CIUDAD DE BUENOS AIRES (
El colaborador de Rovira monologó telefónicamente con EDICIÓN i: "Vamos a ganar porque tenemos $ 30 millones para gastar en esta elección. En Misiones es mucho dinero. Hoy ya le dimos vuelta un sector del PJ que dejó el FUD y se vino con nosotros. Esto de candidatos que no son de la política no va a gustar porque es mejor malo conocido... Sí, podemos perder en Posadas pero en el interior arrasamos. Controlamos el 95% de los intendentes y ellos van a controlar el voto de esa gente. Ustedes en Buenos Aires digan lo que quieran pero aquí nadie los va a escuchar. Apenas hay un vuelo diario. Los diarios porteños llegan casi a la noche y se distribuyen recién al otro día. ¿Mariano Grondona le hace publicidad al obispo Piña? Acá sólo lo ven quienes tienen TV por cable, unos 100.000 hogares. La oposición no tiene cómo comunicar nada. Los vamos a hacer pelota. ¿Dicen que Rovira roba? Sí, pero también hace, y mucho. Además, lo peor que le pudo pasar a la oposición fue que Ramón Puerta comience a decir que él está detrás de Joaquín Piña. Eso lo parte al medio al obispo porque aquí nadie quiere a Puerta. Robó como Rovira pero no hizo nada".
Brutal. Feroz. Salvaje. El hombre del gobernador Carlos Rovira explicó el plan de batalla, y agregó: "¿Vos creés que la gente va a votar a los jesuitas? La gente quiere ver en la política a los políticos. Ahí están diciendo que los evangélicos se aliaron a ellos pero son apenas dos iglesias, el grueso va a estar con Rovira porque el vicegobernador Pablo Juan Tschirsch es un pastor bautista..."
Existe un discurso gubernamental que afirma: "La política es para los políticos". Los políticos profesionales han declarado que la política es su coto de caza, donde prevalecen sus códigos, usos y costumbres. La política es clientelística. Los políticos alientan el populismo. Prohibido ingresar a quien intente una conducta diferente.
Desde 1983, todos los esfuerzos por cambiar la política han fracasado. Al contrario: la política se ha degenerado, incorporó más corrupción, acumuló frustración popular y privilegios para los políticos. Eliminó la militancia vocacional para imponer la afiliación rentada. La política ya no es el escenario propicio para darle contención a las convicciones e ideales. Solamente se trata de una salida laboral que premia la superficialidad, la genuflexión, la verticalidad.
El obispo de Puerto Iguazú, Joaquín Piña, desafió el intento de reelección infinita del corrupto gobernador Carlos Rovira, un firme aliado de Néstor Kirchner, y al igual que otro corrupto gobernador, Gildo Insfrán, de Formosa, Rovira intenta la reelección infinita.
Hubo un obispo que lo intentó en el pasado reciente y fue con éxito: monseñor Jaime de Nevares ganó los comicios de convencionales constituyentes en Neuquen, el 10 de abril de 1994. En una confusa situación, más tarde de Nevares no asumió como convencional nacional, lo que opacó su desempeño que hubiese acotado definitivamente la hegemonía (y el abuso) del Movimiento Popular Neuquino.
En el año 2006, la orden de los políticos es derrotar a Piña no solamente por simpatía con Rovira sino para que a todos los interesados, en cualquier otro distrito electoral, les quede en claro que la política es para los políticos. La gente no puede participar si no acepta las condiciones que imponen los políticos. ¿A quién le importa la democracia representativa? Bienvenidos al mundo real.
JUAN CARLOS BLUMBERG
La marcha a Plaza de Mayo, el jueves 31 de agosto, organizada por Juan Carlos Blumberg, resultó un formidable desafío a la corporación política tradicional.
