TODES BIEN, MENOS LOS MERCADOS

Se fue el G-20, la pelota quedó boyando

Mauricio Macri se consagró como excelso anfitrión, según reconocieron los líderes mundiales que asistieron a la cumbre del G-20 que acaba de finalizar, mérito en gran parte de la seguridad, las recepciones y las gentilezas gourmet que rodearon a las 3 jornadas dedicadas a las visitas. Y sobresalió la calidad que imprimió a los agasajos protocolares la esposa del mandatario, Juliana Awada, que harían las delicias de la audiencia de la revista Caras. Ni siquiera logró empañar la organización del trascendente evento internacional el deficiente servicio de internet del que se quejó la prensa extranjera, por el que habría que preguntar en el ex Ministerio de la Modernización, al mando de Andrés Ibarra. No fue responsabilidad de la presidencia pro tempore argentina que la virtud del documento final haya sido ver la luz, ni que la mayor expectativa del cónclave haya estado puesta en la postrer cena de los presidentes de USA, Donald Trump, y de China, Ji Xinping, para tratar nada menos que una tregua en la guerra comercial que mantiene en vilo al mundo. Para Macri, las satisfacciones estuvieron en el día antes (carta de intención con la agencia de inversiones de USA para financiar obras) y en el de después, cuando la delegación china visitó Olivos para firmar una treintena larga de convenios. La sensación de vacío la sintió cuando cayó el telón sin que le hubiera llegado, como lo habían entusiasmado los pares de Francia e Italia, la invitación de la OCDE para incorporarse al exclusivo club intergubernamental. El lunes finalizó el encanto, el dólar volvió a subir, remontó las exorbitantes tasas, el riesgo país no cede por la desconfianza de los inversores en la continuidad pero también en la firmeza del mandatario, y los indicadores de actividad económica, inflación, consumo, empleo y salario auguran tensiones sociales de incierto trámite. La gente se muestra muy preocupada por los aumentos en las encuestas: la mitad inclusive cree que el año que viene será peor que éste.

La Cumbre hubiera salido mucho más perfecta aún de lo que la calificó un emocionado presidente Mauricio Macri, si antes de su cierre llegaba la esperada invitación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para que la Argentina entre al selecto club de los 36 que la componen.

Pero se retiraron de Buenos Aires todos los líderes mundiales del G-20, entre ellos los mandatarios de Francia e Italia, quienes explícitamente ilusionaron al anfitrión con el ingreso al organismo intergubernamental, pero el convite de su secretario general, Ángel Gurríano, nunca tuvo lugar.

Consternado, Macri comentó: “En la OCDE pasa algo extraño: todo el mundo acepta el ingreso de la Argentina, pero estamos trabados porque a su vez no aprueban el ingreso de los otros países".

El anuncio trunco terminó siendo como la frutilla que le faltaba al postre que conformaban los acuerdos comerciales y de inversiones suscriptos en las reuniones bilaterales con USA y China, más la ratificación de la jefa del FMI, Christine Lagarde, en torno del apoyo crediticio y político al plan de estabilización vigente.

Superar cada una de estas pantallas, como en los videojuegos, significa para la Argentina ir reinsertándose en el mundo, como fue y sigue siendo la propuesta de campaña electoral de Cambiemos.

Finalizada la Cumbre, le quedan pendientes a la Cancillería fogonear los tratados de libre comercio que se habían estado gestionando, hasta ahora sin resultados concretos, empezando por la reformulación del Mercosur en cuanto asuma el nuevo gobierno en Brasilia.

A partir de ahí, sigue en la lista la Unión Europea y después los vecinos del Pacífico, como se apresuró en darle forma Michel Temer al suyo antes de la entrega del Planalto a Jair Bolsonaro.

El viceministro de Economía, Miguel Braun, avenido a vocero ad hoc de la sala de prensa en Costa Salguero, no se mostró demasiado confiado en la fortaleza del país para sentarse a negociar en mesas bilaterales con interlocutores de mayor poder y por eso reveló la preferencia del gobierno por los marcos globales.

¿Será por el 0, de participación que exhibe en el comercio global? ¿Porque estamos entre los más relegados receptores de inversión extranjera directa del planeta? ¿O porque se duda que el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, dé con la talla?

