El pintor argentino Carlos Gorriorena falleció ayer en la ciudad uruguaya de La Paloma como consecuencia de una hemorragia y sus restos llegarán esta tarde a Buenos Aires para ser velados en el Palais de Glace. El reconocido pintor se había instalado como lo hacía desde hace dos décadas en el partido uruguayo de Rocha junto a su esposa, la galerista Sylvia Vesco, y el menor de sus tres hijos, Gerónimo, de 17 años. Gorriarena sufrió en la mañana de ayer una sorpresiva hemorragia que obligó a su traslado de urgencia a una clínica de la zona, donde más tarde falleció a raíz de un paro cardíaco. Nacido en Buenos Aires el 20 de diciembre de 1925, abandonó en 1948 sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde tuvo como profesores a Lucio Fontana en escultura y Antonio Berni en dibujo, para tomar clases con el pintor anarquista Demetrio Urrichua. "Gorriarena despliega un manejo de la abstracción que hasta ahora no estaba claro si se aislaba una parte del cuadro; junta la abstracción con el expresionismo más frontalmente, pero casi sin que se note. Se da lujos líricos, irónicos, profundiza la tristeza y cambia otra vez la relación con el mundo y la pintura" definió alguna vez el crítico Miguel Briante. "Un cuadro tiene que romper la pared", solía decir el propio Gorriarena, una manera de aludir a su particular manera de concebir el arte como crítica a la sociedad. En su pintura antiidealista, con énfasis en una tipificación de orden social, donde asoma su claro rechazo al hedonismo, al consumismo, la banalidad, los excesos, la corrupción y el autoritarismo, condenó lo que consideraba el derrumbe de los valores espirituales, políticos y morales del hombre por un creciente afán materialista o por la acción de regímenes políticos opresivos. Observador sagaz y puntilloso, impregnó su paleta de un fuerte sustrato psicológico, subrayando también comportamientos, poses, gestos y actitudes humanas alejadas de la moral para desnudar ciertos hábitos y costumbres decadentes, con una gran variedad de recursos dramáticos. Una constante de su pintura fue la crónica de la realidad plasmada con escepticismo. Grandes críticos de arte elogiaron su pintura, la calificaron de "pictóricamente muy madura" y rescataron de ella "la sensibilidad que no proviene precisamente de un esteticista, es decir, del que busca la perfección externa", sino del eterno subjetivista, del artista que exacerba "las formas y el color en pos de defender el sustento ideológico que guía su arte. La resultante es una estética que alcanza su punto más alto y revulsivo cuando se aúna con la moral". El artista había realizado desde 1959 cerca de treinta exposiciones individuales y ciento noventa exposiciones colectivas, entre las que se cuentan, en 1962 con el Grupo del Plata, Museo de Tucumán; en 1965, Salón homenaje al Viet-Nam, Galería Van Riel; en 1976, III Bienal de Artes Gráficas, Cali, Colombia; en 1980, Museo de Arte Latinoamericano de la OEA; y en 1981, Bienal de Medellín, Colombia. Participó también en 1984 de la Exposición del Autorretrato, Fundación Domecq, México; la Bienal de La Habana, Cuba; y el Premio Fundación Fortabat. Gorriarena obtuvo el Gran Premio de Honor del Salón Nacional 1986, la máxima distinción a las artes visuales, por su obra Pin, Pan, Punk, además del Premio Union Carbide (1982-1983), el Primer Premio Municipal de Pintura (1984) y el Premio Asociación Internacional de Críticos al Pintor del Año (1989). Sus restos llegarán esta tarde a Buenos Aires para ser velados a partir de mañana y serán enterrados en el Cementerio de la Chacarita.
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Murió el pintor Carlos Gorriarena
Formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes bajo la tutela de Antonio Berni y Lucio Fontana, el artista se caracterizó por mostrar en sus obras una sensibilidad social y fue uno de los referentes más destacados de la pintura nacional de los últimos tiempos, comprometido desde siempre con el arte político. Falleció en Uruguay y sus restos llegarán hoy para ser velados en el Palais de Glace.
17 de enero de 2007 - 03:00






