DEBATE MUNDIAL

La guerra de las etiquetas: ¿Qué sabemos sobre lo que comemos?

Los rótulos en los productos alimenticios deberían estar para informar al consumidor sobre qué contiene el producto, de manera clara y visible. Y por supuesto, de más está decirlo, la información declarada debe ser verdadera y verificada. En nuestro país, esto no sucede. Un estudio del año pasado de la UADE puso en evidencia que nos venden aceite de oliva compuesto principalmente de girasol, miel falsa (azúcar pura), margarina light que promete tener menos grasa que otras y no la tiene. Pero aún más grave: galletitas que declaran tener 0% de sodio y no es cierto (muy riesgoso para hípertensos) y otras que afirman que una porción de 6 unidades pesa 30 gramos cuando pesa el doble (muy riesgoso para diabéticos). En 2016, Chile aprobó una Ley de Etiquetado de los Alimentos que obligó a rotular con advertencias los alimentos altos en calorías, azúcares o grasas saturadas. En Argentina, donde el tema está en agenda, los empresarios quieren un sistema menos riguroso, más parecido al utilizado en Gran Bretaña.

En agosto de 2017, en nuestro país, un estudio de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) encontró irregularidades en el rotulado de productos presentes en las góndolas de los súpermercados, lo que desató la discusión entre el Gobierno y las empresas del sector alimenticio sobre qué cambios se le debían introudcir a la regulación vigente. Pero el tema del rotulado de los productos alimenticios es un tema de agenda en el mundo. Las normas del etiquetado de la alimentación, explica Wikipedia, estan sometidas al derecho alimentario de cada país, aunque deben seguir un conjunto de "buenas prácticas" referenciadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (la FAO).

En el rubro galletitas, por ejemplo, un 17% de las primeras marcas no cumple con lo que afirma en su etiqueta de información nutricional. El porcentaje sube al 50% en las segundas marcas, apuntó Francisco Jueguen del diario La Nación en base a datos de la carrera de Ingeniería en Alimentos de la UADE.

El estudio concluyó que entre el 4% y el 5% de los productos envasados en ese momento en las góndolas, presentaban información errónea o mal declarada en los rotulados de su packaging.

"La conclusión es que ciertos alimentos especulan con la ausencia de control y otros no cumplen con la norma de rotulado obligatorio, establecida en el Código Alimentario Argentino", afirmó la conclusión del análisis técnico. "También se encontraron productos con lotes no declarados, información nutricional mal especificada, RNE [registro nacional de establecimiento] en trámite, entre otros", agregó.

El estudio elaborado por Sebastián Oddone, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas de la Fundación UADE, encontró entre otras irregularidades:
-'Aceite de oliva' que en realidad es 40% oliva y 60% girasol
-'Miel falsa', que se vende como tal pero "en letra muy pequeña" explica que es "un alimento a base de JAF" (jarabe de alta fructuosa, azúcar)
-Margarina light que en su envase dice tener un 29% menos de grasa que otras margarinas similares y un relevamiento de diversos tipos de margarinas, incluso de la misma marca, lo desmiente.
-Información poco clara sobre calorías, por ejemplo en un paquete de merengues que asegura tener 9 calorías. Sin embargo, el consumidor no sabe si refiere a por cada merengue, por porción o cada 100 gramos.
-Galletitas que declaran en su envase "0% de sodio" cuando contienen más de 4 miligramos cada 100 gramos de galletitas. (Muy riesgoso para los hípertensos)
-Galletitas que afirman que una porción de 6 unidades pesa 30 gramos, cuando pesan el doble. (Muy riesgoso para diabéticos)
-Productos vendidos como queso que en la etiqueta dicen ofrecer "rallado" en lugar de "queso rallado", y en realidad se trata de un aderezo a base de queso y almidón (azúcares)

En 2016, Chile aprobó una Ley de Etiquetado de los Alimentos que obligó a rotular los alimentos envasados que contengan alto contenido de calorías, azúcares o grasas saturadas. Estos rotulados incluyen advertencias en la forma de octógonos de color negro con letras blancas con carteles del tipo: 'Alto en azúcares', 'Alto en grasas saturadas', 'Alto en sodio', 'Alto en Calorías'.

En Argentina, la industria alimentaria y el Gobierno firmaron un convenio para avanzar en el tema del rotulado, explica La Nación. Las empresas locales prefieren un sistema más parecido al de Gran Bretaña que el utilizado en Chile, menos riguroso: un especie de semáforo nutricional que alerta sobre excesos de sodio, grasas saturadas y azúcares. Mientras tanto, el ministerio de Salud argentino quiere estándares más duros.

Los críticos del modelo chileno aducen que no educa al consumidor y tiende a la demonización de ciertos alimentos. Las etiquetas no deberían incluir palabras o representaciones que podrían inducir al consumidor a temer el consumo de ciertos alimentos. También existe oposición al establecimiento de medidas fiscales (impuestos o subsidios) que apunten a modificar los hábitos de consumo con el objetivo de prevenir o combatir el sobrepeso, la obesidad y la diabetes, apuntando que no está demostrado científicamente la relación directa entre estas enfermedades y el consumo de algún producto alimenticio en particular. 

Esto también es algo de lo que se habla en el mundo: la posibilidad de subir impuestos a alimentos altos en azúcar, sodio y grasas.

Uno de los puntos clave del debate es si la información nutricional presente en los rotulados debe responder a porciones o al envase entero.

“El etiquetado argentino –dijo Sebastián Laspiur, consultor médico de la Organización Panamericana de la Salud al diario Clarín- no declara azúcares en la tabla nutricional. Es un etiquetado complejo de leer, porque se refiere a porciones y no al envase. Aunque los consumidores sean expertos, resulta difícil de interpretar.”

“Se está iniciando una agenda interesante. Somos optimistas en que la discusión se instale en Argentina y pueda progresar. Como ejemplo, hubo grandes avances en Chile y Ecuador, que implementaron etiquetados frontales”, agregó Laspiur.

Y según la nutricionista Victoria Tiscornia, investigadora de alimentación de la Federación Interamericana del Corazón (FIC) dijo al diario: “El derecho a la alimentación y la información adecuada están siendo vulnerados en la Argentina. Debe haber una regulación de etiquetado integral. El azúcar es un componente crítico, por eso es importante desagregarlo de los carbohidratos totales”.

El tema está en agenda. En octubre de 2017, el Gobierno argentino reglamentó la modificación artículo 235 del Código Alimentario Argentino sobre el etiquetado de alimentos, para obligar a las empresas a rotular correctamente los productos y declarar si contiene algún alérgeno alimentario o un derivado del mismo, publicó en ese momento el portal de la Sociedad de Pediatría de Rosario, en un comunicado del Comité de Alergia e Inmunología. El listado incluye los siguientes alimentos: trigo, centeno, cebada, avena o sus cepas híbridas, crustáceos, huevos, pescado, maní, soja, leche, frutas secas y dióxido de azufre y sulfitos presentes en concentraciones iguales o mayores a 10 ppm.

Hasta el momento, sin embargo, los consumidores no recibimos la información sobre lo que comemos y bebemos de manera clara y visible, verdadera y verificada, como debería ser.