CORRUPCIÓN Y CRISIS

La agonía está matando a Brasil: Que sí, que no, que sí, que no

Brasil no le da tregua a las noticias: a cada hora se sucede novedad tras novedad, ante una sociedad dividida: la clase media y alta milita contra Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva, mientras que los sectores populares aunque no politizados son los que podrían apoyar al PT si no existiera una crisis económica que los castiga sin piedad. Lula da Silva finalmente no será jefe de la Casa Civil, cargo desde el que pensaba resolver la crisis política y salvar a Dilma del juicio político. Para los empresarios, la situación es insostenible: nadie resiste un país en agonía extensa y por eso exigen una definición inmediata.

Gilmar Mendes, magistrado del Supremo Tribunal Federal, STF, puso fin la noche del viernes (18/03) a la guerra de amparos contra el nombramiento del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva como Jefe de Gabinete del gobierno de Dilma Rousseff. Tras 2 amparos contra el nombramiento -y al menos otros 8 recursos similares en curso en diversos juzgados del país- Mendes decidió impedir el nombramiento de Lula, con lo cual el ex Presidente seguiría siendo investigado por el juez de 1ra. instancia de Curitiba, Sergio Moro

El magistrado se manifestó a favor de los pedidos de 2 partidos opositores (el PSDB y el PPS) que alegaban que Lula había ingresado como ministro al gabinete de Dilma para acceder al foro privilegiado y no ser investigado por Moro, un juez al que el oficialismo acusa de politizar la causa que investiga la corrupción en Petrobras, que está a su cargo.

Antes de emitir el fallo, Mendes ya había declarado que no tenía dudas de que el nombramiento del ex Presidente como ministro tenía ese objetivo.

El gobierno anunció que apelará la decisión para que el caso sea analizado en el plenario del STF por todos los magistrados.

Horas antes, el Tribunal Regional Federal de la 2da. región  había dejado  sin efecto una disposición judicial que suspendía la validez de la designación del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva como ministro Jefe de la Casa Civil (Jefe de Gabinete), cargo para el cual fue juramentado un poco más de 24 horas antes por la presidenta Dilma Rousseff en el Palacio de Planalto, pero 40 minutos después había cesado por la orden judicial ahora dejada de lado.

El nombramiento había sido cuestionado porque, según el juez Sergio Moro, buscaba proteger a Lula de la investigación que lleva adelante su juzgado contra Lula por presunta recepción de sobornos de empresas contratistas de la estatal Petrobras. Y Moro difundió la desgrabación de una escucha telefónica entre Lula da Silva y la presidente Dilma Rousseff que confirmaba su versión de los acontecimientos.

El fallo que permite a Lula asumir el ministerio estima que no corresponde al Poder Judicial inmiscuirse en temas de carácter político, ya que debe limitarse a observar la correcta aplicación de las leyes y la Constitución. "En un momento de clamor social como el que vivimos, los actos administrativos gozan de presunción de legalidad, veracidad y legitimidad, la cual sólo puede ser apartada mediante prueba cabal, constante en los autos, acerca de su mulidad", resaltó el fallo.

Del otro lado, la Comisión encargada del proceso de impeachment (juicio político) parlamentario de la presidenta Dilma Rousseff trabajará en un ritmo más acelerado que el habitual para concluir el proceso en la Cámara de Diputados.

Rogério Rosso, quien preside la Comisión Especial, dijo que el colegiado podría concluir los trabajos en hasta 30 días.

"Dada la complejidad del tiempo, la necesidad es respetar la Constitución y ser lo más precisos posible para traer a la Cámara un informe sustanciado en los hechos", dijo Rosso, que habilitará sesiones de lunes a viernes, aunque el calendario suele ser de martes a jueves en situaciones normales.

