CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial de Idesa). Los frigoríficos constituyen un caso puntual pero muy ilustrativo de que el tipo de cambio alto es socialmente insostenible si no va acompañado de un conjunto más amplio e imaginativo de reformas.
La solución no es prohibir las exportaciones o dejar retrasar el valor del dólar sino ensamblar la competitividad transitoria que produjo la devaluación con ganancias de competitividad genuinas y sostenibles. Para ello, hacen falta reglas de juego que promuevan la productividad.
La suspensión de las exportaciones de carne produjo, como era previsible, una profunda crisis laboral en la industria de la carne y sus derivados.
El Gobierno Nacional respondió estableciendo un subsidio transitorio para los trabajadores afectados de $1.000 mensuales.
Aunque se trata de un beneficio sustancialmente más alto que el del seguro de desempleo, para los trabajadores de la carne implica una pérdida de ingresos muy importantes dado que el salario del sector alimentos se ubica en alrededor de los $1.800.
En términos de poder de compra, el monto del subsidio representa un monto similar al salario promedio del sector alimenticio en el peor momento de la crisis del 2002.
Lo que está pasando en la industria de la carne y sus derivados no es una situación atípica sino el ejemplo de los costos que implica confiar sólo en la devaluación como un mecanismo de competitividad.
La dinámica que muestran los precios y los salarios con posterioridad a la devaluación permite ilustrar esta afirmación.
Según datos del INdEC y del Ministerio de Economía:
> Entre diciembre del 2001 y abril del 2006, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) creció un 81%.
> Esta variación en el IPC se compone de un crecimiento del 111% en los bienes y de un crecimiento de apenas 48% en los servicios.
La información oficial muestra que los precios más ligados a los mercados internacionales –ya sea porque se trata de bienes exportables (alimentos) o sustitutos de importaciones (indumentaria y equipamiento del hogar)– tendieron a seguir el aumento del tipo de cambio.
Por el contrario, los servicios –que están más ligados al mercado interno– tuvieron una suba de precios mucho menor. Análogas tendencias se observan en el mercado de trabajo. Los salarios de los sectores más formales se van recuperando al ritmo de la inflación pero los salarios de los trabajadores no registrados quedan cada vez más rezagados.
El modelo de tipo de cambio alto cruje desde el punto de vista social. Esto se debe a que gran parte del consumo de las familias está compuesto por bienes que experimentaron un fuerte aumento de precios de la mano de la devaluación, mientras que los ingresos de la población provienen mayoritariamente de trabajos ligados al mercado interno.
En la industria de la carne lo que sucedió fue que de la mano del incremento en las exportaciones se produjo una sustancial mejora en la rentabilidad de las empresas lo que estimuló el empleo y los salarios de ese sector.
La contrapartida fue un aumento del precio interno de la carne que perjudicó al resto de la población. Esto llevó a suspender las exportaciones deteriorando nuevamente el empleo y los salarios del sector originalmente beneficiado.
Prohibir las exportaciones o dejar que el tipo de cambio se retrase son políticas que implican revertir el modelo original. En la práctica pueden ser un paliativo para morigerar la suba de precios, pero irreversiblemente le quitan sustento al proceso de recuperación. Planteado en otros términos, si el único instrumento de política que se utiliza es el tipo de cambio, no hay mucho para elegir.
Afortunadamente hay disponible un conjunto mucho más amplio de políticas que permitirían superar esta contradicción entre equilibrio económico y equilibrio social, dentro de un modelo de tipo de real alto.
Reglas más racionales en el mercado de trabajo y en la organización de la economía son las que permiten aumentar de manera simultánea la inversión, el empleo y los salarios.
A mayores niveles de productividad (o menores niveles de improductividad, como los que generan los trámites burocráticos, la litigiosidad laboral, los impuestos irracionales, el despilfarro del gasto público), la dicotomía entre tipo de cambio alto y salarios reales bajos tiende a desaparecer, o dicho de otra manera, es posible mantener una agresiva estrategia exportadora sin sacrificar el objetivo de integración social.
Kirchner hundió los salarios de los frigoríficos al nivel de la crisis
El Gobierno se ufana que llegó a un acuerdo con la Federación de la Carne pagando los salarios caidos de sus afiliados, pero lo cierto es que ha hundido a los trabajadores de la carne, un sector histórico del PJ ya que fueron ellos, liderados por Cipriano Reyes, quienes provocaron el 17 de octubre de 1945.
07 de mayo de 2006 - 12:59






