La persistente afluencia de inmigrantes hispánicos amenaza con dividir los Estados Unidos en dos clases de gente, dos personas y dos idiomas. Es algo diferente a los inmigrantes del pasado, ya que los mexicanos y otros latinos no han asimilado las directrices de la cultura estadounidense, formando sus propios énclaves políticos y lingüísticos, desde Los Angeles a Miami y rechazando los valores anglo-protestantes que construyeron el sueño americano.
El reto hispánico (1ra parte)
Samuel Huntigton, el conocido ensayista y profesor de Harvard es el autor de material que reproducimos traducido, un ensayo que generó no pocas polémicas en la comunidad latina, confrontados a los americanos descendientes de los primeros fundadores. El texto habla de la situación que generó la inmigración actual en Estados Unidos. Sostiene que sobre todo los inmigrantes provenientes de México de entre todos los hispanos, representan un riesgo para los valores fundacionales que hicieron crecer a los Estados Unidos. Huntigton hace un repaso por las diferentes generaciones de inmigrantes y su nivel de adaptación al medio, sobre todo en lo que tiene que ver con los valores y el idioma. El profesor de Harvard dice que existe el riesgo cierto de que los Estados Unidos terminen siendo divididos en dos culturas y dos idiomas. En las tres últimas décadas, los mexicanos representaron el 14, 23 y 25% de la inmigración total legal, sin tener en cuenta a los ilegales o "mojados" como en California se los llama. El autor distingue a los inmigrantes que fundaron los Estados Unidos, que tenían una cultura, raza, religión e idioma totalmente diferente a los inmigrantes de hoy. La idea de este especial es abrir el debate sobre la cuestión inmigratoria, y reflexionar sobre lo que sucede en la Argentina, concientes de que este tema ha generado, genera y generará polémicas de una y otra parte.
USA ignora que este desafío es un peligro
América fue creada en los siglos XVII y XVIII por colonos blancos, Británicos y Protestantes. Sus valores, instituciones, y cultura aportaron a la fundación y delinearon el desarrollo de los Estados Unidos en los siglos siguientes.
Ellos en un principio definieron América en términos de raza, etnia, cultura y religión. Después, en el siglo XVIII, también debieron definirla ideologicamente para justificar la independencia de su país natal, que era también blanco, británico y protestante.
Thomas Jefferson estableció su "credo", como el ganador del premio Nobel Gunnar Myrdal lo llamó, en la Declaración de la Independencia, y para siempre, sus principios han sido reiterados por hombres de Estado y aceptados por el público como componentes esenciales de la identidad estadounidense.
Para finales del siglo XIX, de todas maneras, el componente étnico se ensanchó incluyendo a Germanos, Irlandeses y Escandinavos; y la identidad religiosa de los Estados Unidos fue redefinida más ampliamente de protestantes a cristianos. Con la Segunda Guerra Mundial y la asimilación de un gran número de europeos del Este o del Sur y su descendencia dentro de la sociedad estadounidense, virtualmente desaparecieron como un componente de la identidad nacional.
También lo hizo la raza, seguida por el logro de los movimientos de derechos civiles y el Acta de la Inmigración y la Nacionalidad en 1965. Los americanos ven ahora y asumen a su país como multiétnico y multirracial. Como resultado, la identidad estadounidense está definida en términos de cultura y creencia.
Muchos americanos ven al credo como el elemento crucial de su identidad nacional. La creencia, de todos modos, fue el producto de las diferentes culturas anglo protestantes y los colonos fundadores. Elementos clave de esta cultura incluyen la lengua inglesa, el Cristianismo, el compromiso religioso, los conceptos ingleses de ley, incluyendo la responsabilidad de quienes gobiernan y los derechos individuales; y renegando de los valores Protestantes del individualismo, el trabajo ético, y la creencia de que los humanos tienen la habilidad y el deber de crear un cielo en la Tierra, una "ciudad en una colina". Historicamente, millones de inmigrantes fueron atraídos a los Estados Unidos por su cultura y las oportunidades económicas y las libertades lo hicieron posible.
