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¿ALERTA MONOPOLIO?

Visa Toma Todo: Quiere quedarse con un unicornio argentino y el mercado entra en pánico

Si la operación se concreta, Visa no solo comprará activos. Comprará poder, influencia y una porción crítica del sistema financiero.

La palabra Visa vuelve a sacudir el sistema financiero. Esta vez no como simple marca de tarjetas, sino como protagonista de una jugada que reabre viejas heridas, despierta fantasmas regulatorios y pone en alerta a bancos y fintech. Según informó el medio iProUP, el posible avance de Visa Internacional sobre un unicornio local de medios de amenaza con reescribir una historia que el propio Estado forzó a cambiar hace menos de una década.

Pero antes de avanzar, un poco de historia.

El concepto de utilizar una tarjeta para las compras fue descrito en 1887 por Edward Bellamy en su novela utópica 'Looking Backward'. Pero era una tarjeta para gastar un dividendo de ciudadanía del gobierno y no para pedir prestado: era tarjeta de débito.

Poco después comenzó la Tarjeta de Cargos: solían entregarse a los clientes que tenían cuentas de cargo ('fiado') en hoteles o grandes almacenes.

En 1914, Western Union emitió la 1ra. tarjeta de crédito al consumidor: se otorgaban a los clientes preferidos de la compañía y les ofrecían una variedad de servicios especiales.

En 1934, American Airlines y Air Transport Association inventaron la Tarjeta de Viaje Aéreo: Air Travel Card que ofrecía "comprar ahora y pagar después".

En 1950 se introdujo Diners Club, aceptada por gran variedad de comercios. Buena iniciativa de Ralph Schneider y Frank McNamara, pero exigía que se pagara toda la factura con cada extracto.

Le siguió Carte Blanche y, en 1958, American Express creó una red mundial de tarjetas de cargo que con el paso de los años fueron tarjetas de crédito.

Bank of America tenía todo el estado de California como mercado potencial, y desde 1958 emitió BankAmericard, comenzando por la localidad de Fresno, donde el 45% de sus residentes utilizaban el banco, y el banco pudo convencer a los comerciantes que aceptaran la tarjeta.

Hacia 1965, un grupo de bancos en Illinois, la costa este y California, se unieron para formar Master Charge, y competir con BankAmericard. Inicio de MasterCard.

En 1970, Bank of America renunció al control de BankAmericard. Los bancos que emitían la tarjeta formaron National BankAmericard Inc. (NBI), pero fuera de USA, Bank of America continuó otorgando licencias para emitir BankAmericard. En 1974, se fundó IBANCO, una corporación multinacional que administraba el programa internacional de BankAmericard.

En muchos países había resistencia a emitir una tarjeta asociada con Bank of America. En 1977 BankAmericard se convirtió en Visa, NBI cambió su nombre a Visa USA e IBANCO devino en Visa International.

¿Por qué Visa vuelve a la carga por un gigante de pagos?

En los pasillos del sector financiero nadie lo dice en voz alta, pero todos lo comentan. Visa analiza quedarse con una porción clave de Prisma, la empresa que durante años fue sinónimo de pagos electrónicos en nuestro país. El movimiento, de concretarse, implicaría que la multinacional retome un control estratégico sobre un ecosistema que alguna vez dominó junto a los bancos locales y del que fue obligada a correrse por presión regulatoria.

Según trascendió, el interés de Visa estaría puesto en dos verticales específicas del negocio, ligadas al procesamiento, la innovación tecnológica y el corazón mismo del sistema transaccional. Un regreso quirúrgico, pero con impacto sistémico.

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La Justicia obliga a Visa y a Mastercard a pagar casi 200 millones de dólares.

La Justicia obliga a Visa y a Mastercard a pagar casi 200 millones de dólares.

¿Qué tiene que ver Visa con el viejo monopolio que marcó al mercado?

