¿Mara-estados?: "Santuarios" enfrentan a militares y ex guerrilleros
Fuerte debate radial enfrentó al general Mauricio Ernesto Vargas, firmante de los Acuerdos de Paz, y Raúl Mijango, exguerrillero y facilitador de la tregua de no agresión entre las maras salvadoreñas. En El Salvador se ha llegado a un acuerdo de paz para que las maras Salvatrucha y Barrio 18 dejen de enfrentarse en una serie de municipios declarados "santuarios". La medida podría reducir el número de muertos en enfrentamientos, aunque genera críticas sobre la existencia de un "mara-estado".
07 de diciembre de 2012 - 15:10
Los pandilleros recluidos en el penal de Mariona, El Salvador, revelaron esta semana que ya entregaron un listado de diez municipios que serían declarados "santuarios". Esto luego que propusieran a las autoridades que en dichos municipios no cometerían más delitos, a cambio de que la PNC no haga operativos nocturnos.
"Aceptamos íntegramente la propuesta presentada por los facilitadores, en tanto representa una forma realista y objetiva de ir resolviendo el problema", anunciaron los cabecillas en una declaración emitida desde la cárcel.
El 9 de marzo pasado, los jefes de las principales pandillas (Salvatrucha MS-13 y Barrio 18) pactaron una tregua con la mediación del vicario castrense Fabio Colindres y el ex comandante guerrillero Raúl Mijango, la cual ha hecho posible una reducción de los homicidios en el país, de un promedio de 14 diarios a solo cinco.
El 22 de noviembre, Colindres y Mijango presentaron a las pandillas y la sociedad en general una propuesta de crear los pueblos santuarios para desmontar la violencia generada por las maras.
La propuesta, conocida como "de municipios santuarios", propone acuerdos locales "de no agresión" entre pandilleros, que además asumirán el "compromiso" de reducir hasta erradicar prácticas delictivas como homicidios, extorsiones, hurtos, robos y secuestros.
Para ello, los pandilleros se integrarían a colectivos comunitarios que trabajarán en pro del desarrollo junto a iglesias y autoridades locales.
La propuesta de Colindres y Mijango no sólo fue acogida por las maras Salvatrucha y Barrio 18, sino también por las minoritarias Mao Mao, Máquina y Mirada Locos.
En la declaración, leída por Carlos Mójica Lechuga, alias "Viejo Lin", uno de los cabecillas de la agrupación Barrio-18, las pandillas dejaron claro que "para avanzar en la concreción de la propuesta", han entregado "en privado" a los facilitadores un primer listado de 10 municipios "santuarios", en los cuales dicen estar "listos" para impulsar el proceso.
Sin identificar los municipios, "Viejo Lin" dijo que en ellos viven alrededor de 900.000 salvadoreños que resultarían beneficiados. "A fin de contribuir en la dinamización del proceso de paz anunciamos que ya estamos retirando de esos municipios el armamento de nuestras clicas, las cuales serán entregadas próximamente a los facilitadores", apuntó.
El líder pandillero declaró que "uno de los propósitos de los municipios sin violencia es exactamente el reconciliar a nuestros compañeros en libertad (...) para poder reinsertarnos de nuevo a las comunidades locales".
Por su parte, el portavoz de la Mara Salvatrucha (MS-13), Edson Zachary Eufenia, anunció que "como una muestra de buena voluntad", en los próximos días puedan anunciar nuevos gestos de paz.
Sin embargo, para hacer posible la creación de los municipios santuarios, los pandilleros reclaman la derogación de la "opresora" Ley de Proscripción de Pandillas, aprobada en 2009 y que faculta a la Policía a hacer redadas.
Para el mediador Mijango, la verificación de la tregua de pandillas por la OEA y ahora por la Cruz roja Internacional vuelve el proceso "irreversible".
También los líderes de las pandillas calificaron de "importancia estratégica" que el CICR se involucre en el "inédito" proceso.
El representante de la OEA en San Salvador, Carlos Orozco, presente en la rueda de prensa, dijo que el ente hemisférico acoge con "beneplácito" la respuesta de las pandillas. En las cárceles de El Salvador permanecen encarcelados alrededor de 10.000 pandilleros, mientras que en barrios y calles están en libertad unos 50.000.