Las contribuciones de las culturas migratorias modificaron y enriquecieron la cultura anglo-protestante de los colonos fundadores. Las bases de esa cultura fundadora permanecieron como la piedra fundamental de la identidad estadounidense, de todas maneras, al menos hasta las últimas décadas del siglo XX. Serían los Estados Unidos el país que ha sido y que permanece si no hubiese sido establecido en los siglos XVII y XVIII no por protestantes británicos sino por católicos portugueses, franceces y españoles? La respuesta es no, no hubiesen sido los Estados Unidos sino Quebec, México, o Brasil.
En las décadas finales del siglo XX, de todos modos, la cultura anglo-protestante y la creencia de que apareció por asalto a causa de la popularidad en círculos intelectuales y políticos de las doctrinas de multiculturalidad y diversidad; el crecimiento de grupos de identidad basados en la raza, etnia y género por sobre la identidad nacional, el impacto de diasporas culturales transnacionales; el creciente número de inmigrantes con nacionalidades duales y lealtades duales, y la creciente prominencia de los intelectuales estadounidenses, de negocios y las elites políticas además de las identidades transnacionales. La identidad nacional estadounidense, como la de otras naciones-estados, está amenazada por las fuerzas de la globalización tanto como las necesidades que la globalización produce entre las personas para más pequeñas y más significativas identidades de "sangre y creencias".
En esta nueva era, el reto más inmediato y más serio para la identidad tradicional de América que viene de la inmensa y continua inmigración de Latinoamérica, especialmente de México, y de las tasas de fertilidad de estos inmigrantes comparada a los nativos americanos blancos y negros.
A los americanos les gusta alardear sobre sus éxitos pasados en asimilar millones de inmigrantes a su sociedad, cultura y política. Pero los americanos han tendido a generalizar sobre los inmigrantes sin distinguir entre ellos y han hecho foco en los costos económicos y los beneficios de la inmigración, ignorando sus consecuencias sociales y culturales.
Como resultado, ellos han tolerado las características únicas y los problemas planteados por la inmigración hispánica.
El alcance y extensión de esta inmigración difiere fundamentalmente de aquella inmigración previa, y la asimilación de los éxitos del pasado difícilmente se dupliquen con el flujo actual de inmigrantes desde Latinoamérica. Esta realidad expone una pregunta fundamental: ¿Seguirán los Estados Unidos siendo un país con una lengua nacional y con una cultura anglo-protestante de base? Ignorando esta pregunta, los americanos consienten su eventual transformación en dos tipos de gente con dos culturas (La inglesa y la española) y dos idiomas (el inglés y el español).
El impacto de la inmigración mexicana a los Estados Unidos se hace evidente cuando uno se imagina que pasaría si la inmigración mexicana se detuviese abruptamente. El flujo anual de inmigrantes legales caería a 175.000, cerca del nivel recomendado en 1990 por la Comisión de la Reforma Inmigratoria, presidida por la congresista Barbara Jordan.
Las entradas ilegales disminuirían dramaticamente. Las recompensas de los ciudadanos de bajos ingresos mejorarían. Los debates sobre el uso del español y si el inglés debería ser la lengua oficial del Estado y los gobiernos nacionales subsistiría.
La educación bilingüe y la controversia que provoca virtualmente desaparecería, como lo harían las controversias sobre el bienestar y otros beneficios para los inmigrantes.
El debate relacionado a la actuación de los inmigrantes como una carga económica de los gobiernos federales sería decisivamente resuelta negativamente. La educación promedio y las habilidades de los inmigrantes que siguen llegando alcanzarían sus más altos niveles en la historia estadounidense. La entrada de inmigrantes se transformaría nuevamente en altamente diversa, creando incentivos crecientes para que todos los inmigrantes estudien inglés u absorban la cultura estadounidense. Y lo más importante de todo, la posibilidad de una fractura de hecho entre el país hispano parlante y el anglo parlante desaparecería, y con él, una más importante y potencial amenaza a la integridad cultural y política del país.
Un mundo de diferencias
La actual inmigración mexicana, y más ampliamente, Latinoamericana, no tiene precedentes en la historia estadounidense. La experiencia y las lecciones de la inmigración anterior tienen poca relevancia en el hecho de entender sus dinámicas y consecuencuas. La inmigración mexicana difiere de la pasada inmigración y de otras más contemporáneas debido a una combinación de seis factores: continuidad, escala, legalidad, concentración regional, persistencia y presencia histórica.
