DEFINICIONES DEL PARTIDO JUSTICIALISTA

El Gran Dedo, la democracia peronista que no le sirve a la Argentina

El Gran Dedo es la democracia justicialista: el General no se consideraba incluído en la democracia partidaria, y sus seguidores decidieron imitarlo. La gran excepción fue la interna de 1988 para elegir candidato presidencial, cuando Carlos Menem se impuso a Antonio Cafiero. Así, es obvio que con un peronismo que no cree demasiado en la democracia interna resulta tan complicado construir una democracia, y se entiende que 31 años después de recuperado el sistema participativo, la Argentina siga en transición. El kirchnerismo no hizo aporte significativo alguno, más bien involucionó todo. El peronismo como partido político se encuentra viciado y asfixiado. El peronismo como movimiento busca un futuro diferente al del partido político peronista. Hay oportunidad de recrear las estructuras partidarias pero falta decisión, creatividad y más trabajo militantes de los defensores de un nuevo sistema. Pero el tema ya está planteado hace tiempo y sigue avanzando, aún a pesar de todos y de todas. El Gran Dedo como sistema impera en el PRO de Mauricio Macri, por lo cual su propuesta de "nueva política" es muy pobre. Y el Frente Renovador debe cuidarse de no caer en ese exceso. Sergio Massa debe habilitar a que todos compitan con todo en comicios internos transparentes. Será una gran demostración de cambio hacia el post peronismo. Hay que rescatar el buen ejemplo de UNEN, algo que deberían revisar también los de la UCR, sometidos a una metodología que necesita cambiar. Sin partidos políticos renovados no hay democracia recuperada. Buen inicio de la columna del autor, por radio El Mundo:

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). Alinear la tropa es una de los esencias del liderazgo peronista y, por lo general, de las estructuras populistas. Es una demostración de poder indiscutible, tal como lo es ubicar a quién se quiere, en el cargo que se desee. Y eso es lo que hizo Cristina Fernández el viernes 09/05, cuando, a dedo, conformó la nueva conducción del Partido Nacional Justicialista.
 
Tal como era sabido, el insípido, inodoro e incoloro gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner, fue electo presidente partidario. Es el mismo hombre que ocupó la transición entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner; y hoy es la bisagra entre el vacío dejado por la muerte del santacruceño + la renuncia de Daniel Scioli, obligado por la Presidente de la Nación; y el próximo liderazgo que tendrá el peronismo, cuando se elija al heredero de Cristina Fernández.
 
Los 4 vicepresidentes expresan las 4 alas que tiene el peronismo:
 
> Jorge Milton Capitanich representa a los Gobernadores y la “Rama Política”;
 
> Beatriz Rojkes de Alperovich es también una presencia que recuerda a los gobernadores, en especial a los que no se originaron en el PJ ya que los Alperovich vienen de la UCR; y a la “Rama Femenina”;  
 
> Eduardo De Pedro, alias "Wado" es la “Rama Juvenil”, La Cámpora; y Unidos y Organizados; y
 
> Antonio Caló es la “Rama Sindical”.
 
Todos de probada fidelidad.
 
Lo curioso es que se crearon “Vicepresidencias Honorarias” para los “presidenciables” del kirchnerismo: el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez; el senador nacional Aníbal Fernández; los ministros de Interior y Transporte, Florencio Randazzo; y de Defensa, Agustín Rossi; y los gobernadores de Buenos Aires, Entre Ríos y Salta, Daniel Scioli, Sergio Uribarri y Juan Manuel Urtubey, respectivamente.
 
Es la primera vez que los “presidenciables” del peronismo no tienen un rol político real y se les crea una figura honoraria, lo que implica que todos fueron “bendecidos” por Cristina Fernández para competir por reemplazarla. En el fondo, hizo lo que Néstor Kirchner hacía en el pasado: daba un guiño a todos, los dejaba que se enfrentaran y desgastaran y, él, terminaba por elegir a “su” postulante según lo que indicaban las encuestas.
 
