La reivindicación de María Antonieta (o la inutilidad de la Revolución Francesa)

Muchos aún se preguntan cuál fue el beneficio de la Revolución Francesa, que derrocó una Monarquía para terminar en un Imperio, y en miles de personas asesinadas, y luego los muertos en las guerras napoleónicas. Pero los franceses se sienten orgullosos de aquellos excesos. En tanto, la historia permite conocer nuevos detalles de la tragedia.

El estreno en enero de la película 'María Antonieta', de Sofía Coppola, ha encendido el interés editorial por este controvertido personaje, aunque quien parece ganar la partida es el libro ,María Antonieta. La última reina, (Edhasa), en el que se basa la película y que es considerada por los expertos como la biografía definitiva de la reina de Francia.
Su autora, Antonia Fraser (1932), es la esposa de Harold Pinter, además de cátólica y encendida feminista.
Una mujer con personalidad que le dijo al diario 'Página/12', que el ser católica influye en su trabajo como historiadora: "Mucha gente piensa que porque soy irlandesa nací católica, pero mi padre, que era protestante, se hizo católico cuando yo tenía 8 años y mi madre cuando yo tenía 13. O sea, al escribir sobre el complot católico de la pólvora, en el siglo XVII, tuve que estudiar cómo era ser católico en esa época de persecuciones. Ser una conversa al catolicismo me ayudó a entender la situación mucho mejor. Creo que mi religión además me sirvió para no tomar nunca el catolicismo como algo natural. Me hubiera sido muy difícil escribir sobre la reina María de Escocia de no haber sido católica, pero la religión, en cambio, no tiene la misma importancia si se escribe sobre María Antonieta".
2 definiciones de la escritora:
> "En Francia se escribió muchísimo sobre María Antonieta, siempre con hostilidad. Yo me dirigí deliberadamente a una audiencia de habla inglesa, escribiendo en inglés. (...) Como estoy investigando en Francia, estoy empezando a pensar en francés pero, como María Antonieta, no soy francesa. Creo que los franceses, por regla general, no tienen demasiado respeto por las biografías inglesas. Nuestra obra se vende mucho mejor en España, Italia y Alemania. Supongo que me encantaría tener toda mi obra traducida al francés, pero 'María, reina de Escocia', que la última vez que conté llevaba 19 traducciones, no está en francés. En Francia tienen un punto de vista diferente de la historia, son más filosóficos, más analíticos, menos orientados al detalle biográfico. No lo digo como una crítica".
> "Andrew Roberts, el historiador inglés, al comentar mi María Antonieta, se preguntó qué era lo que pasaba con esta Antonia Fraser, que tanto le interesa la decapitación de mujeres. Y destacaba cuántos de mis personajes terminaron con la cabeza cortada: María, reina de Escocia, 2 de las reinas de Enrique VIII, María Antonieta de Austria... Le contesté con humor que era porque en la historia, cuando la mujer asoma la cabeza, enseguida se la quieren cortar. Bromas aparte, con los años me he dado cuenta de que lo que realmente me interesa es investigar la realidad de personas que terminaron envueltas en el mito, como Oliver Cromwell. Esto incluye determinar cuánto del mito es verdadero. Y éste es particularmente el caso de personajes como María Antonieta, que soporta no uno sino dos mitos, el hagiográfico que la retrata como la reina santa, y la leyenda negra de que era una Jezabel".
Aquí algunas reflexiones sobre María Antonieta, de Andrew Graham-Yooll:
"María Antonieta de Austria (1755–1793) sigue seduciéndonos como personaje histórico más de dos siglos después de su muerte. Las razones son tan diversas como las que pueden argüir los monárquicos por una parte y los (y las) apasionadas por la causa de la mujer en la Historia por otra.
Los nostálgicos de la monarquía francesa encontraron en la 'viuda Capeto' un personaje más fascinante y defendible que Luis XVI, pero la pasión actual por reivindicar el papel de las mujeres célebres ha hecho que muchos historiadores (e historiadoras) se hayan volcado en estudiar su vida, y que se haya disparado el interés por su tragedia.
Especialmente ahora, al coincidir una biografía divulgativa como la de Antonia Fraser, y la película basada en ella de Sofia Coppola.
Confieso que soy parte interesada, pues no sólo he dedicado casi 40 años a estudiar el siglo XVIII (y la revolución es uno de sus episodios más trascendentales), sino que yo mismo escribí sobre una biografía sobre la reina.
Por eso creo que es necesario abordar su vida teniendo en cuenta la fractura que supone en ella la Revolución.
Hasta el 14 de julio de 1789, María Antonieta vivió como cientos de soberanas del Antiguo Régimen, frívolas y despilfarradoras (y mecenas de las artes y las letras también), que vivieron y murieron a la sombra de sus maridos los reyes.
En esa primera época no sólo no demostró especiales virtudes sino que le fueron atribuidos vicios como la extravagancia y el desenfado de la Corte, mientras disfrutaba el orden natural de las cosas. Hasta la toma de la Bastilla.
Desde esa fecha, la figura de María Antonieta se agiganta porque supo afrontar el torbellino terrible de la historia con una dignidad y valentía inusitadas, a pesar de su terror absoluto y de las terribles acusaciones que debió afrontar.
En esos momentos dramáticos suplió a su marido, paralizado ante los acontecimientos, en la busqueda de aliados y de soluciones (intrigas internacionales, intentos de huida), apareciendo como esposa, madre y mujer íntegra, y con una actitud admirable hasta la muerte.
Eso la redimió, ante los ojos de muchos, de su inconsistente vida anterior, pues su arrebato de fuerza y energía desesperadas la convirtieron en todo un símbolo.
Para otros historiadores, en cambio, tal vez menos efectistas, a no pasa de ser un personaje menor, secundario ante la importancia esencial que la muerte de Luis XVI tiene en la Historia de Europa y del mundo.
Con una certeza: sin la Revolución, la reina de Francia hubiese sido una soberana más, apenas una anécdota, una nota a pie de página en el libro de la historia. Una historia de la que somos deudores, porque somos hijos de la Revolución.
Lo somos porque introdujo en nuestras vidas una serie de valores irrenunciables, como el predominio de la razón, el cosmopolitismo, la tolerancia, el progreso, la libertad, los derechos humanos y del ciudadano, el imperio de la ley, la separación de poderes, el fin de los privilegios feudales, la soberanía del pueblo, la separación del trono y el altar, la democracia.
Porque estableció una serie de principios políticos y sociales sin los que hoy no podemos, no queremos, concebir la vida".