Vecindad: La idea americana de la inmigración es habitualmente simbolizada por la Estatua de la Libertad, Ellis Island, y más recientemente quizás por el Aeropuerto de Nueva York John F. Kennedy. En otras palabras, los inmigrantes llegan a Estados Unidos después de cruzar varios miles de millas oceánicas. Las actitudes estadounidenses hacia los inmigrantes y las políticas migratorias estadounidenses pueden ser identificadas con esas imágenes. Estas proposiciones y políticas, de todos modos, tienen poca o ninguna relevancia para la inmigración mexicana.
Los Estados Unidos están ahora confrontados por un influjo masivo de personas de un país pobre, vecino, con más de un tercio de la población estadounidense. Ellos llegan a través de la frontera de 2000 millas históricamente marcada simplemente por una línea en la tierra y por un muy poco profundo río.
Esta situación es única para los Estados Unidos y el mundo. Ningún otro país del Primer Mundo tiene una frontera terrestre tan extensa con un país del Tercer Mundo. El significado de la extensa frontera entre USA y México está realzada por las diferencias económicas entre los dos países.
"La brecha de ingresos entre Estados Unidos y México", dice el historiador de la Universidad de Stanford David Kennedy, "es la más grande entre cualquiera de los países vecinos en todo el mundo".
La vecindad permite a los inmigrantes mexicanos permanecer en contacto permanente con sus familias, amigos, y sus ciudades natales en México, cosa que otros inmigrantes no han podido hacer.
Escala: Las causas de los mexicanos, tanto como en otras, la inmigración se encuentra en las dinámicas demográficas, políticas y económicas del país de origen y las atracciones demográficas, políticas y económicas de los Estados Unidos. La inmigración mexicana creció sostenidamente después de 1965. Unos 640.000 mexicanos legalmente emigraron a los Estados Unidos en los 70s, 165.6000 en 1980s; y 2.249.000 en los ´90.
En estas tres últimas décadas, los mexicanos representaron un 14%, 23% y 25% de la inmigración total legal.
Esos porcentajes no son los mismos de los que llegaron desde Irlanda entre 1820 y 1860 o de Alemania entre 1850 y 1860. Aún son altos comparándolo con la altamente dispersa corriente inmigratoria antes de la Primera Guerra Mundial, y comparado con otros inmigrantes de esa época. Siempre sin añadir el alto número de mexicanos que ingresaron en los Estados Unidos en forma ilegal. Desde 1960, el número de personas extranjeras nacidas en suelo estadounidense creció inmensamente, con asiáticos y europeos reemplazando a los europeos y canadienses, y una diversidad de fuentes dejando el camino a la dominación de una fuente: México.
Los inmigrantes mexicanos representan en 27,6% del total de la población nacida fuera de Estados Unidos en 2000. El siguiente mayor contingente, los chinos y filipinos, llegaron sólo al 4.9 % y 4.3% de población nacida en el extranjero.
En los ´90, los mexicanos eran más de la mitad de los inmigrantes latinoamericanos en los Estados Unidos, y por el 2000, los hispanos totalizaron cerca de la mitad de los inmigrantes que ingresaron a los Estados Unidos continentales.
Los Hispanos representaron el 12% del total de la población estadounidense en 2000. Este grupo creció casi un 10% de 2000 a 2002 y ahora se ha convertido en un grupo más numeroso que el de negros. Se estima que los hispanos serán un 25% de la población estadounidense en 2050. Estos cambios son aportados no sólo por la inmigración sino además por la fertilidad. En 2002, las tasas de fertilidad en Estados Unidos se estimaban en 1.8 para para los blancos no hispanos, 2.1 para los negros y 3.0 para los hispanos. "Esta es la principal característica de los países en desarrollo", dijo The Economist en 2002.
"Mientras el bombeo de latinos entra en el pico de niños pequenos en una década o dos, en una decada o dos la tasa de poblaci’on latina en Estados Unidos se elevaría. A mediados del siglo XIX, los angloparlantes provenientes de las islas inglesas dominaron la inmigración en los Estados Unidos. La inmigración previa a la primer guerra mundial era fuertemente diversificada en terminos lingüísticos, incluyendo muchas personas que hablaban en italiano, polaco, ruso, yiddish, ingles, aleman, sueco y otras lenguas. Pero ahora, por primera vez en la historia estadounidense, la mitad de esas entradas hablan una sola lengua diferente al inglés."
