VAYAN TOMANDO NOTA

Cuasi-corralito al acecho (crece y crece la deuda del BCRA)

Un canje inducido u obligatorio de Lebacs que totalizan casi $600.000 millones sería la consecuencia de un cronograma decreciente de su emisión que está tanteando entre los principales banqueros el supersecretario de Finanzas, Luis “Toto” Caputo, comisionado para acercar posiciones entre el ministro Prat Gay y el titular del BCRA, Federico Sturzenegger.

 

Luis Caputo promete a los representantes de la banca para la que hasta hace no mucho trabajaba, una recategorización impositiva que equipare el rendimiento neto ofrecido por estas letras de absorción monetaria con el de los plazos fijos, en torno de los 10 puntos.

Para ello, él los intenta convencer de un canje parcial de Lebacs por Bonac, fórmula a la que el titular del BCRA, Federico Sturzenegger, no adhiere. Es que un creciente número de inversores privados entró en las licitaciones de Lebacs, sea por su cuenta o de la mano de los propios bancos, a beneficiarse con tasas una cuarta parte mejores que el plazo fijo que más paga. Claro que si no los consideraran títulos públicos exentos y les cargaran ganancias y bienes personales se equipararían a los rendimientos del mercado.

Por ese motivo, tanto Sturzenegger como Alberto Abad, titular de la autoridad tributaria AFIP, ratificaron que no pagarán ninguna recategorización.

De todos modos, la urgencia en ir inmovilizando un stock de Lebacs que ya suma casi $580.000 millones (equivale al 40% de los depósitos bancarios), y cuyo 60% se renueva todos los meses, es que ya amasó en 4 meses un déficit cuasifiscal en torno de los $45.000 millones, el que a su vez demandará emisión monetaria para enjugarlo.

El problema es que caen cada vez más rápido las fichas del taxi de las tasas y se acortan los plazos de renovación de las Letras del Banco Central que absorben la emisión monetaria para esterilizar a una tasa hoy medio punto más baja que la de ayer: 37,5%, la inflación atizada por los propios ajustes tarifarios y de combustibles.

Sturzenegger está persuadido de que sólo si baja la inflación se podrá cortar la bicicleta financiera dólar-tasas en pesos-dólar que aceptaron grandes operadores del mercado e incluso no pocos inversores particulares. Pero la bomba de los Labacs ya alteró los nervios del ministro de de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay (no ministro de Economía), quien quiere ponerle punto final para que la salida del default pueda activar inversiones, que compitiendo con una tasa del 37,5% para prestarle al Banco Central, nadie activará.

Aunque Mauricio Macri haya decidido que la gestión económica de su gobierno se asemeje a un monstruo de mil cabezas, tuvo hasta ahora un resultado único: planchar el dólar a casi los mismos 14 de la salida del cepo en diciembre, pero sin haber podido amortiguar la presión inflacionaria que espiraliza los precios desde que el tipo de cambio oficial arrancó con un salto mayor al 45% y se fueron incorporando los ajustes tarifarios de los servicios públicos y de los combustibles.

Se reflejan en los números de abril: Elypsis calculó una inflación del 6,9% en la Ciudad de Buenos Aires; y Bein & Asociados, del 7,2% en el área metropolitana.

Pero el problema no consiste sólo -nada menos-, que se acelerase la desvalorización del poder adquisitivo de la moneda, sino que encima se amasó un explosivo cóctel monetario prácticamente dependiente de una única herramienta para contrarrestarla: las llamadas Letras del Banco Central, o Lebacs.

Con un stock que en 5 meses ya se acerca a los $500.000 millones y equivale a las 3/4 partes de la base monetaria, se multiplica a una tasa que hasta hace un par de días era del 38% y desde ayer (martes 03/05) la conducción de la calle Reconquista 166 redujo en medio punto.

Hasta ahora, y vale la pena no olvidarlo, el 60% de esa masa debe ser renovado mensualmente. La cuenta tiene 2 incógnitas si se quisiera proyectarla en el tiempo: la tasa de interés y la inflación a la que ésta será vinculada.

Para tener una idea estática, si se congela la existencia de Lebacs en el mercado y se le carga el actual interés anual, en abril de 2017 se estaría hablando de $ 660.000 millones a cancelar. Y una comparación directa entre lo que paga el BCRA por 35 días y lo que descuenta la inflación de abril diluiría en términos reales el negocio financiero que encontraron servido los bancos con tasas que, si bien superan largamente a las que pagan a los ahorristas por los plazos fijos, quedan a mitad de camino de las de crecimiento de los precios de la economía.

Por esto último, en diciembre y enero las entidades financieras registraron una ganancia calculada en casi $8.000 millones.

Los Lebacs actualmente equivalen al 40% de los depósitos del sistema bancario y se está dando el caso de que los particulares se cuestionan recibir del Citibank 23% anual por los plazos fijos, o 27% del Banco Nación, o el 29% del HSBC o el 30% del Hipotecario, si esos mismos fondos las entidades los derivan a las letras al 37,5% hoy, o al 38% hasta el 03/05.