Para entender la dimensión del conflicto hay que mirar hacia atrás. Durante décadas, Prisma funcionó como una suerte de columna vertebral de los pagos electrónicos. Controlada por 14 bancos y asociada a Visa Internacional, la empresa manejaba todo, desde la emisión de tarjetas Visa hasta las terminales LaPos y plataformas como Todo Pago.

Ese esquema fue cuestionado en 2016, cuando la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia puso el foco sobre un presunto abuso de posición dominante. La acusación era que, los mismos bancos que emitían tarjetas eran dueños de la red que procesaba los pagos. Competencia cero, innovación limitada y comisiones altas para los comercios.

¿Cómo influyó el Estado en romper el poder que tenía Visa?

El quiebre llegó de la mano de una ofensiva política y regulatoria sin precedentes. Desde el Banco Central, Federico Sturzenegger empujó una estrategia agresiva para forzar la desinversión bancaria en Prisma.

Así, en 2019, el fondo estadounidense Advent International compró el 51% de Prisma por unos 700 millones de dólares. Años más tarde, se quedaría con el 100%, valuando la empresa cerca de los 1.400 millones.

¿Qué cambió en el mercado tras la salida de Visa y los bancos?

El impacto fue inmediato y se rompió la exclusividad. La adquirencia se abrió. Aparecieron nuevos jugadores, lectores QR, billeteras virtuales y fintech que bajaron costos y ampliaron la competencia. Mercado Pago, Ualá, Getnet y otros actores encontraron un terreno menos hostil para crecer.

Paradójicamente, esa transformación convirtió a Prisma en algo aún más valioso. Bajo la gestión de Advent, la empresa se reconvirtió en un gigante tecnológico, con marcas como Payway, Banelco y PagoMisCuentas, procesando millones de transacciones diarias en un país cada vez más digital.

¿Por qué Visa quiere volver justo ahora?

La respuesta combina oportunidad y nostalgia estratégica. Por un lado, Advent busca su salida. Como todo fondo de private equity, su negocio es comprar, reordenar y vender. La opción de una IPO en Nueva York estuvo sobre la mesa, con valuaciones que llegaban a los 5.000 millones de dólares.

¿Qué partes de Prisma busca quedarse Visa?

Según versiones del mercado, Visa avanzaría sobre Newpay y Texpert, dos unidades clave vinculadas al procesamiento y al futuro de los pagos digitales, incluyendo Transferencias 3.0. Es decir, la infraestructura que conecta bancos, fintech y consumidores.

Quedaría afuera Payway, la plataforma de cobros para comercios, al menos por ahora. Esa separación no es caprichosa, debido a que busca evitar acusaciones de concentración excesiva y repetir el escándalo que obligó a desarmar el viejo esquema monopólico.

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¿La vuelta de Visa puede generar un nuevo monopolio?

Esa es la pregunta que sobrevuela todo el sector. Aunque la operación sea parcial, Visa volvería a tener una influencia decisiva sobre el sistema de pagos argentino. No como dueña absoluta, pero sí como actor con peso estructura.

Por eso, el deal no pasará desapercibido para el Banco Central ni para las autoridades de defensa de la competencia. Prisma es un actor sistémico, cualquier cambio en su control impacta en bancos, comercios y consumidores.

¿Qué dicen Visa y Prisma sobre esta negociación?

Consultadas por versiones periodísticas, desde Visa Argentina repiten el libreto clásico, no comentan rumores ni especulaciones. Desde Prisma, directamente no hubo respuestas. Un mutismo que, lejos de desmentir, suele alimentar las sospechas.

¿Por qué esta historia vuelve a poner a Visa en el centro de la polémica?

Porque el posible regreso de Visa cierra un círculo incómodo. El mismo Estado que forzó su salida ahora debería autorizar su retorno, aunque sea parcial. Y el mismo funcionario que impulsó la desregulación aparece otra vez como figura clave en un mercado que nunca dejó de ser estratégico.

argentino. Y eso explica por qué, puertas adentro, el sector está en alerta roja.

La pregunta final no es si Visa puede volver. Es si la Argentina está dispuesta a dejarla.

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