El parlamentario contó que trabajará el fin de semana para tener un cronograma de trabajos que pueda votarse y aprobarse el lunes, para empezar con el proceso. Dilma está acusada de haber permitido la falsificación de datos fiscales en 2014, cuando el Ejecutivo pidió préstamos temporales no autorizados a empresas públicas para cerrar sus cuentas en un año en el cual estaba en campaña por su reelección.

“La perspectiva de que la Presidenta brasilera, Dilma Rousseff, se encuentre en camino hacia la salida de su oficina, alegró a los mercados financieros hace unas semanas, pero mucho ha cambiado en un corto tiempo desde entonces”, explica el periódico International Business Times.

“Rousseff, junto a su mentor político, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, están atrincherándose en una pelea hasta el amargo final, sugiriendo que la economía brasilera, destruida por la recesión, enfrentará más golpes hasta que la actual crisis política del país se resuelva”, agregó.

En el medio ocurrió la difusión de una escandalosa conversación telefónica en la que se puede escuchar a Dilma explicitando a Lula que el ofrecimiento se debe a una cuestión de necesidad judicial. La necesidad de evitarle la cárcel a quien fuera el Presidente más popular del país.

Los analistas financieros están divididos en cuanto a lo que los últimos sucesos pueden significar. Algunos piensas que la ira social –que se ha incrementado por la divulgación de la conversación telefónica entre Lula y Dilma- podría acelerar la caída del Gobierno y abrir la puerta a un Gobierno más proclive a las reformas.

Otros piensan, sin embargo, que Lula utilizará su influencia y su habilidad como negociador para recuperar la ayuda del Partido de los Trabajadores y salvar a Dilma del impeachment, explica el periódico británico Financial Times.

“Pero con Brasil enfrentándose a su peor recesión en casi un siglo y ningún candidato obvio para reemplazar a Rousseff, hay otros que creen que los últimos acontecimientos solo sumarán a la parálisis política del país y profundizarán las aflicciones económicas”, escribió el Times. Y, en el caso de que Dilma renunciara o fuese destituida, tampoco está claro quién la podría suceder, advierte Andrea Murta, entrevistada por la revista Forbes.

El sistema de partidos está muy fragmentado y la oposición, al igual que el oficialismo, está bajo escrutinio por la operación Lava Jato, la investigación que destapó la olla del esquema de sobornos que se desarrolló en torno a la petrolera controlada por el Estado, Petrobras. La Lava Jato ya dejó afuera de juego a los principales empresarios del país y ha manchado a líderes de todo el arco político. Una parálisis que podría terminar engendrando un peligroso vacío de poder en Brasil.

Confederación de Industria: Que se defina ya

Brasil está en recesión oficialmente desde fines de 2014. La inflación es de más del 10%, y el desempleo llegó al 9% en 2015. La moneda se ha devaluado significativamente y el mercado de valores ha sufrido caídas drásticas.

Desde el punto de vista económico, la operación Lava Jato atrasó algunos de los proyectos de infraestructura más grandes del país, y puso de rodillas a las compañías responsables por casi un cuarto de la inversión privada doméstica. La paciencia se agota. La poderosa Confederación Nacional de la Industria (CNI), la mayor asociación empresarial de Brasil, pidió una solución urgente a través de un comunicado.

"El caos en que se sumergió la política nacional ha generado un cuadro de profunda incertidumbre, que empeora todas las perspectivas de la economía, ya sacudida por la más seria recesión en 25 años”, expresó el organismo, que pidió además que, en el marco de la Constitución, “se le dé un basta a este ‘impasse’ para que el país pueda retomar su rumbo.”

“Creo que este año veremos a la economía de Brasil contraerse por segundo año consecutivo”, consideró Andrea Murta, especialista en Brasil del Centro de Latinoamérica Adrienne Arsht, del think-tank Atlantic Council, en Washingotn D.C., en entrevista con la revista Forbes.

