LUNES ABURRIDO, CAMBIO DE QUINCENA

¡Ojo Bullrich & Amigos!: La puerta giratoria de las fronteras no es la única del narco

La puerta giratoria no caracteriza sólo a las comisarías, los tribunales y las cárceles, sino también a las fronteras. No así a las oportunidades laborales, a la movilidad social y a los ingresos de personas físicas y jurídicas. La corrupción y la desigualdad son las bisagras que permiten o bloquean la entrada, salida y viceversa desde y hacia los interiores de los sistemas. Los dos grandes medios aliados al gobierno instalan como tema principal las facilidades que encuentran los narcotraficantes de trasponer los límites del país, lo cual es justificado por las autoridades en la falta de acceso a una información internacional para identificarlos en las oficinas de migraciones, y el efecto positivo que empezaron a surtir los controles de las fuerzas de seguridad nacionales en las provincias norteñas. Así planteado, parece querer transmitir que los convenios con Interpol y el vecindario tanto como los decomisos de marihuana y cocaína en autos que cruzan la droga pondrán freno a la puerta giratoria fronteriza. ¿Y las otras?

Empezó este lunes 16/01/2017 la 2da. quincena de enero, tradicional recambio de temporada en la costa y en las sierras, y el país activo comienza a desperezarse con vistas a un año que se presenta más que complicado, con la economía que no arrancó ni aún manejada por una de sus principales partes interesadas (la empresarial) y un proceso electoral que podría modificar las relaciones en el poder, hacia uno u otro lado de la llamada grieta.

Comulgando con el oficialismo en el círculo rojo y en la pauta publicitaria, a falta de noticias del día el grupo Clarín y La Nación intentan instalar en los medios, en esta bisagra vacacional, un aperitivo de lo que podría ser la agenda de lo que viene: la “paritaria” con los gobernadores, que inició “de oficio” al reforzarle las arcas bonaerenses a María Eugenia Vidal, y el corte del hilo de la vinculación entre el narcotráfico y el delito a través de un mayor control a la inmigración peruana, colombiana y mexicana.

Los medios aliados suben de plano dos potentes frentes de preocupación de la ciudadanía, como la puja por el reparto de migajas entre las jurisdicciones en las que viven y la inseguridad. Los exponen en plena época en que las flaquezas económicas se hacen sentir en el seno de la mayoría de los hogares, sobre todo de los que se enteran por la televisión que hay compatriotas privilegiados que vacacionan en Punta del Este y el Caribe.

La diferencia entre unos y otros reside en el poder adquisitivo de los ingresos, así como en que los haya o no. Pero el denominador común es que continúa una inflación persistente que, si bien le venía de herencia al gobierno de Mauricio Macri y empezó a ceder, pega más de lleno horada la capacidad y la voluntad de consumo ante una actividad inerte y puestos de trabajo amenazados.

Como stagflation figura en los manuales en inglés, cuya traducción literal es sencilla: estancamiento e inflación, que los Ceos del equipo presidencial deberían haber leído pero evidentemente no supieron entender.

La Nación privilegió en su portada del día la relación entre la Casa Rosada y las provincias y que el tipo de cambio está condenado al atraso por los próximos dos años, pero en la web el tema que más atrajo a los visitantes habituales y “furtivos” fue el de la pauta oficial de publicidad.

Al perfil de lector de La Nación no le es indiferente informarse de qué sesgo puede haber detrás de una noticia. Por el propio medio prooficialista se enteró así que el Grupo Clarín se alzó con el 20% del total de la torta publicitaria pública, que sumó entre todos sus medios $ 519 millones en los primeros nueve meses de 2016. Con Cristina había recibido $ 96 millones. SA La Nación percibió $ 118,7 millones contra $ 23,7 millones de 2015. Aunque con la señal de noticias recién lanzada al aire, la expectativa sería que esa participación se vaya multiplicando.

La opinión pública está advertida de que cada cristal a través del cual le muestran la realidad está teñido por el arbitraje de cada medio entre sus convicciones y las tonalidades que les imprimen los sponsoreos. Y está más que a la vista que la ecuación entre el gobierno y los dos grandes diarios en cuanto a publicidad y clima de negocios dio una vuelta de campana en comparación a cómo venía en los tiempos del kirchnerismo.

