-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Los $45 que pagaba Argentina por cada dólar hasta antes de las PASO eran casi una recompensa para el extranjero cada 5 segundos que visitaba el país y ni hablar cuando se fue a $60 las semanas después. La contracara, desalentaron a muchos de los residentes que querían viajar afuera. Aún así la balanza turística sigue dando negativa en US$ 2800 millones. La devaluación mandó a las nubes el precio al que se vende un auto proveniente de Japón, regido crudamente por el dólar, y no tanto con modelos similares traídos de Brasil, que cotizan por una canasta de intercambio que construyen las filiales de cada multinacional en la región sobre la base de la paridad entre el peso y el real, y que tiene en cuenta la situación de cada uno de los mercados. Hablar de un dólar único en Argentina es desconocer que, para los productores, lo que vale es menos de lo que esperan, por lo que están pendientes de ver qué sucede con las retenciones y mantienen US$9.800 millones sin liquidar. Los jugadores de afuera y de adentro del volátil mercado financiero, tanto como cualquiera que tenga que elegir entre echar mano a las divisas o sentársele encima, comparten, asimismo, una expectativa alcista. Pero lo que pocos mencionan en la dialéctica del dólar es que el equilibrio de la competitividad ante los principales compradores y vendedores del exterior de bienes y servicios depende, entre otras cosas, de la relación entre las respectivas monedas en el intercambio: peso versus real, versus dólar, versus yuan, donde la depreciación que acumuló la Administración Macri en los últimos 4 años, pese al elevado nivel de las tasas de interés y a costa de perder multimillonarias reservas, afectó más el equilibrio financiero vinculado al endeudamiento que el menguado comercial, determinado éste último por las recesiones de Brasil o la nuestra propia, o en el caso de China, por las asimetrías en tamaño y crecimiento de las respectivas economías.
-
Los $45 que pagaba Argentina por cada dólar hasta antes de las PASO eran casi una recompensa para el extranjero cada 5 segundos que visitaba el país y ni hablar cuando se fue a $60 las semanas después. La contracara, desalentaron a muchos de los residentes que querían viajar afuera. Aún así la balanza turística sigue dando negativa en US$ 2800 millones. La devaluación mandó a las nubes el precio al que se vende un auto proveniente de Japón, regido crudamente por el dólar, y no tanto con modelos similares traídos de Brasil, que cotizan por una canasta de intercambio que construyen las filiales de cada multinacional en la región sobre la base de la paridad entre el peso y el real, y que tiene en cuenta la situación de cada uno de los mercados. Hablar de un dólar único en Argentina es desconocer que, para los productores, lo que vale es menos de lo que esperan, por lo que están pendientes de ver qué sucede con las retenciones y mantienen US$9.800 millones sin liquidar. Los jugadores de afuera y de adentro del volátil mercado financiero, tanto como cualquiera que tenga que elegir entre echar mano a las divisas o sentársele encima, comparten, asimismo, una expectativa alcista. Pero lo que pocos mencionan en la dialéctica del dólar es que el equilibrio de la competitividad ante los principales compradores y vendedores del exterior de bienes y servicios depende, entre otras cosas, de la relación entre las respectivas monedas en el intercambio: peso versus real, versus dólar, versus yuan, donde la depreciación que acumuló la Administración Macri en los últimos 4 años, pese al elevado nivel de las tasas de interés y a costa de perder multimillonarias reservas, afectó más el equilibrio financiero vinculado al endeudamiento que el menguado comercial, determinado éste último por las recesiones de Brasil o la nuestra propia, o en el caso de China, por las asimetrías en tamaño y crecimiento de las respectivas economías.
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Aunque sucediera lo que a esta altura parecería un milagro, que la industria creciera en más al 3% anual para recuperar el 15% de destrucción que acusa haber sufrido en la década, ya nada volvería a ser como era. Ni tampoco les devolvería el puesto a los 200 mil empleados que lo perdieron en la Administración Macri. El retraso que acumuló en este tiempo la inversión genuina en modernización del aparato productivo, achicado como consecuencia de los avatares macroeconómicos y la inestabilidad, obligará a las empresas a encarar todo lo que tiene que ver con la transformación digital que atraviesa transversalmente los procesos y hasta implica modificarlos. Incorporar nuevas máquinas, equipos y softwares que dan vuelta patas para arriba el know how tradicional, como ha venido sucediendo en algunos casos de sectores como el agro, el petróleo/gas y la metalmecánica. Las grandes compañías ya se encuentran reentrenando personal a una nueva cultura laboral para los próximos 5 a 10 años y dejan paulatinamente de concebir a la fuerza de trabajo como empleados en relación de dependencia. En general, los que consideran que no se adaptarán son los primeros en incluir en las listas de despidos. Las consultoras internacionales de RRHH prevén que con la transformación digital emergerá, por fuera de la sindicalización, un ecosistema de talento global (no sólo el vinculado directamente a la tecnología) que nutrirá en un 70/80% los planteles futuros.
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-