’Robemos YPF’, ambición que no cesa en el Gobierno Nacional

¿Alguien puede creerle a Néstor Kirchner cuando dice Sí o No? Pregúntenle a Eduardo Eurnekian… La sinuosidad oral del Presidente queda expuesta otra vez con el ‘caso YPF Repsol’. ¿No fue Alberto Ángel Fernández quien desmintió la semana pasada que la recompra de YPF era un objetivo gubernamental? Pero un periodista que a diario comulga con Fernández (Diego Schurman, de ‘Página/12’) reactivó la ola de versiones oficiosas. ¿Por qué Kirchner quiere YPF si tiene Enarsa, petrolera en la que podría volcar sus inversiones si es que hay tanto capital disponible? No, no hay inversiones. Kirchner quiere ‘asaltar la Caja’ de YPF tal como ya hizo con las paraestatales Aguas Argentinas (hoy Aysa, una empresa catastrófica en manos del sindicato OSN, más allá ) o con Edenor (disfrazada de Marcelo Mindlin, hombre de futura visita periódica a Tribunales y que precisamente se menciona en lo de ‘Página/12’). Aquí el comentario mentiroso del matutino de Fernando Sokolowicz (dice que una petrolera mal administrada es rentable. ¿Acaso se han olvidado de la YPF Sociedad del Estado, de Diego Ibáñez, el hombre que hizo rico a Cristóbal López y a ‘Bombón’ Mercado?:

CIUDAD DE BUENOS AIRES ( Página/12). –¿Sabe cuál es el negocio más rentable del mundo? –pregunta retórico el funcionario del Ministerio de Planificación que a la legua se nota que la conversación es su elemento.
–Una petrolera –responde Página/12.
–Una petrolera bien administrada –corrige el funcionario y sigue su
perorata–. ¿Y sabe cuál es el segundo negocio más rentable del mundo? Ni
arriesgue. Se lo digo yo: el segundo negocio más rentable del mundo es una
petrolera mal administrada.
Es viernes a la noche y aunque Néstor Kirchner desactivó la posibilidad de
una reestatización de Repsol-YPF, en privado uno de sus principales
escuderos sigue blandiendo alternativas para incidir en las decisiones de la
compañía.
Lejos de aquel atractivo de la Casa Rosada por la trasgresión, aquí se trata
de una decisión política del más alto nivel, fundada en la necesidad de
controlar recursos estratégicos que ofrece un margen de rentabilidad
inconmensurable.
"Lo que le gustaría a Néstor es la posibilidad de que capitales argentinos
adquieran el 20 o el 30 por ciento del paquete accionario de Repsol",
vocifera ante este diario uno de los pocos laderos de Kirchner que se anima
a llamarlo por su nombre. "Antes ellos habían evaluado poner acciones en la
Bolsa, ahora no descartan negociar directamente con las empresas, con grupos
argentinos", redondea. El tema navegó en las conversaciones que el
Presidente mantuvo el lunes pasado con Rafael Estrella Pedrosa. El embajador
español también se llevó numerosas observaciones de Kirchner.
Primordialmente por las faltas de inversión y reservas de gas y crudo.
–Necesitamos que inviertan en exploración para que aumente la producción –le
reprochó cortésmente el mandatario, como lo haría un maestro con su alumno
preferido.
Estrella Pedrosa desembarcó en la Casa Rosada con otro propósito: escuchar
de primera mano lo que funcionarios de segunda línea ya habían transmitido
informalmente a directivos de la multinacional. O sea, que no habría
reestatización.
Puertas afuera, el que salió taxativamente a negar la voluntad de comprar
Repsol-YPF fue Alberto Fernández. El jefe de Gabinete discurrió en el
encuentro presidencial con el embajador español. Kirchner había inquietado
al sector hace una semana. Fue durante una embestida contra las políticas
privatizadoras de los ‘90. Unos sondeos encargados ad hoc por el mandatario,
del que también tienen conocimiento en Repsol-YPF, muestran el rechazo
popular a los procesos de enajenación de empresas.
El tópico fue materia de recientes tertulias entre el titular de Enarsa,
Exequiel Espinoza, y representantes de la petrolera. Un dato para no pasar
por alto: el ministro de Planificación, Julio De Vido, no para de recibir
llamados de empresarios que oscilan entre el pánico y la incredulidad. Las
sucesivas reestatizaciones de empresas –el astillero Tandanor se sumó al
lote este viernes– los ha vuelto más creyentes.
