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FIDELIDAD CANINA

Sobreviviente del Holocausto se salva por un gran danés

Una anciana sobrevive a campos de concentración en tiempos de Holocausto gracias a un perro gran danés que la "elige".

La israelita Nina Dinar brindó su testimonio de supervivencia del Holocausto a Tammy Bar-Joseph hace unos años, y sostuvo que permanece con vida gracias a un gran danés de un oficial nazi. En dicha entrevista un perro de la misma raza fue llevado para que se conocieran.

La historia de vida de una ciudadana de Tel Aviv es estremecedora, desgarradora pero también es un relejo fidedigno de la resiliencia. La anciana de noventa y tantos años nació en Varsovia en el 26. De infanta, Nina Dinar cuenta que era fiel seguidora de los caninos. De hecho, su primer mascota fue un ovejero alemán a quien siempre rememora.

En las oscuras épocas del inicio de la Segunda Guerra Mundial, ese pastor alemán se empezó a poner inestable y ladraba sin parar por el terror a los ruidos de los bombardeos. En propias palabras, el can se volvió "loco de miedo". Por lo que su madre judía tomó una drástica y letal decisión, pensando que el perro se pondría más agresivo y ordenó a unos soldados que le dispararan. Nina se encargó de sepultarlo:

Lo enterré con un vecino en el cráter de una bomba en la calle Jerosolimskie (Jerusalén) Lo enterré con un vecino en el cráter de una bomba en la calle Jerosolimskie (Jerusalén)

La sobreviviente del Holocausto relata que cuando Varsovia se convirtió en un gueto y comenzaba la hambruna, la persecución activa hacia la comunidad judía, a ella no le importó adoptar a dos perros de un vecino, que más tarde les perdería el rastro.

Luego, en 1942, al año del levantamiento de los guetos, el padre de Nina Dinar fue ejecutado por los nazis. Ella y su madre que aún seguían con vida se iban refugiando en sótanos de distintas locaciones para que no fueran encontradas por las SS. Sin embargo, los oficiales nazis lograron hallar el bunker donde estaban las mujeres y fueron llevadas al campo de exterminio de Majdanek. Allí, estas mujeres judías realizaban trabajos forzosos, levantando piedras pesadas.

Posteriormente, pasados unos cuatro meses en Majdanek, unos disparos de los oficiales seguidores del Führer malhieren a Nina y por ende, es llevada a otro campo de concentración; el de Skarzysko-Kamienna, sitio en el que prisioneros judíos, soviéticos, homosexuales, disidentes políticos y gitanos trabajaban de sol a sol para producción de armamento militar alemán.

En Skarzysko-Kamienna es donde conoce al gran danés, cánido de un oficial nazi llamado Dr. Artur Rost. Lo nota en el patio de armas de este campo de exterminio, en el cual Nina y su madre habían sido convocadas junto con otros prisioneros. Allí, Nina llama con un chasquido de labios al perro, él se dirige a ella y le lame la mano:

Se quedó allí con su perro, un gran danés blanco con manchas negras. Me encantaban los perros, así que lo llamé. Ni siquiera silbé, solo hice esto (ella demuestra un sonido de chasquido de labios). Qué gran perro Se quedó allí con su perro, un gran danés blanco con manchas negras. Me encantaban los perros, así que lo llamé. Ni siquiera silbé, solo hice esto (ella demuestra un sonido de chasquido de labios). Qué gran perro

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La niña polaca y el perro, entonces, crearon un vínculo adorable. Cada vez que Nina veía al gran danés, él se arrimaba a ella y Nina lo acariciaba. Tal que el oficial nazi le daba por ello un poco de alimento balanceado como "retribución" . En palabras de Nina: “el perro siempre me encontraba dondequiera que estuviera”

En agosto de 1944, en épocas de la Operación Bragation de los soviéticos, ante la temida del avance ruso los nazis empezaron a masacrar a los pocos hombres y mujeres prisioneros que aún seguían con vida a pesar de la hambruna, las pestes y las vejaciones. Los militares nazis empezaron a seleccionar a los "condenados" a morir en ese campo de exterminio donde estaba Nina Dinar -ya había fallecido su madre por inanición-

En esta instancia, apareció el oficial nazi y su perro. Nina creía que él no la reconoció, debido a que estaba desnutrida -solo pesaba unos 32 kilos- pelada y enferma, totalmente distinta. Pero, no fue así; el gran danés se acerco a ella y el oficial Rost le dijo: "Ven aquí, vas por este camino"

Esa elección simplista de un can que no sabe ni le interesan las etnias, religiones, los géneros, las elecciones de vida, le dio a esta judía una oportunidad de salida del horror. Aún así, Nina Dinar terminó en el campamento nazi de Buchenwald, Alemania, pero logró escapar nuevamente de la muerte. Finalmente, Nina se asienta en Israel en 1948, se casa y tiene dos herederos: “Nunca temí a los perros; lo sienten cuando alguien los ama”, concluye Nina.

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