A pesar de pisar fuerte en varios países a lo largo de su vida, el de Delfín Benítez Cáceres puede ser un nombre que quizá no suene tan familiar como Diego Maradona o Juan Román Riquelme. Pero indudablemente tiene un lugar en la memoria de la gloriosa Boca Juniors, en la que dejó un legado importante cuando desembarcó en Argentina.
un crack sudamericano
Delfín Benítez Cáceres: el alma guaraní de Boca Juniors
La inolvidable historia de Delfín Benítez Cáceres en Boca Juniors no tiene comparación. Fue un ídolo que trascendió las fronteras.
Benítez Cáceres la rompe en Boca Juniors
Delfín Benítez Cáceres, un paraguayo con una pasión desbordante por el fútbol, llegó al club xeneize en 1932 como un regalo del cielo para los fanáticos de Boca. Su historia comenzó en el Libertad de la ciudad de Asunción, donde nació el 24 de septiembre de 1910. Desde pequeño, mostró un amor inmenso por la pelota, y ese amor lo llevó a perseguir su sueño de jugar en uno de los clubes más grandes de Argentina.
En Boca, Benítez no tardó en destacarse. Con su habilidad en la cancha, se ganó un lugar en el once titular y se convirtió rápidamente en uno de los jugadores más queridos por la hinchada. Desempeñándose como delantero, destacaba por su visión y creatividad en el campo, además de por su capacidad para meter goles en momentos cruciales.
Durante su tiempo en Boca Juniors, ‘El Machetero‘ logró conquistar los títulos nacionales de 1934 y 1935, en los que el Xeneize dejó a Independiente en segundo lugar y a San Lorenzo en tercero. Benítez fue una pieza fundamental en el temible tridente que formaba con Francisco Varallo y Roberto Cherro, otras dos leyendas de Boca.
Llegó a participar en 176 partidos de Primera División y convirtió 114 goles, 6 de los cuales los hizo en Superclásicos de los que participó en doce. Uno de los más recordados fue justamente en un encuentro con River Plate donde perdía por un gol, pero su intervención marcó el empate que al final Boca ganó 2-1. Sus tantos lo transformaron en el segundo mayor goleador del club en ese momento y su capacidad para definir frente al arco rival, en uno de los ídolos de la Bombonera.
El Machetero que nunca se olvida
Su carrera en Boca Juniors llegó a su fin en 1939 cuando selló su pase a Racing Club, donde permanecería hasta 1941, año en el que se convirtió en parte integral de Ferro. Incluso siguió jugando en Venezuela y Colombia y no paró hasta cumplir 42 años. Aun así, su legado perdura en la memoria de todos los boquenses y su amor por Boca nunca disminuyó.
Delfín Benítez Cáceres es uno de esos nombres que quizás no resuenen en todo el mundo, pero para los fanáticos más apasionados de Boca Juniors es una leyenda que siempre será recordada. Sus logros en el club lo convierten en un ícono del fútbol argentino y en un ejemplo de cómo un jugador paraguayo puede dejar una huella imborrable en el corazón de un equipo y sus seguidores.