Ruidos y ruiditos
La luz de alerta se encendió definitivamente cuando el diputado kirchnerista
Edgardo Depetri se animó a sacar a superficie lo que ya era vox populi en el
mundo de los negocios. "Estaríamos en condiciones de comprar Repsol-YPF",
dijo el 17 de marzo en un reportaje a La Voz del Interior. Depetri no es un
outsider de la política. Funge como presidente la Comisión de Obras
Públicas, en línea directa con De Vido, y tiene horas de vuelo junto a
Kirchner en el Tango 01. Es necesario reproducir la respuesta completa que
ofreció al diario cordobés para entender las habas que se cuecen en el
Gobierno.
El legislador, un cuadro político de la CTA, dijo textual: "La alianza con
Venezuela tiene dos ejes centrales y está produciendo mejoras en la calidad
de vida de la población de los dos países. Primero firmamos entre Enarsa y
Pdvsa un acuerdo de explotación y producción en la Franja del Orinoco. En
segundo lugar, Pdvsa, en Argentina, se convierte en una empresa que ahora
asociada pueda duplicar la cantidad de reservas de petróleo que nosotros
tenemos. Esta empresa es, sin dudas, una de las más grandes del mundo en
petróleo, con nivel de tecnología y financiamiento en condiciones de
ingresar al mercado energético nacional con la posibilidad de intervenir en
políticas públicas más claras en este sector. A tal punto que estaríamos en
condiciones de comprar Repsol-YPF".
Esta semana Kirchner habló al menos dos veces con Depetri. No lo
desautorizó, no desactivó la ofensiva del legislador ni le cerró las puertas
de la Casa Rosada, tres variantes que describen habitualmente el despecho
presidencial.
–¿Qué opinión le merecen las declaraciones de Depetri sobre una posible
compra de Repsol-YPF? –le preguntó Página/12 a Fabián Falco.
–Tomo en cuenta lo que dijo Alberto Fernández, quien ha desmentido que el
Gobierno piense en ese tema –fue la diligente respuesta del director de
Comunicación y Relaciones Externas de la petrolera.
Acaso los dichos del jefe de Gabinete sirvieron para evaporar especulaciones
que habían ganado la superficie. Pero por debajo continuaron con una fuerza
inusitada. Aunque resulte reduccionista, hoy podría hablarse de dos líneas
en estudio: la de argentinizar la compañía con capitales privados nacionales
y la de latinoamericanizarla con la participación en Repsol de una sociedad
argentino-venezolana vía Enarsa y la poderosa Pdvsa. Un eventual ingreso de
la compañía insignia de Hugo Chávez podría provocar efectos imprevisibles en
el escenario internacional por el recelo que genera el presidente de la
República Bolivariana en ámbitos de poder empresario.
"Si Pdvsa ingresa a Repsol, chau relación con España. ¡(El mandatario de ese
país José Luis) Rodríguez Zapatero se mata! No lo veo viable, aunque es
probable que dentro del Gobierno alguien esté fogoneando esa idea", reconoce
a este diario un funcionario con charretera que no es ajeno a las
tratativas.
La opción de abrir Repsol a capitales argentinos, en cambio, fue alguna vez
meneada por la propia compañía que preside Antonio Brufau, aunque puertas
adentro de la petrolera consideran que son contados los hombres de negocios
vinculados al Gobierno que podrían desembolsar un estimativo de tres mil
millones de dólares para quedarse con parte del capital accionario.
"¿Quién va a comprar el 20 por ciento de Repsol? Ni Eurnekian ni Britos ni
Midlin tienen resto como para hacerlo", especula ante Página/12 un ejecutivo
que conoce al dedillo los entuertos petroleros.
Esos apellidos son, en el lenguaje kirchnerista, representantes de la
"burguesía nacional". Jorge Brito es dueño del grupo Macro Bansud, y Marcelo
Midlin, del grupo de inversión Dolphin. La especulación con Eduardo
Eurnekian obedece a la participación del Estado en Aeropuertos Argentina
2000. Al trío le cabe el rótulo de empresarios afines al Gobierno. El
análisis no es compartido plenamente en el círculo áulico del Presidente.
"Hay muchas firmas y empresarios con capacidad de compra, se pueden armar
holdings, sociedades", es la respuesta que surge inclaudicable de un asiduo
operador kirchnerista que no tiene nada de advenedizo en la materia.