“Brasil es una tormenta perfecta en este momento. Tiene una crisis política, una crisis económica, y una crisis de confianza. Es lo más sistemática que puede ser una crisis. En grandes rasgos, creo que hay mucha incertidumbre sobre el futuro del país. Para empeorar las cosas, los responsables políticos en Brasilia parecen estar paralizados. Parecería que las reformas estructurales que el país tanto necesita serán pospuestas hasta muy adelante a futuro. No veo ningún arreglo en el corto plazo”, consideró ella.

FT: Lula y la “inmolación política” de Dilma Rousseff

Para el periódico Financial Times, el nombramiento de Lula como ministro fue la inmolación política de Dima Rousseff. “De alguna manera, es un auto-golpe interno”, afirma el periódico financiero británico.

En un rol de co-piloto al que le toca hacerse cargo de un avión con un ala rota, Lula viene a tomar el control del volante de manos de su “ineficiente sucesora”, tal como la califica el Financial Times.

“El Gobierno de Brasil ahora básicamente le pertenece a Lula (otra vez)”, coincide el portal de la publicación Americas Quarterly.

Marcelo Cantelmi, periodista internacional del diario Clarín, apunta en la misma dirección: “Lo que dejó en claro la ceremonia contra reloj de la asunción de Lula de la jefatura de Gabinete, es la derrota en toda la línea de la mandataria. Ese cargo implica la coronación de la tercera presidencia del ex Presidente, esta vez como un virtual primer ministro.”

Dicen que Lula quiere en el Banco Central a Henrique Meirelles, un hombre respetado por los mercados. Ya en noviembre 2015, en medio de fuertes rumores de la renuncia del entonces ministro de Finanzas, Joaquim Levy, y de la posibilidad de que fuese reemplazado por Meirelles, Kenneth Rapoza escribía en Forbes: “Levy está en el Ministerio de Finanzas porque el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se lo recomendó a Dilma. Levy era el secretario del Tesoro con Lula. Meirelles era el director del Banco Central con Lula. Lula fue el Presidente más popular en Brasil desde Getulio Vargas. Si Meirelles es elegido para reemplazar a Levy, pienso que la lectura de la borra del café será: 'A lo mejor Dilma y Levy presienten que sus rivales y otrora aliados, el PMDB, se llevarán mejor con Meirelles.”

The Economist: la supervivencia de Dilma depende del PMDB

La supervivencia de Rousseff hoy depende, para el semanario británico The Economist, de que el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), liderado por el vicepresidente, Michel Temer, se mantenga dentro de la coalición.

El PMDB ha decidido esperar hasta mediados de abril para tomar la decisión. La opinión pública –y cada vez más la de la elite empresarial, parte de la cual es cercana al PMDB- empuja hacia la salida.

Durante las manifestaciones del 16 de marzo, el frente de la Federación de Industrias del Estado de São Paulo, en la Avenida Paulista, estaba iluminado con un enorme cartel: ¡Renuncia ya! La única manera de calmar al PMDB –y mantener a Dilma en su mandato hasta 2018- sería cerrar un gran acuerdo de reforma fiscal. Eso es lo que el partido dice querer.

También en dirección al PMDB apunta la publicación Americas Quarterly: “Un partido sin una ideología clara y sus propios problemas de corrupción determinará el impeachment de la Presidente, y podría pronto gobernar Brasil.”

El cronista de la publicación, Brian Winter, escribe: “Tras más de una década estudiando Brasil, todavía hay 2 cosas cuya popularidad no puedo explicar: el bacalhau y el PMDB. El primero es un bacalao salado y vil que ningún ser humano debería estar forzado a ingerir. El segundo es el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, un grupo ideológicamente diverso y cambiante en cuanto a su forma, de políticos que en los últimos 20 años han descaradamente apoyado a cualquier Presidente para poder ‘ayudar a gobernar’ Brasil, y también sacarle fruto al gasto “pork-barrel” (N. de la R: término despectivo que se utiliza en Estados Unidos para referirse a la contribución de dinero público que los miembros del Congreso y los Senadores tienen a disposición para financiar proyectos de interés local, según Wikipedia) y otros ‘mecenazgos’ en el camino.”

