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Contrastó con la recesión, inflación y elevado riesgo país de la Argentina que en 2018 la inversión extranjera directa creciera +5,5% respecto del año anterior, cuando en el resto de Latinoamérica bajó casi -8% y -13% en el mundo. Y más aún si se la parangona con el -18% que retrocedió, en el mismo lapso, el aporte de capitales productivos en la alicaída economía en general del país. La diferencia la hicieron entre Vaca Muerta y el 'roll over' de dividendos de las compañías multinacionales aunque por la depreciación de la moneda, en algunos casos como el energético: terminó siendo preferible para algunos arbitrar tasas del 70% anual antes que remitirlos convertidos en divisas a las casas matrices. Como el aparato comunicacional de propios y aliados de la Administración Macri hace de las falencias virtudes, como festeja el 3,1% de inflación de mayo, exalta que el año pasado Argentina se consagró como uno de los países latinoamericanos más atractivos para atraer mayor inversión extranjera, aunque haya sido consecuencia de haber devaluado más que los vecinos y que, por lo tanto, a las multinacionales les conviniera más dejar parte de las utilidades como instrumentos financieros domésticos que mandarlas afuera.
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Contrastó con la recesión, inflación y elevado riesgo país de la Argentina que en 2018 la inversión extranjera directa creciera +5,5% respecto del año anterior, cuando en el resto de Latinoamérica bajó casi -8% y -13% en el mundo. Y más aún si se la parangona con el -18% que retrocedió, en el mismo lapso, el aporte de capitales productivos en la alicaída economía en general del país. La diferencia la hicieron entre Vaca Muerta y el 'roll over' de dividendos de las compañías multinacionales aunque por la depreciación de la moneda, en algunos casos como el energético: terminó siendo preferible para algunos arbitrar tasas del 70% anual antes que remitirlos convertidos en divisas a las casas matrices. Como el aparato comunicacional de propios y aliados de la Administración Macri hace de las falencias virtudes, como festeja el 3,1% de inflación de mayo, exalta que el año pasado Argentina se consagró como uno de los países latinoamericanos más atractivos para atraer mayor inversión extranjera, aunque haya sido consecuencia de haber devaluado más que los vecinos y que, por lo tanto, a las multinacionales les conviniera más dejar parte de las utilidades como instrumentos financieros domésticos que mandarlas afuera.
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En el marco del Salón Aeronáutico de París, que se celebra en Le Bourget, el grupo IAG (International Airlines Group), del que forman parte Iberia, British Airways, Vueling y Aer Lingus ha firmado una carta de intenciones con Boeing —sujeta a un acuerdo formal— para comprarle 200 aviones de la familia B737 MAX, según ha informado la empresa en un comunicado. Se trata del 1er. gran contrato que logra el fabricante estadounidense tras llos accidentes mortales en octubre de 2018 y marzo de 2019 en Indonesia y Etiopía, que llevaron a las principales aerolíneas a suspender los vuelos operados con estos aparatos y a USA y la UE, a cerrar su espacio aéreo a este avión. e incluye aeronaves de los modelos 737-8 y 737-10. Los aparatos adquiridos por IAG serían entregados entre 2023 y 2027 y operados por algunas de las aerolíneas del grupo, incluyendo a Vueling y Level, además de British Airways en el aeropuerto Gatwick de Londres.
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La Administración Macri retira de circulación la mitad de la moneda de curso legal que recogen los bancos a cambio de Leliqs, por las que fija una tasa de casi el 70%, que ahuyenta a cualquier tomador de créditos particular. Las entidades privadas y nacionales aprovechan esta excepcionalidad y las elevadas comisiones que impusieron para hacerse de toda la ganancia posible hasta que cambie el gobierno y los que vengan definan algo con la deuda. A fin de año, el roll over de esos bonos de liquidez redoblados juntará casi una base monetaria completa, en gran parte está calzada a los plazos fijos bancarios. Sería un potencial equivalente a unos US$ 42 mil millones, que podrían ser cancelados con desembolsos del FMI, o sea dolarizándolos, como propuso el economista Carlos Melconián, o mediante el reparto de papelitos a costa de la rentabilidad obtenida, como sugieren desde ventisqueros populistas. El otro gran protagonista estatal de futuras renegociaciones es ANSES, cuyo Fondo de Garantía de Sustentabilidad tiene el 60% de su cartera en títulos públicos. Serían unos US$26 mil millones más “no exigibles” a descontar de una implacabilidad de la espada de Damocles acreedora. El mercado de capitales espera que ANSES se convierta en un fondo previsional, como sucede en la mayoría de los otros países, y pueda así financiar la actividad productiva, en lugar de orientarse, como ahora, hacia las Leliqs.
