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La puesta en marcha del tratado de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea sorprende a la economía nacional como una de las más cerradas del planeta. Pero al mismo tiempo la encuentra desguarnecida por la estanflación, el sobreendeudamiento, la ausencia de crédito accesible, de inversiones productivas. Soportando una presión impositiva récord y prácticas laborales desnaturalizadas por abusos más que por derechos de los trabajadores. Cuando se instale un nuevo gobierno en diciembre, aunque sea el actual reelecto, habrá, en el mejor de los casos, una inflación del 2,5% mensual, tipo de cambio, tarifas y precios reprimidos y atrasados, con un elevado riesgo país. Estará en gestación un eventual “sinceramiento de las variables” (como en la época del abuelo del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, se solía denominar a las devaluaciones y demás medidas de reacomodamiento de precios relativos), y recién a partir de ahí se podría dar el puntapié inicial al proceso estructural de apertura de la economía a la competencia externa, el que a continuación requeriría de las reformas legislativas estructurales, como la tributaria y laboral.
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Con las PASO a la vuelta de la esquina, la Administración Macri juega los porotos presupuestarios que tiene a tiro para intentar convencer al electorado de que le renueve el mandato hasta 2023 y refuerza partidas para trenes, metrobús, tramos de rutas, completar obras de infraestructura y todo lo que amerite cortar cintas y hacer propaganda con tales inauguraciones. La pax social ha sido otro de los objetivos al que le pone proa el dúo Marcos Peña-Nicolás Dujovne cuando firma asignaciones extras para comedores, centros asistenciales de salud del interior y fondos para prestarles a los jubilados. Fueron en total $40.000 millones disparados a las áreas de gobierno que más en contacto se encuentran con las urnas. Sin embargo, la jugada más temeraria fue comunicacional: la presentación al Congreso de un anticipo de las proyecciones con las que será elaborado el Presupuesto 2020 que debería ser presentado en setiembre. Contra los pronósticos del REM (el mercado), el Fondo Monetario Internacional, la OCDE, Cepal, etc, anuncian una base de crecimiento del 3,5% (todos los otros dan caídas) y menos inflación que la calculada para este año, que había sido del 26,1%. Una duda estadística: ¿Será que para dibujar mejores previsiones futuras habrá que empeorar las actuales?
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Con las PASO a la vuelta de la esquina, la Administración Macri juega los porotos presupuestarios que tiene a tiro para intentar convencer al electorado de que le renueve el mandato hasta 2023 y refuerza partidas para trenes, metrobús, tramos de rutas, completar obras de infraestructura y todo lo que amerite cortar cintas y hacer propaganda con tales inauguraciones. La pax social ha sido otro de los objetivos al que le pone proa el dúo Marcos Peña-Nicolás Dujovne cuando firma asignaciones extras para comedores, centros asistenciales de salud del interior y fondos para prestarles a los jubilados. Fueron en total $40.000 millones disparados a las áreas de gobierno que más en contacto se encuentran con las urnas. Sin embargo, la jugada más temeraria fue comunicacional: la presentación al Congreso de un anticipo de las proyecciones con las que será elaborado el Presupuesto 2020 que debería ser presentado en setiembre. Contra los pronósticos del REM (el mercado), el Fondo Monetario Internacional, la OCDE, Cepal, etc, anuncian una base de crecimiento del 3,5% (todos los otros dan caídas) y menos inflación que la calculada para este año, que había sido del 26,1%. Una duda estadística: ¿Será que para dibujar mejores previsiones futuras habrá que empeorar las actuales?
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El aparato productivo nacional está compuesto por unas 600 mil empresas, más del 99% clasificadas como pequeñas y medianas, cuya gran mayoría viene afrontando casi desde la lona la crítica macroeconomía actual, sin mercado interno que le compre la producción ni créditos que puedan pagar ni una carga impositiva razonable. Ni siquiera la corriente mundial de transformación digital, que requiere de inversiones de capital que tampoco hay a la mano, había entrado aún en sus oraciones, cuando el gobierno de Mauricio Macri concreta la firma de un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea que les da entre 4 y 15 años de plazo para abrirles la competencia sin barreras arancelarias con países más maduros en desarrollo y en los que la inflación, las tasas de interés y la inestabilidad de las reglas de juego no figuran en la agenda cotidiana. Al estar todavía pendiente en Argentina el tratamiento serio de una reconversión industrial como la que demandaría entrar en la modernidad del siglo XXI, pero pensando en la oportunidad de trabajar para los seres humanos que la habitamos, comenzar por blandir una amenaza de extinción a plazo fijo en las precarias condiciones macroeconómicas actuales, significaría algo así como ponerle plazo a un obeso para convertirse en atleta o morir en el intento. En lo inmediato, la franquicia beneficiará a la salida de algunos productos primarios hacia puertos europeos exentos de tributación en destino, que abarcará a las tres cuarta partes (76%) de las importaciones que realiza la Unión Europea provenientes del Mercosur. De la mano contraria, afectará al 13% de los bienes que se envían hacia estos lares.
