El mercado del gaming amaneció con una noticia inesperada. Sony confirmó que volverá a subir el precio de la PlayStation 5, una decisión que tomó por sorpresa a miles de jugadores en todo el mundo y que rápidamente generó fuertes reacciones en redes sociales.
CRISIS TECNOLÓGICA
Explotan los gamers: Sony dispara el precio de la PlayStation 5 en todo el mundo
Sony confirmó que la PlayStation 5 subirá de precio desde el 2 de abril en Europa, EE.UU., Japón y Reino Unido. Detrás del aumento aparece la crisis de RAM.
El movimiento, que ya es tendencia en plataformas como X, Reddit y foros especializados, resulta especialmente llamativo por una razón simple: no es habitual que una consola aumente su precio varios años después de su lanzamiento. La PlayStation 5 llegó al mercado en noviembre de 2020, y en la industria suele ocurrir lo contrario: con el paso del tiempo los dispositivos tienden a abaratarse, impulsados por la competencia y la evolución tecnológica.
Sin embargo, la compañía japonesa decidió ir en la dirección opuesta. A partir del 2 de abril, el ajuste impactará en Europa, Estados Unidos, Japón y Reino Unido, en una decisión que Sony justifica oficialmente por la “presión económica global”, aunque detrás del aumento hay razones mucho más profundas que ya analizan los portales especializados en gaming y tecnología.
¿A cuánto sube la PlayStation 5?
El anuncio de Sony no fue menor. La compañía confirmó que el ajuste comenzará a aplicarse a partir de principios de abril y afectará a varios de los dispositivos más importantes dentro del ecosistema PlayStation.
En Europa, la PlayStation 5 pasará a costar 649,99 euros, mientras que la PS5 Digital Edition alcanzará los 599,99 euros. Por su parte, la PS5 Pro subirá hasta los 899,99 euros, posicionándose nuevamente cerca del rango de precios que tuvieron las consolas cuando fueron lanzadas.
El incremento no se limitará al mercado europeo. Sony también aplicará la actualización en Estados Unidos, Japón y Reino Unido, con valores equivalentes según la moneda local, por lo que el ajuste (considerado significativo dentro del sector) impactará en prácticamente todos los mercados clave.
Entre jugadores y analistas, lo que más llamó la atención es que las consolas vuelven a acercarse a los precios de lanzamiento, algo poco habitual en una industria donde lo normal es que los dispositivos bajen de valor con el paso del tiempo. De hecho, en algunas de las grandes cadenas de tecnología y multitiendas el precio ya había mostrado subidas tras la campaña navideña, anticipando una tendencia que ahora Sony confirma oficialmente.
El movimiento no solo afecta a PlayStation. Para muchos especialistas, se trata de una señal de que algo más profundo está ocurriendo en la industria tecnológica global. Y hay un motivo detrás.
La crisis de la RAM que está detrás del aumento
Detrás del aumento anunciado por Sony hay un fenómeno mucho más profundo que ya preocupa a toda la industria tecnológica: la escasez global de memoria RAM. En los últimos años, la explosión de la inteligencia artificial y la construcción masiva de centros de datos dispararon la demanda de este tipo de componentes hasta niveles que los fabricantes no logran cubrir.
Gran parte de la producción mundial de memoria DRAM está siendo absorbida por las grandes empresas tecnológicas que entrenan modelos de IA o expanden su infraestructura de procesamiento. Esto provoca un efecto dominó: al priorizarse la fabricación de memoria para centros de datos y GPUs, queda menos disponibilidad para productos de consumo como consolas, ordenadores, móviles o routers.
El cuello de botella es especialmente delicado porque muy pocas compañías dominan la producción mundial de memoria, principalmente Samsung, SK Hynix y Micron. Cuando la demanda se dispara, el impacto se extiende rápidamente por toda la cadena tecnológica, elevando los costos de múltiples dispositivos.
La situación es tan tensa que incluso empresas ajenas al negocio tradicional de la memoria empiezan a mirar el sector. Durante la presentación de resultados de Tesla, Elon Musk sugirió que la compañía podría necesitar construir su propia planta de fabricación de RAM para garantizar el suministro a sus centros de datos.
Intel, por su parte, también busca entrar en la carrera por la memoria de próxima generación. En colaboración con SoftBank, el gigante estadounidense trabaja en una nueva tecnología de DRAM apilada denominada ZAM, con la que pretende competir con el dominio actual de la memoria fabricada por Samsung, Micron y SK Hynix.
El problema es que estas soluciones tardarán años en llegar al mercado. Incluso en el caso de Intel, los analistas estiman que los primeros productos comerciales podrían tardar entre tres y cuatro años, mientras que iniciativas como la de Tesla podrían extenderse todavía más.
Mientras tanto, la crisis sigue provocando un efecto dominó en toda la industria tecnológica: desde la subida de precios de componentes como SSD hasta retrasos en nuevos dispositivos o aumentos en consolas y hardware de consumo. Un escenario que, según algunas consultoras, podría prolongarse hasta bien entrada la segunda mitad de la década.
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