Esta fórmula permite al liderazgo de turno, en este caso Cristina Fernández, a no tener roces ni desgastes innecesarios, alimentando un enemigo que, en el futuro, puede ser peligroso. Es lo que sucedió en 1999 con Carlos Saúl Menen y Eduardo Duhalde y que terminó por evitar que el famoso exguardavidas lograra ser Presidente de la Nación por las urnas; mientras que en 2003, el riojano fue traición de aquellos que, a su vez, había traicionado cuatro años antes y no le permitieron ir a la segunda vuelta.
 
La estrategia aplicada por Cristina Fernández en los últimos 3 meses permitió no sólo encolumnar detrás de su figura al Partido Nacional Justicialista en forma institucional, lo que le asegura tener el control del nombre “peronismo”, del partido, del sello con las caritas de Juan Domingo Perón, Evita y Néstor Kirchner, la simbologías, que suele se claves para las elecciones, pese a que hoy ya no arrastre votos, entre la militancia.
 
Además, si bien Cristina Fernández no tiene el 100% del control del Partido Nacional Justicialista, ninguno de sus potenciales enemigos podrá tenerlo, lo que asegura que la agrupación siga siendo un apéndice del Frente para la Victoria, dando por tierra al plan que tenía Daniel Scioli y un grupo de gobernadores, quienes soñaron con independizar al PJ del kirchnerismo para las elecciones del 2015.
 
El viernes, Cristina Fernández demostró que aún conserva gran poder real, que el famoso “Síndrome del Pato Rengo” no la afecta dentro del peronismo. Por eso ella pudo someter a los gobernadores e imponer los nombres, crear los cargos e igualar a “presidenciables” en una misma alineación. Sin duda, una muestra del porqué el kirchnerismo ha podido estar 11 años al frente del Poder Ejecutivo Nacional y ser la fuerza política dominante.
 
Pero detrás de esta confirmación de la capacidad de negociación y fuerza presidencial se oculta el fin de la fantasía del kichnerismo de eternizarse en el poder. Aceptar que hay media docena de “presidenciables” dentro del peronismo es un reconocimiento implícito que Cristina Fernández no intentará planes reeleccionistas y que el 10 de Diciembre de 2015 deberá entregar el cetro, la banda y el Sillón de Rivadavia a otra persona.
 
Es más, el kichnerismo reconoció el viernes que no puede vivir sin el peronismo. Saben que sin la estructura, capacidad de movilización y mística que tiene el Partido Nacional Justicialista, el Frente para la Victoria no puede existir. El sello de goma vuelve a ser un sello de goma y deja de ser un partido creado para ser “la versión evolucionada del peronismo”, como dijo el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, hace unos 11 años, apenas asumido como Presidente de la Nación, Néstor Kirchner.
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La Cámpora, Unidos y Organizados, y el Frente para la Victoria son intentos truncos de institucionalizar el kirchnerismo que no han logrado reemplazar al Partido Justicialista, ni a las ramas “Política”, “Sindical”, “Femenina” y “Juvenil” creada hace más de 60 años, lo que confirma que “la organización vence al tiempo” y, se podría agregar, a los oportunistas.
 
Pero la jugada política que la Casa Rosada celebra como exitosa, también es festejada por Daniel Scioli que, no sólo quedó dentro de la estructura del Partido Nacional Justicialista, sino también, fue elegido entre los “presidenciables” del peronismo, justo lo que venía esperando desde hace meses, cuando decidió lanzar su candidatura.
 
Daniel Scioli cree, y las encuestas le dan la razón, que si compite en internas abiertas, le puede ganar los otros “Vicepresidentes Honorarios” que seleccionó Cristina Fernández. Incluso, él cree que derrotar a los máximos representantes del kichnerismo (tal como Sergio Urribarri), lo fortalece para la externa, en vez desgastarlo, como especulan algunos analistas.
 