Acción de oro
La Argentina representa casi la mitad de los negocios de Repsol en términos
de activos, facturación y ganancias. No por nada los hombres de Kirchner
auguran compartir con España la conducción de la compañía. Y en esto, como
una especie de fe que se enraíza, coinciden los distintos sectores internos
del Gobierno. En la Casa Rosada sostienen que el objetivo sólo podrá
cumplirse mediante la "profundización de un modelo de desarrollo" que se
consolidaría durante la próxima gestión, dando por hecho que ésta tendrá la
impronta K, sea "pingüino o pingüina".
De Vido suele hablar de la necesidad de asignar al Estado argentino la
"acción de oro" de Repsol-YPF. Eso le aseguraría capacidad de veto y un rol
preponderante en el control del proceso de inversiones. A menudo, el propio
Kirchner se lamenta en privado por haber perdido ese resorte de la política
energética. Por eso no le saca los ojos a la compañía. De Vido ya nombró a
un funcionario de su riñón como representante estatal en el directorio. Se
trata de Roberto Baratta, secretario de Coordinación de Planificación. En
Repsol no quieren ser conspirativos, aunque en una letanía susurran ciertas
prerrogativas del hombre de De Vido, como la accesibilidad a los números de
la firma.
A propósito de cifras, hay quienes encuentran en ellas las principales
razones para enarbolar banderas de nacionalización. "Hay que hacer matriz de
costo. El barril de crudo está en 68 dólares. ¿Sabe cuánto es el costo de
cada barril? Entre 6 y 18 dólares. ¿Le parece que no hay que avanzar hacia
una reformulación estratégica con fuerte presencia del Estado?", vuelve a la
carga un hombre del ministerio de De Vido, taciturno para los micrófonos
pero no en los off the record.
El control de los recursos energéticos se convierte entonces en el leitmotiv
de una causa que evidentemente para Kirchner no languidece. Aunque a muchos les suene extraño, el hiperkinético y cuestionado secretario de Comercio interior, Guillermo Moreno, es uno los que apuesta con mayor ahínco al desembarco argentino en Repsol.
En la firma prestan atención a ese doble juego del Gobierno de desmentir la
reestatización y simultáneamente atizar versiones de compra. Lo entienden
como un ardid de Kirchner para soliviantar al empresariado y mantenerlo bajo
la "espada de Damocles".
En Balcarce 50 aseguran que sólo una imaginación prolífica devaluaría a
"fuegos de artificio" los movimientos que se producen en torno de Repsol.
"¡No estamos jugando, estamos pensando una Argentina diferente!", se exalta
un ministro de Kirchner intentándole dar mística a lo que luce como una puja
de intereses. En ese sentido, señala que hasta el embajador en España,
Carlos Bettini, tendió puentes con Luis Fernando de Rivero Asensio para
conversar sobre la apertura de la firma al capital argentino. Rivero Asensio
es el titular de Sacyr Valle Hermoso, la constructora que ostenta un paquete
accionario en la petrolera. No es un tema menor en términos diplomáticos ya
que Repsol, si bien privado, es un emblema nacional en la madre patria.
Este año hubo un cortocircuito entre el kirchnerismo y Repsol cuando la
multinacional anunció la decisión de desprenderse de 37 yacimientos. "No
puedo impedir que pongan en venta las áreas petroleras que quieran, pero si
no han sido debidamente explotadas se revocará la concesión. No vamos a
permitir que obtengan beneficios de esas áreas como si fueran un activo
inmobiliario", advirtió entonces De Vido, en diálogo con este diario.
El tema sobrevoló las conversaciones de Kirchner con Estrella Pedrosa. El
Presidente no hizo otra cosa que expresarse en la misma dirección, aunque
con mayor diplomacia, que su ministro de Planificación.
El gobierno de Rodríguez Zapatero tiene un papel clave en temas de interés
nacional. España oficia de interlocutor de Kirchner ante el Club de París
para refinanciar la deuda argentina sin la intervención del FMI. Y media en
el conflicto de las papeleras con Uruguay. Son apenas dos botones de muestra
del excelente vínculo entre ambos países. ¿La avidez oficial por ingresar a
Repsol afectaría esa armonía?
No hay una decisión final sobre qué hará el Gobierno. Y en ese sentido habrá
que conformarse con un textual de Kirchner, cuando uno de los suyos le
preguntó sobre el futuro de las alternativas que se barajan.
–Están todas en estudio –le dijo el Presidente con una sonrisa cómplice.