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El gobierno y las fábricas de autos intentan animar a los empleados registrados que estén cobrando este mes los medio aguinaldos y los primeros aumentos de las paritarias a comprarse un 0Km. La suma de los descuentos podría hacer bajar un modelo chico de $800 mil a poco más de $500 mil. No está claro cómo jugaría la financiación en este caso, pero si el plan estuviera acompañado por un éxito absoluto, como en los mejores tiempos, las playas de las terminales, de las concesionarias e importadores liberarían en el lapso de la oferta unas 70 mil de las 200 mil largas unidades que se encuentran arrumbadas a la espera de dueño. Equivale a medio año de los patentamientos estimados para todo 2019, las perspectivas de recuperación productiva en el sector siguen siendo desalentadoras. El contexto de plantas que trabajan al 35% de la capacidad instalada e importaciones de Brasil que siguen en declive, y una demanda interna pichicateada para, en el mejor de los casos, reducir una cuarta parte de los stocks no sólo se está pagando con despidos y suspensiones, sino que varios autopartistas multinacionales decidieron cerrar y concentrarse en el país vecino, mientras sus colegas Pymes locales deshojan la margarita entre bajar la persiana y resistir como gato panza arriba. Ya fueron a la calle 4800 operarios de la industria proveedora y hay 3.000 más en capilla.
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Los resultados parciales de las 20 paritarias testigo, entre las 500 que abarcan a los 12 millones de trabajadores registrados y definen la mitad aproximadamente de la masa salarial en cuestión, se empiezan a notar en la calle en mayo y junio. Vienen dando un aumento a cuenta del 15%, que técnicamente le empatarían, punto más o menos, a la inflación acumulada en el período. Queda en la mitad del camino hasta el 28% al 30% promedio pactado para todo el año, con reaperturas permanentes y otros mecanismos de flexibilidad. Los sindicalistas resignan subir el tono de la discusión para recuperar el terreno perdido por los sueldos el año pasado y no quieren ni mirar hacia adelante, cuando venza el congelamiento parcial de tarifas y de precios administrados. La principal preocupación del día son los puestos de trabajo, y la opción pasa por achicar pretensiones en aras de mantenerlos. El 10% firmado en la paritaria mecánica coincide con el reciente acuerdo sellado entre Renault y SMATA para evitar 1.500 despidos y con la crisis que en general atraviesa la industria. La recesión consigue acotar el costo laboral, con mayor contundencia que cualquier reforma que se quisiera hacer aprobar en el Congreso, y la inflación hace el resto. Algo parecido a lo que caracteriza al sistema previsional, ya que los cambios en los tiempos y la fórmula de la movilidad terminaron siendo más efectivos para el gasto público que cualquier texto que a la larga modifique la estructura de la ley.
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Si bien la Administración Macri no ha podido lograr que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) le hiciera un lugar en su selecto club ni integrar efectivamente al país en tratados de libre comercio, se acerca al final de su mandato presidencial habiendo levantado el default económico heredado del anterior gobierno K, al dejar normalizado más del 92% de la deuda privada, y que el país finalmente haya sido incluido en la categoría de emergente. Es el balance concreto que podría exhibir hasta ahora de la reinserción en el mundo comprometida en la campaña de 2015. Pero lega, sin embargo, un riesgo-país en casi 1.000 puntos, consecuencia de la incertidumbre que transmite el futuro cumplimiento de cancelación de los abultados vencimientos que se escalonan hacia adelante, así como en torno de la decisión que al respecto adoptará el gobierno que asuma en diciembre. Pesa en ese estado de incertidumbre que aún permanezcan impagas sentencias en los tribunales de Nueva York por cerca de US$1.000 millones a favor de holdouts que no entraron en los canjes de 2005 y 2010. Esto es muy importante porque hay bastante confusión al respecto: Argentina calificó como país emergente pero sólo para los títulos privados ADRS de un pequeño grupo de empresas que cotizan en Wall Street, lo que no incluye a los títulos públicos, que permanecen en default jurídico hasta que la magistrada de Manhattan, Loretta Preska, no emita el “libre deuda” correspondiente.
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Si bien la Administración Macri no ha podido lograr que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) le hiciera un lugar en su selecto club ni integrar efectivamente al país en tratados de libre comercio, se acerca al final de su mandato presidencial habiendo levantado el default económico heredado del anterior gobierno K, al dejar normalizado más del 92% de la deuda privada, y que el país finalmente haya sido incluido en la categoría de emergente. Es el balance concreto que podría exhibir hasta ahora de la reinserción en el mundo comprometida en la campaña de 2015. Pero lega, sin embargo, un riesgo-país en casi 1.000 puntos, consecuencia de la incertidumbre que transmite el futuro cumplimiento de cancelación de los abultados vencimientos que se escalonan hacia adelante, así como en torno de la decisión que al respecto adoptará el gobierno que asuma en diciembre. Pesa en ese estado de incertidumbre que aún permanezcan impagas sentencias en los tribunales de Nueva York por cerca de US$1.000 millones a favor de holdouts que no entraron en los canjes de 2005 y 2010. Esto es muy importante porque hay bastante confusión al respecto: Argentina calificó como país emergente pero sólo para los títulos privados ADRS de un pequeño grupo de empresas que cotizan en Wall Street, lo que no incluye a los títulos públicos, que permanecen en default jurídico hasta que la magistrada de Manhattan, Loretta Preska, no emita el “libre deuda” correspondiente.