Hecha la puesta en valor de los enfoques, se nota que el tándem periodístico le apunta a la frontera por donde ingresan tanto las drogas como el know how para comercializarlas aprovechando una cadena de distribución que anida en el delito y los nichos institucionales de corrupción. Clarín aborda la temática desde el punto de vista de la inmigración desde países azotados por el narcotráfico, uno de ellos Perú, adonde fueron deportados la madre y el menor acusado de matar a un chico y a un médico en el barrio de Flores. Precisamente, aunque en este caso favoreció la huída, las deficiencias en el control fronterizo de la seguridad trasladaron a la célebre puerta giratoria judicial al tránsito de un prófugo desde país a otro. Y dieron lugar a que el padre, que se había ido a Chile, le firmara la autorización para salir del país.

No sólo los que huyen se mueven con tanta facilidad, sino que reputados capos mafia de los estupefacientes entran al país como Perico por su casa y se radican con sus familias y alternan normalmente en privilegiados centros residenciales. También sicarios vienen y van cuando de ejecutar contratos se trata, sembrando además de las muertes la sensación de impunidad que parece tornarlos invulnerables. Infunden terror territorial por la violencia y la ferocidad con que actúan, pero el miedo se acrecienta cuando quienes conviven con ellos bajo las mismas jurisdicciones saben que gozan de protección parainstitucional.

Es falsa en este caso la disyuntiva de si está primero el huevo o la gallina. Clarín le da la derecha en su principal artículo de portada en papel y la home al director de Migraciones, Horacio García, cuando dice: “Si un narcotraficante cumplió su condena en su país, no tiene pedido de captura de Interpol y llega a Ezeiza, hoy no tenemos manera de saber su prontuario y, por lo tanto, ingresa”.

En cualquier caso sería loable la intención de acelerar la firma de convenios de intercambio de base de datos con países de América Latina para filtrar el ingreso de extranjeros con prontuario delictivo, pero simultáneamente, como política de Estado, debe abordarse qué facilidades encuentran dentro de las fronteras para querer trasponerlas. ¿Quiénes los traen y les dan soporte? ¿Quiénes encubren ese sistema y a cambio de qué? Qué negocio se incuba en un país de vasta geografía y magra (aunque concentrada) densidad poblacional, que por más que tenga un alto porcentaje de adictos está muy lejos de constituir un “mercado”, como el brasileño o el mexicano dentro de la región, o como los europeos.

Controladores cuestionados

Suena raro que el jefe de la Aduana y el de los servicios de inteligencia estatal de la administración macrista estén en la picota por denuncias de corrupción. O son estratégicos puestos de peaje irresistibles para la venalidad humana o constituyen blancos perpetuos de ataque para los interesados en debilitar su capacidad de acción a fin de someterlos.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, prefiere expulsar las responsabilidades depositándolas en la Interpol. Aduce que sin información sobre los extranjeros que ingresan es imposible saber si tienen prontuario. Pero la pregunta en todo caso sería por qué una vez purga que están en el país tienen facilitada la operación.

La Nación expone otra esperanza oficial en reforzar aún más los controles a partir de una reforma de la ley de zonas de seguridad en las fronteras. La apoya en datos de Gendarmería según los cuales en Misiones el registro de incautación de marihuana creció 726% con relación a 2015. Y que algo similar ocurrió en el eje del movimiento de cocaína por las rutas de Salta y de Jujuy, donde se aumentó la captura de esa droga en casi el 300% en la comparación de los últimos dos años.

En el marco de este enfoque parcial del combate al crecimiento doméstico del delito organizado, Clarín ya estuvo difundiendo la estadística oficial que puntualiza que la proporción de extranjeros en las cárceles es la misma que la de las calles, puerta giratoria mediante. Una purga inmigratoria exitosa sería inclusive beneficiosa para “todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino”, que destaca el Preámbulo de la Constitución Nacional, en busca de oportunidades de trabajo o de formación universitaria, a quienes injustamente se suele incluir en las mismas ponderaciones que sus compatriotas delincuentes.

En ese sentido, transcribe el artículo una opinión “genérica” del gobierno en torno a que “no tenemos problemas en recibir estudiantes o personas que quieran venir al país, pero no queremos que gente que realiza actividades delictivas en sus países luego venga para acá. Tenemos que dejar de ser un colador”.

Al atenuante periodístico que pretende desvincular la óptica oficial sobre la necesidad de controlar el ingreso de narcotraficantes al país de cualquier connotación xenofóbica le falta la asignatura pendiente de su aliado estratégico gubernamental, que es eliminar las fronteras políticas fijadas arbitrariamente para la corrupción, a la que se muestra ante la opinión pública como sinónimo excluyente de kirchnerismo.

Si así fuera, relevado el gobierno desde hace poco más de un año, los narcos estarían más pendientes de aprovechar las franquicias fronterizas para irse que para entrar. Como sucedió con el caso policial de los Brian.