Ilegalidad: La entrada ilegal a los Estados Unidos es principalemente un fenómeno Mexicano y que se da después de 1965. Por casi un siglo después de la adopción de la Constitución Nacional, no existía ninguna ley que restringiera o prohibiera la inmigración, y sólo una pequeña cantidad de Estados imponían límites modestos. Durante los 90 años siguientes, la inmigración ilegal era mínima y fácilmente controlable. La ley de inmigración de 1965, la creciente disponibilidad de medios de transporte y la fuerzas intensificadas que provocaban promoviendo una drástica emigración mexicana drásticamente cambiaron esta situación.
Las detenciones hechas por la Patrulla Fronteriza Estadounidense en los ´60 que eran 1.6 millones pasaron a 9.3 millones en los ´70, 11.9 millones en los 80s y 14.7 millones en los ´90. Las estimaciones de los mexicanos que pudieron ingresar exitosamente en forma ilegal cada año fueron de 105.000 de acuerdo a la comisión binacional mexicano-americana) 350.000 durante los ´90 (de acuerdo al servicio d inmigración y naturalización estadounidense).
El Acta de Reforma y Control de la Inmigración de 1986 contenía provisiones para legalizar el status de los inmigrantes ilegales ya existentes y para reducir futura inmigración ilegal a través de sanciones al empleador y otros medios. El punto anterior fue alcanzado, ya que millones de inmigrantes (alrededor de un 90% de ellos provenientes de México) se convirtieron en residentes "de tarjeta verde" de los Estados Unidos. Pero el logro posterior sigue siendo evasivo. Las estimaciones del total de inmigrantes ilegales en los Estados Unidos creció de 6 millones en 1998, a 7 millones en 2000 y a entre 8 y 10 millones para 2003. Los mexicanos se convirtieron en el 58% del total de la población ilegal estadounidense hacia 1990; para 2000, se estima que un total de 4.8 millones de mexicanos ilegales llegaron al 69% de esa población. En 2000, los mexicanos ilegales en los Estados Unidos eran 25 veces más numerosos que el segundo contingente más grande, el de El Salvador.
Concentración regional: Los padres fundadores de Estados Unidos consideraron la dispersión de los inmigrantes era esencial para su asimilación. Esto ha sido el patrón histórico y continúa siéndolo para los más contemporáneos inmigrantes no hispanos. Los hispanos, de todos modos, han tendido a concentrarse regionalmente: Los mexicanos al sur de California, los cubanos en Miami, y los dominicanos y portorriqueños en Nueva York. A inmigrantes más concentrados, de todos modos, es más lenta la asimilación.
En los ´90, las proporciones de Hispanos continuaron creciendo en estas regiones de mayor concentración. Al mismo tiempo, los mexicanos y otros hispanos también establecían cabezas de playa donde fuere.
Mientras los números absoluto son usualmente pequeños, los Estados con mayores porcentajes de crecimiento en población hispana entre 1990 y 2000 eran, en orden decreciente: Carolina del Norte (Creció un 449%), Arkansas, Georgia, Tennessee, South Carolina, Nevada, y Alabama (222%). Los hispanos además han establecido concentraciones en ciudades individuales y pueblos a través de los Estados Unidos. Por ejemplo, en 2003, Hartford, Connecticut, era hispana (principalmente Puerto Rico), sin contar las ciudades con un 38% de población negra.
"Hartford", dijo el primer alcalde hispánico de la ciudad, "se ha convertido en una ciudad latina, hasta para hablar. Es un signo de lo que viene", con un creciente uso del español como idioma para el comercio y el gobierno.
Las mayores concentraciones de hispanos, de todos modos, están en el sudeste, particularmente en California. En 2000, cerca de dos tercios de los inmigrantes mexicanos vivían en el este, y cerca de la mitad en California. La zona de Los Angeles tiene inmigrantes de muchos países, incluyendo a Corea y Vietnam, Las fuentes de la población nacida en el extranjero, de todos modos, difiere finamente del resto del país, con aquellos de un país en particular, México, excediendo el total de todos los inmigrantes de Europa y Asia. En Los Angeles, los hispanos, predominantemente mexicanos, sobrepasan ampliamente a otros grupos.
En 2000, el 64% de los hispanos en Los Angeles eran mexicanos, y el 46,5% de los residentes de Los Angeles eran hispanos, mientras que el 29,7% eran no hispanos blancos. Para 2010, se estima que los hispanos serán más que el doble de los habitantes de Los Angeles.