Blumberg logró movilizar, sin dinero, igual cantidad de personas que el presidente Néstor Kirchner apelando al superávit fiscal primario para convocar a argentinos necesitados de que el Estado cumpla con su rol de garantizarles trabajo, salud, educación, seguridad y justicia digna. En cambio Kirchner y la corporación política estándar se apropian de los recursos y someten a esos argentinos, obligándolos a mendigar asistiendo a Plaza de Mayo por $ 50, la comida y el transporte para cada uno.
En cambio Blumberg pudo recordarles cómo era la política en el pasado. Allá por los años ’70 que tanto reivindica el Frente para la Victoria. Juan Perón no practicaba la leva de los humildes. Los convocaba y ellos, radiantes, acudían porque creían que así le daban fuerza a su líder para que continuara intentando modificar la realidad cotidiana porque así los beneficiaría promoviendo la movilidad social.
Desde que la democracia fue recuperada no han abundado las movilizaciones espontáneas y por eso llaman la atención que alguien consiga realizarlas. Raúl Alfonsín pudo hacerlo en varias ocasiones hasta que en el año 1987, ante una Plaza de Mayo completa, mintió descaradamente con su "Felices Pascuas, la casa está en orden", y ya no pudo movilizar como antes.
Su sucesor, Carlos Menem, pudo concretar la ‘Plaza del Sí’, que debió ser el inicio de una transformación profunda de las prácticas políticas argentinas. Pero Menem tuvo temor de las consecuencias y terminó pactando con la política convencional en degeneración.
Menem ya no pudo convocar otra vez. Sí lo lograron sus adversarios, que lograron algunas movilizaciones importantes en los días cuando la Alianza UCR Frepaso ilusionaba con una nueva Argentina. Pero Fernando De la Rúa y Carlos Álvarez se encargaron de frustrar colectivamente a propios y extraños. La Alianza perdió fervor popular y aquella administración se murió.
Desde entonces, nadie ha logrado, hasta Blumberg, movilizar espontáneamente a miles de argentinos. Por eso Blumberg es peligroso.
Entonces, los políticos que acompañan al Presidente le advierten a Blumberg que no debe / no puede ingresar a la política. Que debe conservar su rol de militante social. Que no se le ocurra cruzar la barrera porque es peligroso. "Perdería el apoyo de las multitudes", le advierten como si les importase. Si esto fuese cierto, ellos serían los primeros en alabar el ingreso de Blumberg a la política porque muerto el perro se acabó la rabia.
"La opinión pública considera que Blumberg debe mantenerse como militante social contra la inseguridad", declaran los encuestadores que viven en forma opípara a cambio de satisfacer a Néstor Kirchner con sus interpretaciones de la realidad. Pamplinas. "Maldito Blumberg, que ni se le ocurra venir a quitarle el trabajo a los políticos profesionales", murmuran con preocupación. Podrían ocurrir acontecimientos imprevistos y trágicos. Por ejemplo, que Blumberg pretenda introducir la meritocracia, la transparencia y el imperio de la justicia. Los políticos argentinos no tolerarían el impacto de semejante transformación. "Frenen a Blumberg. Deténgalo. Sáquenlo de la cancha", es la orden que imparten. No es una cuestión de políticas contra la inseguridad ni modificaciones en la legislación. Es algo más profundo y que no debe expresarse en público.
NUEVA DEMOCRACIA
En verdad, la política es la expresión de la democracia representativa. En verdad, se trata de ejercer los derechos que tiene todo integrante de la sociedad. Cualquier ciudadano se encuentra invitado a participar. Resultaría óptimo que todos quisieran hacerlo.
¿Por qué se pretende ubicar un biombo entre la política y los militantes sociales? Toda una curiosidad. Probablemente en aquellos tiempos cuando existía la militancia y los aspirantes a dirigentes políticos asistían a las escuelas de capacitación y liderazgo, podrían haber cuestionado el arribo de la competencia desleal. Sin embargo, hoy día ¿qué atributos tienen los políticos profesionales que le impida a un Piña o a un Blumberg participar?