Debate
Un intenso debate se desató durante una entrevista radial el general Mauricio Ernesto Vargas, firmante de los Acuerdos de Paz, y Raúl Mijango, exguerrillero y facilitador de la tregua de no agresión entre las maras salvadoreñas.
Los entrevistados expusieron sus puntos de vista con respecto a las consecuencias que se pueden derivar del pacto de no ataque entre esos grupos delictivos.
Vargas sostuvo que no se pueden hacer comparaciones entre el proceso de paz entre el gobierno y la antigua guerrilla del FMLN que acabó con 12 años de guerra y la autollamada tregua pandilleril porque son dos situaciones totalmente distintas.
"No creo que haya paralelismo entre una negociación y la otra. La violencia que se vivía en ese momento tenía un rasgo político-ideológico; hoy el rasgo característico actual es una violencia proveniente de la criminalidad", dijo Vargas, quien agregó que "la violencia es compleja y tiene muchas causas. Las maras son criminales".
Con respecto a la reducción de homicidios que ha causado la llamada tregua, Vargas sostuvo que "nadie puede estar en contra de la paz ni de bajar la violencia", pero la pregunta que se hace es: ¿A costa de qué?"
Mijango, por su parte, defendió lo que él ha llamado el proceso de paz entre las pandillas y en ese sentido aseguró que "no tiene comparación con el conflicto pasado, pero sí tiene cosas que coinciden. En una es que tenemos una ola de violencia que le arrojaba al país un promedio de 14 muertos, pero sí se puede comparar con el conflicto armado anterior que alcanzaba un promedio de 16 a 17 muertes a causa de violencia".
Agregó Mijango que "el propósito que nos lleva a este proceso sí quizás es el mismo, el de tratar de buscar de alguna manera cómo le devolvemos la paz que el país ha perdido".
Aunque Vargas no niega que la medida ha permitido la reducción de los índices de violencia, pero cree que la estrategia utilizada no es la que "nadie con tres dedos de frente va a estar en contra de que se disminuyan las muertes, pero no pueden ser personas condenadas los que nos den el termómetro para bajar o subir los homicidios. Si un determinado momento están de buen humor o mal humor pueden subir o bajar los asesinatos".
En ese sentido, el general Vargas advierte que no hay que confiar de aquellos criminales que han cometido atroces asesinatos y lanzó la interrogante: "¿Cómo podemos confiar en unas personas que tienen los hígados de desmembrar a alguien y tirarlo embolsado?"
A juicio de Vargas, la tregua entre las pandillas ha demostrado la debilidad del gobierno para reducir los homicidios dentro del marco de la ley y advirtió el riesgo de "si el Estado no nos puede proteger, estamos en un mara-Estado o un narco-Estado y eso no puede ser".
En lo que coincidió Mijango con Vargas es que esta situación de violencia criminal que se vive en la actualidad no tiene ingredientes político-ideológicos, porque "afortunadamente este es un conflicto un poco más simple en la fuente que lo origina, pero complejo en la forma de cómo lo vamos a resolver o pretendemos resolverlo".
Contrario a lo que sostiene Mijango, el general Vargas sostiene que la reducción de la violencia no tiene por qué estar condicionada a una negociación con las pandillas y aunque "todos queremos que esto funcione por salvar vidas, pero hacer cualquier cosa, lo que sea, tampoco".
Y agregó de que en la solución del problema de la violencia no se deben aplicar doctrinas filosóficas, sociológicas, ni tampoco mezclar el ingrediente de las emociones, porque "es un problema que requiere un abordaje técnico; tiene que tener conceptualizaciones teóricas de criminología y sus doctrinas asociadas técnicas y científicas". Y para remarcar sostuvo que todos los ejemplos sobre estas "treguas" en las Ciencias Criminológicas han sido negativos.
Trajo a cuenta como ejemplo la experiencia de otros países como Italia en la que "la mafia Siciliana, con arreglos fuera de metodología y técnica, lo que hicieron fue empoderamiento (de esos grupos criminales).
En ese sentido, Vargas es claro al señalar que "un penado (condenado) no puede ser vocero, perdonen. Y menos desde la cárcel. ¿Qué es eso?", al criticar de que los cabecillas de las pandillas estén al frente del llamado pacto de no agresión.