La mayoría de los grupos de inmigrantes tienen porcentajes de fertilidad más altos que los nativos, y por tanto el impacto de la inmigración se siente fuertemente en las escuelas.
La altamente diversificada inmigración en New York, por ejemplo, crea un problema para las maestras que tienen que lidiar con clases que tienen estudiantes que hablan 20 lenguas diferentes en sus casas. En contraste, los niños hispanos hace substanciales mayorías en las escuelas de la mayoría de las ciudades del suroeste. "Ningún sistema escolar en una de las principales ciudades estadounidenses" , dicen los expertos en Ciencias Políticas Katrina Burgess y Abraham Lowenthal de Los Angeles en su estudio de 1993 de los nexos entre Mexico y California, "ha experimentado nunca un influjo tan grande de estudiantes de un país extranjero. Las escuelas de Los Angeles se están convirtiendo en mexicanas". Para 2002, más del 70% de los estudiantes del distrito escolar unificado de Los Angeles eran hispanos, predominantemente mexicanos, con la proporción incrementándose constantemente; 10% de los niños en edad escolar eran blancos no hispanos. En 2003, para el distrito por primera vez desde 1850, la mayoría de los recién nacidos eran hispanos.
Persistencia: Las olas previas de inmigrantes eventualmente se desplomaron, las proporciones provenientes de países individuales fluctuaron enormemente, y, después de 1924, la inmigración se redujo un poco. En contraste, la actual ola no muestra signos de menguar y las condiciones para crear un amplio componente mexicano es posible que se extiendan, aunque la guerra se expanda o crezca la recesión.
En el largo plazo, la inmigración mexicana podría declinar cuando el bienestar económico de México se aproxime al de Estados Unidos. Como en 2002, de todos modos, el producto bruto interno per cápita era cuatro veces mayor que en México (en términos de paridad de poder adquisitivo).
Si esa diferencia fuese partida al medio, los incentivos para la inmigración caerían substancialmente. Para alcanzar ese promedio en un futuro significativo, de todos modos, se necesitaría un crecimiento extremadamente rápido en la economía mexicana, a una tasa mucho mayor a la de Estados Unidos. Sin embargo, aún cuando se de este dramático desarrollo económico no necesariamente reduciría el impulso a emigrar. Durante el siglo XIX, cuando Europa fue rapidamente industrializada y los ingresos per cápita iban en ascenso, 50 millones de Europeos emigraron a América, Asia y Africa.
Ningún otro grupo de inmigrantes en la historia estadounidense ha afirmado o podría afirmar un reclamo histórico hacia el territorio estadounidense.
Los mexicanos y los mexicano-americanos pueden y hacen el reclamo. Casi toda Texas, New Mexico, Arizona, California, Nevada y Utah era parte de México hasta que México los perdió como resultado de la Guerra de Independencia de Texas en 1835-1836 y la guerra Mexicano-Americana de 1846-1848. Mexico es el único país que los Estados Unidos han invadido, ocupado su capital, desplazando a los marines en los "pasillos de Moctezuma" y ahí fue cuando anexó la mitad de su territorio.
Los mexicanos no se olvidan de estos sucesos. Es bastante entendible, ellos creen que tienen derechos especiales sobre esos territorios.
Diferente de otros inmigrantes, dice el experto en Ciencias Políticas Peter Skerry, "los mexicanos llegaron aquí desde una nación vecina que ha sufrido una derrota militar a manos de Estados Unidos; y se establecieron predominantemente en una región que fue alguna vez parte de su territorio. Los mexicano-americanos disfrutan el sentido de estar sobre su propio césped que no es compartido por otros inmigrantes".
Por momentos, algunos intelectuales han sugerido que el Sudoeste podría convertirse en el Quebec de Estados Unidos. Ambas regiones incluyen a población Católica que fue conquistada por anglo-protestantes, pero por otro lado tienen poco en común. Quebec queda a 3000 millas de Francia, y cada año varios miles de franceses no intentan cada año entrar ilegalmente a Quebec. La historia muestra que hay un serio potencial de conflicto cuando las personas en un país o región se refieren a un país vecino en términos de propiedad y reclaman ciertos derechos sobre ese territorio.









