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El inventario de las inversiones que Mauricio Macri suponía que iban a llover nada más que con su advenimiento a la Casa Rosada no le deja demasiado margen de vanagloria al comando de campaña de su reelección: a maquinarias y equipos, el sector privado destinó apenas el 13% de un también menguado PBI. Y casi todo el vecindario, salvo Brasil, superó los 20 puntos. Aunque tampoco hubieran dado para descorchar champaña, si se considera que no menos de 25 se necesitan para asegurar crecimiento futuro. Pero, además, de un primer desglose, salta a la vista que el 52% de la exigua marca se concentra nada más que en el sector energético. Netamente sobresalen unos 20 proyectos en exploración y producción de petróleo y gas de Vaca Muerta, a un promedio de US$200 millones cada uno. A lo que se agrega una adjudicación offshore por US$800 millones, algo de transporte, un gasoducto troncal y aportes de capital en 2 de las 7 refinerías a gran escala. La transferencia de la explotación, desde la convencional a la no convencional ya empezó a notarse en los registros de producción, donde el shale se va para arriba y el que se extrae de la perforación vertical pierde cada vez más participación en los barriles producidos.
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El inventario de las inversiones que Mauricio Macri suponía que iban a llover nada más que con su advenimiento a la Casa Rosada no le deja demasiado margen de vanagloria al comando de campaña de su reelección: a maquinarias y equipos, el sector privado destinó apenas el 13% de un también menguado PBI. Y casi todo el vecindario, salvo Brasil, superó los 20 puntos. Aunque tampoco hubieran dado para descorchar champaña, si se considera que no menos de 25 se necesitan para asegurar crecimiento futuro. Pero, además, de un primer desglose, salta a la vista que el 52% de la exigua marca se concentra nada más que en el sector energético. Netamente sobresalen unos 20 proyectos en exploración y producción de petróleo y gas de Vaca Muerta, a un promedio de US$200 millones cada uno. A lo que se agrega una adjudicación offshore por US$800 millones, algo de transporte, un gasoducto troncal y aportes de capital en 2 de las 7 refinerías a gran escala. La transferencia de la explotación, desde la convencional a la no convencional ya empezó a notarse en los registros de producción, donde el shale se va para arriba y el que se extrae de la perforación vertical pierde cada vez más participación en los barriles producidos.
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En un país con más de 2 millones de desocupados y unos 7 millones que comparten diversos problemas con el empleo, la gratificación empieza por tenerlo, cobrar en tiempo y forma, ver cómo llegar a fin de mes, recién después ponderar cuán a gusto se sienten con lo que se hace y al final evaluar las oportunidades de progresar. Los Millennials, que desde 2020 constituirán la tercera parte de la fuerza de trabajo y cuyos talentos gozan de la reputación en el mundo de las RRHH de ser exigentes con las condiciones para integrarse a una organización, ya desde la etapa universitaria necesitan en más de un 50% trabajar mientras estudian. Pero la mayoría (63,3%) se resigna a hacerlo en actividades que nada tienen que ver con la carrera que siguen. De modo que sacrifican la posibilidad de cosechar experiencias que le sirvan como complemento a la formación profesional escogida, en la mayor parte de los casos, a fin de poder solventarla. Sólo en ciencias duras, como la ingeniería, la salida laboral aparece a mitad de camino. Para las orientaciones más requeridas por los chicos que recién empezaron el Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA, como medicina, económicas, arquitectura, psicología y derecho, en ese orden, no suelen estar a la vista oportunidades en empresas del ramo elegido ni tampoco en el propio Estado, tierra de acomodados, e inclusive un 63% de los que buscan conchabo gracias si consiguen una changa para ayudarse con los gastos.
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En un país con más de 2 millones de desocupados y unos 7 millones que comparten diversos problemas con el empleo, la gratificación empieza por tenerlo, cobrar en tiempo y forma, ver cómo llegar a fin de mes, recién después ponderar cuán a gusto se sienten con lo que se hace y al final evaluar las oportunidades de progresar. Los Millennials, que desde 2020 constituirán la tercera parte de la fuerza de trabajo y cuyos talentos gozan de la reputación en el mundo de las RRHH de ser exigentes con las condiciones para integrarse a una organización, ya desde la etapa universitaria necesitan en más de un 50% trabajar mientras estudian. Pero la mayoría (63,3%) se resigna a hacerlo en actividades que nada tienen que ver con la carrera que siguen. De modo que sacrifican la posibilidad de cosechar experiencias que le sirvan como complemento a la formación profesional escogida, en la mayor parte de los casos, a fin de poder solventarla. Sólo en ciencias duras, como la ingeniería, la salida laboral aparece a mitad de camino. Para las orientaciones más requeridas por los chicos que recién empezaron el Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA, como medicina, económicas, arquitectura, psicología y derecho, en ese orden, no suelen estar a la vista oportunidades en empresas del ramo elegido ni tampoco en el propio Estado, tierra de acomodados, e inclusive un 63% de los que buscan conchabo gracias si consiguen una changa para ayudarse con los gastos.
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La inflación no es lo peor para la clase media argentina. Hay un calvario mayor: si la estructura de precios relativos hablara, podría determinar cómo más del 300% de inflación acumulado por la Administración Macri en estos 4 años de mandato impactó al promedio de los 12 millones de trabajadores registrados en el Sistema Integrado de Previsión Argentino (SIPA), que ahora se encuentra en torno de los $40.000 mensuales. En definitiva, la capacidad adquisitiva de un trabajador para, por ejemplo, comprar aceite es 56% menor que en diciembre de 2015; para pan francés, 37% inferior; para azúcar, -25%, en cuanto a los alimentos. Sin embargo, consecuencia de que se fueron a las nubes en su presupuesto las expensas, combustibles, luz, gas y agua, colegios privados, medicina prepaga e internet, la frazada se acortó con el costo de los servicios recargado para vivir en sociedad, lo cual obligó a maniobrar con algunos gastos para llegar a fin de mes.
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