30 años después, la hija del tendero ya escaló hasta el mito

3 décadas atrás, Margaret Thatcher ganó las elecciones británicas, liderando el Partido Conservador, e inició una revolución desde la derecha que tuvo repercusiones globales (incluyendo la Guerra de Malvinas que padeció la Argentina y que, tras la derrota, abrió paso a la democracia). Los objetivos centrales de Thatcher eran: reformar la economía e impulsar al Reino Unido en el mundo. Sin embargo, ella no llegó a creer en la victoria hasta la madrugada del 3 de mayo.

Según Eduardo Suárez, corresponsal del diario madrileño El País, en Londres, aquella mañana el maquillaje escondía "unos ojos soñolientos, fruto de una noche demasiado larga. A Margaret la incertidumbre apenas le ha dejado dormir. Y sin embargo da la impresión de que todavía no se ha despertado de su sueño mientras posa rodeada de 'bobbies' y con esa sonrisa inocente en el umbral del número 10 de Downing Street.
El 4 de mayo de 1979, y por 1ra. vez en su historia, el Reino Unido se despertó con una 1ra. ministro. Margaret Thacher (nacida en la inglesa Grantham, en 1925) llegó al poder con la voluntad de reformar la economía, doblegar el poder omnímodo de los sindicatos y volver a poner al Reino Unido en el mapa de la diplomacia mundial.
Testaruda aunque talentosa también acumuló casualidades y golpes de suerte: desde trabar amistad con Keith Joseph, quien la llevó por la senda del monetarismo y desarrolló las recetas liberales que dominaron las decisiones iniciales de Thatcher, hasta su insólito asalto al liderazgo del partido en 1975 gracias a que sus influyentes rivales no la tomaran en serio porque era mujer.
Sin olvidar que el 'premier' laborista, Jim Callaghan, no se decidió a llamar al país a las urnas en otoño de 1978, cuando el liderazgo de Thatcher nadaba en arenas movedizas y la economía británica disfrutaba de un periodo de relativa tranquilidad.
Los 'tories' lideraban las encuestas pero la popularidad de Thatcher nunca superó la de Callaghan y eran muchos quienes la despreciaban por inexperta o demasiado conservadora.
Entonces llegó 'el invierno del descontento': una oleada de huelgas salvajes que paralizó el transporte público y los suministros por carretera e hizo que en lugares como Liverpool los muertos quedaran por unos días sin enterrar. Los desórdenes fueron el último clavo en el ataúd de Callaghan e hicieron crecer el respaldo a los conservadores y a sus propuestas de mano dura antisindical.
También hizo estragos en los rivales la campaña de los asesores de comunicación Ronnie Millar y Gordon Greece y engrasada por los anuncios icónicos de la agencia publicitaria Saatchi & Saatchi: aquel slogan "Labour isn't working", que rompió el tabú según el cual un partido no podía nombrar a su rival.
Además, Thatcher fue la creadora de la 'photo opportunity'. Nunca antes un líder político se había prestado a posar cocinando, pintando los ventanales de su casa, pagando en la caja del supermercado y hasta sosteniendo en brazos una ternera recién nacida.
En campaña, los periodistas le preguntaron por sus planes de gasto público, pero ella eludió aludir a recortes concretos escudándose en que no podía identificarlos hasta que no viera las cuentas públicas. Fue una cautela inteligente que hizo que el canciller laborista Denis Healy dijera que encontrar políticas coherentes en el programa electoral de los 'tories' era "tan difícil como dar con un gato negro en una carbonera oscura".
Thatcher suavizó su imagen de radical echando mano de sus orígenes humildes: su padre era el dueño de una tienda. Y enfocó el tema del género: se comparó con la 'premier' israelí Golda Meir y con la reina Isabel I, se dijo una candidata europeísta y moderada, flirteando indisimuladamente con los votantes moderados del laborismo.
Según se acercaba la cita con las urnas —propiciada por una moción de confianza a la que el Gobierno de Callaghan no sobrevivió—, Thatcher empezó a creer en el triunfo pero sólo el 3 de mayo de madrugada, en el cuartel general conservador y con el recuento casi cerrado, le preguntó a su jefe de prensa Ronnie Millar si había pensado ya en algo que pudiera decir en su toma de posesión.
No fue lo único que dijo. Hubo unas palabras más íntimas que es imposible leer hoy sin un punto de emoción. "Se lo debo todo a mi padre", dijo Thatcher, "él me educó en todas las cosas en las que creo, que son los valores por los que he luchado en estos comicios. Y es apasionante para mí saber que son esas cosas que aprendí en un pueblo pequeño, en un hogar muy modesto, precisamente las que han ganado estas elecciones". Apenas dijo esto, la hija del tendero se dio la vuelta, miró con complicidad a su esposo y entró por primera vez en Downing Street.
