'Argentina, un país de tragedias repetidas'

Cromañón, Santa Fe, Lapa, Río Tercero, Amia, la dictadura. No todos los pueblos tienen grandes tragedias. Argentina sí. En esta nota, las formas en que se producen estos acontecimientos y sus consecuencias.

(Especial  Hoy La Universidad Periódico) Primero hay que imaginar una persona. Probablemente un hombre, de unos 30 años, que camina sobre una línea de tiempo donde se dibujan las fechas históricas que lo marcan. Su vida empieza en la última dictadura militar. A su infancia la alumbran televisores blanco y negro donde aparecen señores muy formales siempre acompañados por una gran bandera argentina. Se producen largos silencios en la mesa familiar. A medida que crece, la televisión, ya a todo color, muestra un edificio derrumbado y miradas doloridas: una bomba. Pasan los años y la línea de tiempo sobre la que camina ese hombre imaginario tiene resaltadas varias fechas. 1995: explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero. 1999: Lapa. 2003: inundación en Santa Fe. 2004: Cromagnon. A ese hombre lo atraviesan verticalmente varias líneas rojas, mientras que la línea del tiempo ya casi no lo sostiene.
Las formas en que ocurren las tragedias en Argentina, los dramas, las crisis, van minando cada vez más en la gente la sensación de seguridad y de ser sostenidos. "El problema no son las crisis periódicas sino la sensación de que éstas se repiten en un cuerpo agónico sin proyecto de solución, eso es lo que mina a la sociedad", comenta la psicoanalista y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Silvia Bleichmar, para explicar la sensación del hombre en la línea del tiempo.
En opinión de la especialista, quien recientemente visitó la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) en el marco de un encuentro académico realizado en la Facultad de Psicología, lo que caracteriza a algunos hechos dolorosos sucedidos en el país es su grado de brutalidad. "Hemos tenido grandes tragedias –afirma–, me refiero a situaciones traumáticas imposibles de metabolizar o elaborar. Estos momentos no son complicados porque haya muerte sino porque hay maldad. Esto se ve claramente en la tragedia que generó la dictadura".
Desde esta perspectiva, lo que más impacta de los ‘70 no es la muerte, que está "presente en muchos otros países", sino el ensañamiento, la tortura, el secuestro de bebés y la perversidad de los actos. "El hombre está preparado para procesar los decesos, pero no la maldad", reflexiona.
Tragedias esperadas
Muchas de las tragedias sucedidas en el país hubieran podido evitarse. En función de esa posibilidad de prevenir los sucesos, el psicólogo y consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en misiones de tragedia, Sebastián Bertucelli, mide el daño producido. "En términos poblacionales, la calidad de la afectación y del perjuicio varían si el shock es esperado o no. Por ejemplo, en Río Tercero el shock era esperado, la gente no pensaba que podía explotar la Fábrica Militar pero sí la Petroquímica", indica. Para el especialista en este tipo de situaciones, el hecho de que los pobladores de Río Tercero estuvieran "alerta" permitió que 15 mil personas se autoevacuaran en 45 minutos sin ayuda institucional y afrontaran colectivamente el fenómeno.
Otro tanto ocurrió en Santa Fe, donde la probabilidad de inundaciones estaba presente entre los habitantes debido a un registro histórico de anegamientos en esa provincia, aunque no de la magnitud que tuvo el ocurrido en 2003. En este caso, según Bertucelli, a pesar de que la gente conocía acerca de las crecidas y estaba "acostumbrada a convivir en ese contexto", resultó un factor sorpresa que el agua proviniera del río Salado. Aun así, la comunidad se movilizó rápidamente a través de un "mecanismo de proximidad socio-afectiva basado en redes de amigos, parientes y vecinos".
El argumento de la previsibilidad de los acontecimientos señalado por el asesor de la OMS es similar al que utiliza Bleichmar para explicar y diferenciar los casos de Lapa y Cromagnon. "Lapa es el resultado de una negligencia muy severa, vinculada con una omisión criminal. Pero que un avión se caiga está dentro de lo previsible, volar encierra cierto riesgo del que las personas son conscientes", apunta la psicoanalista y señala que, a diferencia de este caso, las víctimas del incendio en el boliche de Capital Federal no tenían "ninguna representación del peligro que implicaba ir a ese recital".
Síntomas del capitalismo
Aunque las situaciones dolorosas están presentes en muchos pueblos, incluso en los países más desarrollados, donde, siguiendo a Bleichmar, tienen "un carácter muy fuerte", ambos especialistas vinculan las catástrofes a la lógica del sistema capitalista.
"Las catástrofes son inherentes al capitalismo, éste las genera constantemente en el afán de obtener cada vez más ganancias. Esto se ve claramente en Cromagnon, donde hicieron ingresar a muchos más espectadores de los que podía albergar el edificio", dispara Bertucelli. El psicólogo argumenta que estas tragedias no se producen "por una casualidad, un error, o simples ‘excesos’ como se dice respecto de la dictadura; sino por la crueldad y ambición desmedida del hombre en su enésima potencia".
En la misma línea se inscribe la opinión de la docente de la UBA, para quien la racionalidad del capitalismo produce "continuamente irracionalidades de todo tipo".
Elaboración social
De acuerdo a Bleichmar, las tragedias argentinas se arrastran por generaciones, se trasmiten fantasmagóricamente y se conforman como "restos del entretejido psíquico de la sociedad".
Ahora bien, ¿cómo se resuelven? Básicamente, a través de la elaboración social y de la acción de una Justicia que permita "liberar a las víctimas de la obligación de venganza". En Argentina, sin embargo, parece prevalecer la falta de resolución legal de los acontecimientos dolorosos y la sensación de impunidad de los responsables. "Las fallas de la Justicia en el país se han manifestado de múltiples formas en la historia –afirma en este sentido–. Eso no da ningún tipo de garantías a la sociedad civil de que los culpables sean realmente enjuiciados y condenados".
Más allá de la escasa respuesta de los tribunales apuntada por la psicoanalista, lo cierto es que una de las formas de afrontar colectivamente las catástrofes son los duelos. Así, las velas al costado de Cromagnon, los santuarios, los momentos de recogimiento. "En Río Tercero los chicos jugaban en las plazas a las bombas, a la guerra; elaboraban el duelo a través del juego. Esa elaboración se veía en las peluquerías, en el almacén, la gente relataba mil veces lo que le había pasado", ejemplifica por su parte Bertucelli. Según explica, la condición necesaria para poder "digerir" las situaciones traumáticas a través de los duelos es que sean realizados frente a pérdidas comprobadas, pero no se pueden llevar a cabo ante la desaparición de un ser querido. "Ahí no hay rituales de elaboración de duelo, sino búsquedas e identificaciones", sostiene.
Sin embargo, el psicólogo expresa que la elaboración del duelo debe ir acompañada de la revisión de algunos mecanismos del proceso militar que siguen vigentes actualmente pero bajo otra denominación, como las denuncias entre vecinos y las llamadas anónimas. "Hoy no se estimula la cooperación, sino que se fomentan las prácticas de acusar y delatar, que aun cuando sean realizadas con fines constructivos, terminan por debilitar las instituciones democráticas", remarca.
La clave para salir adelante, desde su enfoque, está en elaboración de la tragedia a partir de crear una situación nueva. "No nos puede unir el enemigo, nos tiene que unir una idea amiga. Necesitamos una memoria transformadora", concluye Bertucelli.