Entre los 1500 adultos que encuestan D´Alessio-Berensztein para elaborar el Monitor de Humor Social que tan mal le viene dando al gobierno seguramente están representados tanto por los que se llevaron los dólares a otra parte, en vez de comprar inmuebles haciendo caer el valor del ladrillo construido 0,6% en setiembre, como por los arrepentidos en financiar la compra de las cuatro paredes con hipotecas UVA, que en setiembre declinaron 78% en comparación al mismo mes de 2017.
PARATE INMOBILIARIO POR REDOLARIZACIÓN Y UVA
Casi nadie se hipoteca a cuenta de la reelección
En la previa de la elección de medio término en octubre del año pasado, se vivió un clima de euforia inmobiliaria gracias a la aceptación popular que tuvieron los créditos hipotecarios con cláusula de ajuste UVA, que casi alineaban la cuota inicial con lo que costaba alquilar. De modo que muchos de los votos del comicio ganado por Cambiemos se generaron en tal satisfacción. Transcurrió un año y el tablero todo se trastrocó: el dólar se fue a las nubes, las tasas de interés atrás, el salario retrocedió y el IPC (Índice de Precios al Consumidor) redobló su ritmo ascendente. Pero lo peor es que nadie sabe hasta cuándo durará la mezcla de recesión e inflación y, por lo tanto, congela decisiones. En el caso de la especulación inmobiliaria, los valores subieron mucho en dólares hasta abril, al ritmo de la financiación UVA en pesos, cortada a medida que la indexación empezó a correr por encima de los ingresos de la población, que se abstuvo de seguir endeudándose en esas condiciones y de pagar el 110% de incremento alcanzado en los niveles de precios, que en dólares implica un 10% por encima de los registros de 2017. Se escrituró en setiembre 78% menos de propiedades hipotecadas con cláusula UVA que en el mismo mes de 2017 y los que se acercaron, dólar en mano, no quedaron conformes con una baja promedio del 0,6% aunque haya sido la primera en los 30 meses de gestión macrista. Después de la devaluación, “los propietarios que necesitan vender escuchan contraofertas entre un 5 y un 15 %”, sostuvo el presidente del Colegio Único de Corredores Inmobiliarios de Buenos Aires (Cucicba), Armando Pepe. En el sector prenden una vela a que en marzo se den las condiciones para que vuelvan los créditos hipotecarios y que el campo deje resultados positivos con una supercosecha. Se trata de la última esperanza que tiene el gobierno de que se revierta el balance altamente negativo en la percepción en torno de la actualidad económica por parte de 1 de cada 2 de sus electores que detectó una encuesta de D´Alessio-Berensztein.
No es extraño que, en consecuencia, haya habido una merma en la cantidad de escrituras del 41,2% interanual, según el último informe mensual elaborado por el Colegio de Escribanos porteño.
En el caso del acceso crediticio, la moneda indexada por la persistente evolución de los precios internos desnuda, en todo caso, la impotencia de los que ya no pueden seguirle el paso, como en general sucede con la masa de asalariados, y torna cada vez más cuesta arriba afrontar las cuotas actualizadas mes a mes, fuera del alcance de cualquier remuneración
Es cierto que en el arranque de una operación inmobiliaria la Unidad de Valor Adquisitiva contrarreste el costo alternativo de una tasa de interés superior al 70%, pero al ritmo de inflación que impone el ajuste de la economía aplicado por la Administración Macri, con los combustibles y las tarifas de locomotoras estructurales de los aumentos (sin contar el pass-through por la devaluación aún en rodaje), no hay ingreso que aguante.
Y como nadie sabe, ni los propios funcionarios, hasta cuándo durará esta dinámica espiral remarcadora en el marco de una quietud cerca de generalizarse de los actores económicos, no queda otra que abstenerse: de gastar, de invertir, de financiar sueños, como alude alguna publicidad bancaria.
Saber hasta cuándo alcanza el dinero es la gran incógnita, tanto para los que tienen excedentes como para los que no llegan a fin de mes.
Mauricio Macri tiene hoy otras urgencias: domar al dólar, mostrarles a la auditoría ad hoc de los acreedores (el FMI) voluntad y capacidad de pago, recolectar fondos de donde sea para que no haya déficit fiscal primario y seguir adelante con la recuperación del nivel de las tarifas y combustibles.
Para preocuparse por la ciudadanía decidió tomarse los tiempos electorales, sobre todo el inmanente a la reorganización opositora, o sea hasta cumplido el 1er trimestre de 2019.
Restarían así 6 meses hasta que el ciudadano común sienta si efectivamente bajaron la inflación y la tasa de interés, a la vez que el dólar siga controlado, pero que además sus ingresos netos actuales y las perspectivas laborales le dejan margen para afrontar esta mayor carga tarifaria e impositiva consensuada entre el Fondo Monetario Internacional, la Casa Rosada y la oposición parlamentaria, sin que mayormente le afecte el plato de comida, los viáticos y el esparcimiento.
Hay espasmos de consumo, como se vio en el estirado CyberMonday de la semana pasada, cuando las operaciones por internet superaron 23% a las del año pasado. El tamiz de la inflación interanual convertiría, en realidad, ese comportamiento en negativo, pero al menos fue una brisa vital en medio de tanta quietud.
