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Dilema en medio de la crisis: ¿Para qué sirve un banco central?

El Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal de USA decidió ayer bajar los tipos de interés 25 puntos básicos hasta el 2% anual, tal y como esperaba el mercado. Pero mientras la entidad trata de luchar como puede para que el país no caiga en la que para muchos ya es una inevitable recesión, la crisis pone en entredicho a los bancos centrales de todo el mundo.

Ronald Reagan, el actor que se convirtió en presidente de USA en los '80, acumuló numerosas anécdotas durante los 8 años que permaneció en la Casa Blanca. Una de ellas tuvo lugar a los pocos meses de su primer triunfo electoral, cuando se reunió con Paul Volcker, por entonces presidente de la Reserva Federal (Fed). "Tengo curiosidad. La gente me pregunta para qué necesitamos una Fed", le espetó Reagan antes de decir buen día. Volcker se quedó atónito. Atrapado por la escalada de los precios y el estancamiento económico, Volcker optó por subir los tipos de interés para atajar la inflación, y luego bajar las tasas para reactivar el crecimiento. Cuando lo recibió Reagan, su estrategia aún estaba en su etapa inicial, con tipos de interés en 20%, desempleo casi en 10% y la economía decreciendo al 2% anual. Para los estadounidenses, y Reagan era un interlocutor válido de ese pensamiento, era el enemigo público Nº 1. Se ignora cómo Volcker convenció a Reagan de la necesaria existencia de la Fed. Pero en 1983, Reagan le propuso para un 2do. mandato. Hoy hay mucha gente en USA preguntándose: "¿Para qué necesitamos la Fed?" Pero también en Europa se preguntan para qué sirven los bancos centrales. Para luchar contra la contracción económica provocada por el 'pinchazo' de la burbuja tecnológica (1998) y el shock del 11-S (2001), los bancos centrales de los países industrializados protagonizaron las políticas monetarias más expansivas que se hayan conocido en la Posguerra. La gravedad de la situación económica llevó a la Fed, con Alan Greenspan al mando, a recortar los tipos de interés hasta el 1% en junio de 2003 (el Banco Central Europeo los redujo hasta el 2% aquel mes),  pero la lentitud y la gradualidad para recuperar el precio del dinero fomentaron los excesos hipotecarios y financieros que estallaron en julio de 2007. Es verdad que los bancos centrales no fueron quienes concedieron las hipotecas de alto riesgo -subprime- ni emitieron los títulos de securitización de esos préstamos, pero ignoraron su labor supervisora o decidieron dejarlas de lado, al menos por un tiempo. El problema es que fue el tiempo necesario para que la distorsión alcanzara niveles peligrosos. Los bancos centrales decidieron no impedir las malas prácticas del sector financiero ni la excesiva liquidez del conjunto del sistema. Por tanto, los bancos centrales son responsables de la situación. A los problemas financieros se les han sumado las presiones inflacionarias. La situación es muy grave porque los bancos centrales debían supervisar el funcionamiento del sistema bancario y financiero y garantizar la estabilidad de los precios precisamente para impedir situaciones como las que ya viven los países del G-7 (USA, Canadá, Japón, Italia, Francia, Alemania y Reino Unido). Por tanto, ¿qué sentido tiene que sigan existiendo los bancos centrales? "A veces olvidamos que los bancos centrales, tal y como los conocemos hoy, son una invención de los últimos 100 años, a pesar de que algunos de ellos pueden remontarse más allá", recordaron Marjorie Deane y Robert Pringle en su libro 'Bancos Centrales'. La Fed se organizó en 1913 y el Banco Central Europeo en 1998. Es cierto que el Banco de Inglaterra nació en 1694, pero ocurrieron muchas reformas en el interín. En cualquier fallaron sus mecanismos de supervisión y sus políticas monetarias no pudieron contener la arremetida de los precios. "El único poder verdadero de un banco central es, al fin de cuentas, el poder de crear dinero, y en definitiva el poder de crear es el poder de destruir", aseguran Deane y Pringle. Esto es lo que ha ocurrido durante el último lustro: inundaron de dinero con sus expansivas políticas monetarias; ahora, las consecuencias de los excesos alimentados por esa liquidez están destruyendo la arquitectura financiera de comienzos del siglo 21 y el crecimiento de la economía mundial. Si quieren subsistir, los banqueros centrales deberán mostrarse más acertados en el futuro. Ben Bernanke, presidente de la Fed desde febrero de 2006, inició un ejercicio de autocrítica el pasado 10 de abril, cuando reconoció que los bancos centrales deberán mejorar su