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Si bien la Administración Macri no ha podido lograr que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) le hiciera un lugar en su selecto club ni integrar efectivamente al país en tratados de libre comercio, se acerca al final de su mandato presidencial habiendo levantado el default económico heredado del anterior gobierno K, al dejar normalizado más del 92% de la deuda privada, y que el país finalmente haya sido incluido en la categoría de emergente. Es el balance concreto que podría exhibir hasta ahora de la reinserción en el mundo comprometida en la campaña de 2015. Pero lega, sin embargo, un riesgo-país en casi 1.000 puntos, consecuencia de la incertidumbre que transmite el futuro cumplimiento de cancelación de los abultados vencimientos que se escalonan hacia adelante, así como en torno de la decisión que al respecto adoptará el gobierno que asuma en diciembre. Pesa en ese estado de incertidumbre que aún permanezcan impagas sentencias en los tribunales de Nueva York por cerca de US$1.000 millones a favor de holdouts que no entraron en los canjes de 2005 y 2010. Esto es muy importante porque hay bastante confusión al respecto: Argentina calificó como país emergente pero sólo para los títulos privados ADRS de un pequeño grupo de empresas que cotizan en Wall Street, lo que no incluye a los títulos públicos, que permanecen en default jurídico hasta que la magistrada de Manhattan, Loretta Preska, no emita el “libre deuda” correspondiente.
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En medio de una escalada en la guerra comercial que libra con la gran potencia occidental, USA, el gigante asiático padece los efectos devastadores que desató una epidemia de peste porcina en la producción del principal alimento de la ingesta de su población: la carne de cerdo, y ya repercute con fuerza en el mercado internacional de los commodities, del que abreva Argentina. Los chinos necesitan ahora importar más proteína animal que compense la merma de sus planteles y menos maíz, soja y forrajeras para engordarlos. Nuestro complejo agroindustrial hace cuentas a corto y mediano plazo para ver cómo transformar los depreciados granos que los chinos dejan de comprar (principalmente 3 millones menos de toneladas de poroto de soja y más de 300 mil toneladas de harina de soja) en kilos de carne para la demanda excedente, cuyo precio ya mejoró entre 2% y 13% en el caso del cerdo y entre 0,3% y 1% en el de la carne bovina, frente a una baja de 5% en el maíz, de un 10% en la soja y de un 13% en la harina de soja. Al analizar el impacto de la Peste Porcina Africana y las fuentes de incertidumbre en el mercado mundial, el Instituto de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI concluyó que este año las 6 principales cadenas agrícolas (soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada) resignarán más de US$2.300 millones respecto de las estimaciones de inicio de campaña, y el monto de las exportaciones disminuiría en US$1.344 millones. Recomiendan al gobierno defender el precio interno volviendo atrás el diferencial arancelario que le sacó a las harinas y aceites para igualar la tributación a la de los commodities.
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En medio de una escalada en la guerra comercial que libra con la gran potencia occidental, USA, el gigante asiático padece los efectos devastadores que desató una epidemia de peste porcina en la producción del principal alimento de la ingesta de su población: la carne de cerdo, y ya repercute con fuerza en el mercado internacional de los commodities, del que abreva Argentina. Los chinos necesitan ahora importar más proteína animal que compense la merma de sus planteles y menos maíz, soja y forrajeras para engordarlos. Nuestro complejo agroindustrial hace cuentas a corto y mediano plazo para ver cómo transformar los depreciados granos que los chinos dejan de comprar (principalmente 3 millones menos de toneladas de poroto de soja y más de 300 mil toneladas de harina de soja) en kilos de carne para la demanda excedente, cuyo precio ya mejoró entre 2% y 13% en el caso del cerdo y entre 0,3% y 1% en el de la carne bovina, frente a una baja de 5% en el maíz, de un 10% en la soja y de un 13% en la harina de soja. Al analizar el impacto de la Peste Porcina Africana y las fuentes de incertidumbre en el mercado mundial, el Instituto de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI concluyó que este año las 6 principales cadenas agrícolas (soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada) resignarán más de US$2.300 millones respecto de las estimaciones de inicio de campaña, y el monto de las exportaciones disminuiría en US$1.344 millones. Recomiendan al gobierno defender el precio interno volviendo atrás el diferencial arancelario que le sacó a las harinas y aceites para igualar la tributación a la de los commodities.
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