Sexo y reventón: el implacable reloj de las vanidades

Un grupo de psicólogos estadounidenses realizó un estudio tratando de ver cómo va evolucionando la valoración que hacen de los posibles 'levantes', tanto hombres como mujeres. El resultado fue contundente: a medida que pasa el tiempo, ¡si es humano mejor!

Un grupo de psicólogos de la Universidad de Washington realizó un curioso estudio en bares y boliches, tratando de ver cómo va evolucionando la valoración que hacen de los posibles levantes, tanto hombres como mujeres.
El resultado fue previsible: a medida que pasan las horas las aspiraciones decaen, ¡hasta niveles indecibles!
A primera hora de la noche, cuando acuden al local con el ánimo de entablar conversación y levantar, las aspiraciones son muchas y tienen un gran nivel de exigencia. Se valora la belleza, la ropa que lleva, el nivel económico, si tiene un buen auto.
A las dos de la madrugada son aceptables muchas de las personas que no lo hubieran sido antes. No tienen que ser tan lindas, ni ir tan bien vestidas… Conforme va pasando el tiempo, a las cuatro de las mañana, hay muchos más candidatos y candidatas aceptables, y a las seis de la mañana, se ha bajado tanto el nivel de aspiración que se pueden ir con cualquiera.
Por lo visto es la mejor hora para levantar para las personas con más interés por entablar relaciones.
En el estudio no se habla de qué papel juegan factores como los niveles de alcohol, el agotamiento de tantas horas fuera de casa, la frustración y el golpe a la autoestima que supone desear y no ser correspondido. Pero los resultados son concluyentes.
No extraña que a última hora se baje el nivel. Podemos observar muchas veces cómo, en los negocios, los vendedores bajan sus precios y su nivel de aspiración sobre el objeto en venta cuando están a punto de cerrar.
A esa hora se pueden conseguir buenas gangas. El mecanismo psicológico es el mismo: o lo vendo a este precio o no lo vendo ya. Y el de la persona que va a levantar es similar: con la hora que es, o me quedo con este/a o me voy solo/a.
El reloj, implacable, convierte en posible lo que hace unas horas la vanidad rechazaba.