De este modo, hubo casi 13.000 ofertas de inversores particulares en las últimas licitaciones por unos $12.500 millones en total, que saltearon la intermediación bancaria. La reacción de muchos bancos fue servirles de agentes para canalizar ellos mismos esa operatoria a los clientes, con lo cual es la gente, además de Anses y  la banca oficial, la que deposita su dinero en el Banco Central.

La bola de nieve crece a razón más de $ 230 millones diarios que devenga la tasa que devengan los Lebacs, con lo que las emisiones a tasas altas sumarán pagos de intereses por unos $200.000 millones a lo largo de este año. La cuenta surge de comparar que, si durante todo 2015 el BCRA de Alejandro Vanoli había abonado $68.000 millones, en el actual de Federico Sturzenegger, transcurrido apenas un tercio, se llevan desembolsados más de $45.000 millones.

El agravante es que aún persiste la diferencia entre las expectativas de los que manejan los capitales sobre la marcha de la inflación y la idea de tasas de interés decrecientes que tiene el gobierno de Macri.

La consecuencia es que la política que se vino aplicando que hizo crecer la cantidad de Lebac y los rendimientos ofrecidos hasta el mes pasado en las licitaciones estrecharon los márgenes de maniobra, a punto tal que el BCRA se ve obligado a reducir el plazo promedio del stock de Lebacs a poco menos de 50 días, cuando durante el gobierno de Cristina Kirchner, el año pasado, ese lapso era cuatro veces superior.

La autoridad monetaria emite, muchos menos que la anterior, pero emite y absorbe los pesos con Lebacs a elevadas tasas. Si el año finaliza con un promedio de $500.000 millones de estos títulos stockeado, y la tasa media se ubica en 30% (partiendo las diferencias entre el mercado y los funcionarios), el déficit cuasifiscal que arrojará esta política ascenderá a $150.000 millones, el cual genera su propia expansión monetaria que se agregará a los otros rojos del fisco, los cuales requerirán nuevo financiamiento.

Sturzenegger y compañía soplan el calendario para que pase este mes y quede prácticamente cancelada la deuda por los contratos de dólar futuro efectuados por la anterior administración, que totalizaron entre $60.000 y $70.000 millones, a fin de despejar un poco el panorama.

Semejante volumen concentrado en el día a día monetario restringe cualquier decisión privada de tomar créditos o realizar inversiones a través del sistema bancario, y la que siente el efecto aspiradora hacia las arcas estatales es la actividad económica, que este año ya hay estudios que vaticinan que será del 2%.

El viejo truco del tipo de cambio atrasado

El atraso cambiario es otra de las luces naranjas que encendió esta estrategia, recurrente con la que se puso en práctica 13 veces en el país, según una serie que elaboró Martín Redrado. El final es conocido: devaluación y ajuste.

Ahora, el tipo de cambio está planchado en $14, los exportadores de granos bajaron el ritmo de liquidación de divisas y las importaciones de bienes intermedios, roto el cepo, apenas subieron 3% en el 1er. trimestre, cuando caían 5% después de la devaluación de enero de 2014, según estimó el vicepresidente de IEERAL, de la Fundación Mediterránea, Jorge Vasconcelos, quien compara que si las exportaciones ahora suben 20% interanual en volumen, en igual período de 2014 caían 10%.

Podría ser que el BCRA dejara ir un poco el dólar para bajar la tasa, pero siempre que la inflación también haya inclinado la curva hacia abajo.

Otra de las ayudas esperadas con ansiedad es el préstamo contingente para sumar reservas de US$ 5.000 millones, con vencimiento a fin de año, por el que se entregarán en garantía bonos por US$ 10.000 millones, a un costo de US$300 millones (equivalentes a $ 4.500 millones). La transacción fue liderada por el JP Morgan y Deutsche Bank, los mismos beneficiarios, junto con otros colegas que participaron de los contratos a futuro del dólar, junto con clientes, de las altas tasas de interés, y ambos integrantes del CV del secretario de Finanzas, “Toto” Caputo.

El juego que se les abre consiste en esperar los vencimientos de las Lebac y apostar a que el dólar no suba, o asegurarse la renta mediante contratos a futuro o un seguro de cambio, que es lo que están haciendo muchos grandes financistas para conseguir un rendimiento netos del 20 por ciento anual en dólares. En la principal plaza de negociación de futuros y opciones –Rofex- se contabilizaron 12,5 millones de contratos, 106% más que en marzo de 2015.

El elogiado negociador del Palacio de Hacienda en Nueva York trata de convencer a los directores financieros de los principales bancos (BBVA Francés, Santander, Comafi, HSBC, ICBC, Macro, Nación y Galicia) para descomprimir la bicicleta de los Lebacs, e ir migrando hacia los Bonac. Y así, para que la nota sea circular, casi borgeana, volvemos al inicio: avisó que trabaja sobre un cambio en la naturaleza jurídica de las Lebac y Nobac en cuanto al concepto de títulos públicos que los exime de tributar Ganancias y Bienes Personales, que no termina de convencer ni a Sturzenegger ni a Abad, pero que si prosperase haría bajar el rendimiento neto de los Lebacs al 28% en lugar del 38%, con lo que se pondría a tiro de un canje por Bonos en circulación.