El último Índice de Confianza en el gobierno que mes a mes elaboran la Universidad Torcuato Di Tella y Poliarquía corresponde a agosto de 2018 y es el más bajo de toda la gestión de Mauricio Macri.
EL PRESUPUESTO COMO HIPOTECA
Los mercados quieren de garante al dólar (¿y quién avala al dólar?)
Sólo ven creíble el déficit 0 comprometido ante el FMI y presupuestado para el año que viene si el dólar se estabiliza. El nuevo stand by es, para empezar, la garantía exigida, siempre que sea plasmada en el ejercicio fiscal que, primero, deberían avalar los gobernadores para que luego el Congreso convierta en ley. La desconfianza que generó tanta promesa incumplida y expectativa defraudada se materializa en una exagerada exigencia por parte de los inversionistas y acreedores para continuar dentro de la rueda del financiamiento que supone administrar un endeudamiento que ya creció hasta ocupar el 80% del PBI e intereses que ya representan la mayor parte de las erogaciones presupuestadas. La incertidumbre que agrava aún más la estanflation en que ingresó la economía se potencia porque nadie apuesta un centavo por la política cambiaria ni por una moneda nacional ultrajada por la inflación. El FMI dilata la aprobación del nuevo acuerdo, con el desembolso en curso ya suspendido, y Estados Unidos envía señales de dolarización que ancle las cuentas como condición para impulsar apoyos. En el caso de Vaca Muerta, por ejemplo, las compañías americanas estarían interesadas en entrar siempre que haya avales que garanticen los contratos.
Si se lo mira al revés, se llama desconfianza la que está en su punto extremo. Se refleja en que el dólar se encuentra a apenas un 10% del nivel recontraalto que tenía, fruto de la devaluación de la crisis de 2001, cuando asumió Néstor Kirchner en 2003.
La historia clínica de la Administración Macri justifica tales aprehensiones en este 3er año de mandato: recesión, inflación arriba del 35%, devaluación sin techo visible que superó largamente el 100% en 8 meses, tasa de interés del 60%, deuda arriba del 80% del PBI.
Y mirando hacia adelante, son más las incertidumbres que las certezas.
Entre las 1ras, si el dólar se va a estabilizar en torno de $40, 43, 48, 50, etc y, en consecuencia, cómo se irá trasladando en el tiempo que lleve la incidencia a los precios de la economía.
La 2da, que ni los capitales que decidieron en masa emigrar a Miami para tomar sol tranquilamente bajo la sombrilla de la Reserva Federal de USA, ni los pocos que permanecieron lidiando con Lebacs y billetes verdes en la inhóspita City porteña, abrumada por terroríficas pizarras y sitiada por piquetes, a esta altura creen uno solo de los pronósticos o promesas que salgan de la Casa Rosada.
La prima de riesgo que las mismas calificadoras que elevaron el país a la categoría de emergente mantienen en torno del récord negativo de los 700 puntos reflejan la incredulidad de los mercados.
Ni siquiera el acuerdo firmado a mitad de año con el Fondo Monetario Internacional sirvió para modificar la animadversión que generó el propio gobierno con las marchas, contramarchas y palabrerío inútil a contramano de la percepción que viven en la calle ya no sólo las clases populares, sino por el aún masivo núcleo intermedio de la pirámide socioeconómica.
Hoy, cada paso que quiere dar el jefe de Estado le exige conseguir garantías firmadas, lo que en la jerga financiera se conoce como hipotecas o prendas, o implícitas como sería el caso del presupuesto, que será el tipo de cambio el que lo avale.
Nadie, de adentro o de afuera, cree en el peso, y el asesor de Donald Trump, Lawrence Kudlow, expresó con todas las letras la única alternativa que vería Washington antes de hablar de cualquier apoyo que implique poner, directa o indirectamente, plata por fuera de lo que se negocia con el FMI: dolarizar la economía argentina.
Reforzando la propuesta instalada en la agenda local, y por ahora sin sustento intelectual a favor, apareció recomendándola Carlos Julio Emanuel, ex ministro compatriota de Jaime Durán Barba, que fue quien la implementó en su país: "Cuando Ecuador dolarizó su moneda en el 2000, el 60% de la economía ya estaba en torno. La preferencia de la gente era el dólar y esto no es ninguna sorpresa. A nadie les gusta que le devalúen la moneda", aseguró en declaraciones al programa "De Caño Vale Doble" que se emite por Radio Rivadavia.