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Pese a tener un PBI situado en el 27° lugar del mundo, Argentina ocupa el puesto 45 como exportador de bienes y servicios elaborado por la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), que dirige Marcelo Elizondo. Desde 2011, las ventas externas declinaron 37%, aunque las carnes tuvieron últimamente un fuerte repunte debido a la demanda china, somos los proveedores número uno de aceite de soja, peras, maní y jugo de limón y casi el 60% de las ventas hacia afuera la constituyen los productos primarios: campo, minería y pesca. Como la meta anunciada por el Presidente Mauricio Macri es convertir al país en supermercado del mundo, diferenciándolo de la calificación de granero de comienzos del siglo pasado, la instancia actual lo asemejaría más a una feria municipal que al retail añorado.
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Los números de mayo de la gestión fiscal desnudan la herencia que se ha incubado para el gobierno que venga, sea que se le renueva el mandato a Mauricio Macri, regresa Fernández Cristina o surge una 3ra opción. El informe de ASAP sobre ejecución presupuestaria en mayo pasó casi de largo hoy, pese a que contiene datos preocupantes, como que la deuda externa pública creció en 2 años casi 38% y devenga intereses que subieron 92% interanual y suman $278.868 millones. Queda claro que fue aumentada la transferencia de recursos a las firmas energéticas y de transporte y que, a pesar de los tarifazos precedentes y la inflación que traccionaron, los subsidios económicos volvieron a cobrar altura. De todos modos, el gobierno dejó en suspenso los aumentos en la luz y el gas hasta después de las elecciones, y aunque los gastos primarios subieron menos que los ingresos tributarios, ya se reconoce un déficit primario de 0,8 punto del PBI que habrá que financiar con más deuda. La vara del IPC -Cobertura Nacional se encuentra en un nivel alto, del 53,4%, lo cual esteriliza la recaudación de impuestos y se potencian mutuamente con el inquieto dólar y la súper tasa de interés.
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En el empresariado en general campea la incertidumbre acerca del país que aguarda detrás de la bandera blanca cambiaria y remarcadora de precios. Coinciden las recientes encuestas entre hombres de negocios, como las que realizaron Adecco y Manpower. En pleno período preelectoral, se fueron llenando las listas de partidos con muchos nombres, sin que ninguno haya expuesto qué piensa hacer en concreto con el tipo de cambio, la tasa de interés, la inflación, el salario, el consumo, el gasto público, la presión tributaria, la reforma previsional, la laboral, la deuda, la pobreza. El buen clima para la inversión y la creación de empleo que se genere dependerá de las adhesiones que despierte el repertorio que los candidatos comiencen a desgranar fuera del marketing electoral y que todos los que toman decisiones aguardan impacientes. Hasta hoy, como diría un mago Tusam cualquiera, “nada por aquí, nada por allá”.
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Hasta dónde medio punto mensual menos en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), un par de puntos más de uso de capacidad instalada, una leve mejora en el consumo de electricidad y lo que quede de unas paritarias derrotadas por la inflación serán suficientes para revertir la imagen negativa del gobierno en vísperas de elecciones, es una gran pregunta sin respuesta aún. Lo que está claro es que agitará más el dateo que la percepción concreta de la sociedad. Brasil encalló también y será más lo que se quiera llevar para cubrir su ociosidad industrial que lo que esté dispuesto a aportar. Sin poder adquisitivo que movilice el mercado interno más allá de un tarjetazo de ocasión, ni inversiones que excedan de Vaca Muerta, ni el margen para intensificar los garrotazos recesivos que repriman importaciones, o más cosechas y carnes para sacar afuera, pero a condición sine qua non de que el dólar se mantenga en el molde, no quedaría mucho para inventar: ¿salariazo para pichicatear el consumo?: sería un baldazo de nafta a la inflación. ¿Hacer algo con la deuda? La herencia, así como está, la hace ascender a US$148.000 millones para todo el próximo período presidencial. Ningún político de los que se encuentran orejeando espacios de poder, como si fueran naipes, da indicios de qué piensa hacer si resulta electo, salvo afirmar que no defaulteará. Pero igual no deja de pasar a la ciudadanía una factura cara a través del gasto público y la presión impositiva para pagar apenas una parte, ya la que venga deberá ser financiada, más los intereses de la anterior.
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Hasta dónde medio punto mensual menos en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), un par de puntos más de uso de capacidad instalada, una leve mejora en el consumo de electricidad y lo que quede de unas paritarias derrotadas por la inflación serán suficientes para revertir la imagen negativa del gobierno en vísperas de elecciones, es una gran pregunta sin respuesta aún. Lo que está claro es que agitará más el dateo que la percepción concreta de la sociedad. Brasil encalló también y será más lo que se quiera llevar para cubrir su ociosidad industrial que lo que esté dispuesto a aportar. Sin poder adquisitivo que movilice el mercado interno más allá de un tarjetazo de ocasión, ni inversiones que excedan de Vaca Muerta, ni el margen para intensificar los garrotazos recesivos que repriman importaciones, o más cosechas y carnes para sacar afuera, pero a condición sine qua non de que el dólar se mantenga en el molde, no quedaría mucho para inventar: ¿salariazo para pichicatear el consumo?: sería un baldazo de nafta a la inflación. ¿Hacer algo con la deuda? La herencia, así como está, la hace ascender a US$148.000 millones para todo el próximo período presidencial. Ningún político de los que se encuentran orejeando espacios de poder, como si fueran naipes, da indicios de qué piensa hacer si resulta electo, salvo afirmar que no defaulteará. Pero igual no deja de pasar a la ciudadanía una factura cara a través del gasto público y la presión impositiva para pagar apenas una parte, ya la que venga deberá ser financiada, más los intereses de la anterior.
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