La democracia representativa se encuentra en crisis. En parte, porque no ha logrado satisfacer las necesidades de millones de argentinos. La democracia participativa plantea una etapa superadora, pero los políticos no desean el cambio.
En el pasado, la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones y en el seguimiento y evaluación de la gestión de los funcionarios y de las entidades públicas se limitaba, en el mejor de los casos, a elegir a sus representantes. Es decir, no existían mecanismos ciudadanos para proponer, discutir, controlar, reclamar, o siquiera incidir en las instancias de decisión locales, departamentales o nacionales. Lo anterior generó un sentimiento de exclusión y apatía entre la ciudadanía, que con el tiempo se ha convertido en incredulidad y distanciamiento de los argentinos con relación a la política, las instituciones y los gobernantes.
La democracia participativa supone un sistema de toma de decisiones y un modelo de comportamiento social y político que se fundamenta en el pluralismo, el respeto a las diferencias, la protección de los derechos y libertades y busca proyectar la responsabilidad de los ciudadanos en la toma de decisiones colectivas. Debería concebirse, además, una estructura de Estado que permitiera el acercamiento de los ciudadanos a sus entidades y facilitara el control de los mismos sobre las decisiones tomadas por las autoridades.
Si los ciudadanos tomaran conciencia de la importancia de participar activamente en el proceso democrático, contribuirían al mejoramiento de las instituciones para lograr una mayor transparencia y visibilidad de todos los sectores sociales.
Quejarse en forma permanente de los gobernantes no resuelve los problemas. Quienes eligen a esos gobernantes tienen su cuota de responsabilidad. Además de elegir bien, los ciudadanos deben hacer un seguimiento de la tarea de los elegidos. De esto trata la democracia representativa.
OUTSIDERS
Carlos Menem tuvo la intuición de que la sociedad exigía nuevos rostros, que había que renovar a la política argentina. El inicio exitoso del plan antiinflacionario de 1991, conocido como ‘Convertibilidad’ brindó una oportunidad al respecto. En los comicios de renovación de gobernadores que ocurrieron ese año, Menem respaldó a cinco candidatos que no provenían de la política partidaria tradicional, y los cinco ganaron sus gobernaciones.
En Santa Fe, el productor agropecuario y ex piloto de competición, Carlos Alberto Reutemann; en Tucumán, el cantautor popular y productor cinematográfico, Ramón Bautista Ortega; en San Juan, el multiconcesionario automotriz Jorge Escobar; en Misiones, el productor y consignatario de yerba mate y te, Ramón Puerta; en Entre Ríos, el supermercadista Mario Moine.
Desde el arribo de un conjunto de ex militares ‘carapintadas’ a la política profesional, con la creación del Modin (Movimiento de Dignidad Nacional), para los comicios del año 1989, no ocurría un intento de renovación semejante.
Pero en ambos casos no se cambiaron los usos y costumbres. Los nuevos adhirieron a la cultura política convencional. Entonces, el cambio nunca ocurrió. De todos modos, Menem llegaría también a introducir al ex campeón motonáutico Daniel Scioli, necesitado de encontrar un rumbo luego de la quiebra del negocio familiar de electrodomésticos.
Necesitado de consolidar sus huestes, el ex peronista Carlos Álvarez realizó el siguiente intento de renovación de la gente que participa en política. Desde el Fredejuso, luego Frente Grande, Álvarez impulsó al ex fiscal federal Aníbal Ibarra; más tarde a la dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Graciela Fernández Meijide; hizo convencional constituyente no sólo a Jaime De Nevares sino también a Eugenio Raúl Zaffaroni.
Sin embargo, luego de la derrota electoral de 1995, Álvarez llegó a la conclusión de que no podía/no quería prescindir de la política tradicional y recurrió a la UCR más estándar, la de Raúl Alfonsín.