De la nueva estructura del Partido Nacional Justicialista quedaron fuera todos los gobernadores peronistas que no tienen proyectos presidencalistas, entre ellos José Manuel de la Sota; los sindicalistas que acompañan a Hugo Moyano y, sobre todo, Sergio Massa y todos los que adhirieron al Frente Renovador.
 
Así, se formalizó un “adentro” y un “afuera” del peronismo, justo lo que querían los estrategas de Cristina Fernández, Daniel Scioli y Sergio Massa, conformando el escenario que todos aspiraban. Incluso, el macrismo y el Frente Amplio UNEN celebraron la virtual atomización del peronismo.
 
Desde la oposición había una fuerte apuesta a tener 2 peronismos compitiendo el año que viene. Incluso 3, pensando en Mauricio Macri como un “filoperonista”. Era un escenario electoral similar a 2003, donde podría “colarse” en la 2da. Vuelta un no peronista. Y, en ese sentido, hacer lo mismo que Néstor Kirchner hace 11 años: intentar imponerse al candidato del kirchnerismo por la simple suma del voto antikirchnerista.
 
Esta estrategia demuestra la falta de confianza que se tiene la oposición en crear un proyecto alternativo superior al kirchnercristinismo o al peronismo, dado que se tiene que apoyar en el desprecio de la sociedad a cualquier intento de continuidad del actual gobierno para poder para ganar.
 
Apostar a la atomización peronista es no entender que hay millones de votantes independientes que definirán la elección hacia uno u otro lado, como lo hicieron en Octubre pasado.
 
También Sergio Massa celebra el nuevo armado del Partido Nacional Justicialista. Él cree que Daniel Scioli se debilitará en una interna sangrienta. Hoy, las encuestas dicen que es la mejor opción contra el Gobierno y supera en intención de votos a Mauricio Macri y todos los candidatos del Frente Amplio UNEN juntos.
 
Desde hace meses que los asesores de Sergio Massa apostaron a ir a elecciones en 2015 sin la estructura del PJ, sin los símbolos del peronismo, sin la estructura formal peronista y con el voto independiente como cantera. 
 
El cálculo que hizo el massismo es sencillo: el kirchnerismo controla al grueso de los intendentes que tienen más de tres mandatos en el poder. Son los alcaldes jóvenes los que apoyan a Sergio Massa y apuestan a un recambio generacional dentro del peronismo y prefieren apostar a ser gobernadores, legisladores o más aún. No se quieren “atornillar” en sus cargos. Los pocos “viejos” intendentes que dicen seguir a trigrense, sabe que un proyecto de ley limitando reelecciones nunca pasará las legislaturas y lo aceptan.
 
Con lentitud, el Gobierno diseña el escenario electoral donde la batalla por la Presidencia de la Nación se peleará. Todos creen que las piezas se muevan a su favor, pero es demasiado temprano para decirlo. Falta casi un año para las primarias y para elegir a los candidatos definitivos que competirán a nivel nacional y provincial. Pero, mientras tanto, los problemas se acumulan, dado que no aparecen soluciones.
 
Después de casi 3 semanas, reapareció en los medios el ministro de Economía, Axel Kicillof. Y mientras los operadores económicos esperaban medidas de ajuste fiscal, hizo una larga diatriba sobre los “Precios Cuidados” y repartió multas, como si eso fuera una solución para la inflación.
 
En su reaparición, Axel Kicillof volvió a disilusionar. Se espera mucho más de él, en especial, dentro del oficialismo. Su inacción y la obstinación en reconocer los problemas reales (y no tomar medidas para solucionarlos), pone en juego todos los planes políticos de la Casa Rosada y de los “presidenciables” del kirchnercristinismo, dado que a esta alturas, muchos creen que la votación en 2015 se realizará, en el mejor de los casos, saliendo de una profunda recesión; si no es que se vota en plena estagflación. Y nadie vota a un oficialismo, o su continuidad, en medio de una crisis económica. Por eso, crecen las ilusiones en la oposición. El juego, recién comienza, para vota, aún falta demasiado.