CIUDAD DE BUENOS AIRES (
Culturar). Tiene todo el aspecto de un deportista, es régisseur egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, fue profesor, amigo de Batato Berea y clown, trabajó a la gorra, asistió al Conservatorio de música durante siete años, estudió cine con Antín y todavía se quiere seguir formando.
No hay duda de que es sincero cuando afirma que le gusta asumir riesgos. Acaba de estrenar 'Las mujeres sabias', de Molière, en el Teatro General San Martín con las mejores críticas y a sala llena. Al mismo tiempo está trabajando en el Teatro Argentino de La Plata para presentar a mediados de julio, Cavalleria Rusticana y Pagliacci, que son los prototipos de obras pertenecientes a la escuela verista, escuela que muestra la realidad en su forma más cruda, en especial las pasiones y las relaciones humanas de las mas bajas capas de la sociedad.
Con Pagliacci, Landin recibió el Premio de la Crítica en Santiago de Chile en el 2003 con una puesta muy original en la que la tragedia transcurre en un estudio de televisión, con esa mezcla de estilos y técnicas en total armonía que sólo un estudioso del tema como él puede lograr.
Dice estar feliz con el trato y la seriedad con la que se trabaja en el Teatro Argentino de La Plata. Contento de estar todo este año en Buenos Aires. Destaca el talento y la creatividad que existe en nuestro país y la humildad y profesionalismo que encuentra en muchos artistas como Graciela Araujo.
Parece que viviera a más de 100 kilómetros por hora porque sus ideas y entusiasmo son abrumadores pero se toma todo el tiempo del mundo para que los trabajos salgan bien. En medio de la entrevista recibe un llamado en el que ajusta detalles de la puesta de Las mujeres sabias y dice que el trabajo en teatro nunca está terminado. "Cada noche es una obra nueva", asegura con toda naturalidad. Lo bueno es que se lo ve convencido y que nada ni nadie lo para.
Recuerda sus estudios en el Teatro Colón pero resalta que donde más aprendió fue en los bares donde hablaban obsesivamente de semiótica, de Barthes, de Kierkegaard y se enriquecían todos con los aportes de los mismos compañeros. Ganó una beca en la Escuela del Colón para ir a Francia pero por esas cosas de nuestro país la moneda se devaluó y no le alcanzaba para ir a ningún lado. Así y todo, basado en su deseo de conocer el mundo juntó plata con familiares y amigos y se fue seis meses a París. Trabajó con Lavelli, dirigió a Gerard Depardieu, a Isabella Rosellini, estudió con Vera Gregh una de las maestras más importantes de las últimas generaciones de actrices y actores franceses pero dice que aprendió casi todo del maestro Miguel Gerberoff. Se sorprende y hasta le causa gracia porque le ha pasado en Europa que se le acercan con miedo a que rechace trabajos o que sea muy caro.
Trabajó también con Mstislav Leopóldovich Rostropóvich en el Teatro Real y se ríe al recordar la humildad de este genio que al ver al Rey de España en la sala le comenta con entusiasmo que estuvo almorzando con él el día anterior. Y por otro lado es un admirador de Isabel Sarli por sus primeras película en blanco y negro que ha utilizado en sus obras y porque dice que es un ser adorable.
Willy Landin no parece tener conciencia de la trascendencia de su arte y sin duda es uno más de los grandes personajes de la escena teatral y resulta admirable su grandeza y humildad, porque al oírlo parece que estuviera recién empezando y con mucho por aprender. Lo dice convencido y con toda naturalidad: "Tengo que seguir formándome". Quizá sea porque todavía tiene tanto en su universo interior que sólo él puede vislumbrar lo que vendrá. Estaremos muy atentos, mientras, agradecemos y disfrutamos de sus creaciones.
Culturar). Tiene todo el aspecto de un deportista, es régisseur egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, fue profesor, amigo de Batato Berea y clown, trabajó a la gorra, asistió al Conservatorio de música durante siete años, estudió cine con Antín y todavía se quiere seguir formando.
No hay duda de que es sincero cuando afirma que le gusta asumir riesgos. Acaba de estrenar 'Las mujeres sabias', de Molière, en el Teatro General San Martín con las mejores críticas y a sala llena. Al mismo tiempo está trabajando en el Teatro Argentino de La Plata para presentar a mediados de julio, Cavalleria Rusticana y Pagliacci, que son los prototipos de obras pertenecientes a la escuela verista, escuela que muestra la realidad en su forma más cruda, en especial las pasiones y las relaciones humanas de las mas bajas capas de la sociedad.
Con Pagliacci, Landin recibió el Premio de la Crítica en Santiago de Chile en el 2003 con una puesta muy original en la que la tragedia transcurre en un estudio de televisión, con esa mezcla de estilos y técnicas en total armonía que sólo un estudioso del tema como él puede lograr.
Dice estar feliz con el trato y la seriedad con la que se trabaja en el Teatro Argentino de La Plata. Contento de estar todo este año en Buenos Aires. Destaca el talento y la creatividad que existe en nuestro país y la humildad y profesionalismo que encuentra en muchos artistas como Graciela Araujo.
Parece que viviera a más de 100 kilómetros por hora porque sus ideas y entusiasmo son abrumadores pero se toma todo el tiempo del mundo para que los trabajos salgan bien. En medio de la entrevista recibe un llamado en el que ajusta detalles de la puesta de Las mujeres sabias y dice que el trabajo en teatro nunca está terminado. "Cada noche es una obra nueva", asegura con toda naturalidad. Lo bueno es que se lo ve convencido y que nada ni nadie lo para.
Recuerda sus estudios en el Teatro Colón pero resalta que donde más aprendió fue en los bares donde hablaban obsesivamente de semiótica, de Barthes, de Kierkegaard y se enriquecían todos con los aportes de los mismos compañeros. Ganó una beca en la Escuela del Colón para ir a Francia pero por esas cosas de nuestro país la moneda se devaluó y no le alcanzaba para ir a ningún lado. Así y todo, basado en su deseo de conocer el mundo juntó plata con familiares y amigos y se fue seis meses a París. Trabajó con Lavelli, dirigió a Gerard Depardieu, a Isabella Rosellini, estudió con Vera Gregh una de las maestras más importantes de las últimas generaciones de actrices y actores franceses pero dice que aprendió casi todo del maestro Miguel Gerberoff. Se sorprende y hasta le causa gracia porque le ha pasado en Europa que se le acercan con miedo a que rechace trabajos o que sea muy caro.
Trabajó también con Mstislav Leopóldovich Rostropóvich en el Teatro Real y se ríe al recordar la humildad de este genio que al ver al Rey de España en la sala le comenta con entusiasmo que estuvo almorzando con él el día anterior. Y por otro lado es un admirador de Isabel Sarli por sus primeras película en blanco y negro que ha utilizado en sus obras y porque dice que es un ser adorable.
Willy Landin no parece tener conciencia de la trascendencia de su arte y sin duda es uno más de los grandes personajes de la escena teatral y resulta admirable su grandeza y humildad, porque al oírlo parece que estuviera recién empezando y con mucho por aprender. Lo dice convencido y con toda naturalidad: "Tengo que seguir formándome". Quizá sea porque todavía tiene tanto en su universo interior que sólo él puede vislumbrar lo que vendrá. Estaremos muy atentos, mientras, agradecemos y disfrutamos de sus creaciones. 