El Frepaso ya no fue un intento de cambio y esa experiencia política se agotó en la fracasada Alianza. La pésima administración de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que ejecutó Ibarra demostró las enormes limitaciones de lo que pergeñó Álvarez.
Durante el año 2001, la frustración de la Alianza y el descrédito que perseguía al PJ, provocó el "Que se vayan todos". Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín, además de la licuación de pasivos a favor de grandes grupos empresarios y de la redistribución de la renta en contra de los asalariados y jubilados que provocó la devaluación, lograron el "Que regresen todos", reinstalando a los políticos convencionales en escena. La rebelión había cesado.
Sin embargo, Duhalde no pudo elegir al heredero que quería y debió conformarse con Néstor Kirchner, quien ya en el poder, para disciplinar a los gobernadores justicialistas y al propio Duhalde recurrió a acuerdos con los militantes de los derechos humanos de la izquierda y a la mayoría de los ‘piqueteros’. Solamente Raúl Castells sobrevivió a esa seducción monetaria, y ese mérito no es menor, permitiéndole a Castells exhibir hoy una legitimidad que no tienen los otros ‘luchadores sociales’ devenidos en burócratas estatales.
En este contexto ocurren las experiencias de Piña y de Blumberg, y no deberían provocar el enojo y las críticas de los políticos convencionales que deberían considerar que gracias a ellos, el ‘sistema’ puede recuperar credibilidad y legitimidad.
En verdad, las organizaciones no gubernamentales o 3er. Sector es una fenomenal cantera para la democracia participativa, y de ese abanico de entidades muy comprometidas con las necesidades y prioridades cotidianas de millones de ciudadanos, debería surgir un cambio que la sociedad desea y necesita.
Los políticos tradicionales se encuentra frenando esta experiencia. Invocan falsos derechos adquiridos. Solamente desean mantener sus extraordinarios privilegios. Desde 1983 se han negado a introducir alguna reforma política importante. Ahora se juramentan para destruir a Piña y asfixiar a Blumberg o a cualquier otro que lo intente.
Ellos querrían que Puerta le imponga su corrupción a Piña y que alguno otro haga otro tanto con Blumberg. Entonces sí, probablemente, no habría tanto empeño en que ellos crucen el Jordán hacia la política electoral.
Por lo tanto, hay mucho en juego, tanto en lo que ocurra en Misiones como en los próximos pasos que dará Blumberg. Porque tampoco es un misterio que la oposición a Néstor Kirchner ha sido incapaz de generar una sensación de alternativa de poder. Ni la cada vez más ausente Elisa Carrió, ni el continuista Roberto Lavagna, ni los controvertidos Mauricio Macri y Jorge Sobisch pudieron crear la ilusión de que Kirchner irá a una 2da. vuelta en los comicios de 2007. Por esto aparece Blumberg en escena, no como aspirante a legislador ni a gobernador bonaerense sino como un convocante de ciudadanos para el cambio. Esto es lo que está ocurriendo durante los últimos días, aprovechando que, en su torpe desdén, Kirchner le da la espalda al gran problema de la inseguridad.
Por cierto que falta mucho tiempo para los comicios. Nada menos que 14 meses, y una cantidad de acontecimientos, muchos de ellos inesperados. Pero nada de lo conocido ha logrado frenar a Kirchner, por lo que habrá que innovar, buscar nuevos rostros y nuevas metodologías. El éxito no está asegurado. Pero la derrota tampoco.
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Copyright by EDICIÓN i, 2006.
Blumberg otra vez en escena, busca un proyecto (¿cuál es el problema?)
Hay una nueva democracia participativa que busca su lugar en la Argentina de la partidocracia tradicional, viscosa, corrupta y desacreditada. El caso de Juan Carlos Blumberg y el del obispo de Puerto Iguazú, Joaquín Piña. Una reflexión necesaria frente a la marcha del día 27 de Raúl Castells, con la participación de Blumberg.
21 de septiembre de 2006 - 00:00