Pocos la conocen tan bien como Charles Moore, ex director del 'Daily Telegraph' y biógrafo autorizado de Margaret Thatcher. Retirado a medias del periodismo activo desde 2003, prepara un libro que se publicará cuando muera la Dama de Hierro. Para ello, la familia le ha dado un acceso exclusivo al archivo privado de la ex 1ra. ministro y a fuentes hasta ahora desconocidas para el gran público. Moore fue entrevistado por Eduardo Suárez:
—Las elecciones de 1979 eran una batalla entre un líder moderado y experimentado —Jim Callaghan— y una aspirante inexperta y escorada a la derecha. ¿Por qué ganó Margaret Thatcher?
—Básicamente porque la gente estaba muy desilusionada con un Gobierno a la deriva que no podía controlar a los sindicatos. Aunque también es cierto que Thatcher no era una persona muy popular en aquel momento y a Callaghan se le valoraba más que a ella. Mucha gente creía que no estaba preparada o la rechazaba porque era una mujer o porque era demasiado conservadora. Pero ella sabía lo que quería hacer y tenía la determinación suficiente para hacerlo.
—¿Cómo la recordará la Historia?
—Lo primero que cabe decir es que fue la única primera ministra del siglo XX que dio lugar a un ismo. Es algo que ni siquiera ocurrió con Churchill. Y si hoy todo el mundo sabe lo que es el thatcherismo es porque ella fue una predicadora excelente de sus posiciones políticas, que tenían que ver con la defensa de las oportunidades de la ciudadanía, los valores occidentales y el liberalismo económico. En relación con eso, cabe decir que ella revivió la confianza en el libre mercado y en la supremacía del mundo occidental. Y sobre todo fue la primera mujer en Downing Street. Lo que aportó automáticamente otro estilo de liderazgo que la emparentó con figuras mitológicas como Juana de Arco o Isabel I. Fue un gran ejemplo para todo el mundo.
—¿Fue su partido injusto con ella?
—Sí. Pero tenían sus motivos para derrocarla porque ella se convirtió en un ser más autocrático con el paso de los años. Es cierto que lo hicieron de una manera horrible y por eso muchos todavía tienen remordimientos. Destruyeron el partido durante 15 años y sólo ahora están empezando a recuperarse. Se supone que Thatcher cayó por los desacuerdos en torno al asunto de Europa. Y en este asunto en mi opinión ella tenía razón y sus críticos no. Pero fue bueno que se fuera. Pensó en hacerlo cuando cumplió 10 años en el cargo, en 1989. Se lo pidió su marido y ella acarició la idea, pero no lo hizo. Quizá entre otras cosas porque al margen de su odiado Michael Heseltine no tenía un sustituto claro.
—¿Son thatcheristas los 'tories' que están a punto de regresar al poder de la mano de David Cameron?
—Hay una cosa en la que están en las antípodas de Thatcher: al contrario que ella, procuran ser moderados en el tono y no alarmar a la gente y hacerle pensar que vamos a tener una nueva guerra civil. Sin embargo, Cameron y los suyos sienten un gran respeto por lo que Thatcher alcanzó en la economía y no quieren volver a las políticas de los años 70. El tono es diferente pero comparten sus ideas económicas y su idea de Europa. Quieren heredar sus éxitos pero no quieren que la gente les etiquete como thatcheristas.
—¿Ve similitudes entre la situación del Reino Unido en 1979 y la situación actual?
—Sí. Si Thatcher ganó en 1979 es porque hubo un enorme fracaso. Blair ganó porque las cosas iban muy bien y cuando las cosas van bien la gente puede se puede permitir un peso ligero. En un momento como éste, la gente busca otro tipo de líder y eso es un problema para Cameron, que es un buen líder pero no un peso pesado. Su error fue creer a Gordon Brown cuando dijo que la economía seguiría yendo bien. Habló mucho sobre asuntos sociales y no sobre la economía y de pronto se ha encontrado en el lugar erróneo. En las generales del año que viene habrá muchos electores que se sentirán frustrados. Y la extrema derecha podría ganar los votos de la desilusión.
—Mucha gente en la izquierda británica odia todavía a Thatcher. ¿Cree que algún día reconocerán su labor?
—La gente más inteligente en la izquierda ya lo hace. La razón por la que le odian tanto es porque tuvo éxito. La izquierda estaba acostumbrada a que los primeros ministros conservadores fueran muy débiles. Y decían: "No nos gustan pero son irrelevantes". Con Thatcher ocurrió lo contrario. La odian porque fue relevante y tuvo mucho éxito. Los más honrados dicen que fue una gran líder. Y los más moderados como Blair dicen que tenía razón en muchas cosas.