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Las llamadas 'organizaciones sociales' (¿Qué quiere decir? ¿Hay organizaciones antisociales? ¿Las otras organizaciones que hay en la sociedad no son sociales?) han descubierto un problema enorme de la democracia representativa: su progresiva ausencia de las calles. Entonces, desde 2001, aprovechando la debilidad de la Administración De la Rúa, aprovecharon para 'ocupar la calle'. Esta deformación de la participación ciudadana fue contratada, con recursos del Estado, por algunos líderes políticos, tal como se aprovechan de las 'barrabravas' y otros grupos de choque. El precio pagado fue elevadísimo: 'la política' renunció a la calle para siempre. Desde entonces, las llamadas 'organizaciones sociales' no declaman por la capacitación de sus integrantes para su reinserción laboral sino por recursos para financiar a sus líderes, y luego a quienes participan de sus 'movilizaciones'. El Gran Buenos Aires es el escenario predilecto de las 'organizaciones sociales', en especial aquellos municipios que no aceptan 'contribuir para la causa', que termina siendo otro modelo de corrupción.
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