Hasta tanto se despeje el horizonte, difícilmente se arriesguen decisiones de mayor aliento que tengan que ver, en lo personal, con la casa habitación, el cambio de auto y, en general, comprometer cuotas a futuro. Y en las empresas, es cada vez más celosa la cautela en concretar inversiones a fin de mejorar la competitividad, renovar maquinarias e incorporar nuevas tecnologías, cuando no en reforzar los cuadros en RRHH.
Menos agro e hidrocarburos, habría que escarbar en el resto de la actividad productiva del país para encontrar movimientos que justifiquen las capacidades instaladas, con lo que, en el caso de las Pymes, el equivalente a llegar a fin de mes que priva en los hogares sería abrir el mes que viene. Y los que tienen que se ven obligados a cambiar un cheque a tasas que llegan al 120% dudan de poder hacerlo.
Nada más hay que ver que la tasa de los adelantos a cuenta corriente fijada por el Banco Central de 1 a 7 días se ubicó a un promedio de 78,78% el mes pasado.
Mañana será otro día
La fuerte retracción de la demanda inmobiliaria registrada en setiembre no es excepción, sino que confirma la regla. "Nuestra primera impresión es que los números del trimestre que queda por medir van a ser similares a los de septiembre", señaló la titular del colegio de escribanos, Mariana Massone, en diálogo con radio Continental.
Destacó que "hay cierta duda" en el rubro, ya que "aquel que tiene dólares para comprar su inmueble no sabe si tiene que esperar una caída de precios, producto de la baja cantidad de operaciones".
En setiembre, las transacciones declaradas en el relevamiento notarial llegaron a $17.946 millones, con un alza del 25,7% respecto de septiembre de 2017, al tiempo que había crecido un 4,2% con relación a agosto.
Pero el reporte dejó varios puntos suspensivos sin llenar, ya que quienes tienen "operaciones pendientes que no necesitan concretarse inmediatamente, están pensando qué hacer", puntualizó Massone.
La parálisis sobrevino al desconcierto que provocó la devaluación del 140% acumulada en el año, cuando la divisa estadounidense superó los $40, que se tradujo en la primera depreciación de las propiedades en la era macrista, que en promedio cedió 0,6%, según publicó Belén Fernández en ambito.com, sobre la base de datos extraídos del sitio de búsqueda de propiedades, Properati.
El tiempo dirá si fue el inicio de un desinfle de los valores, como interpretó Jorge Toselli, de JT Inmobiliaria, consultado por el diario especializado con el informe de Properati a la vista, conforme al cual la variación interanual del precio promedio de las propiedades en la Ciudad de Buenos Aires, cayó al 9,4%, desde máximos de 15,2% mostrados durante junio, confirmando el significativo cambio de tendencia en el sector.
Así, el acumulado en lo que va de 2018 totaliza un alza del 7,6%.
Para la percepción efectiva de la oferta y la demanda estos números no dicen demasiado aunque pueda querer verse en ellos una tendencia a la desaceleración. Porque la cuestión no pasa únicamente por las tasaciones nominales, sino por lo que la gente está dispuesta, y puede, pagar.
Según el Informe de Mercado Inmobiliario e Índice de Salario Real que hace el Instituto de Economía de la UADE, en agosto de 2017 (con un dólar a $ 17,4) se podía comprar el 39,6% de un metro cuadrado, mientras en el mismo mes de este año (con un dólar a $ 30), sólo se puede adquirir un 26,4%.
Es decir que el índice que realiza la universidad se redujo un 33,3% respecto de agosto del año pasado para el caso de viviendas nuevas, con lo que, mientras los sueldos en dólares caen (el Índice de salario nominal en u$s pasó de u$s 149,1 en agosto de 2017 a u$s 104,9 en agosto de este año), las propiedades siguieron apreciándose.
A estos niveles récord, “el incremento de la base de nuevos propietarios comienza a dificultarse”, señaló el decano del instituto, José Luis Rodríguez, lo cual se evidencia en la pérdida de participación en el total de escrituras que registraron las hipotecas.
Comprar un metro cuadrado de una vivienda nueva en Belgrano, Núñez, Palermo y Recoleta, en agosto, a un promedio relevado en u$s 3.014 para las unidades a estrenar, requirió de 3,8 salarios en dólares; mientras que a una usada (u$s 2.641) habría que sumarle 3,4 salarios.
En el mismo mes de 2017, en cambio, la relación era de 2,52 sueldos para nuevos y 2, 20 para usados, es decir que los primeros subieron un 10,8% y los segundos, un 12,8%.
Hilando fino, en Belgrano y Núñez aumentaron usados tanto como nuevos, pero en Recoleta y Palermo solo subieron los usados. El metro cuadrado a estrenar rondó los u$s 3.887 (Belgrano) y los u$s 3.609 (Núñez).
Los que no disponen de todo el capital junto pero sí tienen una cierta capacidad de pago de cuotas, tampoco se deciden, si bien la retracción al endeudamiento se reflejó no sólo en relación a las hipotecas.
Las propias empresas se abstuvieron ya desde el primer mes del denominado plan Sandleris, luego de que vinieran ya reticentes desde mitad de año.
De este modo, el crédito en pesos al sector privado registró una caída récord de $22.721 millones, la primera baja mensual desde febrero de 2016 (en esa oportunidad el saldo de financiamiento había restado $3.771 millones).
Los adelantos en cuenta corriente en pesos, una de las herramientas más utilizadas por las compañías para financiarse a corto plazo, se redujeron en octubre un 10,6% en términos nominales ($18.000 millones), mientras que el financiamiento mediante documentos en moneda local cayó un 6,2% en el mismo período ($17.000 millones).







