SEXUS

EL LADRÓN DEL CÓDICE

Él dice que vio a los curas tener sexo en la catedral

El ladrón del Códice Calixtino y ex electricista de la Catedral de Santiago no se conforma con las declaraciones realizadas ante el juez del caso, José Antonio Vázquez Taín, y ha decidido completar su testimonio oral en sede judicial para, a través de un escrito de nombre "acta de manifestaciones", destapar un presunto escándalo de sexo y robos continuados en el templo compostelano.

 

 
El Codex Calixtinus o Códice Calixtino es un manuscrito iluminado de mediados del siglo XII. Contiene sermones, himnos, milagros, relatos de la translación del Apóstol, textos litúrgicos y piezas musicales relacionados con el Apóstol Santiago. Su cuarto libro narra el descubrimiento de la tumba por Carlomagno. El quinto constituye una especie de guía para los peregrinos que seguían el Camino de Santiago en su viaje a Santiago de Compostela, con consejos, descripciones de la ruta y de las obras de arte así como de las costumbres locales de las gentes que vivían a lo largo del Camino.
 
Este documento se custodia en la Catedral de Santiago de Compostela.
 
El 05/07/2011, los archiveros de la catedral de Santiago de Compostela echaron en falta la obra y denunciaron el robo a las autoridades. El códice fue sustraído de una cámara blindada donde se encuentran depositadas las obras más valiosas del archivo. Las investigaciones revelaron que el hurto se había producido la semana anterior.
 
El sistema de seguridad del texto era muy riguroso, lo que había permitido mantenerlo a buen resguardo durante 800 años. La llave de la caja fuerte, sin embargo, era vigilada de un modo más laxo: las llaves se encontraron colocadas en la cerradura de la caja que custodiaba el que se considera la mayor joya del templo compostelano.
 
Durante los meses siguientes la policía investigó a los canónigos, investigadores, músicos y empleados de mantenimiento y limpieza, asumiendo como móvil más probable el afán de perjudicar al deán, tras haber comprobado el enfrentamiento interno existente entre los canónigos, y descartando en principio a una banda organizada o un robo por encargo.
 
El 04/07/2012 fue recuperado el códice; este había sido robado por un electricista que había trabajado en la catedral, que también tenía en su poder otros documentos y objetos del templo
 
Y es que, según el nuevo testimonio escrito por el propio autor confeso del robo, "llevaba tiempo pensando en cómo hacer para que la gente se entere de lo que estaba pasando en la Catedral". Y, efectivamente, en 15 folios relata una serie de actitudes poco recomendables para el clero y los laicos en un templo católico.
 
"Palmaditas en el culo"
 
Manuel Fernández Castiñeiras se refiere a casos concretos de lo que denomina "actitudes que iban más allá de lo humanamente paternal", en clara alusión a los sacerdotes, y es que dice ser testigo de relaciones sentimentales que califica de "intensas", también de relaciones sexuales y ejemplifica su denuncia con unas "palmaditas en el culo".
 
Su relato, que ya está en el juzgado, está lleno de muestras de alarma ante lo que estaba viendo y en un tono condescendiente escribe: "La gente no llegar [sic] nunca a enterarse de lo que yo he vivido y visto, por eso pido declarar ante el juzgado para poder manifestar lo que ahora digo en este escrito".
 
"La gente nunca se enterará de la tristura [tristeza] que yo siento y he sentido durante años al contemplar, por haberlo visto cuando iba a rezar, cuando iba a tomar un café, o cuando me lo contaban los propios protagonistas en la confianza, que ni la pobreza ni la castidad existe en algunas personas que se les supone", se explaya en el texto.
 
"Metían la mano en la bolsa"
 
En cuanto al robo de dinero en la catedral, de lo que él mismo está acusado, afirma: "En la Catedral yo siempre vi que robaban dinero". No sólo eso, describe también el modus operandi: "Metían la mano en la bolsa y sacaban dinero, eso lo vi yo", afirma en otro de los pasajes, en el que acusa al entorno del templo de aprovechamiento privado de las ofrendas.
 
En un otro párrafo relata que "cuando venían las ofrendas en cestos o recipientes con plata, jamones, buenos vinos, etc., cogían lo mejor y se lo llevaban [...] y el resto lo veía yo entrar por la puerta que va a la sacristía (pero ya habiendo vaciado parte de cesta o recipiente)...".
 
Manuel Fernández Castiñeiras concluye su relato asegurando que "no es más que un pequeñísimo granito de arena de lo mucho que tengo por manifestar siendo todo verdad sin la más mínima mentira".