Ya reza el viejo refrán: La curiosidad mató al gato. En este caso, el algoritmo no va a matar a nadie, pero estos títulos sorprenden con el uso de la intriga. Hace tiempo que la sección del suspenso o del misterio a resolver se entrecruza con el horror explícito o sobrenatural en las mega-producciones hollywoodenses que ofrece el catálogo de Netflix, pero este caso, el género de Thriller se envuelve de intriga y genera dos productos más pequeños pero igualmente disfrutables.
Con atmósferas cuasi teatrales, estas dos películas se asoman en el tanque de la N roja, quizá desde polos diametralmente opuestos, pero comparten este elemento en común en sus giros de trama: El uso de la intriga como motor de la historia, y de un protagonista que se hallaba en el lugar y hora equivocados. Pelear contra el algoritmo es difícil, pero no imposible.
Yo estuve aquí
Suspenso con pinceladas estilo Hitchcock, nos muestra una clásica historia de personas en circunstancias equivocadas que sucumben a un juego del gato y el ratón. Toby (George MacKay, de 1917) y Jay (Percelle Ascott), son dos grafiteros antisistema que politizan sus obras en hogares de alto poder adquisitivo. No les interesa la redistribución de la riqueza porque no ingresan a las casas a robar, sino más bien la manifestación crítica a los privilegios económicos en torno a la propiedad privada.
Los dos amigos londinenses buscan demostrar su punto mediante a estas pintadas en los interiores de las casas, hasta que un día se encuentran con la vivienda de un poderoso juez retirado, cuya imagen es prístina para el ojo público pero no tiene nada que ver con su sótano.
Aunque necesita cierta fuerza a la hora de intercambiar las perspectivas narrativas, posee las variables necesarias para interconectar racismo, clasismo y privilegios blancos con un hilo de perversa extrañeza, enfrascados dentro de un thriller político y británico.
El silencio del pantano
Esta película protagonizada por el entrañable y odiado Berlín de la casa de papel, juega con diversos elementos que destacan entre el asesinato, la corrupción, la política y la venganza, los mete en el horno y de allí resulta un vibrante thriller noir.
La base de su originalidad radica en el salto de temas que aparentan inconciliables, junto a una narración críptica: Q, el personaje de Pedro Alonso, es un periodista derivado a escritor de novela negra, cuyos oscuros secretos se entrelazan con tramas de corrupta política en la comunidad valenciana. Paralelo a todo esto, se encuentra la antítesis de una matriarca gitana, controlando el crimen urbano de las calles del extrarradio.
Más noticias de Urgente24
La Cámpora quiere ver rodar la cabeza de Aníbal Fernández
Campo: "Era mejor bajar la presión tributaria"
El PRO se desespera y acelera la emergencia en Marcos Juárez














