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Por un momento, hay que abstraerse de todo el condimento subjetivo de la política. Los números son los números. Son irrefutables y permiten llegar a un listado que impacta. Diego Giacomini, el director de la Economía y Regiones que fundara Rogelio Frigerio, pero que de oficialista no tiene un pelo, tuiteó una tabla que compara la herencia que Mauricio Macri recibió de Cristina Fernández de Kirchner, a falta de colocación de banda presidencial, con la que le dejará al que ocupe el 11 de diciembre el sillón de Rivadavia, aún cuando fuese él mismo si es reelecto. Dividió la final en 4 series: 1) fiscal y deuda, 2) monetario, 3) economía real y 4) internacional. En la que peor le fue por cantidad de ítems en contra ha sido en la 1), principalmente porque conjuga una presión tributaria récord con la necesidad de exprimir más a un contribuyente que además sufre la recesión para pagar el sideral endeudamiento. Le sigue la 3) que agrupa al PIB, la inversión, el salario, el empleo, la pobreza y la indigencia. Todos con tanteador en contra.
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La jefa del FMI, Christine Lagarde, le puso fichas al éxito del plan en curso y se esperanzó en que la inflación ceda. Su interlocutor argentino, el ministro Nicolás Dujovne, debería haberle advertido que se ciernen malas noticias: el índice de precios al consumidor viene para mayo en el 3%, según estimaciones privadas, pero la proyección anual de los 5 meses que lleva 2019 se sitúa por encima del 50%. Si bien este comportamiento intentará ser morigerado con el impasse en que entran las tarifas de los servicios públicos y el programa de precios cuidados y esenciales durante los 6 meses que quedan hasta que se defina la elección presidencial, el indicador general apenas reprimirá el ritmo al que viene medio punto por vez. Así, al menos, rondará el 2,5% entre julio y noviembre. Es cierto que la recesión también hizo su contribución, al limitar el promedio de aumentos de las paritarias al 28/30%, pero la amenaza de que retornen los tarifazos al finalizar los comicios está latente y los formadores de precios sólo aguardan una excusa para desenfundar la pistola remarcadora, como sucediera al cabo de 2017. La elevada inflación que signó el tiempo que lleva la gestión macrista, y acumula 200,2% a la fecha, arrancó en 2016 con el 41% que sucedió a la devaluación y el ajuste inicial; siguió con el 24,8% en un 2017 caracterizado por el atraso cambiario y de servicios como el transporte. Y de este modo, cuando Cambiemos ganó la elección de medio término, la olla no tardó en hacer ebullición: en 2018 los precios saltaron al 47,6% y en abril se proyectan al 55,8% anual, con los congelamientos transitorios ya incluidos.
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