier posibilidad de interesarse por la información, porque ha convertido la información –y la educación– en lujo para pocos.
La ecuación es simple: el Gobierno quiere adelantar las elecciones porque piensa que si tarda más pierde más, o sea: vieron algo, como don Segundo. Algo que no quieren que veamos. Algo que va a pasar entre julio y octubre y que, si influyera en nuestra decisión electoral, les pegaría más duro todavía. Son gobierno –y es muy probable que, para entonces, sigan siéndolo–: si vieron algo tienen la obligación de contarnos qué es –cuántos despidos, qué inflación, qué recesión, qué miserias, qué hambre– y qué piensan hacer para remediarlo. Así, ya que estamos, todos podemos participar en ese esfuerzo, ayudarlos, ayudarnos. Si no lo hacen será un delito y provocará muchas penurias, y alguien alguna vez les va a pedir cuentas por eso. A menos que seamos tan tontos como ellos imaginan, o incluso un poco menos."