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La Administración Macri retira de circulación la mitad de la moneda de curso legal que recogen los bancos a cambio de Leliqs, por las que fija una tasa de casi el 70%, que ahuyenta a cualquier tomador de créditos particular. Las entidades privadas y nacionales aprovechan esta excepcionalidad y las elevadas comisiones que impusieron para hacerse de toda la ganancia posible hasta que cambie el gobierno y los que vengan definan algo con la deuda. A fin de año, el roll over de esos bonos de liquidez redoblados juntará casi una base monetaria completa, en gran parte está calzada a los plazos fijos bancarios. Sería un potencial equivalente a unos US$ 42 mil millones, que podrían ser cancelados con desembolsos del FMI, o sea dolarizándolos, como propuso el economista Carlos Melconián, o mediante el reparto de papelitos a costa de la rentabilidad obtenida, como sugieren desde ventisqueros populistas. El otro gran protagonista estatal de futuras renegociaciones es ANSES, cuyo Fondo de Garantía de Sustentabilidad tiene el 60% de su cartera en títulos públicos. Serían unos US$26 mil millones más “no exigibles” a descontar de una implacabilidad de la espada de Damocles acreedora. El mercado de capitales espera que ANSES se convierta en un fondo previsional, como sucede en la mayoría de los otros países, y pueda así financiar la actividad productiva, en lugar de orientarse, como ahora, hacia las Leliqs.
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En medio de las componendas políticas para definir las candidaturas que competirán en la próxima elección presidencial, casi como que pasó de largo en el plano local el anuncio realizado por la compañía líder mundial en la fabricación de tubos sin costuras, Tenaris, integrante del grupo Techint comandado por Paolo Rocca, de la convocatoria a asamblea de accionistas que avale la salida de las pizarras de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, donde estuvo más de 60 años. Los papeles en poder de inversores locales migrarán, convertidos en ADS, a las bolsas de Milán, México o Nueva York, donde concentra casi toda su actividad. La noticia corrió como reguero por los cables internacionales, al tratarse de un duro golpe para la Administración Macri, en momentos en que está en juego la reelección. Pero la relación con el mayor productor de acero de Argentina y el mayor productor global de tubos sin costura, además de ser uno de los principales animadores de las inversiones en Vaca Muerta, a través de Tecpetrol, estuvo signada por los conflictos. La afinidad ideológica que decían compartir se enturbió por las causas judiciales cruzadas que desataron los cuadernos gate y la liquidación del gas extraído de Fortín de Piedra en disputa. Para peor, la recesión con inflación que caracterizó a la gestión que va por su 4to año impactó negativamente tanto a la siderurgia como a las áreas de petroquímica, refinería, minería, plantas industriales y de tratamiento de aguas, tuberías, telecomunicaciones, tecnología de información, rutas y autopistas, terminales marinas, puentes, represas y aeropuertos que lidera el hólding ítalo-argentino.
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Los dueños del 99,4% de las empresas privadas del país negocian el día a día con ell antiguo dibujito del juego del ahorcado, que construye con muy poco dinero en caja, empleados de brazos cruzados que rezan por una reactivación que les garantice poder seguir llevando el sueldo a su casa, una cadena de pagos entre los proveedores que anda por los 120 días, intereses para cambiar cheques largamente superiores al 100% anual, los servicios públicos con facturas que multiplican por 3 dígitos a las de hace 3 años y medio y las oficinas de recaudación de gabelas de todo tipo pisándoles los talones. Cuando la soga se ajustó al cuello, llega el final, como sucedió en 3 años con 11 mil que bajaron la persiana y 197 mil empleados fueron a parar a la calle. Aunque se las identifique con el genérico Pymes, se proyectan mucho más que un slogan de conveniencia en el discurso político. Son más bien sinónimo del sector privado nacional: por cada compañía grande, unas 200 de estas unidades menores se desempeñan a la par, pero sin espaldas financieras para aguantar una crisis tan prolongada. Y, al final de cada jornada, se repite la gran pregunta: ¿hasta cuándo podremos resistir en pie?
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En 2018, en plena corrida cambiaria e intervención del Fondo Monetario Internacional, Mauricio Macri recibió una informal oferta de Donald Trump para dolarizar la economía. Ahora es su par brasileño, Jair Bolsonaro, quien le propone hacer del real y el peso una sola moneda. La Casa Blanca y el Planalto le prodigan gestos de apoyo al mandatario argentino para que no pierda la reelección y, en consecuencia, los abandone en la cruzada contra el populismo venezolano. Y, como ven en el repudio nacional al peso, expresado en la devoción por el dólar, el principal punto débil de su aliado austral, intentan apuntalarlo como sea hasta que amainen la tormenta financiera internacional y los efectos de la guerra interarancelaria entre las potencias occidentales y orientales. La crisis de confianza en la moneda argenta es terminal e irremontable. El peso que creara Julio A. Roca hace 138 años hoy, entre reformas monetarias e inflación, debería cotizar a $ 50.262.180.000.000.000: o sea, $50.262 billones. Cuatro generaciones de argentinos: los Baby Boomers, Generación X, Millennials y Centennials, es decir, de bisabuelos a nietos, aprendieron a convivir con la inestabilidad, las devaluaciones y los incesantes aumentos de precios e internalizaron al billete norteamericano como el refugio por antonomasia. Sorprendemos al mundo como los que acudimos al Google a consultar más por el dólar que por el estado del tiempo. Pensamos en verde, ahorramos en verde, gastamos en verde, pero nos sentimos cada día más pobres, en monedas propias o, peor aún, en el propio verde.
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