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Fallo histórico en USA: Meta y YouTube deberán pagar US$6 millones por dañar a una niña
Meta y YouTube condenadas por diseño "negligente" que dañó la salud mental de una niña. El veredicto de US$6 millones abre la puerta a miles de juicios.
La demandante, identificada en el expediente como K.G.M. —conocida públicamente como Kaley—, comenzó a usar YouTube a los 6 años e Instagram a los 9. Su historia no es un caso aislado: es el espejo de millones de familias en todo el mundo. El jurado concluyó que ambas empresas actuaron con negligencia al no advertir sobre los riesgos comprobados de sus plataformas en el cerebro adolescente.
Pero, tal y como informó ABC NEWS, el jurado consideró procedentes los daños punitivos y, posteriormente, decidió conceder otros 3 millones de dólares en concepto de daños punitivos, elevando así el total de la indemnización adeudada a la demandante Kaley a 6 millones de dólares.
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Scroll infinito como "vicio de fabricación": el argumento que cambió todo
La clave jurídica del fallo no está en el contenido publicado por los usuarios —terreno protegido por la Sección 230— sino en la arquitectura misma de las plataformas. Tal y como informó The New York Times.
Los abogados de la demandante encuadraron el scroll infinito, el autoplay y los contadores de "likes" como herramientas diseñadas para maximizar la dependencia. Es el mismo razonamiento que décadas atrás hundió a las tabacaleras: si el producto está diseñado para generar adicción y la empresa conoce el daño pero no lo informa, la responsabilidad civil es inevitable.
La estrategia fue quirúrgica: no se atacó lo que las plataformas publican, sino cómo están construidas. Ese giro argumentativo perforó el blindaje legal que hasta hoy protegía a las Big Tech.
¿Qué es la Sección 230 y por qué ya no alcanza?
La Sección 230 del Communications Decency Act es la ley federal que históricamente eximió a las redes sociales de responsabilidad por los contenidos que sus usuarios suben. Esa protección fue durante años el escudo perfecto de Meta, Google y compañía.
Pero este juicio encontró una grieta: la ley no cubre el diseño del producto. Al demostrar que funciones como el autoplay o las notificaciones compulsivas son decisiones de ingeniería tomadas conscientemente para maximizar el tiempo en pantalla —y que las empresas conocían sus efectos dañinos—, los abogados lograron que el caso se juzgara como un defecto de fabricación, no como una cuestión de contenido.
Los documentos internos presentados en el juicio —comparables a los Facebook Papers filtrados por Frances Haugen en 2021— demostraron que las empresas sabían del impacto de sus algoritmos en el cerebro adolescente y eligieron no actuar.
La reacción corporativa: apelación anunciada y culpa desplazada
Como era previsible, las dos compañías rechazaron el veredicto.
Meta expresó su disconformidad y anunció que apelará. YouTube, por su parte, argumentó que la sentencia "malinterpreta" su funcionamiento y se definió como un servicio de streaming —no una red social— para intentar diferenciarse del fallo.
La defensa de ambas empresas intentó, sin éxito, atribuir los problemas de salud mental de Kaley a su entorno familiar. El jurado no lo aceptó. Los documentos internos fueron determinantes.
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