CÓRDOBA. La apertura de un escenario de balotaje ayer por la noche (22/10) desató sobre Córdoba una verdadera tormenta de interés nacional. La provincia resguarda al menos el 8% del padrón y fue sede de varios fenómenos para analizar de cara a noviembre.
PANORAMA
No confundir: Córdoba pide cambio y el voto no tiene dueño
En Córdoba, una amplia mayoría expresó la necesidad de un cambio de Gobierno a nivel nacional. Votos sin dueño.
De hecho, su protagonismo se tornó tan central que, luego de Buenos Aires, fue la jurisdicción más apuntada por los candidatos para sus respectivas campañas. Y, al parecer, lo seguirá siendo.
Con un mapa reestructurado, y con Juntos por el Cambio cediendo protagonismo, Córdoba pasará a ser un terreno de batalla muy importante para aquel que desee imponerse en noviembre. Aunque, claro, conquistarla no será nada fácil.
La caída de Juntos por el Cambio en Córdoba, sumado a la gran performance de Juan Schiaretti a pesar de representar a una fuerza local, dejó una geografía local en shock. Sin embargo, hay algo que no cambió en esencia.
El domingo, Córdoba volvió a reclamar un cambio de rumbo a nivel nacional. Ya sea vía Javier Milei, o mediante el voto al propio Schiaretti (quien se presentó como opositor a Sergio Massa), la provincia mediterránea insistió con el final del kirchnerismo y dejó en claro que los votos no tienen un dueño real.
En ese sentido, más del 80% del electorado cordobés escogió opciones contrarias al Gobierno nacional y su continuidad. Aunque, claro, bajo un escenario optativo.
Por otra parte, más del 60% de los electores rechazaron la vieja oferta de Juntos por el Cambio, que solo pudo cosechar un núcleo “duro” del 22%. Así, se terminó de enterrar la idea de una Córdoba “macrista”.
Por último, pero no por ello menor, alrededor del 50% de los votantes del cambio rechazaron la motosierra de Javier Milei. Un argumento que se incrementa si se suman los votos del oficialismo y la izquierda.
Sin dueño
Quien avanzó fuerte sobre Córdoba al cierre de su discurso de victoria fue Sergio Massa. El ministro de Economía se dirigió a “los votantes de Juan” y pidió el acompañamiento de la propuesta oficialista en defensa de la “democracia”.
De hecho, Massa acudió a un discurso muy utilizado por el PJ cordobés: el fin de la grieta. Algo que posiblemente se repita de cara a noviembre con el cierre de una campaña de “miedo”, y la evolución de una narrativa hacia la reunificación nacional.
En el mismo orden, pero mucho tiempo antes, Javier Milei y su espacio también coqueteó con la idea de alcanzar un acuerdo con el PJ cordobés. Al respecto, se rumoreó diálogos con Florencio Randazzo, candidato a vicepresidente que logró nutrirse bastante de una campaña que creció a partir de los debates.
Por su parte, Juan Schiaretti cerró su participación electoral en Córdoba sin vislumbrar ninguna tendencia. Respecto a un posible rumbo a noviembre, el cordobés evitó dejar pistas sobre un eventual apoyo a alguno de los dos candidatos.
En ese orden, en el PJ cordobés comprenden que, al igual que Juntos por el Cambio nunca fue dueño de los votos de Córdoba a nivel nacional, tampoco se pueden atribuir semejante propiedad. De hecho, las negociaciones previstas podrían pasar por el orden de la gobernabilidad y sobre lo que realmente se puede manejar: las bancas en el Congreso.
A la orden de Martín Llaryora quedaron cinco bancas, de las cuales tres se agregaron por la performance de Schiaretti en las presidenciales. Esa, y no los votos nacionales, sería la moneda de negociación con un eventual nuevo Gobierno.
Así las cosas, tanto para Sergio Massa como para Javier Milei no habrá acuerdos que aseguren caudal de votos en Córdoba. Para conseguirlos, ambos candidatos deberán comprender que, según los números, los votos cordobeses no tienen dueño, más que la imperiosa necesidad de un cambio de rumbo.
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