Para el economista que aconseja al país abandonar el peso, "no es un tema de gobiernos, sino de preferencias de volcarse a un activo que no se devalúa ni pierde valor".
Resquicio presupuestario
Sin llegar a ese extremo, el presupuesto dejó una puerta abierta ante tanta volatilidad al autorizar una eventual reestructuración de la deuda pública "mediante su consolidación, conversión o renegociación", "atendiendo a las condiciones imperantes del mercado financiero".
Wall Street tomó nota, pero mira por la decisión que tomará el prestamista de última instancia en cuanto a ampliar la financiación a la Argentina, la cual a su vez depende de la rúbrica de los gobernadores que respalde el proyecto de presupuesto que irá al Congreso, cuyas pautas han sido prenegociadas con el Fondo.
Un escalón más arriba, los inversores institucionales de mayores plazos y riesgos, antes de destinar un dólar a Vaca Muerta, aguardan garantías que aseguren el cumplimiento de los compromisos fiscales, de flexibilidad laboral e infraestructura para el desarrollo del megayacimiento que asuman Nación y provincias juntas.
Precisamente, el ritmo y magnitud de las obras dependerán de lo que suceda con el programa de participación pública y privada (PPP), que los bancos internacionales pusieron bajo la lupa no sólo porque todas las compañías adjudicatarias de las licitaciones viales están salpicadas por los actos de corrupción que investiga la justicia federal, sino porque el crecimiento de los costos de materiales y mano de obra desbordó con creces los números de las ofertas.
En este caso, el riesgo no es sólo el desfasaje económico a cubrir, sino los seguros, avales y garantías que toda la situación, incluida la judicial, ameritan.
En el proyecto de presupuesto figura que las PPP absorberán el 0,6% del PBI el año que viene y que las provincias se harán cargo del 1,8% desde el 1,6% actual. La transferencia que les hará Nación, para poder bajar del 1,6 al 1%, a las provincias o municipios los habilita a "aportar bienes, garantías y aportes presupuestarios a los fondo fiduciarios de los PPP”, antes reservados sólo a la Nación. Y también incorporar capital "cualquier persona humana o jurídica privada".
El objetivo final de esta descentralización será dar forma a una merma real de la obra pública del 7%, si bien cargándole la inflación, el recorte llega al 50% nominal.
La letra de la ley de leyes avanza sobre las trabas políticas para la ejecución de los recortes laborales en el Estado. Además de impedir que vuelvan a cubrirse las vacantes que dejen los retiros voluntarios para el personal de la Administración Nacional, responsabiliza del control al secretario de Modernización, Andrés Ibarra, quien viene de anunciar el avance de la poda en los cargos jerárquicos del sector público, con la eliminación de 1000 puestos de alto rango en 34 organismos descentralizados.
El dilema fiscal reside en que el déficit primario 0 quedó atado a ingresos exacerbados que dependen de una presión impositiva insostenible para quienes la pagan y de una inelástica estructura de los grandes números del gasto público, donde los vinculados a sueldos, jubilaciones y asistencias se llevan la parte del león, y cualquier tijerazo alborota la caldera social.
Y al estar indexados, licuarlos por inflación ya tocó un límite porque dólar, tarifas y paritarias se reciclan en la espiral, con lo que terminan corriéndose la cola cada vez con mayor velocidad.
De acuerdo con un informe de la consultora Ecolatina, la inflación de 2018 ya se encamina a mostrar la tasa más alta desde 1991: rondaría 45% este año, según proyecta, "si no se materializa un nuevo salto cambiario".
O sea que estamos frente a la inflación más elevada del siglo XXI, que dejará "una elevada inercia para 2019, por lo que incluso si se logra calmar el mercado cambiario, la suba de precios difícilmente baje del 30%", señala.
Los analistas del mercado coinciden en que "si bien el motor-dólar continúa siendo el principal impulsor de los precios, tras varios meses de inflación de por lo menos 3% mensual, la inercia pasa a ocupar un rol central: precios que suben para no ceder terreno frente a otros que subieron antes. Esta dinámica puede retroalimentarse en los próximos meses, a medida que los precios vayan incorporando la totalidad de los efectos del reciente salto cambiario".
En este contexto, pero sin paritarias, el salario contribuirá como variable de ajuste con un 10% sacrificado al altar del gradualismo autoheredado






