Vélez superó 1-0 a River por la fecha 6 del Torneo Apertura 2026. En el Estadio José Amalfitani, el Fortín le ganó con carácter y juego al Millonario, que logró reaccionar sobre el final, aunque con más caos que claridad. Manuel Lanzini facturó la ley del ex y convirtió el gol del partido.
Vélez 1-0 River: un Fortín intenso arrolló a un Millonario caótico y de fin de ciclo
En el Estadio José Amalfitani, River mostró la cara que arrastra hace ya un año. ¿Cuánta espalda le queda a Marcelo Gallardo?
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Final del partido: Vélez venció 1-0 a River
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Tras un frenético 2T, los jugadores de ambos equipos están exhaustos y hay final abierto
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El Millonario sufre los avances del Fortín, que está cerca del segundo
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Un Vélez intenso en la presión no deja jugar a River y está cerca del segundo
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El ¿esperado? regreso de un titular indiscutido en River tras su lesión
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Árbitro y VAR del partido
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Posibles formaciones en Fortín y Millonario
El gol de Lanzini al minuto 6 de partido fue todo un síntoma: la fragilidad de River; la debilidad de un equipo desconcertado, ya no solo sin herramientas para poder funcionar sino sin el convencimiento para hacerlo.
El aroma a un ciclo desgastado del entrenador, Marcelo Gallardo, se explica ahí. No puntualmente en los resultados, más allá de que los resultados manden en el fútbol y que River no los consiga desde que Marcelo Gallardo llegó al club en agosto de 2024.
El origen de ese tufillo, incómodo, emocionalmente negativo, queda muy claro cuando los futbolistas del equipo se ven tan desmotivados como esta tarde. Cuando no se percibe convicción en el estilo propio, cuando no hay confianza en las fortalezas, cuando no está claro de qué manera se puede revertir una situación y, lo que es peor, cuando no está claro cuáles son las formas para conseguir una victoria.
La jerga popular del fútbol lo llama "mensaje". Yendo al detalle, ese "mensaje" podría definirse como la manera en que el entrenador dota a sus futbolistas de herramientas para llevar a cabo una idea de juego; la manera en que el entrenador convence a sus futbolistas de que esa idea de juego, la que él propone, es la que más los acercará a los buenos resultados; la manera en que el entrenador toca las fibras emocionales de sus futbolistas para motivarlos y encausarlos detrás de esa idea de juego.
Desde agosto de 2024, Marcelo Gallardo no parece lograr nada de eso. Y, como si eso no fuera suficiente, los jugadores que están en la cancha sufren lesiones físicas inesperadas y poco explicables que brotan como síntomas: la desconfianza es absoluta; el panorama es delicado; el cuerpo lo siente y el cuerpo lo manifiesta.
Si Juan Portillo se rompió la rodilla en la derrota ante Argentinos Juniors, en la derrota de esta tarde contra Vélez se lesionó Juanfer Quintero -salió a la media hora de partido-, Franco Armani -salió en el entretiempo-, Kendry Paéz -ingresó en el segundo tiempo y salió a los pocos minutos-. Sin mencionar a un Aníbal Moreno que finalizó muy dolorido muscularmente.
El DT hizo cambios. Varios. Ninguno surtió efecto. Apenas Freitas, algo, pero no lo suficiente. El final del partido, ya con las piernas cansadas en ambos equipos y un Vélez que sintió el peso de su intensidad, River mostró algo de rebeldía y generó chances claras que, inexplicablemente, no terminaron en gol.
Pero fue producto de una reacción espasmódica más que de la convicción de que podía revertir el panorama. Sobre todo gracias al agotamiento del rival. Quedarse con ese último tramo del encuentro sería demasiado insuficiente.
Quedarse con la mala actuación del Millonario sería injusto con lo que hizo Vélez. Un Vélez que en 10 días venció en Liniers a Boca y a River. Y que dio argumentos, una vez más, para imponerse a su rival.
River quedó mucho más expuesto porque Vélez fue una máquina. Una roca colectiva con una propuesta muy clara y una idea de convencimiento muy potente: se sentía más fuerte que su rival, entendía cómo someterlo y dónde estaban sus flaquezas.
Los duelos -esas disputas físicas individuales que tiene un futbolista como parte del juego-, fueron una muestra cabal. El Fortín los ganó, una, y otra, y otra vez. La intensidad del equipo local para atorar al Millonario en las salidas, robarle la pelota y atacar rápidamente el arco de Armani fueron una expresión de la convicción que tenían los jugadores.
Energía para defender, energía para atacar, energía para trabar, energía para competir. Le faltó más lucidez, eso sí, para concretar todo los avances ofensivos que generaba. Tanta intensidad sin ampliar ventaja en el marcador le jugó una mala pasada, y dejó a su rival en partido hasta el final.
Aun así se llevó un meritorio triunfo, con argumentos claros y convencido detrás de una idea. Vélez fue el protagonista antagónico de River.













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