A pesar de esta falta de una orientación clara –o quizás por ella, escribe Winter-, el PMDB es el segundo partido más grande del Congreso y el socio clave en la coalición gobernante de Dilma Rousseff. “Si el PMDB abandona el barco en las próximas semanas, como muchos esperan tras las protestas masivas antigubernamentales del domingo, la presidencia de Rousseff podría estar terminada para agosto, víctima o del impeachment o de un proceso más complejo conocido como cassação (N. de la R.: la revocación judicial del mandato presidencial de Rousseff).”

Forbes y el agotamiento de un modelo

David Riedel, de la revista Forbes, está entre los que aducen que el prospecto financiero del país no es tan malo como algunos piensan. Si bien hay mucha incertidumbre, hubo modificaciones en la escena global que pueden jugar a favor del país. Los precios del petróleo han dejado de caer y se han estabilizado, lo que es bueno para Petrobras. Los precios del mineral de hierro han mostrado signos de fortaleza, lo que es bueno para Vale –la multinacional brasileña que es el mayor productor mundial de Hierro-.

A pesar de la volátil situación política, todos los posibles desenlaces, desde que se mantenga el status quo hasta que haya un cambio en la administración, serán positivos según Riedel. Cualquier Gobierno que venga tendrá que lidiar con problemas de alta inflación, desempleo, tasas de interés tan altas que “hacen lagrimear” y una economía enferma, dice el Financial Times.

Andrea Murta, del think-tank Atlantic Council, advierte que recién el año que viene Brasil podría empezar a repuntar, siempre y cuando se llegue en algún momento a un pacto político. El país aún tiene un mercado doméstico enorme, muchas industrias innovadoras y gran riqueza en recursos naturales. Solo necesita tener su casa en orden antes de poder volver a crecer. Hay muy pocas chances de que eso suceda en 2016, según Murta.

“Estamos viendo el agotamiento de un modelo que durante más de una década trajo crecimiento y prosperidad a Brasil, dando crédito barato, incrementando el consumo interno, financiando programas sociales y aumentando el gasto. Este modelo funcionó durante un tiempo, gracias al boom en las commoditties, la gran demanda china de materias primas –principal socio comercial de Brasil-, y el flujo de capitales que favoreció a los mercados emergentes”, explica la especialista en Brasil entrevistada por Forbes.

El escenario internacional ha cambiado. Algunos problemas latentes en la economía brasilera han salido a la superficie. “Brasil ha estado perdiendo productividad durante años. El país no tiene una política industrial fuerte y a largo plazo.” Esto se le suma a cambios demográficos, que resultan en la desaceleración de la tasa de crecimiento del mercado laboral y a que el gasto público, que financió el crédito y los programas sociales, llevó a más y más deuda pública.

El jueves 17/03, el mismo día que Lula asumió su cartera de ministro y cesó hasta el viernes 18/03, la maquinaria del Congreso (hostil a Rousseff) se puso de nuevo a trabajar para crear una comisión para el juicio político, y la aprobó.

El siguiente paso es que Rousseff se defienda, para lo que tiene 10 sesiones parlamentarias. Después, la comisión aprobará (con 342 de los 513 diputados) o bloqueará el proceso. Si el impeachment sigue adelante, le toca al Senado decidir si abre una investigación. Rousseff es entonces apartada durante 180 días y el vicepresidente Michel Temer (PMDB) asume sus responsabilidades.

La última decisión corresponde a los senadores. Son necesarios dos tercios de sus votos para que Rousseff sea destituida. Pero, aunque ganase esta batalla, nadie sabe si volvería a la Presidencia. En medio de esta durísima crisis política, 180 días fuera del poder parecen una eternidad.

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