En el día a día, los lobos de Wall Street y los acólitos locales todavía le gruñen al jefe de Gabinete, Marcos Peña, por haber dado la extremaunción al carry trade en diciembre y le dedican toda clase de epítetos al arquitecto electoral Jaime Durán Barba por insistir en impulsar a Cristina Fernández de Kirchner como contracara permanente de Mauricio Macri en los comicios.

El malestar se refleja en el riesgo país instalado en los 700 puntos y en el valor diferenciado de los bonos que vencen después de noviembre. El propio Braun reconoció el escepticismo de los inversores porque “hay quienes desde la oposición cuestionan la división de poderes”, en alusión al discurso de CFK de la contracumbre.

Hubo días pasados versiones de que los tenedores de títulos soberanos que trascienden la actual gestión tocaron los timbres del kirchnerismo para conocer de primera mano qué pensaban hacer si ganaban.   

A punto de cumplir los 3 años la Administración Macri, una mezcla de desconfianza e incertidumbre embarga tanto a los inversores del exterior como a los actores sociales vernáculos en torno del rumbo de la Casa Rosada. 

Tampoco la marcha de la macroeconomía brinda respuestas satisfactorias que avalen los pronósticos optimistas que surgieron de la comunidad internacional presente en el G-20 y que predican los funcionarios del gobierno nacional, con los ministros Nicolás Dujovne y Dante Sica como los más elocuentes propagandistas. 

Sin embargo, los indicadores de PBI, consumo, empleo, salario e inflación no remontan, mientras las tasas, sin importar cuán altas estén, sí lo hacen cada vez que el dólar amaga con subirse a la parte de arriba de la banda.  

Voto castigo

Los esfuerzos comunicacionales por mostrar un repunte en la imagen del gobierno registrado en las encuestas apuntan a revertir expectativas y alejar el fantasma del voto castigo del horizonte electoral, a fin de que los inversores confíen en que la afirmación de CFK como rival asegura una dispersión del voto peronista, que Macri podría cosechar en un balotaje para ser reelecto.  

A los que tienen capital jugado en los bonos dolarizados no les es suficiente esta martingala electoral. Constituyen más de las tres cuartas partes de los inversores, la ávida clientela de un círculo rojo que luce desconcertado como perro en bote.

La actual crisis, que economistas hipercríticos como José Luis Espert enfatizan que aún no tocó fondo, no deriva en preocupaciones ciudadanas acerca de si gusta o no lo que hace Macri, de qué opinan de la gestión, de si puede ganarle a Cristina en noviembre o no, sino que la mira telescópica popular apunta a los aumentos de tarifas y de la inflación vividos en los últimos meses, que se encuentran por encima de otras temáticas, como la inseguridad, la pérdida de empleos o el mal funcionamiento del sistema judicial, de acuerdo con el relevamiento efectuado por Consultoría, Evaluación e Investigación Social (CEIS) entre los días 18 y 22 de noviembre de 2018, a través de encuestas telefónicas automatizadas realizadas mediante el sistema IVR (InteractiveVoiceResponse) a personas mayores de 16 años.

Las tensiones sociales que pueden sobrevenir de ahora en más, como reacción a una situación económica del país tan delicada que casi 3 de cada 4 personas juzgan negativa y con tendencia crecientemente negativa como durante todo el corriente año, alimentan la desconfianza de los inversores en que reaparezcan medidas perjudiciales como en un pasado  recurrente y no tan lejano, como los defaults, corralitos, planes Bonex, pesificaciones de contratos.

Aunque no crean a Macri capaz de hacerlo, no están tan seguros de que esté tan firme ni de su continuidad, pero sí tienen presente que el Congreso le suele cambiar las leyes, el mercado le devalúa y lo extorsiona para mantener la tasa de interés en un nivel sideral, imposible para cualquier actividad productiva.

Viene de largo que Argentina esté siendo sometida a tribunales internacionales, como el Ciadi del Banco Mundial o los juzgados de Nueva York, para arbitrar los contratos con el Estado y los financieros; a las auditorías del Fondo Monetario Internacional para el seguimiento del salvataje financiero a la economía nacional, y ahora a tribunales arbitrales extranjeros con sede en un Estado que sea parte en la Convención sobre el Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras, a los que tuvo que ceder también la jurisdicción de los PPP.

Pero siempre hay algo más y sacar de las fronteras la final del superclásico Ríver-Boca para trasladarla a Madrid, con público local y visitante, como es lo normal, era lo que faltaba para reforzar nuestra cultura offshore mucho más allá de la preferencia casi folclórica por una moneda de otro país, como el dólar.