labor de supervisión. Además, es obvio que las instituciones deben tener en cuenta en su estrategia monetaria la evolución de activos como la vivienda o la Bolsa, que hasta la fecha han permanecido en un 2do. plano. Parapetados en la independencia de la que gozan, los bancos centrales actúan como timoneles que salvaguardan a las economías de los vaivenes electorales, según la teoría. Frente al cortoplacismo político, ellos se afanan en un crecimiento estable sin inflación a largo plazo. Pero no es lo que estuvo ocurriendo. ¿Y entonces qué? Tomemos el caso del Banco de Inglaterra, que ha lanzado el mensaje de que han sido excesivas las estimaciones de las entidades de crédito sobre la pérdida de valor de sus activos debido a la crisis. ¿El Banco de Inglaterra lo hizo para superar las críticas? La entidad dice prever una recuperación progresiva del sector en los próximos meses si vuelve el "apetito" de los inversores por los productos de riesgo. La mayoría del mercado privado cree que el Banco de Inglaterra se encuentra, otra vez, equivocado. En su informe bianual sobre estabilidad financiera, el banco central británico afirma que los precios impuestos al crédito en algunos mercados financieros están "sobrestimando" las pérdidas que al final sufrirán tanto el sector como la economía en su conjunto. "El precio del riesgo en los mercados crediticios, que era excesivamente bajo el pasado verano, es ahora demasiado alto habida cuenta de la situación económica actual", aseguró el subgobernador para la estabilidad financiera del Banco de Inglaterra, John Gieve. Según él, la "inevitable" corrección tras la explosión de la 'burbuja' crediticia está siendo más larga y difícil de lo esperado. Pese a ello, el escenario más probable para los próximos meses es que se recupere de forma progresiva la confianza y el interés de los inversores por los productos de riesgo. El subgobernador Gieve alaba el plan especial de liquidez del Gobierno, por el que se intercambiarán por un tiempo determinado bonos estatales por valores hipotecarios, y propone nuevas ampliaciones de capital por parte de los bancos, como las del Royal Bank of Scotland (RBS) y el Halifax Bank of Scotland (HBOS). Según él, estas ampliaciones de capital serán "una señal de fortaleza" en un contexto de volatilidad de los mercados. Y solicita a las entidades de crédito que hagan públicas de forma frecuente y coordinada sus pérdidas por la crisis, lo que reducirá la incertidumbre en el sector. Asimismo, prevé dificultades financieras en mercados emergentes de Europa Central y del Este. Desde el inversionista estadounidense Warren Buffet al banco de inversiones Morgan Stanley opinan bien diferente del Banco de Inglaterra, y aqui surge otra pregunta clave por estos días: ¿quién controla las previsiones del Banco de Inglaterra antes que sea demasiado tarde? Es evidente que el sistema global necesita de cambios. Hay que cambiar las instituciones emergentes de los acuerdos de Bretton Woods (FMI y Banco Mundial), según se dice desde hace décadas. Hay que cambiar el esquema del Banco de Pagos Internacionales, de Basilea, Suiza. Y hay que replantear la interacción de los bancos centrales. Pero es una cuestión tan vasta y compleja que, por ahora, nadie decidió considerarla seriamente y merecerá, probablemente, muchas reuniones del G-7 y más crisis en el futuro mediato. En este contexto se entiende porqué el Banco de España criticó el cheque de devolución de € 400 a los contribuyentes de José Luis Rodríguez Zapatero.

Fernández Ordóñez pidió manejar la política fiscal con "extremada cautela" en un entorno en el que el PIB cedió 7 décimas en el 1er. trimestre del año, hasta el 2,8%, su nivel más bajo en 6 años.

El suave aterrizaje iniciado a mediados de 2007 es ahora más turbulento. En términos intertrimestrales, la actividad avanzó sólo un 0,4%, también la tasa más baja desde hace 6 años, según el Banco de España.

Para hacer frente a esta "recomposición del crecimiento", como ha bautizado el vicepresidente económico, Pedro Solbes, al parón de la actividad, el Gobierno lanzó un plan de shock con varias medidas para estimular la demanda. Entre ellas se encuentra la deducción de € 400 en el IRPF para asalariados, pensionistas y autónomos.

"El efecto que pretende [Solbes] sobre el sostenimiento de la actividad no está exento de algunas incertidumbres", advirtió el Banco de España, que ha puesto límites al entusiasmo del Ejecutivo. "En las circunstancias actuales", el regulador cree que el alcance del cheque de € 400 sobre el consumo "puede verse aminorado". Y seguramente habrá más novedades en los días que se avecinan...